De Lima a Limón

Crítica – cítrica


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La cocina de la Moncloa.

Hoy estrenamos una nueva sección en el blog, reseñas gastronómicas… abrimos horizontes, salimos de los restaurantes y nos acercamos al maravilloso mundo de los libros y el cine. Para empezar, arrancamos con un título de altura: La Cocina de la Moncloa, de Julio González Buitrago.

(ALERTA, ALERTA) Esta reseña tiene mogollón spoilers. No llegan al nivel de el barco se hunde del Titanic, pero se quedan cerca.

El amigo Julio ha sido jefe de cocina de La Moncloa durante 32 años, ha tenido que aturar a cinco presidentes y a sus familias, esto así contado puede parecer fácil, pero una vez que lees el libro te parece que, en comparación, la esferificación de parmesano de Master Chef es una chorrada. El caso es que después de tanto tiempo, y una vez que ha soltado el mandil, el buen hombre ha decidido que tenía una vida que contar y ha escrito un libro.

No podemos negar que el Cocinero es un buen tipo, consigue hablar bien de todo el mundo (aunque a veces se nota que le cuesta) las exigencias de Ana Botella las llevaba mal, y el “extremo sanismo” de Sonsoles Espinosa creo que lo llevaba aún peor. Este hombre y las dietas, las carnes a la plancha y eso de que no le dejen lucirse en la repostería, porque nada mejor que un buen kiwi, no lo terminaba de entender.

Al principio nos cuenta su vida, sus periplos desde su pueblo toledano de Sotillo de las Palomas en Talavera de la Reina hasta la capital y su paso por chopocientos restaurantes. Que el hombre tiene pasión por la cocina es un hecho, se desprende de cada una de las palabras que escribe, de eso y de que parece que como le gustaba tanto lo de cogerse días libres era un lujo totalmente prescindible. Así le agradece tanto a su mujer… esa señora es una santa!

Después llega a La Moncloa, un poco de rebote, quizá como todos los que acaban allí en algún momento. Y nos empieza a contar los ajetreos, la coordinación con la Zarzuela porque qué va a ser esto de que te den de comer y de cenar perdices que lo de ser felices sí, pero lo de la variedad de la dieta es algo indiscutible y… por fin, entre batallita y receta de pularda, llega la parte interesante, los marujeos de los expresidentes.

Todo tiene un airecillo rancio, no nos vamos a engañar. El marido dirige el país y la mujer dirige la casa, coordina los menús, elige los manteles… todo hasta que llegó Carmen Romero, la mujer de Felipe González que decidió que ella no dejaba el instituto por nada del mundo y que ya que estaba, casi que se preparaba las oposiciones y claro, eso no da para andar eligiendo entre pasteles de carabinero o alcachofas rellenas.

Entre mis anécdotas favoritas, la del Rey (viejo) con antojo de huevos fritos con patatas y vino peleón y el drama del cocinero preocupado por si en las bodegas del Palacio habría una botella que mereciera ese calificativo. La imagen de Zapatero comiendo almendras fritas a todas horas de botes desperdigados por todas las instancias. La de Aznar adicto perdido al helado de café “jaguendás” o la de Felipe robándoles la cocina para hacer dentones al horno.

Otro de los grandes dramas lo protagonizó Ana Botella que llegó a despedir a un cocinero por emperrarse en hacer arroz a banda con cebolla, eso y ya la famosa tortilla cuajada con patata crujiente. Los imposibles culinarios para la reina de las peras y las manzanas no existen.

Otra fantástica, la de Helmut Kohl cambiando su plato por la fuente de leche frita y las montañas de comida que prepararon para que no acabase como en su última visita, haciendo una parada en el casa Labra para comerse un cocido antes de meterse en la cama.

En resumen, un libro con anécdotas graciosas que nos hablan de la historia de nuestro país, recetas grandilocuentes pero no imposibles de hacer, donde las niñas son buenas y cariñosas y los niños… los niños están ahí y el pollo es un animal en extinción. Larga vida a la pularda!

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Kilómetros de Pizza… y testosterona. (Madrid)

Optar por un restaurante en Madrid que se llama Kilómetros de pizza y que su marketing y estética se acerca más al de Pizza Jardín que al de una trattoría italiana puede parecer en principio un ejercicio de testosterona en el que lo primordial es el tamaño.

