De Lima a Limón

Crítica – cítrica


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La Fanega de Roque… una buena opción tradicional en Rascafría.

El otoño tiene un montón de cosas buenas, los paisajes en tonos cobrizos, las primeras chimeneas encendidas… Pero consideraciones poéticas aparte, lo mejor es la parte gastronómica, es una de las temporadas donde podemos acceder a algunos de los ingredientes más deliciosos del año: manzanas, setas, castañas… Como lo mío no es triscar por el bosque en busca de hongos, ni sé distinguir un Boletus Edulis del chalet de Papá Pitufo, pusimos rumbo hacia Rascafría, para disfrutar del espectacular paisaje otoñal del Valle del Lozoya y comer como señores.

Nuestra primera opción en Rascafría, tuvo que esperar: el Restaurante Conchi. Dicen que es imposible comer allí sin haber reservado antes y pude comprobarlo con mis propios ojos. Son tan extraordinariamente amables que apuntan tu número y te llaman cuando haya sitio disponible. Sin embargo, pese a la pinta que tenían los platos que veía ir y venir, decidimos que no podíamos esperar una hora -dando vueltas con ese frío- y buscamos una segunda opción.

La Fanega de Roque” está muy cerca, así que pasamos tras echar un vistazo al menú y nos quedamos.

El sitio es muy acogedor, dividido en dos plantas. Abajo, el bar, con mesas muy simples para tapear y lograr que se te pase el frío. Arriba, subiendo unas escaleras de madera, el comedor. Decorado con radios antiguas, fotos de la zona, aperos de labranza y vidrieras modernas, es bastante agradable, con muchas mesas, pero sin estrecheces y da una sensación de calidez que se agradece mucho.

El menú combina platos de temporada y productos de la zona con lo que todo turista espera de un “restaurante rural”. Nosotros optamos por pedir un revuelo de “boletus” con gambas y jamón, chuletas de cordero y un entrecot de ternera de la Sierra.

El servicio no es lento ni rápido, pero son tremendamente amables y respetuosos con los tiempos del cliente hasta rozar la timidez.

Con el revuelto de boletus cometimos un error. Aunque generoso y muy rico, no eran setas de la zona, sino cultivadas. Parte de la culpa fue nuestra, porque había platos donde sí señalaban expresamente que estaban hechos con setas de la zona, pero fuimos al revuelto, por parecernos una opción más conservadora.

Las chuletas estaban correctas, jugosas, tiernas y recién sacadas de la plancha. Acompañadas sólo de patatas fritas, pero patatas caseras, lo cual no es decir poco.

El entrecot vino con su banderita que certificaba que era de ternera de la Sierra de Guadarrama. La carne merece bastante la pena y no racanearon ni en cantidad, ni en guarnición; también de patatas fritas, pero acompañadas de pisto.

Una vez que conseguimos respirar algo después del atracón, nos ofrecieron la carta de postres, con la típica opción prefabricada del limón con helado dentro y un apartado de postres caseros. De éstos, optamos por un budín de castañas. Acertamos de pleno. El budín estaba delicioso, dulce, sin ser empalagoso y respetando el sabor de las castañas. Si hubiera que ponerle una pega, es que iba acompañado por los típicos adornos de nata en spray. Pero, también hay que decir que la nata estaba recién puesta y no era el típico chorro fosilizado de pasar días en la nevera.

Total: con pan y bebida (agua mineral) 49€ o, si queréis, 24,50€ por cabeza. Lo que no está nada mal para la época, el lugar y comer en fin de semana.

Nuestro juicio: una lima. Por servicio, local, ingredientes y calidad-precio. Pero no subimos más por lo rutinario de muchas opciones de la carta, los boletus de bote y los nefastos chorritos de nata en el postre. Repetiríamos seguro, pero tal vez no subiríamos a Rascafría sólo para ello.

 

Dirección: Av del Paular, 19, 28740 Rascafría, Madrid
Teléfono:918 69 19 30


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Las 5 fases de las Ferias de la Tapa.

