De Lima a Limón

Crítica – cítrica


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LAS PALMERAS… comida boliviana en el sur de Madrid.

La calvicie, que parece normal, es una enfermedad en Europa, casi todos son calvos. Y es por las cosas que comen. Mientras, en los pueblos indígenas no hay calvos, porque comemos otras cosas.” Evo Morales, 2010, Presidente del Estado Plurinacional de Bolivia.

Hoy vamos a hablar de comida boliviana y muy barata. Hemos ido a comer al barrio de Usera, uno de los barrios más humildes de Madrid. Usera se encuentra en el sur de Madrid y es uno de los distritos con mayor porcentaje de ciudadanos extranjeros, en su mayoría chinos, tal es así, que hay más de una docena de restaurantes chinos en su calle principal Marcelo Usera e incluso hay varias cafeterías de Bubble Tea, la bebida de moda entre sus jóvenes.

El restaurante que hoy visitamos, Las Palmeras, pertenece a otra nacionalidad con gran presencia en Usera, la boliviana y sí, coincide el nombre con el restaurante marroquí del otro día. Lo primero que llama la atención es el montón de gente que hay siempre en la calle Amparo Usera llena venta de ropa y comida ambulante, además, está cerca de la zona de recogida de pistoleros. Lo segundo, el montón de gente que hay dentro del restaurante y ningún español.

El restaurante está dividido en dos partes: bar y comedor, y como en muchos de los restaurantes de Latinoamérica se paga antes. Uno dice que quiere comer menú, la doña lo escribe en un ticket, se paga y pasas al comedor y te sirven. Aire acondicionado a tope y bachata en el hilo musical. Otra cosa curiosa es que no hay carta, lo que hay son unos cuantos anuncios en la pared con los platos que se hacen cada día y los platos del menú en la pizarra de la entrada. Casi todos los menús populares de los países andinos (Bolivia, Perú y Ecuador) consisten siempre en una sopa de primero y un plato principal de carne de pollo o chancho (cerdo) con mucho arroz. Aquí no fue una excepción.

Escogí la sopa de maní (sopa calentita en pleno mes de Julio madrileño) y el pollo broaster de segundo. La bebida va incluida pero generalmente es un jugo (zumo) y no se puede escoger, cuando me senté me lo trajeron, junto a la tradicional bandeja de salsa picante, y pensé que era té frío, pero no, era jugo de canela frío. El jugo es agua hervida con canela, colada, con azúcar y a temperatura helada, muy refrescante y fácil de hacer.

La sopa de maní no estaba mal, aunque la temperatura exterior no invitara a tanto. Un generoso tazón de sopa con: patata cocida, patata frita, caracolas de pasta, cilantro y pan para mojar. Hidratos con más hidratos. De sabor muy aceptable, pero no apto para personas que pretendan adelgazar.

El pollo broaster era el pollo con peor pinta que he visto en mi vida. De sabor no estaba mal, aunque algo frío, pero había poco pollo y mucho arroz y ensaladilla rusa (en serio) de guarnición. Postre ni hablar.

Durante la comida, varias veces te interrumpen vendedores ambulantes de camisetas piratas de equipos de fútbol, gafas de sol, películas y hasta un honorable ciudadano me ha intentado vender una blackberry recién sustraída de un bolsillo ajeno.

Y aquí va lo importante del asunto. ¿Cómo es posible que este restaurante con este menú estuviera lleno hasta la bandera? Pues porque el precio del menú del día: primero, segundo, pan y bebida costaba sólo 5 euros.

Le otorgo a este restaurante dos limones, salvo que tus ingresos familiares estén por debajo del SMI o eches de menos la auténtica comida de la periferia de La Paz, Lima o Guayaquil, como es mi caso, lo que lo convierte en un lugar de  una lima.

Consejo Embidioso: No traigas nunca a una cita a este restaurante sin asegurarte que haya leído antes esta crónica. Aquí las sorpresas no tienen por qué ser positivas.


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LA NEGRA TOMASA… Cuba en Madrid.

Dice la canción de Antonio Burgos que que “La Habana es Cadiz con más negritos y Cadiz, la habana con más salero“. Hoy cambiamos totalmente de registro, nos ponemos una falda con enaguas y viajamos, directamente hasta Cuba pasando por la calle Cádiz.

Muy cerquita de Sol, se esconde un pequeño Malecón, un lugar donde la comida está buenísima (nada que ver con el arroz a la emancipada ensolisado que en España llamamos a la “cubana”), donde por el día tienen menú y cada noche hay una fiesta. Un local lleno de fotos que consiguen que te olvides por un ratito de que sigues en España.

Hay un método infalible para saber si un restaurante de comida internacional conserva su esencia… Es medir el número de locales que pasan por allí habitualmente. Y, además de los camareros, el público tiene acento cubano. En los restaurantes chinos esta técnica es todavía más infable… lo cual me recuerda que un día tenemos que visitar el Chino de Plaza de España de Madrid pero eso será en otro capítulo.

Los platos rondan los 12€ y son formato combinado (no la versión huevos con croqueta mala y sucedáneo de lomo) sino una mezcla perfecta que te permite probar varias cosas diferentes, Si lo de mezclar no es lo tuyo o sientes debilidad por algo en concreto siempre puedes pedir raciones… El menú cuesta 9,50€ e incluye uno de esos platazos a elegir entre 5 diferentes, postre y bebida.

Había opciones con pescado e incluso con lechón asado. Nosotros elegimos un Habana Vieja que traía una ropa vieja deliciosa, arroz negro congrí (negro con frijoles), plátano frito en chips (chicharritas) y ensalada y Habanero con picadillo, huevo frito, arroz blanco y tostones , un poco menos rico pero delicioso en todo caso.