A pesar de constantes mensajes provocativos tipo “¿cuántos kilómetros te puedes comer?” o “para quien se atreva”, o de tener en una pantalla en el restaurante (y en su web) un contador de kilómetros de pizza servida (según nuestros cálculos en estos instantes equivalen a 45.253 pizzas en unos tres años), el principal atractivo de este restaurante es la calidad de su masa, pura alta cocina. Como aquellos de “El secreto está en la masa” pero en bien.

Las pizzas tienen un montón de sabores “exóticos”, pero lo mejor  es la masa. Según anuncian en la web utilizan harinas importadas de Italia y las masas llevan un 40% de agua. Además se crean y fermentan únicamente en la cocina del restaurante mediante un proceso de fermentación que dura entre 24 y 96 horas según el tipo de masa. Lo cierto es que en tus manos tienes una masa fina esponjosa con una base crujiente (estilo de masa romano) que eleva la experiencia a una categoría gourmet.

Jesús Marquina y su asesoramiento son la clave, un cuatro veces campeón del mundo de pizzas que diseña y supervisa la variedad de 14 pizzas con la que cuentan en carta. Es posible que el nombre y la obsesión por los metros sea también inspiración de Marquina, que cuenta con el Record Guinness de la pizza más larga del mundo (1.145,5 metros).

El local, está en una esquina de la marchosa Avenida de Brasil, es amplio y luminoso. Las cristaleras a la la terraza exterior y su cocina abierta dan sensación de transparencia. La decoración está cuidada pero sigue siendo pragmática, por lo que pueden conformarse en un instante grupos de mesas de un amplio o reducido número de comensales sin llegar a sentir que te falta el espacio vital.

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Imagen de la galería de Kilómetros de Pizza

La carta tiene varios platos italianos y un Menú Ejecutivo por 12,50€ que pueden llegar a ser una buena opción limonera, pero nosotros hemos armado un ejército de seis personas para ir de frente a por el gran reto, la pizza de dos metros, única en el mundo. Semejante longitud permite optar hasta por cuatro tipos distintos. Nuestra elección es:

¡!FUAS!!: Foie crudo en virutas sobre mermelada de higo, granos de granada y aceite de Albahaca. Para chuparse los dedos de los pies. Pepito de solomillo: Como buena versión del pepito de ternera (la carne de muy buena calidad), es recomendable envolver el solomillo con la masa, puede parecer que da igual pero no da. Setas de temporada y crema de calabaza: Con mortadela trufada, para disfrutar. Pizza La Venta: Inspirada en una de las pizzas campeonas del mundo es como comer ricos huevos fritos con chorizo y tocino ibérico (el tocino se detecta suave en el paladar pero apenas a la vista), pero le falla en gran medida la salsa de tomate (parece de bote) que emblandece y estropea la masa.

El momento gourmet, si no llegas a notarlo en el sabor no te preocupes, lo notarás al recibir la cuenta. La dudosa hazaña de acabar con los dos metros de pizza llevó como contrapartida no poder alcanzar a probar nada de la pobre carta de postres, de la que sólo resalta la CUBETA de helado artesano (les ha faltado llamara MEGA CUBETA). A pesar de no tomar postres ni entrantes nos salió por 27 € por cabeza contando “sólo” la pizza y dos bebidas por zampapizzas.

Si el precio no te asusta y eres un auténtico buscador de la mejor pizza de Madrid, Kilómetros de Pizza debe estar en tu lista de restaurantes a explorar. La recomendación es que optes por pizzas individuales o incluso porciones distintas para saborear más sabores y evitar que las salsas empeoren y enfríen la masa. Pero entendemos que si vas en grupo de “machotes” no podrás evitar entrar en el Hall of Fame del restaurante con fotos de quienes superar los records de las distintas categorías.

El servicio es amable pero insuficiente en número, caen en el pecado común en estos tiempos de crisis de intentar cubrir más mesas de las que realmente pueden abarcar, y eso es un error que no se perdona cuando el restaurante se promociona y pagas por una “experiencia Gourmet”. Las pizzas merecen casi dos limas, pero el precio y la larga espera en ser atendido hace que en el frutero pongamos también un limón.