Las rutas de tapas no pueden estar más de moda. No hay ciudad, barrio o incluso calle que se precie que no tenga montada su ruta, su mapas del tesoro y una buena colección de pinchos para servir. Estas rutas son la excusa perfecta para conocer nuevos locales de tapeo, para aprenderse los nombres de las calles y para romper el mito de que las mujeres no sabemos orientarnos con un plano.

Hace un par de semanas estuvimos en Soria, todos los años montan la semana micológica, los bares preparan una tapa al precio de 1,50€ cuyo único requisito es que, entre sus ingredientes, esté algún tipo de seta o de hongo. Fue un triunfazo y después de dos días allí, mapa en mano, creo que pasaría el examen de taxista. Los bares se lo toman en serio, se piensan las tapas y, la mayoría, están muy ricas. Otras son un horror… pero esa es la esencia de todo concurso. Con cuatro tapas comes así que por 10 euros has hecho la noche, has cenado y te has tomado cuatro botellines con lo que te vas dando saltitos de alegría para casa.

ferias de la tapa

Estas son las buenas rutas, las que conservan la esencia… pero como todo lo que pasa a la categoría de moda, acaba sufriendo un desgaste. Muchos de los bares abusan y provocan lo que los limoneros llamamos… las cinco fases de la ruta de tapas:

1.- La saturación de gente.- Hay una sutil línea entre el ambientillo que a todos nos gusta y el abarrotamiento que agota al santo más paciente. Así que, en vez de ir el día que más te apetece empieza la ingeniería, de modo que haces una matriz donde cuadras las fechas de los partidos de fútbol, la temperatura exterior, la humedad y la sensación térmica, más la alineación de los planetas y decides que el miércoles en la ventana entre las 19:30 y las 21:00 es la única hora en la que puedes ir a Tapapiés y salir con vida.

2.- El Desencanto.- Has conseguido llegar al bar y pedir tu tapa. La has visto en la foto y tiene una pinta de morirse, parece grandecita y solo le falta un cartel que diga “cómeme, cómeme.” Pero amiguitos, la realidad es otra, la rodaja de pan es, en verdad, una loncha de baguete cortada con cortafiambre y, muchas veces, la presentación viene a ser la copia del cuadro de Van Gogh hecha por un crío de cinco años. Y piensas… para esto casi mejor me quedaba con los cacahuetes que me pones siempre con la caña y me ahorraba el euro cincuenta.

3.-La mezcla imposible.- Es comprensible, estos concursos someten a los cocineros a mucha presión. Uno está acostumbrado a hacer una salsa de bravas de infarto pero… con eso no se gana un concurso (o sí). Así que empiezan a innovar y le preguntan a sus hijos qué ingredientes están de moda… y de ahí sale la tosta de foie con queso de cabra y cebolla frita con un crujiente de boletus. Sergi Arola conquistó el mundo con unas patatas bravas… no creo que perdiera un concurso de tapas.

4.- El bocata de McDonald’s. Llevas ya cuatro intentos, sigues teniendo hambre y tu estómago se queja de la mezcla imposible… piensas pero solo se te ocurre una manera de arreglarlo, comiéndote un bocata, en el peor de los caso, del McDonald’s.

5.- El Arrepentimiento.- Así que después de todo decides que nunca máis, que para lo que te has gastado, mejor te ibas de tapas sin ruta, sin concurso y sin mapa del tesoro. Hasta que vas a una bien montada y te reconcilias con el concepto… y ahí es cuando vuelves a caer.

Aún así, aprendamos de la mala experiencia y pensemos en las ferias de la tapa como en las ferias medievales: se peca por exceso, no todas merecen la pena y no por ser lo que son, merecen en sí la pena pero alguna… Todavía se gana el buen nombre.

 


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Una de cine limonero: De Lunchbox y Chef

Hoy nos damos al cine limonero, porque la gastronomía se ha puesto tan, tan de moda que se ha colado hasta en las salas de cine. Y no sólo con las caras y maltrechas palomitas. Ni con los horrendos nachos bañados en esa margarina fundida que llaman queso. Sino como temática principal… los abogados están en declive, larga vida a la gastronomía.

