De Lima a Limón

Crítica – cítrica


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Escapada limonera… destino Olite.

Cuando improvisas una escapada de cuatro días a Pamplona desde Vigo y teniendo en cuenta que dos de ellos se van en la ida y la vuelta, las cuarenta y ocho horas restantes están organizadas al segundo.
Después de haber escudriñado de arriba a abajo la calle Estafeta y casi todas sus adyacentes en Pamplona, probando pinchos y más pinchos, quisimos visitar alguna localidad cercana que nos permitiera probar la comida navarra más tradicional. Elegimos irnos a Olite, a tan sólo a cuarenta y dos kilómetros de Pamplona y visitar uno de los monumentos nacionales mejor conservados de nuestro gótico español, el Palacio Real de Olite, perteneciente a los Reyes Navarros antes de anexionarse al Reino de Castilla, allá por 1522.
Su buen estado de conservación y las coherentes restauraciones que se han llevado a cabo, hacen que trasladarse al medievo e imaginar cómo era la vida en palacio, no suponga mucho esfuerzo. Sin embargo, y me ha resultado muy curioso, que a pesar del mimo y cuidado que han puesto en las rehabilitaciones de todo el palacio, no hayan dedicado ni una de sus abundantes salas a exponer mobiliario o demás elementos decorativos de la época.
Desde sus torres almenadas se puede disfrutar de impresionantes vistas de los viñedos de toda la localidad y su enorme “nevera” con forma ahuevada en la parte trasera del palacio, construida para almacenar la nieve necesaria para la conservación de los alimentos.
Para visitar el palacio, hay que adentrarse en el interior del recinto amurallado, de origen romano y allí, en la calle Mayor, está el restaurante del que hoy os vamos a hablar.
La carta de este mesón, tranquilo, clásico y familiar, no es muy extensa y nada original, la verdad. Casi una docena de platos combinados, varios tipos de ensaladas, unos bocatas y raciones, que se pueden contar con los dedos de las manos. Pero la recomendación de quienes nos hicieron de guías por tierras navarras nos animó a visitarlo y probar su nada desdeñable menú del día.
Se podía elegir entre cinco primeros, cinco segundos, incluyéndose la bebida (agua o vino de la zona) y postres caseros. Todo ello por 10 € por persona.
Olite delima
De los primeros nos decantamos por probar:
– Unas contundentes lentejas -plato de puchero muy de agradecer dado el frío que hacía- con chorizo, ternera y tocino. Estaban muy sabrosas y bien cocidas, lo que es de agradecer por eso de no encontrar lentejas reventadas de tanta cocción.
Canelones de carne con bechamel (hecha por ellos y no de bote) gratinados con una mezcla de quesos poco habitual (queso cheddar en su gran mayoría) pero que le daba un gustillo y apariencia diferente.
Ensalada tibia de gulas. Si no fuera que la atiborraron de lechuga iceberg en lugar de presentarla en hojas de endibia de la zona y la espolvorearon con cebolla crujiente se llevaría un sobresaliente en toda regla. Una pequeña decepción, sí, pero aún así, ha merecido la pena probarla.
– Y menestra de verduras. La sorpresa llegó cuando nos la sirvieron. ¿Qué hace el crujiente de cebolla otra vez ahí? ¡¿Verduras congeladas?! ¡¿No se supone que Navarra es la huerta de España?! Quién la pidió se esperaba unas verduras de la zona cocidas, acompañadas por unas patatas, cuartos de huevo duro y aderezadas con un poco de aceite de oliva y sal. El chasco fue monumental por que no se esperaba ese guiso de verduras con intenso sabor a tomate.
De los segundos, casi todos elegimos:
Lomos de bonito guisado. Quienes lo probaron coincidieron unánimemente que la textura del pescado era muy jugosa y sabrosa.
– Y carrilleras de ternera guisadas que estaban muy limpias de sus múltiples nervios gelatinosos, suculentas y muy, pero que muy tiernas. Se deshacían en la boca como si fueran agua. Si no estuvieran acompañadas por ese tipo de patatas… ¡ay, ya sabéis que opino de ese tipo de patatas!
Y de los postres destacar:
– El flan de huevo hecho al horno, de sabor suave y sutilmente dulce
– Y el arroz con leche que estaba muy cremoso y con cierta tibieza aún en su interior.
El camarero que nos atendió estuvo muy pendiente de que no les faltase de nada a los tres niños pequeños que nos acompañaban. De hecho fueron a los que primero sirvieron. El servicio fue ejemplar y entre plato y plato apenas tuvimos que esperar.
Teniendo en cuenta que la carta no es muy original pero la amplia variedad que ofrece su menú del día, le concedemos una lima y media y otra media, indudablemente, por estar muy, muy cerquita de un palacio digno de visitar.
Restaurante La Muralla c/ Mayor nº 31, Olite, Navarra


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Escapada Limonera… destino Pamplona.

