De Lima a Limón

Crítica – cítrica


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HATTORI HANZO… hay vida japo más allá del sushi. (Madrid)

La semana pasada visitábamos la taberna japonesa de Chicote. Hoy seguimos en la misma línea y os llevamos a una Izakaya de verdad, es decir, una taberna de las que nos podíamos encontrar en cualquier rincón de Tokio, pero sin salir de Madrid, es más sin salir del centro más céntrico de Madrid, a dos pasos de Callao.

El sitio en cuestión se llama Hattori Hanzo, coge su nombre de un lider ninja y nos recuerda, inevitablemente, a Kill Bill, la peli de Tarantino. Dentro del local hay un mural con su cara, @luisete, que estuvo en la inauguración nos cuenta como lo pintaron el propio día de la inauguración, por mucho que os lo intente describir… hay que verlo para hacerse una idea de lo mucho que mola.

El local es gigantesco, tiene una zona con mesas tipo taberna y otra, en un salón donde las mesas están a la altura del suelo, tú te sientas en un cojín y hay un hueco para que puedas meter las piernas. Una versión dos punto cero de comer en el suelo y, hay que reconocer, que bastante más cómodo que tener que hacerlo con las piernas cruzadas como en El Arabia. La decoración es fantástica, de esas que consiguen que viajes sólo con entrar por la puerta, eso si tiene unos perversos farolillos rojos que dan mucho ambiente pero hacen que las fotos de los platos de la cena sean una pesadilla.

El servicio es japonés puro, nos atendió una mujer que era pura dulzura, sonreía y sonreía, aunque no conseguíamos entenderle ni la mitad de lo que nos decía. Al final, entre un poco que nos entendimos, otro poco que traíamos estudiado de cosa y otro que dejamos al azar logramos pedir comida suficiente y probar un poco de todo. Por lo que vimos la tarea es bien fácil, pidas lo que pidas, aciertas.

La carta se divide en dos, y no, en ninguna de ellas hay sushi, porque amigos míos, hay vida en la gastronomía japonesa más allá del sushi, y de los yakisobas. En la primera hay platos variados, desde empanadillas japonesas a tortillas imposibles y en la segunda hay yakitoros. En nuestra primera visita nos limitamos a la primera carta pero prometemos volver a catar las brochetas asadas en barbacoa japonesa.

Los nombres son impronunciables y además no escatiman en caracteres, pero hay uno que tenéis que recordar, el Oyonomiyaki, en caso de que no lo recordéis siempre podéis ir a cualquier mesa, señalar con el dedo y decir, quiero eso. 9 de cada 10 mesas lo están comiendo, la una que falta es porque ya lo ha terminado. Es una especie de tortilla de col (coliflor casi me atrevería) que lleva un algo de cerdo por abajo, un festival de salsas por arriba y bonito seco en lascas. Especial, gocho y contundente a partes iguales. Para dos se hace un poco mucho pero la idea de irse sin probarlo, no es una opción.

Los bocatas en pan chino son deliciosos, más pronto que tarde acabaremos aburridos de la burbuja del pan hervido, pero… como por ahora la invasión es sutil, todavía me maravillo con esa cosa blandita, blancucha y que aguanta lo que le metas por dentro, probamos el de panceta y pepino encurtido y… lo dicho, de ese tipo de bocatas el ser humano no tiene límite. Ñam!

Por último, mi debilidad limonera, Buta no Gyoza, empanadillas japonesas, de esas que van al vapor y luego a la plancha. Confieso que soy incapaz de verlas en la carta y no pedirlas, incapaz. Son cien por cien caseras y, lo cierto es que estaban muy muy ricas.

En el postre no lo dudamos y pedimos un Doriyaki, esto quizá también os suene, era la merienda favorita de ese niño ñoño y malvado que tenía un gato cósmico con un bolsillo mágico que todos soñamos con tener, sip, Doraemon. En realidad, no entiendo como después de tantos capítulos merendando doriyakis ese niño todavía conservaba los dientes, eso sí, el nivel de azúcar lo debía tener fuera de control. Una especie de tortita, rellena de Soja roja (como mermelada de alubias con tropezones). Curioso cuanto menos.

Pedimos cerveza y la cuenta salió por unos 15 euros por cabeza, un viaje a japón te sale por bastante más y te ahorras todas las h0ras del vuelo y un incómodo jet lag (efectivamente, es un consuelo barato pero es el mejor que tenemos). La comida es muy auténtica, rica y diferente. El local es muy chulo, el servicio es amable, su CM es majete y la apuesta vale la pena. Fui hace un par de semanas y no he parado de recomendarlo… eso significa, necesariamente, que se lleva otras tres limas.

Un último aviso, si vais, reservad!

Dirección: Calle Mesonero Romanos 15, 28004 Madrid.