18313-series-headerEn este capítulo, os traemos un megamix de dos pelis. La primera el The Lunchbox, lo que en castellano sería, la tartera, en cristiano el Tupper y en lenguaje de traductor e “interpretador” Amor a la carta. Cine de la India. Bien rodado, con un guión delicioso, realista pero no desgarradora.

La peli nos habla de los Dabbawalas, unos repartidores de tuppers en Bombay, que han llegado a ser estudiados por Harvard como uno de los sistemas de reparto más eficientes del mundo. 5.000 Dabbawalas reparten cada día unos 130.000 Dabbas (tuppers) y su margen de error está por debajo del 1 por millón. Ni Amazon, ni FedEx, ni siquiera, la T4 de Madrid Barajas Adolfo Suárez Aserejé, tienen tanto acierto. Por las mañanas las mujeres hacen la comida, la meten en un tupper, con su portatupper y el Dubbawala de su zona se encarga de que a su marido le llegue a su puesto de trabajo a la hora de comer, calentito. Creo que los fabricantes de microondas están pensando en nombrarlos personas non gratas.

Dicen que los Dabbawalas sólo se equivocan en las películas, y sin ese error, no tendríamos The Lunchbox. Una peli que mientras nos describe dulcemente la soledad, nos hace salivar con unos platos apetitosísimos. Nos hace reir con una tía que es sólo voz en off, capaz de detectar que a un plato le falta una especia por el olor que le llega hasta el piso de arriba y nos hace disfrutar tanto como para que se lleve tres limas.

Por otro lado está Chef. Un cartel de lujo para una peli insípida y predecible como un happymeal. Robbert Downey Jr., Carl Casper, Scarlett Johansson… Una fortuna en cachés para dar vida a un cocinero ahogado entre las cuatro paredes de un restaurante, con peor humor que Chicote y con una familia desestructurada… Podría temer haceros un spoiler, pero el propio cartel de la película te desbarata la poca sorpresa que pudiera tener.

En fin, que me veo a quien vendió el guión…

“- Tengo una peli que lo va a petar.

- y qué lleva?

- Pues lleva… famosos, gastronomía, un chef cabreado, tías buenas, un reencuentro con un hijo, final feliz y muchas, muchas redes sociales.

- Compro.”

Lo mejor que os puedo decir de ella es, que se deja ver, que tiene una banda sonora bien buena… y que yo antes de morir quiero recorrerme medio Estados Unidos a bordo de una FoodTruck.

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LA CANDELA… ideas para pedir a los Reyes Magos. (Madrid)

Hace unos meses sometimos a nuestro cuestionario cítrico a Luis Moreno del Restaurante Montia, premio cocinero revelación de Madrid Fusión 2014. En él, le pedimos que nos hiciera una recomendación limonera, un sitio que no nos debíamos perder y, sin dudarlo un segundo, nos recomendó La Candela… con lo que lo anotamos en la lista de deberes, por fin, hemos cumplido con la promesa y lo hemos limoneado.

La Candela empezó su andadura en Valdemorillo, un pueblo cerquita del Escorial a 40 kilómetros de Madrid. Hace unos meses le echaron arrojo y se mudaron a la capital, a un local precioso en pleno centro, al lado del Palacio Real. La apuesta parece que les está funcionando y el local suma lleno tras lleno.

En sus fogones experimenta Samy Alí, un tipo joven, simpático, dinámico y currante, muy currante. Todo un limonero de espíritu que se pasa por las mesas preguntando si estás disfrutando, si lo estás pasando bien. En estos sitios alimentarse es importante, no salir con hambre también, pero a lo que realmente vas es a disfrutar.

Comer en La Candela es dinero, que no es lo mismo que ser caro, caro es un menú cutre en el burrikin por 10 euros… pero lo cierto es que se sale de largo del presupuesto limonero. La Candela no compite en ocasiones especiales, directamente, se va a la opción caprichos, ahora, en ella, se sale de la escala.