De sobra es conocida la fama que tiene Navarra de su cultura gastronómica y popular. No sólo se lo debemos a Ernest Hemingway a través de su literatura, los propios navarros han ido dando buena cuenta para mantener en lo alto todos y cada uno de sus productos típicos: desde su queso del Valle del Roncal, el Idiazabal, su pacharán, las alcachofas, sus impresionantes espárragos y sus archi famosos pimientos de piquillo, hasta sus carnes de vacuno, sus vinos con denominación de origen, los embutidos: txistorra, butifarra y como no, el chorizo de Pamplona o cualquier verdura que salga de sus huertas: cogollos, berzas, acelgas, cardos…

Los navarros llevan varias generaciones yéndose de pintxos y de chiquitos o lo que es lo mismo de tapas y vinos siendo Pamplona la ciudad por excelencia para disfrutar de la gastronomía navarra y de sus caldos al tiempo que se recorre la monumental parte vieja de la ciudad.
En Pamplona hay tantas tabernas y bares como guiris en los San Fermines, y no, no estoy exagerando. Desde la calle Mercaderes hasta la calle Estafeta, pasando por la plaza del Castillo se pueden disfrutar de las innovadoras propuestas de Álex Múgica con dos restaurantes en la ciudad o de la tradición sumamente cuidada de El Gaucho,  una de las tabernas más premiadas por la elaboración de sus pintxos de la ciudad.
Nosotros empezamos el recorrido en La Granja un pequeño local situado en la calle más pintoresca de la ciudad, la calle Estafeta nº 71 y al terminar nos fuimos hasta el Okapi en el nº 46 de la misma calle.
Al día siguiente quisimos comprobar si la fama de El Gaucho en la calle Espoz y Mina nº 7 era tan merecida como nos habían dicho y sí, este entrañable bar es de absoluta recomendación. Lo confirma la tarrina de txangurro (centollo) con queso que fue degustada en un parpadeo.
Y antes de emprender regreso no podíamos dejar de pasar la oportunidad de tomarnos un último pintxo con un chiquito. Elegimos el Mesón Pirineo también en la calle Estafeta nº 41 por su amplia variedad de embutidos locales.
Hay que decir que todos los pintxos que probamos cuya elaboración, presentación y degustación era increíblemente buena siendo lo más destacable de todos ellos su propuesta de cocina de calidad. Eran restaurantes informales, donde el personal fue paciente y amable a pesar de la desbordante avalancha de hambrientos y sedientos clientes que entraban continuamente.
pintxos
Ir de pintxos por Pamplona no sale barato. El precio medio de cada uno ronda los 2,50 € al que hay que añadir la consumición con que lo quieras acompañar. Sin embargo desde hace unos años los hosteleros de la parte vieja decidieron, para atraer nuevamente a la clientela, proclamar dos días de la semana, el martintxo (martes) y el juevintxo (jueves) en el que tomarte un pintxo y una caña tan sólo cuesta 2 €. Así ya no hay excusa que valga!!
Los que hayáis estado en Pamplona en sus San Fermines habréis vibrado con una ciudad bulliciosa, alegre, desmadrada, muy desmadrada. Yo os invito a que volváis en invierno para que la viváis desde la tranquilidad, disfrutando de sus espacios abiertos, de sus parques como el de la Taconera, de su Ciudadela, recinto amurallado que dio origen a la ciudad. Por supuesto de sus pintxos y chiquitos y bajo ningún concepto, no podéis dejar de visitar el emblemático Café Iruña, local que tiene un pequeño rincón que rinde homenaje al escritor que la dio a conocer internacionalmente.
Eso si, id abrigados, allí hace frío…
 


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Concurso de tapas del Casco Vello (Vigo)

El 27 de Octubre terminó la 8ª edición del concurso de tapas del Casco Vello de Vigo. Este año, veinticinco establecimientos del barrio, han presentado sus propuestas por tan sólo 1,50 € cada tapa. Una verdadera aventura culinaria que no me he querido perder. Esta ha sido mi cata particular:

 Casa Roxa en el Paseo de Alfonso XII – tapa: Brazo de gitano relleno de gamba.