De postre había natillas de chocolate y de crema (que aunque aparentaban blancuchas, tenían un toque de ron y estaban bien ricas) y coco con crema de queso delicioso! No todo el mundo es fan del coco, pero si te gusta… Es mejor no perdérselo.

La opción de la noche es más que recomendable. Los mojitos son de concurso y el ambiente es muy muy divertido. La comida es diferente, rica y sin extravagancias. La camarera es una ricura y encima es económico. Se ganan la lima y media y un azucar!

http://www.lanegratomasa.com/

LA NEGRA TOMASA: C/ Espoz y Mina esquina Cádiz, Madrid


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LUME DE CAROZO… un punto diferente en el Casco Vello (Vigo)

En De Lima a Limón seguimos con nuestra saga casi semanal de visitas al Casco Vello de Vigo. Esta vez aparecemos en el Lume de Carozo un lugar rehabilitado, con paredes de piedra y un techo tan alto que dio para poner unas escaleritas y crear un piso arriba.

La comida que ofrecen es una mezcla, entre tradicional de toda la vida (el raxo) y la cocina creativa de fusión, algo que, por suerte, va más allá de rociar el plato con reducción de vinagre de módena. Es un sitio perfecto para un picoteo en grupo, las raciones son abundantes, te da opción a probar muchas más cosas y la cuenta sale muy económica. Pero hoy probamos el menú.

El menú cuesta 9,50€, de lunes a jueves son dos primeros y dos segundos, los viernes es especial.. hacen un menú maridaje de cuatro platos con sus respectivos cuatro vinos donde la calidad de la comida baja un poco con respecto al resto de la semana pero no por ello deja de ser un plan perfecto para un viernes.

Juanjo, el dueño podría haber sido el protagonista de Shakespeare in love, es un tipo encantador, un pelín despistado pero de esos que pese a que el local lleva abierto poco tiempo tiene controlada a toda la clientela. Cuando te habla de los vinos se nota que le gusta.. y eso nos gusta. Por eso es mejor ponerse en la parte de abajo, aunque las mesas altas sean más incómodas. Por eso y porque a la parte de arriba es mejor ir sin prisa.

Este día había tosta de salmón ahumado, en pan bueno y rica, pero una tosta al fin y al cabo y revuelto de raxo, muy sabroso pero un pelín frío. Y de segundo, alitas de pollo con patatas, sabrosas, picantitas pero faltaba al menos una en el plato para ser una ración y solomillo Mr. Corn con ensalada y salsa de curry, que tenía un punto diferente y estaba muy muy rico.

De postre había una tarta de chocolate blanco con frutos rojos y fresas (tres) con chocolate. Las tartas del menú siempre son caseras y sorprendentes.. no siempre están deliciosas, pero hay que reconocerles el mérito de probar miles de recetas.

No les perdonaré nunca que sacaran de la carta los tacos de ternera deshebrada, eran sin duda lo más cítrico y mejor que tenían. Es cierto que creo que han bajado un poquito la calidad, pero aún con todo sigue siendo uno de mis sitios favoritos. Una apuesta que se merece la lima y media.

LUME DE CAROZO: Joaquín Yañez, 5 Vigo

http://www.lumedecarozo.com/


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Ochenta Grados (Madrid)

Me gusta divertirme comiendo, lo voy a repetir una y otra vez hasta que todos nos enteremos, principalmente, quienes aspiren a nuestras tres limas. Hoy me he divertido – a ratos – mientras comía en 80º (Ochenta grados) el local más original de menú del día de Las Tablas.

Desde su nombre (temperatura a la que hacen muchos platos para que se hagan poquito a poco) hasta cómo tienen configurado el menú, así como el local, son originales lo cual, en un barrio con tantos restaurantes y variedad tiene su mérito. En vez de hartarte a comer, en 80º tienen la intención de que pruebes más platos, más texturas y que mezcles sabores. De ahí que el menú se componga de tres mini-platos o tapas grandes y un postre, con el cual terminas saciado pero no a reventar.

De primero probé una ensalada de pasta con gulas, tomates cherry y una vinagreta de tomate seco. Fresco, amargo por la rúcula y dulce por los tomates. Se agradece ahora que viene el buen tiempo. De segundo unos calamares fritos, en rodajas finísimas, crujientes y poco aceitosas y con una mousse de all-i-oli que no ha repetido mientras escribía la entrada ni una sola vez. De tercero, opté por un plato más construido, un trocito de solomillo de cerdo, que se anunciaba con costra de romescu y puré dulce de patatas. Otra vez, mezcla de texturas y sabores.

Lo más recomendable es ir con compañía y probar el resto de las opciones, ya sabéis que no está bien visto meter el tenedor en los platos de las mesas de al lado.El salmorejo con helado de parmesano y las croquetas de gambas eran para no perdérselas.

Los postres suelen ser a base de cremas con helado y galleta, ya sea en versión tarta de queso o tarta de “oreo”. Pero esta vez nos sorprendió, entre la mousse de chocolate había peta-zetas que explotaban mientras lo tomabas, otro punto divertido.

La calificación no pasará de la lima y media y medio limón ya que el menú no cambia demasiado desde que lo abrieron, aunque van incluyendo un plato de cuchara diario. Salvo el dueño (que debe ser el que cuida del negocio) el resto de personal va con prisas – sirven tres platos en vez de dos – lo que hace que haya algún descontrol y vuelen las cucharas. En definitiva, una original manera de pasar un rato gastronómico por 12,5€, que si cambiaran más la carta y descendieran un par de euros el menú, podría convertirse en un referente de la tapa moderna en la zona norte.

Ochenta Grados: Calle Mirallos, 4