Tienen tres menús, el medio, el largo y el hiperlargo. (43, 52 y 63 euros, respectivamente), ya que vais, ahorrad aunque sea un mes más y hacedlo bien, id con hambre y con tiempo y recrearos con el menú hiperlargo, aperitivos y 10 platos, 8 salados y dos dulces. Más de dos horas de espectáculo, de amor y de momentos casi orgásmicos.

Al menú le hacen variaciones todas las semanas y lo van adaptando a los productos de temporada, este es el resumen del que nosotros probamos. Arrancamos con el aperitivo, un snack de arroz y camarón, una patata souffle tellagorri, cucurucho relleno de humus, queso libanés y pepino a la menta y una esferificación de leche de tigre con fondo frutal. Todo estaba buenísimo, pero esa especie de bombón verde de jugo de ceviche que te entraba hasta el final de la gargante, te refrescaba y explotaba de sabor merece una mención especial.

Después vinieron los principales, mezclas super cítricas, picantes, agrias, dulces, currys rojos… de los 8 hubo tres que nos enamoraron, el dumpling carbonara, caldo de jamón texturizado, humo de pinar y tomillo y espuma de tocineta. En cristiano un dumpling de panceta deliciosisimo con un caldo que al destaparlo soltaba humo de pinar. A lo Homer aaaaaaggghghhh. El segundo brutal era el Bans en deconstrucción de pollo de corral en pepitoria, un bollito de pan al vapor relleno del guiso de pollo más rico que jamás hayáis probado y con un montón de salsas para remojar y rechupetearse los dedos. Amor!

Y por último, el rabo de toro, parmentier de patata y sorbete de albahaca. Una especie de “bocadito” entre tejas que era el churrascado de la salsa… brutal! El sorbete de albahaca obraba el milagro, te quitaba todo el sabor del rabo y te dejaba el paladar listo para el postre. Y esa es una de las cosas más alucinantes, los platos tenían un montón de fuerza, había ajo, picante, sabores super intensos… pero en cuanto te lo acababas el sabor desaparecía y dejaba hueco para el siguiente.

Los postres eran perfectos para poco golosos, un guacamole dulce riquísimo y un helado de parmesano crema agria, fresas, infusión de frutos rojos y vinagre de jerez... es que estaban ricos hasta los petit four! En fin, que casi morimos de gusto.

La Candela es, con todo, el sitio más original en el que hemos estado. Los platos son pura ingeniería gastronómica. Están pensados y medidos. Está todo tan rico que podrías seguir comiendo hasta el día siguiente, a ritmo, a pocos, escuchando las explicaciones, aprendiendo, saboreando… en serio, es un capricho gastronómico, pero todavía quedan más de dos meses hasta las Navidades, sed buenos y pedidle a los Reyes que os lleven, las tres limas se les quedan cortas.

 

http://www.lacandelaresto.com/

Calle Amnistía, 10. Madrid.

Teléfono 911739888

 


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ALFREDO´S BARBACOA… Hamburguers born in the USA. (Madrid)

Antes de arrancar, pongamos música para ambientarnos… porque si algo tiene el Alfredo´s es ambiente! Quizá sea por los rodeos que ponen en la tele del local en modo bucle, quizá por las banderas que forran las paredes, quizá por los camareros a los que sólo les falta ir con Harley entre las mesas… pero lo que sí tengo claro es que a mí la hamburguesa me supo a Bruce Springsteen… y a Born in the USA.

Alfredo´s es un clásico hamburguesero de Madrid. El primer local (tienen tres) lo abrió un Neoyorkino en 1981, en una España escasa de influencias gastronómicas internacionales y triunfó como la Cocacola. A día de hoy, más de treinta años después, sus tres locales siguen siempre llenos a rebosar. No os dejéis engañar por los manteles de papel… esta gente puede llegar a tener más lista de espera que el propio Kabuki.

Supongo que en esto del éxito el ambiente de los locales hace, mola sentirse como Enric González en cualquiera de sus historias de Nueva York, esas en las que nos habla de los Steak Houses (esteic que no stic) y de como las vacas americanas saben especial porque por motivos políticos se alimentan de grano y no de pasto…  pero la verdad, es que el secreto está en la carne. Al Alfredo´s se va a comer carne… y es deliciosa.