Personalmente, de todas las que he probado, es la que que ha cumplido con todos los requisitos del concurso. Han presentado una tapa super original, muy creativa y con una presentación muy cuidada. Era una tapa para degustar en tres fases: la burbuja rellena de piquillo es la que tenía que estallar primero en la boca, luego la gamba a la plancha con lámina de ajo negro compensaría el contraste de sabores y por último el brazo de gitano, suave y cremoso, haría su cometido compensando texturas. Tiene todas las condiciones para ser una de las tapas ganadoras de este certamen.

Lume de Carozo en Rúa Joaquín Yañez – tapa: o tronquiño de Lume. Saquito de pasta filo relleno con media salchicha y bacón. Muy contundente y excesivamente grasiento. Teniendo en cuenta lo bien que cocinan en este sitio, me he llevado una decepcionante sorpresa con su propuesta.

O Chavolas en Rúa Cesteiros – tapa: A turbina. Tosta untada en queso, con mini brocheta de pollo con gambas. ¿Creatividad o tradición? Los que conocéis este establecimiento, coincidiréis conmigo que lo segundo es lo que mejor les caracteriza. Su propuesta presentada dista mucho de ser una tapa para concurso.

A Curuxa en Rúa Cesteiros – tapa: Borbones. Saquitos con hoja de berza, uno relleno de lacón y el otro con una mezcla de patata cocida y chorizo y un trío de salsas simulando la bandera republicana. Una particular interpretación de nuestro lacón sin grelos y para que te comas (imaginariamente, claro) de un solo bocado al miembro de nuestra familia real que más rabia te dé. ¡Ñamm!

Crepería Cre-Cotté en Rúa Oliva – tapa: Hamburguesa picante de garbanzos y atún. Buena propuesta pero se han excedido en el tomate. Le quitaba todo el protagonismo a la hamburguesa.

O Croquetas en Praza da Princesa – tapa: cazuelita de jabalí, castañas, setas y patatas en textura.
Mi abuelo ya lo decía, cuando el nombre del plato es enorme, la ración es tacaña.
La tapa es original, sí, pero fue muy escasa. Tan sólo una trazas de jabalí en la ración. Las castañas y las setas pasaron muy desapercibidas, apenas destacaron su sabor que a mi modo ver quedaron silenciadas por la textura de patata.

Y La Comidilla en Rúa Palma – tapa: Quevirantes – empanadilla de puré rellena con pollo, bacon y maíz en grano. Es una tapa “sobrosona” pero sin ninguna pretensión de destacar y en la que tampoco se han esmerado en su presentación.

El día que se escribió esta crítica, aún no se había hecho el recuento de votos del establecimiento más votado.

Hoy os podemos decir que el ganador de este año ha sido A Regueifa en Rúa San Vicente con su tapa Regueifeira consistente en un saquito de pasta filo relleno de lacón con grelos presentado en una copa de cóctel. Y en un segundo y merecido lugar, ha quedado la tapa de Casa Roxa.

El concurso de tapas del casco Vello es una buena iniciativa para dar a conocer los locales de este barrio y que dado el éxito que está teniendo, yo os animo a que lo incluyáis en vuestra lista de quehaceres para disfrutar el año que viene.

Enhorabuena a los ganadores!!


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UNO ESTÁ… Una coctelería con estilo propio (Vigo)

El diseño debe seducir, educar y, quizás lo más importante, provocar una respuesta emocional – April Greiman

Y estas premisas las cumple a la perfección esta coctelería. Se ubica en el simbólico edificio Casa Bárcena, en el Casco Vello de Vigo, el Uno Está es un local de copas que marca notablemente las diferencias.

Su proyecto de interiorismo comercial ha sido muy respetuoso con la rehabilitación del local. Sus paredes mantienen la piedra a la vista y la utilización de materiales nobles, como la madera, intentan mantener la solera ecléctica de la época en la que que ha sido construido el edificio. Está inspirado en los años 50 cuyo objeto de mobiliario más representativo son las sillas DSR del matrimonio Eames.

El resto de piezas destacan por su sencillez, como la zona de servicio situada tras la barra. Un gran aparador de líneas rectas y con detalles muy cuidados, como los tiradores de sus puertas, hecho a medida para aprovechar al máximo el espacio y favorecer con comodidad el almacenamiento y exposición de bebidas.

Y sobre él, una increíble composición de fotografías, vinilos, objetos singulares (como los flotadores de anzuelos) y caratulas de discos con claras referencias la jazz (Dave Brubeck Quartet, se encarga de ello) completan la personalidad del local.