Teléfono: 917 865 780.

Webhttp://www.hattori-hanzo.com.es/

 

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Yakitoro… nuestra crítica cítrica a Chicote. (Madrid)

En nuestra declaración de intenciones, allá por el año cero limonero, prometimos visitar, entre otros, esos locales de moda de los que todo el mundo habla y pasarlos por nuestro filtro cítrico. Y si juntamos esto de estar de moda con la gastronomía nos sale un nombre por encima de todas las cosas: Chicote!

Sí, ese enorme cocinero (guiño, guiño), ataviado con los uniformes más coloridos del mercado y que se ha convertido en muso y estandarte de Ágatha Ruiz de la Prada. Después de su éxito destripando restaurantes sin éxito en Pesadilla en la Cocina, se ha lanzado a su propio proyecto gastronómico y le ha puesto un nombre poco recordable: Yakitoro. (Lo que viene siendo una Brocheta en japonés… ).

Os voy a hacer un spoiler de la entrada, me encantaría haberle dado un montón de limones, haber dicho aquello de “voy a vomitar“, ponerlo verde, azul y, sobre todo, amarillo, pero la verdad es que salí encantada. Toda la pega que le puedo poner y que pasé frío y es una pega a la que, posiblemente, mi madre me respondería con un franco: “Hija, es que ibas muy fresca”.

El local es muy grande, tiene un montón de mesas y una zona de barra donde comes mirando a la calle en formato “niuyorkino” pero no os dejéis engañar por el número de asientos o por la excusa de que vais a cenar pronto, si no queréis quedaros con las ganas, reservad. Está súper bien decorado y tiene una cosa muy curiosa, las mesas tienen hielo en el medio, esto sirve para que tú dejes tu botella de cerveza y no se te caliente y para otra cosa aún más curiosa, para almacenar las cervezas (en tamaño grande… entendiendo por grande, de más de medio litro). Así que cuando tú pides, como nosotros, una maravillosa Affligem, la camarera rebusca entre las mesas y te la trae.

Los camareros van vestidos con monos verdes, es una versión SurCoreana del uniforme y, la verdad, es que mola, es práctico, cómodo y diferente. Bueno, y el personal también mola, es atento, auténtico, rápido y algo muy importante, hacen muy buenas recomendaciones.

En cuanto a la carta, la cosa es breve, lo resumen en procedencias de la materia prima… que si de tierra, de agua, de finca, de granja y, casi todo, lo sirven en palos (brochetas, bueno, yakitoros, bueno, ya me entendéis), y pa algo que no sirven en palos, que son los bocatas, los llaman Yakibokatas, unos bocados en pan al vapor super deliciosos.

Nosotros probamos un poco de todo, y de verdad que nada defrauda, los Pimientos de Gernika con salsa de almendras estaban súper buenos. Y el Yakitoro de atún rojo, con pack choy lacado sobre pan y salmorejo no os quiero ni contar, está entre mis cosas favoritas de todo lo que he probado en estos últimos dos años… Aunque confieso que compite muy de cerca con el Yakibokata de papada y pepino. Madre, madre… qué bueno estaba esto. (El de bonito y pimientos verdes fritos nos gustó un poco menos, quizá, porque fue lo último que pedimos y ya no teníamos tanta, tanta hambre).

El Yakitoro es un lugar tan jodidamente bueno, que allí hasta los huevos a la cubana (sí, ese esperpento de comida de emancipado) están buenísimos… creo que con esto os resumo toda la filosofía. La comida tiene un toque japo, de mezcla de sabores, dulzones, agripicantes y de materias primas super buenas.

De postre nos pedimos un crumble de manzana rico,rico y, confieso, que me quedé con ganas de probar el Helado de fresa y wasabi, crema de chocolate y galleta de jengibre…

Habiendo bebido dos cervezas de las grandotas, cenado como señores y haber compartido un postre la fiesta salió por 25 euros por cabeza. Un punto más económico que su colega el StreetXo de David Muñoz y mil sabores exóticos con un punto oriental altamente recomendables. Para una ocasión especial, salir de la rutina e incluso, marujear a Chicote y ver como bailotea por la cocina la comida se lleva las tres limas. Hay que reconocer que de ver tanta pesadilla Chicote, ha sacado conclusiones, sabe lo que se hace y, no sólo sabe lo que se hace, sino que está dispuesto a enseñarlo.

http://www.yakitoro.com/

Dirección: Calle Reina, 41, 28004 Madrid
Teléfono: 917 37 14 41
Tienes todas nuestras fotos en Flickr


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PATOURO… el nuevo lugar de moda en Bouzas. (Vigo)

Que Vigo está en plena eclosión gastronómica es un hecho. Raro es el mes que no abre algún local nuevo con cartas cada vez más originales, más trabajadas, con mejor servicio y con una decoración más y más chula. Además se está expandiendo por toda la ciudad, la marea gastronómica parte del Casco Vello pero llega de este a oeste, incluso a uno de los barrios marineros con más entidad e historia de la ciudad, la Villa de Bouzas.