Alfredos

La carta es ultracorta y, parece ser, que no ha variado en los últimos treinta años. Yo me lo creo, hay claves esenciales, permanecen inmunes a la cebolla frita (Que no a los ricos y grasosos aros de cebolla), a la cebolla caramelizada (que no a la clásica cebolla a la brasa) y sobre todo, al queso de cabra. Muchas veces es cierto eso que dicen de renovarse o morir, pero de vez en cuando, encontrar un local ajeno a las modas te reconcilia con los clásicos.

En nuestra visita probamos la ensalada de col, no suelo ser muy fan, pero si está en todas las mesas igual es por algo y como media ración cuesta 2,75 euros, no íbamos a quedarnos con las ganas. La cuestión es que sorprende, tiene una salsa dulzona que hace que no sólo se coma sino que esté riquísima. Por aquello de engañar un poco más el estómago nos pedimos otra media de chile con carne (3,50€), conocí este manjar en Rota y nunca, nunca, nunca, me separaré de él. No estaba como el casero, pero para quitar el antojo y el frío que ahora empieza a atacarnos, bien vale.

Y llegamos a las hamburguesas…  Las tienes en tamaño pequeño (de 160 g.) y grandote (250 g.) que además de la carne de cebón y las patatas fritas, trae ensalada de col. Como ya veníamos ensalados del primero, optamos por dos pequeñas, no temáis, son bastante consistentes. Pedimos una con salsa barbacoa, bacon y queso y otra con queso philadelphia y cebolla a la brasa (7,25€) , las dos poco hechas y cumplieron.

La salsa barbacoa es casera y está de morirse y en el bolón de queso philadelphia no escatimaron. La carne está recién bajada de los cielos y ahora… llegan los limones. El pan de la hamburguesa es bimbo sin más, y cuando digo sin más… es sin más, ni un mínimo tostadito, la cebolla era tan dura y venía tan poco braseada que me la estuve comiendo hasta el desayuno del día siguiente y el mayor pecado mortal de todos… horrendas patatas congeladas.

De postre pedimos una cookie con helado de vainilla, es tamaño americano, o Triki, vamos, gigante pero no nos gustó nada… en vez de ser crujiente era esponjosa y entre eso, y la esencia de limón aquello sabía a magdalena de la Bella Easo. Horreur, horreur.

En resumen, el local es la caña, el servicio es tan rápido que a veces roza el borderío, pero la verdad es que conjuga bien con el local, la carne de las hamburguesas es lo mejor que los limoneros hemos probado en años y eso les da dos limas. El resto… se ganan un limón a pulso. Eso sí, aún con todos los limones que queramos, no me da llegado el momento de volver.

http://www.alfredos-barbacoa.es/

Dirección: Calle Juan Hurtado de Mendoza, 11 Madrid


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HATTORI HANZO… hay vida japo más allá del sushi. (Madrid)

La semana pasada visitábamos la taberna japonesa de Chicote. Hoy seguimos en la misma línea y os llevamos a una Izakaya de verdad, es decir, una taberna de las que nos podíamos encontrar en cualquier rincón de Tokio, pero sin salir de Madrid, es más sin salir del centro más céntrico de Madrid, a dos pasos de Callao.

El sitio en cuestión se llama Hattori Hanzo, coge su nombre de un lider ninja y nos recuerda, inevitablemente, a Kill Bill, la peli de Tarantino. Dentro del local hay un mural con su cara, @luisete, que estuvo en la inauguración nos cuenta como lo pintaron el propio día de la inauguración, por mucho que os lo intente describir… hay que verlo para hacerse una idea de lo mucho que mola.

El local es gigantesco, tiene una zona con mesas tipo taberna y otra, en un salón donde las mesas están a la altura del suelo, tú te sientas en un cojín y hay un hueco para que puedas meter las piernas. Una versión dos punto cero de comer en el suelo y, hay que reconocer, que bastante más cómodo que tener que hacerlo con las piernas cruzadas como en El Arabia. La decoración es fantástica, de esas que consiguen que viajes sólo con entrar por la puerta, eso si tiene unos perversos farolillos rojos que dan mucho ambiente pero hacen que las fotos de los platos de la cena sean una pesadilla.