En el Uno Está podréis probar una gran variedad de cocktails. Desde el clásico mojito hasta su original y sabroso daikiri de fresa. Sin embargo al que le rinden un merecido homenaje es a el vermú, que aquí es de elaboración casera.

Todos los primeros domingos de mes, de 12:30 a 15:30 hacen una sesión con música en vivo. El grupo de surf rock The Centolas se encarga de animar la sesión y para los que quieran acompañar su vermú con un aperitivo, pueden optar por los diferentes bocados orientales que Chau y Ada elaboran para la ocasión.

Ésta vez nos decantamos por probar las cuatro variedades de sushi: de salmón, langostino, pepino y aguacate. Lo preparan genial, el arroz está bien cocido, de textura compacta pero sin llegar a ser un pegote de masa y muy sabroso. También pedimos unos rollitos de primavera y wonton rellenos de pollo. Completamos el aperitivo con dos refrescos y un vermú casero. Todo ello salió por 14

La sesión vermú del Uno Está se está convirtiendo en un todo un clásico para las mañanas de los domingos y que realmente merece la pena disfrutar. Por todo ello obtiene dos limas bien grandes.

Uno Está: C/Real nº 14 – Vigo


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Sí es que así no se puede, oiga!

No me voy andar por las ramas, queridos lectores de Lima a limón, no voy a ser condescendiente o benevolente. Que las hayan “implantado” y su presencia se haya “asumido” no es razón suficiente para que ponga el grito en el cielo y más allá.

¡¡NO SOPORTO QUE SIRVAN PATATAS CONGELADAS!!

baston_fino8x8Creo que es el peor acompañamiento que un bar/casa de comidas/tapería/restaurante pueda poner como presentación de sus platos – aunque sean menús del día – y no entiendo que se queden tan tranquilos al ver como la mayoría de las veces vuelven, sin ser consumidas a sus cocinas.

¿Qué poderosa razón empuja a un propietario – creo que estamos todos de acuerdo que aquí la opinión del cocinero/a no se tiene en cuenta en absoluto – de que su establecimiento incluya un producto de tan ínfima calidad? ¿Qué extraño aliciente le lleva a este hostelero de medio pelo pensar que nosotros– posibles clientes asiduos – quedemos contentos con algo así? ¿Y si no volvemos a poner un pie por allí, se extrañará?

Le he preguntado a un amigo que ha trabajado en hostelería, el porqué las usan con tanta alegría y me ha sentenciado:

– Porque son baratas y rápidas de hacer.

Bien. He hecho la prueba en mi casa. Puse una sartén grande con aceite a calentar, cogí tres patatas – una por comensal – las pelé, las corté panaderas y las eché a freír. Cuando estuvieron listas, se fueron a cada plato y las premié un poco de sal y tomillo. Todo ese proceso duró 6´28” y 0,26 céntimos de euro.

Si, ya sé lo que me vais a decir. Yo preparé un acompañamiento para tres comensales y en un restaurante se sirven muchísimos más. ¿Y aún así eso los justifica? ¿Realmente es más importante la rapidez y el uso de esos productos para salir del paso (como ese tipo de patatas, los champiñones de bote, las zanahorias baby, los guisantes de lata, la salsa de tomate intragable que ponen con los spaguetti, la lechuga iceberg…) que el buen hacer, la profesionalidad, el esfuerzo y la satisfacción diaria que todo eso supone y que ayudan indiscutiblemente a diferenciarse – obviamente si quieren, claro – de todos los demás bares de su calle?

Uno de los episodios más patéticos que he tenido que sufrir relacionado con este tema ha sido cuando en una tapería – que he decidido olvidar – se me ocurrió pedir unas patatas al ali oli. Mi sorpresa fue morrocotuda al ver que en aquel cuenco de diseño había unas decaídas, pálidas y vergonzosas patatas congeladas salpicadas – como si hubiesen utilizado spray – por una inexistente salsa.

– Perdona, ¿ésta es vuestra tapa de patatas? le pregunté a la camarera.
– Sí, sí que son, al ali oli, como pediste…
– Ya… pero éstas son congeladas.

La camarera se me quedó viendo como queriendo deducir hasta donde quería llegar.

– Espera un minuto que pregunto en cocina…

Cuando volvió a mi mesa me respondió con contundencia:

– Tienes que perdonar, las patatas se nos han acabado por lo que nos hemos visto obligados a servirlas así.
– Ahhh, ya… conseguí responder.