Avenida de Brasil, 6. 91 755 72 32.

 


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El Mythos y la comida griega. (Madrid)

Nuestra entrada de verano de esta semana se la dedicamos a Grecia. Con la excusa de que hemos limoneado un restaurante griego en Madrid, saldamos la deuda de la crónica limonera de mis vacaciones del año pasado. Que sí, que nunca es tarde si la dicha es buena.

El recorrido del año pasado nos llevó por Santorini, Mikonos, Paros, Antiparos y Atenas. Doce días maravillosos de mochileo, ferries, alojamiento buscado sobre la marcha en los muelles (Que por cierto, funciona fenomenal… unos 20 euros la noche habitación para dos) y, sobre todo, mucho, muchísimo yogur.

Las vistas son preciosas, las puestas de sol una delicia, la gente es simpatiquísima, pero la comida… no. Estas zonas tan turísticas tienen sus inconvenientes, el que después de doce días no pueda recomendaros ni un sólo restaurante es uno de ellos. El menú consta de quince platos(como mucho), y parece como si lo hubiera aprobado el Gobierno y no pudieran salirse de ahí. Ensalada griega, tzatziki, musaka y pastitsio (una especie de lasaña hecha con macarrones tamaño espaguetti).

Naturalmente, en Grecia se comen muchas más cosas y mucho más ricas, si juzgásemos la gastronomía española por los restaurantes de Salou íbamos apañados. Prueba de ello es la carta del Mythos, un restaurante griego en pleno Tribunal, en la calle Apodaca.El local tiene su punto griego, sus vasijas y sus hojas de parra. Vamos que el decorador cumplió con su función.

Aunque la carta está llena de platos con muy buena pinta y, de hecho, las mesas de nuestro alrededor pidieron cosas que entraban ganas de meterle el tenedor y robarles un poco, nosotros probamos el menú del día por 9,90€ y la verdad es que no estaba nada mal.
Mythos

De primero había una ensalada que no nos llamó, unas rodajas de berenjena asadas a la brasa con salsa de tomate que… estaban aceptables, nada del otro mundo pero tampoco nada terrible y un pastel de arroz con repollo y toque de eneldo, bastante rico para lo que suelen ser estas cosas. Ácido como es de esperar pero, comestible que no es poco.

En los segundos venía el punto fuerte.La carne picada de ternera asada a la brasa acompañada de patatas al horno tenía muy buena pinta, pero había que elegir, así que optamos por la carne de cerdo rellena de pimientos rojos y queso feta a la plancha que estaba, deliciosa! y Chipirones a la plancha con compota de manzana y toque de Ouzo (el anís griego) mucho más que rico. Los postres tampoco estaban mal, Baklawa y una tarta templada de masa filo y crema pastelera.

Es verdad que los primeros nos dejaron un poco indiferentes, pero los segundos remontaron el asunto, incluso nos dejaron con ganas de probar el resto de la carta. La luz era terrible para las fotos pero hacía que el local fuera agradable y el personal tenía un punto borde pero que en un contexto griego resultaba hasta entrañable. Una lima y media y la oportunidad de recordar un paraíso bastante cercano.

http://www.restaurantemilos.es/

Dirección: Calle Apodaca, 20, 28004 Madrid
Teléfono:915 91 25 81
Ah, un Limonsejo, si vais a Grecia comed queso Feta, es de los pocos lugares del mundo donde sabe a algo y está rico ;)


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La Trastienda del Cuatro, donde menos es más. (Vigo)