El servicio es japonés puro, nos atendió una mujer que era pura dulzura, sonreía y sonreía, aunque no conseguíamos entenderle ni la mitad de lo que nos decía. Al final, entre un poco que nos entendimos, otro poco que traíamos estudiado de cosa y otro que dejamos al azar logramos pedir comida suficiente y probar un poco de todo. Por lo que vimos la tarea es bien fácil, pidas lo que pidas, aciertas.

La carta se divide en dos, y no, en ninguna de ellas hay sushi, porque amigos míos, hay vida en la gastronomía japonesa más allá del sushi, y de los yakisobas. En la primera hay platos variados, desde empanadillas japonesas a tortillas imposibles y en la segunda hay yakitoros. En nuestra primera visita nos limitamos a la primera carta pero prometemos volver a catar las brochetas asadas en barbacoa japonesa.

Los nombres son impronunciables y además no escatiman en caracteres, pero hay uno que tenéis que recordar, el Oyonomiyaki, en caso de que no lo recordéis siempre podéis ir a cualquier mesa, señalar con el dedo y decir, quiero eso. 9 de cada 10 mesas lo están comiendo, la una que falta es porque ya lo ha terminado. Es una especie de tortilla de col (coliflor casi me atrevería) que lleva un algo de cerdo por abajo, un festival de salsas por arriba y bonito seco en lascas. Especial, gocho y contundente a partes iguales. Para dos se hace un poco mucho pero la idea de irse sin probarlo, no es una opción.

Los bocatas en pan chino son deliciosos, más pronto que tarde acabaremos aburridos de la burbuja del pan hervido, pero… como por ahora la invasión es sutil, todavía me maravillo con esa cosa blandita, blancucha y que aguanta lo que le metas por dentro, probamos el de panceta y pepino encurtido y… lo dicho, de ese tipo de bocatas el ser humano no tiene límite. Ñam!

Por último, mi debilidad limonera, Buta no Gyoza, empanadillas japonesas, de esas que van al vapor y luego a la plancha. Confieso que soy incapaz de verlas en la carta y no pedirlas, incapaz. Son cien por cien caseras y, lo cierto es que estaban muy muy ricas.

En el postre no lo dudamos y pedimos un Doriyaki, esto quizá también os suene, era la merienda favorita de ese niño ñoño y malvado que tenía un gato cósmico con un bolsillo mágico que todos soñamos con tener, sip, Doraemon. En realidad, no entiendo como después de tantos capítulos merendando doriyakis ese niño todavía conservaba los dientes, eso sí, el nivel de azúcar lo debía tener fuera de control. Una especie de tortita, rellena de Soja roja (como mermelada de alubias con tropezones). Curioso cuanto menos.

Pedimos cerveza y la cuenta salió por unos 15 euros por cabeza, un viaje a japón te sale por bastante más y te ahorras todas las h0ras del vuelo y un incómodo jet lag (efectivamente, es un consuelo barato pero es el mejor que tenemos). La comida es muy auténtica, rica y diferente. El local es muy chulo, el servicio es amable, su CM es majete y la apuesta vale la pena. Fui hace un par de semanas y no he parado de recomendarlo… eso significa, necesariamente, que se lleva otras tres limas.

Un último aviso, si vais, reservad!

Dirección: Calle Mesonero Romanos 15, 28004 Madrid.

Teléfono: 917 865 780.

Webhttp://www.hattori-hanzo.com.es/

 


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Yakitoro… nuestra crítica cítrica a Chicote. (Madrid)

En nuestra declaración de intenciones, allá por el año cero limonero, prometimos visitar, entre otros, esos locales de moda de los que todo el mundo habla y pasarlos por nuestro filtro cítrico. Y si juntamos esto de estar de moda con la gastronomía nos sale un nombre por encima de todas las cosas: Chicote!