Decir Bouzas no es decir cualquier cosa, no se trata sólo de uno de los barrios más de moda de Vigo, se trata de una Villa que fue Concello independiente hasta el siglo XX, con su propia fiesta de Reconquista de los franceses (La Brincadeira) y con ciudadanos propios… si nos apuráis diremos que existe el carnet de Boucense y no se concede así como así. Viene a ser como el título de gato madrileño, un orgullo de pureza al alcance de muy pocos. En este  barrio y una vez al año se puede disfrutar de los mejores fuegos artificiales del mundo, los fuegos de Bouzas en las fiestas del Cristo de los Aflingidos.

Es el lugar perfecto para el aperitivo del domingo, pasear por el mercadillo que se organiza, soltar a las pequeñas fieras por la Alameda o el paseo marítimo. Y ya si queréis cerrar un plan de domingo de lo más auténtico igual tenéis suerte y juega el equipo local, el Rápido de Bouzas, el club de fútbol favorito de Ivan Ferreiro.

Cuestiones culturales al margen hoy os hablamos de uno de los nuevos locales que han abierto, el Patouro. Un restaurante que destaca muy mucho en el paraíso del chincho y la ración de pulpo. Super bien decorado, con sus taburetes incómodos, (seamos sinceros, no hay local molón que se precie que no tenga unos taburetes incómodos), buen ambiente, siempre lleno y con unos camareros encantadores.

La carta es mínima y muy de mercado, si es que no hace falta más. Empezamos con una ración de empanada del día (6,20€) nos tocó de calamares, reconoceré que no es mi favorita pero estaba tan bien hecha que incluso siendo “de rabos” me encantó. Venía cortada en dos triángulos, cual sandwich de nocilla, la masa era crujiente y finita y la cebolla estaba super pochada. Lo único malo que tenía era el precio.

Patouro

Después probamos los Langostinos con millo, no eres nadie si no tienes unos langostinos fritos en tu carta, la verdad es que la materia prima era muy buena pero no terminaban de estar ricos, les faltaba salsurria que les salvase de lo secos que estaban. Y las navajas a la brasa, no hagáis como yo y vayáis en la misma semana que habéis ido al StreetXo, no son comparables a sus navajas al humo, pero son muy buenas, no para llorar… pero muy buenas.

En plan un poco más serio probamos el Lomo de vaca (9,90€) tuvimos mala suerte y vino un poquito frío pero era delicioso, jugoso, sabroso y sí… un poco escaso. Tanto que acabamos pidiendo la hamburguesa de vaca, bien hecha, con pan de verdad y tomate seco. De postre probamos el cuscús de mandioca. Simple y buenísimo… Los postres con leche condensada tienen estas cosas… que triunfan.

El servicio fue de diez, cuando terminamos en cocinero (que había pasado por el Culler de Pau) se sentó con nosotros y hablamos de qué nos había parecido la comida, nos explicó qué había pasado con la carne de vaca, le convencimos de que para la próxima trocease un poco más el tomate seco para evitar que se viniera todo en el primer mordisco, encantador. La presentación de los platos era fantástica, las raciones no demasiado abundantes y los precios un poco subidos… cenamos con cerveza y la cuenta rozó los 35 euros por cabeza. Por saber diferenciarse, tener calidad y apostar por el futuro le damos dos limas, por el precio se llevan medio limón.

 

Plaza M. Diego Santos, 17. Bouzas, Vigo.

Teléfono 886113042.


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La Trastienda del Cuatro, donde menos es más. (Vigo)