Volvemos a Vigo para comer un menú rico, rico y con fundamento. Nos vamos hasta la trastienda del Cuatro, en el número cuatro de la Calle Pablo Morillo, justo al lado del Náutico. Una de las zonas más chulas que tiene Vigo para pasear, relajarse y aprovechar para darle un saludo a Julio Verne.
Lo de Julio Verne no es coña, en mitad del paseo hay una estatua super bonita del escritor sentado sobre un “calamar gigante”… en homenaje a ese capítulo de 20.000  Leguas de Viaje submarino titulado la “Bahía de Vigo”. Si pasáis por la zona, la foto es visita obligada.
Pero vamos a lo que nos interesa, la comida. De las mejores cosas de este sitio es la decoración, es uno de esos lugares parecidos a La Otra Casa donde puedes pasarte horas entretenido mirando para las paredes del local, un sitio Cuqui que lleva abierto desde antes de que el “cuquismo” se extendiera y que, ha sabido mantenerse con vida pese al paso del tiemp0.
La carta ha ido cambiando y, los precios con ella, como podéis ver en la web reinan los carpaccios y las tempuras, junto a los tatakis, sashimis, makisushis, carnes pescados… vamos, que le dan a todos los palos y aunque no son baratos, más bien lo contrario, nos consta que todo los sale rico. Entre semana tienen menú del día y, aunque es un poquito más caro que el entorno (13,50€) si os tiene buena pinta, es una muy buena opción.
la trastienda
El día que fuimos nosotros tenían de primeros Crema de pimiento asado… que aunque asustaba un poco resultó que estaba muy, muy rica. Con su patatuela, suave, vamos que no cumplía con uno de nuestros dichos limoneros “te repites más que los pimientos“.  Y una ensalada de patata, pulpo y pimiento, muy muy rica. Para los que nos gusta el pulpo pero nos sacia en grandes cantidades era el plato perfecto… de como conseguir más, con menos. Eso es talento, y una forma impresionante de ahorrar dinero en materias primas.
Los segundos parecían pobres, pero les pasaba un poco como a la ensalada, ganaban  cuando los tenías delante. El huevo estrellado con solomillo de cerdo y salsa blanca (de ajo) estaba riquísimo, jugoso y sabroso. Y los espaguetis con rape al pesto rojo con su pasta al dente, su tomatito pochado y sus dos buenos trozos de rape eran limonísimos! De postre había pera con helado y yogur y mermelada, simple y rico.
Los camareros fueron súper amables aunque les faltaba un poco de ritmo, la presentación era muy buena, las raciones eran apropiadas (ni morías de hambre ni salías rodando), las opciones eran originales y encima estaban riquísimas, aunque no fueran de lujo, y con el suplemento de terraza incluido pagamos 15 euros por persona. Un local de dos limas perfecto para quedar bien con un compromiso sin arruinar el mes aunque un poco carillo para el día a día..
Por cierto, si andáis por León siempre podéis visitar a su gemelo, La trastienda del 13 en la Calle Ancha número 1, también lo ponen por las nubes :)
Dirección: Calle de Pablo Morillo, 4, 36201 Vigo, Pontevedra
Teléfono:986 11 58 81


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San Xoán, noite de meigas.

Hoy nos ponemos místicos para hablar de una de las noches más mágicas del año en Galicia, la noche de San Juan. Sólo hay una forma de aclararse con la fecha exacta y es decir que sucede durante la madrugada del 23 al 24 de junio, algo así como el cambio de hora cuando nos dicen que a las dos serán las tres. Una fiesta pagana que viene de mucho antes de que llegase el cristianismo y que celebra el solsticio de verano, la noche más corta del año. (Más o menos porque ya se sabe que estas cosas van cambiando con los años y sólo se repiten cada no sé cuántos mil años).

Esa noche, a las doce, se encienden millones de hogueras por toda la geografía gallega. Muchas de ellas en la playa, pero no sólo. Cada grupo la hace donde puede, siempre y cuando esté controlado. En las casas se aprovecha para limpiar los rastrojos, los estudiantes que ya tienen vacaciones aprovechan para quemar sus apuntes y el público en general se dedica a quemar papelitos donde anotan sus deseos. El fuego como señal de purificación y, sobre todo, como buena excusa para pasarlo bien.

Una vez que la hoguera se ha consumido un poquito empieza otra tradición, la de saltarla… Esto de la percepción del riesgo varía bastante en función del nivel de alcohol en sangre, tened cuidado, no sea que la Queimada nos lleve a una buena Quemadura. Para ahuyentar a todos los malos espíritus la tradición cuenta que hay que saltar la hoguera nueve veces, vamos, que se van los espíritus y te coges un buen mareo. Hay grandes profesionales de este asunto, reiros vosotros de los cortadores de troncos de Euskadi.