Sí, ese enorme cocinero (guiño, guiño), ataviado con los uniformes más coloridos del mercado y que se ha convertido en muso y estandarte de Ágatha Ruiz de la Prada. Después de su éxito destripando restaurantes sin éxito en Pesadilla en la Cocina, se ha lanzado a su propio proyecto gastronómico y le ha puesto un nombre poco recordable: Yakitoro. (Lo que viene siendo una Brocheta en japonés… ).

Os voy a hacer un spoiler de la entrada, me encantaría haberle dado un montón de limones, haber dicho aquello de “voy a vomitar“, ponerlo verde, azul y, sobre todo, amarillo, pero la verdad es que salí encantada. Toda la pega que le puedo poner y que pasé frío y es una pega a la que, posiblemente, mi madre me respondería con un franco: “Hija, es que ibas muy fresca”.

El local es muy grande, tiene un montón de mesas y una zona de barra donde comes mirando a la calle en formato “niuyorkino” pero no os dejéis engañar por el número de asientos o por la excusa de que vais a cenar pronto, si no queréis quedaros con las ganas, reservad. Está súper bien decorado y tiene una cosa muy curiosa, las mesas tienen hielo en el medio, esto sirve para que tú dejes tu botella de cerveza y no se te caliente y para otra cosa aún más curiosa, para almacenar las cervezas (en tamaño grande… entendiendo por grande, de más de medio litro). Así que cuando tú pides, como nosotros, una maravillosa Affligem, la camarera rebusca entre las mesas y te la trae.

Los camareros van vestidos con monos verdes, es una versión SurCoreana del uniforme y, la verdad, es que mola, es práctico, cómodo y diferente. Bueno, y el personal también mola, es atento, auténtico, rápido y algo muy importante, hacen muy buenas recomendaciones.

En cuanto a la carta, la cosa es breve, lo resumen en procedencias de la materia prima… que si de tierra, de agua, de finca, de granja y, casi todo, lo sirven en palos (brochetas, bueno, yakitoros, bueno, ya me entendéis), y pa algo que no sirven en palos, que son los bocatas, los llaman Yakibokatas, unos bocados en pan al vapor super deliciosos.

Nosotros probamos un poco de todo, y de verdad que nada defrauda, los Pimientos de Gernika con salsa de almendras estaban súper buenos. Y el Yakitoro de atún rojo, con pack choy lacado sobre pan y salmorejo no os quiero ni contar, está entre mis cosas favoritas de todo lo que he probado en estos últimos dos años… Aunque confieso que compite muy de cerca con el Yakibokata de papada y pepino. Madre, madre… qué bueno estaba esto. (El de bonito y pimientos verdes fritos nos gustó un poco menos, quizá, porque fue lo último que pedimos y ya no teníamos tanta, tanta hambre).

El Yakitoro es un lugar tan jodidamente bueno, que allí hasta los huevos a la cubana (sí, ese esperpento de comida de emancipado) están buenísimos… creo que con esto os resumo toda la filosofía. La comida tiene un toque japo, de mezcla de sabores, dulzones, agripicantes y de materias primas super buenas.

De postre nos pedimos un crumble de manzana rico,rico y, confieso, que me quedé con ganas de probar el Helado de fresa y wasabi, crema de chocolate y galleta de jengibre…

Habiendo bebido dos cervezas de las grandotas, cenado como señores y haber compartido un postre la fiesta salió por 25 euros por cabeza. Un punto más económico que su colega el StreetXo de David Muñoz y mil sabores exóticos con un punto oriental altamente recomendables. Para una ocasión especial, salir de la rutina e incluso, marujear a Chicote y ver como bailotea por la cocina la comida se lleva las tres limas. Hay que reconocer que de ver tanta pesadilla Chicote, ha sacado conclusiones, sabe lo que se hace y, no sólo sabe lo que se hace, sino que está dispuesto a enseñarlo.

http://www.yakitoro.com/

Dirección: Calle Reina, 41, 28004 Madrid
Teléfono: 917 37 14 41
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