Y se marchó tan contenta como vino.

Ufff, sí es que así no se puede, oiga!!


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Escapada limonera… destino A Coruña.

La presentación del disco “Paradero Desconocido” de Quinito López Mourelle en el Museo de Arte Contemporáneo (MAC) nos dio la excusa perfecta para irnos de escapada hasta A Coruña, ciudad en la que el viento da la vuelta en Riazor y ya no viaja hacia el sur.

Siempre que vamos, es visita obligada subir hasta el Parque de San Pedro. Allí es donde pasamos la tarde del sábado. Está en el barrio de Los Rosales, el parque debe su nombre al monte que lo aloja. Es inmenso, tiene zona de merenderos con barbacoas, zonas dedicadas a los niños con columpios, un laberinto de estilo inglés hecho principalmente con setos , un observatorio (Cúpula Atlántica) que a su vez hace de sala de exposiciones,  césped, mucho césped para poder andar descalzos y unas vistas impresionantes de la ciudad. Cuando vayáis a La Coruña no os olvidéis de visitarlo.

Al día siguiente, después de asistir al magnífico concierto de Quinito y visitar la exposición de Larry Fink – Body and Soul (hasta el 15 de Septiembre), mi amiga María propuso ir hasta Culleredo para comer en una pizzería/hamburguesería un tanto peculiar. Y hasta allí nos fuimos.

Galipizza es un restaurante con muy buen ambiente, acogedor y con muchos detalles decorativos que llaman la atención. Uno de ellos es que han utilizado una báscula, de las que antiguamente había en los ultramarinos, para ubicar los grifos de cerveza de barril. Otro detalle, para identificar las puertas de los baños, han puesto un vinilo del billete de cien pesetas (el que tenía el rostro de Manuel de Falla) para los chicos y otro vinilo, esta vez el de quinientas pesetas (con el rostro de Rosalía de Castro) para el de chicas.

Hay una zona del restaurante que está acondicionada como un vagón de tranvía. Ahí es donde comimos y desde donde observas todo el trajín del comedor principal.

Bueno, a lo que vamos. ¿Por qué Galipizza es una pizzería a la que deberíamos ir?

Su carta (además de comida mejicana, tapas, ensaladas, pasta…) contempla más de 20 variedades de pizza. Están las básicas (Margarita, Cuatro Estaciones…) y las que no pueden faltar (Cuatro quesos, Romana, Vegetal…) pero las que realmente merecen la pena son sus pizzas con ingredientes  típicamente gallegos.

Tuvimos un verdadero dilema a la hora de decidirnos cual elegir. Personalmente me parecen muy buenas propuestas, sobre todo porque lo que pretenden es diferenciarse como pizzería/hamburguesería y ofrecer productos con ingredientes regionales y de muy buena calidad. Para que os hagáis una idea estas son algunas de sus propuestas:

  • Fogar de Breogán: salsa de tomate, queso de Arzúa, San Simón, O Cebreiro y queso de Tetilla (9,60 €)
  • Raxo con grelos: salsa de tomate, queso San Simón, raxo, panceta y grelos (11,10 €)
  • Ovos rotos con gambas: salsa de tomate, queso de San Simón, zorza, patatas y huevos (11,30 €)

Nosotros probamos dos y pedimos que nos la hicieran en una pizza grande, mitad y mitad. Una fue la de lacón con grelos y queso de Arzúa-Ulloa (6,80 €) y la otra la Xacobea con queso San Simón, espárragos, pimientos del piquillo, cecina, vieira y queso de O Cebreiro (7,00 €)

Ver llegar la pizza a la mesa fue todo un acontecimiento. Las hacen con masa artesana, con el grosor justo para que puedas coger la porción y no se te desparrame el queso. Bien horneada y con ingredientes rebosantes (para mi gusto, en exceso).

No me convenció la cecina en la Xacobea. Le da un regusto demasiado fuerte y los demás ingredientes quedan en un segundo plano. Sin embargo la de lacón con grelos la volvería a tomar o incluso la haría en casa para sorprender a algún incondicional de la comida italiana que conozco.