Hay algo que no puede faltar al lado de la hoguera y son las sardinas a la brasa, a ser posible sobre pan de millo. Lo del precio de las sardinas es desproporcionado, pasan de costar unos cuatro euros el kilo a llegar casi a los 20 en un par de semanas. Sardinas a precio de marisco del bueno en nombre de la tradición. Se asan enteras, con su tripa, escamas y espinas y se dejan sobre el pan para que suelten juguillo. La forma de comerlas es con la mano, y sí, de todo menos limpio pero saben el doble de ricas. Por cierto, la sardina está rica, pero lo que realmente es espectacular, es el pan empapado del juguito.

Hay varios puntos neurálgicos en esto de San Juan, uno está en Panxón y el otro en A Coruña donde son fiestas de interés Turístico Nacional. Esos farolillos cargados de deseos bien lo merecen.

Pero las tradiciones no se acaban ahí. Esa noche es mágica y se le saca jugo como si de un limón se tratase. En muchas partes de Galicia se hace agua de San Juan, aunque, en teoría tiene receta, en realidad se recolectan pétalos de flores y plantas aromáticas que se tengan a mano y se echan en un caldero con agua durante toda la noche. A la mañana siguiente te bañas con ella, o como mínimo, te lavas la cara y estás libre de malos espíritus hasta el año que viene.

Otra de las variedades consiste en echar la clara de un huevo en un vaso con agua y dejarlo a la luz de la luna, a la mañana siguiente, como si fueran posos de café pero en una versión mucho más romántica, la forma de la clara te dice tu futuro, según algunos en forma de marido, según otros en general… Se han visto escorpiones, barcos, sombreros. Pero vaya, esto es como las nubes, todo depende de la imaginación que le eches al cazo.

Esta noche imposible que no te toque una hoguera cerca, esa noche el aire huele a humo y transporta “muxicas” una de esas palabras que no tienen traducción al castellano. Así que dos consejos, no dejes ropa tendida y no te resistas, baja a la calle, en San Juan siempre pasan cosas. Ya sólo quedan 364 días para la próxima… empieza la cuenta atrás.


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FADO… Portugal en Madrid.

El otro día pensaba que ya iba tocando visitar algún Portugués en Madrid, así que me puse a buscar. Haber hay unos cuantos (tampoco muchísimos) pero todos los que vimos tienen algo en común, están una jartá de lejos del centro y el bacalao lo cotizan como si fuera oro blanco… así que quedó para otra ocasión.

Como por arte de magia un par de días más tarde recibí un whatsapp donde me chivaban una oferta de Offerum, el plan era bueno, bonito y, extremadamente barato, tapas portuguesas para dos por 9 Euros… así que lo cogimos y allí que nos fuimos de excursión limonera. Nunca había probado estas ofertas colectivas en su versión gastronómica pero, al menos esta, salió más que bien.

El lugar en cuestión se llama Fado, parece más un bar donde tomar el café que un restaurante pero luego sorprenden con cenas con Fados todos los miércoles y jueves. Está al norte, por la zona de Avenida de la Paz, un poco alejado, pero cerquita del metro que es algo que siempre compensa. Por cierto, hablando de cosas que compensan, en verano tienen terraza.

Es uno de esos buenos sitios para comer a deshoras… y donde es mejor ir a comer con hambre. La oferta prometía tapas para dos, pero hubiéramos comido tres sin absolutamente ningún problema.

Fado

El menú arrancaba con un variado de fritanga:  unos buñuelos de bacalao, unas croquetas “Findus”, unas chamuças de carne, y unas empanadillas de langostinos (lo que vienen a ser risoles)… lo mejor eran los buñuelos con una diferencia abismal, primero porque estaban ricos y segundo, porque competían contra esas croquetas transparentes que eran el mal.

Después nos trajeron unas sardiñas alimadas, que en comparación serían como los boquerones en viangre, servidos con algo parecido a pico de gallo. De ahí a la zapateira recheada, una bomba calórica de palito de cangrejo y mayonesa servida en el caparazón de un buey de mar, no hay pan suficiente en el mundo para comer la

Luego pasamos a los cárnicos, una parrillada de embutidos aceitosilla pero curiosa, donde venían, entre otras suculencias colesterólicas, la fariñeira (una especie de embutido hecho de manteca y harina), una cazuelita con molleja de pollo y un chorizo al infierno… el hambre ya empezaba a flojear.

Y justo cuando menos hambre teníamos llegó lo que más ganas teníamos de comer, la tapa de bacalao a la portuguesa... que la verdad es que estaba bien bueno, aunque no tuvimos valor de comérnoslo entero.

El sitio es sencillo pero razonable, igual que los menús. La carta es un poco menos económica pero, la verdad, es que probar todo lo que probamos, con viño verde incluído por 4,50€ hacen que se lleven una lima y media de manera directa. No es como estar en Portugal, pero cura un poco la morriña.

 

http://www.fadorestaurante.es/

Dirección: Calle Emiliano Barral, 12, 28043 Madrid
Teléfono:915 19 77 25


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Mitos y realidades de la empanada gallega.

Esto de las empanadas es una de esas cosas que parece más simple de lo que realmente es. Llevo media vida fuera de Galicia y llevo esa misma vida reivindicando la empanada de verdad porque amigos míos, la empanada de verdad no es de bonito con tomate y huevo duro. En realidad, es de casi cualquier cosa, menos de atún con tomate y huevo duro.

A la empanada le ha pasado un poco como al pan, cada vez es más difícil encontrar una buena, las panaderías se han industrializado y venden cebolla semicruda en pan arrojadizo. Un horror capaz de repetir durante tres días consecutivos y proporcionarte calorías suficientes para aguantar un invierno en la cueva.

Partiendo de la base de que hay tantas empanadas como cocineros barra as, las preparen podríamos dividirlas en dos, pan de trigo y pan de maíz o de millo para los amigos (de esta os hablamos en nuestra visita a las Illas de Ons), la de maíz es menos frecuente, algo más difícil de preparar y bastante más difícil de comer porque se desmenuza pero, sin duda es mi favorita. Y luego está la de hojaldre que es un invento extraño que sólo triunfa rellena de jamón y queso y en los cumpleaños infantiles.

Dentro de las de trigo está el abismo, pero volvemos otra vez a la masa gorda y la masa fina. Las hay que con un trozo estás alimentado… y las que te podrías comer la empanada entera. Las hay secas, aceitosas, crujientes, gomosas… y casi todas tienen su punto, sus seguidores y sus detractores.

Con lo de la Zaragallada (relleno) hay para escribir una enciclopedia. Quizá la más tradicional y, sin embargo, más reciente (ha llegado al gran público hace, como mucho, cuatro años) es la de grelos con chorizo o la de cocido (con patata y todo) del interior de Galicia. Están las típicas de carne, bonito (sin tomate) y bacalao con pasas. La de zorza, que de todas es la única que no lleva una montaña de cebolla o las modernas con algas y tofu.

Una de las mejores empanadas del mundo. La de Miguel Oliveira.

Una de las mejores empanadas del mundo. La de Miguel Oliveira.

Y luego, las impresionantes, las que definen una cultura, las que hacen que te preguntes en qué diablos estaban pensando cuando las empezaron a hacer y que, sin embargo se siguen haciendo: son las de berberechos (croques) con cáscara, la de pollo y conejo con huesos o la que se hace con el pescado entero.  Ese momento de comida campestre, con mantel de cuadros, comida para un regimiento y una empanada con bultos en el centro y los gritos de… yo quiero el de la derecha que quiero que tenga Currusco (borde) y muslo son impagables. Ver como desmontan la empanada y se pringan para poder quitarle el hueso al animal también tiene su cosa… aunque, como todo hay que decirlo, el sabor no tiene punto de comparación.

La empanada es una cosa muy de casa, que compite con la tortilla en el campeonato mundial de “la mejor es la de mi madre“. Como os decía al principio, fuera de casa, cada vez es más difícil dar con una buena, pero aún así se encuentran… y se extienden como leyendas urbanas y todo el mundo conoce y ha oído pero llegado el momento, casi nunca saben recomendarte donde la puedes comprar. Es algo así como el Dorado.

En todo caso, de pan de millo, de trigo, negra como el choco, con tajadas, cáscaras o espinas… si tienes la suerte de dar con una buena empanada no la olvidarás, es un placer de tres limas. Y para terminar… una petición limonera, por favor, experimentad!!! La empanada es comida de aprovechamiento, utilizad lo que tengáis por casa hay vida más allá del atún con tomate y qué vida!

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