No pudimos salir de allí sin probar las hamburguesas gourmet, yo hubiese probado la platino de buey con 250 gr de carne, con crema de queso de cabra, cebolla caramelizada y pan de hamburguesa casero (7,50 €) pero ya no les quedaba así que la gourmet elegida fue una hecha con 250 gr. de ternera 100% gallega, queso San Simón, grelos,chorizo, pan casero y patatas (7,50 €). La carne estaba jugosa, hecha al punto y muy sabrosa. Los grelos no desentonan. Lo decepcionante fue ver como semejante hamburguesa venía acompañada con patatas  congeladas, en fin…

Como colofón pedimos dos helados italianos en cucurucho (2,20 € c/uno) y café pero hay que especificar que sea de pota para que te lo sirvan así de bien acompañado (aguardiente blanca, de hierbas, licor café y crema de orujo)

Pagamos 8 euros por persona, nos atendieron fenomenal, sus pizzas aparte de ser muy originales, son 100% gallegas, el servicio de cocina es rápido y los camareros están muy pendientes de que no falte nada. Tras la visita a la ciudad, el concierto, la exposición y la comida, no puedo menos que darle a la escapada una lima y media.

GALIPIZZA: c/ Alcalde Electo Carballo nº 22 – Culleredo

http://pizzbur.gl/


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A CURUXA… o cómo sentirse como en casa (Vigo)

Elegí esta taberna para hacer mi presentación inaugural en este blog por sus originales propuestas culinarias, la buena relación calidad-precio de su carta, su trato cordial hacia el cliente pero sobre todo, por su innata facilidad de hacerme sentir como en mi propia casa.

Lo podéis encontrar en Cesteiros nº 7, una de las calles más emblemáticas del Casco Vello de Vigo. El nombre de este callejón, rinde homenaje a los artesanos que en la década de los 40 se establecieron allí para abastecer de cestas, cestones y cestillos a todos los vendedores y pescantinas que rondaban el barrio vendiendo sus productos. Ellos eran quienes elaboraban las famosas patelas ( unas cestas amplias, planas, con forma cuadrada y con la base protegida con hojas de repollo para trasladar y, normalmente exponer, el pescado menudo: xoubiñas, chinchos, cariocas…)

A Taverna da Curuxa es un local tranquilo, con paredes de piedra vista, céntimos en sus juntas y una decoración muy sencilla. Cuando llegué, sutilmente, se escuchaba jazz. Por el mobiliario que tienen, en concreto las sillas, te da la sensación de estar en un tablao andaluz en lugar de una tasca gallega pero a fin de cuentas, eso, tan sólo es una impresión.

Su carta es pequeña pero variada. Incluyen originales ensaladas, arroces perfectos, carnes, pescados y buenos postres. También te ofrecen, por si quieres ir abriendo boca, una pequeña lista con sus petiscos (aperitivos).
Después de sopesar todos los platos (os puedo asegurar que fue una tarea un poco peliaguda) y dejarme aconsejar por Noelia, que es encantadora, en lo relativo a la cantidad que sirven, mis elegidos fueron:

 

De entrante: croquetas de portobello, (champiñón portobello) con chips de yuca (4 €)
con una bechamel suave, melosa y sabrosa que contrastaba a la perfección con el ligero y crujiente del rebozado. Las chips de yuca que las acompañan son un acierto. Cortadas con mandolina, son finas como el papel de liar así que ya os podéis imaginar cómo resonarían en el interior de vuestra boca.

De primero: abanico con patatas (5 €): El abanico es la envoltura externa de las costillas del cerdo. Es una carne muy grasa por lo que al hacerla tanto a la plancha como en barbacoa queda impresionante. Y si encima es de cerdo ibérico ya os podéis imaginar el resultado. El que yo comí no era de ibérico pero habían acertado en su preparación. ¿Quién no se rinde ante una carne hecha en su punto, jugosa y tierna por dentro, churruscadita por fuera y con un ligero toque de tabasco verde, acompañada con patatas frescas (las llamo así porque las otras son congeladas) y verduras a la plancha? Que yo sepa, nadie.

Y por último, el postre: bizcocho con salsa de mango y nísperos caramelizados (3,50 €). No, no penséis que le pasa algo a la foto, el bizcocho es así, verde, porque está hecho con calabacín. Tiene una textura compacta y densa, es un placer comprobar lo suave que es. La salsa de mango servida fría es un contraste que sorprende tanto si la acompañas con el bizcocho como con los nísperos. Es un postre muy goloso, quedáis advertidos…

De bebida me tomé una caña (1,80 €) y al café, que disfruté mientras leía el periódico, tuvieron la gentileza de invitarme. Pagué por este pequeño gran homenaje 14,30 € . Teniendo en cuenta que su comida está muy rica, que sirven rápido y que te tratan fenomenal, me parece un precio muy razonable. Por eso les doy lima y media.