Volvemos a Vigo para comer un menú rico, rico y con fundamento. Nos vamos hasta la trastienda del Cuatro, en el número cuatro de la Calle Pablo Morillo, justo al lado del Náutico. Una de las zonas más chulas que tiene Vigo para pasear, relajarse y aprovechar para darle un saludo a Julio Verne.
Lo de Julio Verne no es coña, en mitad del paseo hay una estatua super bonita del escritor sentado sobre un “calamar gigante”… en homenaje a ese capítulo de 20.000  Leguas de Viaje submarino titulado la “Bahía de Vigo”. Si pasáis por la zona, la foto es visita obligada.
Pero vamos a lo que nos interesa, la comida. De las mejores cosas de este sitio es la decoración, es uno de esos lugares parecidos a La Otra Casa donde puedes pasarte horas entretenido mirando para las paredes del local, un sitio Cuqui que lleva abierto desde antes de que el “cuquismo” se extendiera y que, ha sabido mantenerse con vida pese al paso del tiemp0.
La carta ha ido cambiando y, los precios con ella, como podéis ver en la web reinan los carpaccios y las tempuras, junto a los tatakis, sashimis, makisushis, carnes pescados… vamos, que le dan a todos los palos y aunque no son baratos, más bien lo contrario, nos consta que todo los sale rico. Entre semana tienen menú del día y, aunque es un poquito más caro que el entorno (13,50€) si os tiene buena pinta, es una muy buena opción.
la trastienda
El día que fuimos nosotros tenían de primeros Crema de pimiento asado… que aunque asustaba un poco resultó que estaba muy, muy rica. Con su patatuela, suave, vamos que no cumplía con uno de nuestros dichos limoneros “te repites más que los pimientos“.  Y una ensalada de patata, pulpo y pimiento, muy muy rica. Para los que nos gusta el pulpo pero nos sacia en grandes cantidades era el plato perfecto… de como conseguir más, con menos. Eso es talento, y una forma impresionante de ahorrar dinero en materias primas.
Los segundos parecían pobres, pero les pasaba un poco como a la ensalada, ganaban  cuando los tenías delante. El huevo estrellado con solomillo de cerdo y salsa blanca (de ajo) estaba riquísimo, jugoso y sabroso. Y los espaguetis con rape al pesto rojo con su pasta al dente, su tomatito pochado y sus dos buenos trozos de rape eran limonísimos! De postre había pera con helado y yogur y mermelada, simple y rico.
Los camareros fueron súper amables aunque les faltaba un poco de ritmo, la presentación era muy buena, las raciones eran apropiadas (ni morías de hambre ni salías rodando), las opciones eran originales y encima estaban riquísimas, aunque no fueran de lujo, y con el suplemento de terraza incluido pagamos 15 euros por persona. Un local de dos limas perfecto para quedar bien con un compromiso sin arruinar el mes aunque un poco carillo para el día a día..
Por cierto, si andáis por León siempre podéis visitar a su gemelo, La trastienda del 13 en la Calle Ancha número 1, también lo ponen por las nubes 🙂
Dirección: Calle de Pablo Morillo, 4, 36201 Vigo, Pontevedra
Teléfono:986 11 58 81


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CABERNET… Vino y empanada. (Vigo)

Hoy en De Lima a Limón volvemos a una de nuestras minas de oro, el Casco Vello de Vigo. Nos vamos hasta a Calle Teófilo Llorente, atravesamos una pasarela de madera y llegamos a una puerta de hierro forjado verde. Dentro nos espera una terraza inmensa, cubierta por una parra y perfecta para el verano.

El interior del local tampoco se queda atrás, es grande y con paredes de piedra, las mesas son de madera y las tienes altas y bajas que no es lo mismo el momento taburete alto que el momento silla. Llevaos una chaqueta es un local donde prácticamente nunca hace calor, es más, la dueña siempre lleva un chaleco plumífero y eso que se está moviendo, con esto queda todo dicho.

El Cabernet es una vinoteca, tiene una carta de vinos amplia pero que tampoco marea, entre cuatro y cinco vinos de cada denominación de origen. Nosotros optamos por uno de Castilla La Mancha, el Pago Florentino (21 euros la botella), un tinto suave con bastante sabor a barrica entraba la mar de bien.

La carta de tapas es cortita y no le vendría mal un cambio de aires, al final los años van pasando y renovarse es una de las claves para no aburrir al personal. Lo que nunca, nunca deberían cambiar es la empanada de grelos y chorizo (5,20€) es espectacular! Y, la verdad es que encontrar una empanada buena en Galicia, por paradójico que parezca, no es cosa fácil. Siempre pecan de algo, o están muy aceitosas, o la masa parece bolla de pan, o está dura… o está reseca. Algún día haremos una entrada monográfica de empanadas, pero por ahora tomad nota, esta está buenísima.

Cabernet

Otra cosa que está buenísima es el pulpo a la brasa, si amiguitos, hay vida más allá del pulpo á feira y del pimentón y aquí lo bordan. Compran pulpos de 5 kilos con unos tentáculos que parecen los brazos del “chuachenager” y que sin embargo, no están nada duros. Ricos, ricos.

A parte de eso probamos el provolone con pisto, que estaba muy rico aunque nadaba en una cantidad de aceite exagerada. Que sí, que todo es cuestión de no comérselo pero… estarán en una competición para ver quién gasta más aceite en la ciudad o coleccionarán botellas de aceite vacías? Otra explicación no se nos ocurre.

Y por último el entrecot de buey a la plancha, viene fileteado y con un cachelo. Es perfecto para compartir y, quizá la opción más saludable de todas. Tiene días mejores y peores, a veces está más sabroso y otras está más nervioso pero siempre es una buena opción.

Los postres sí que no son nada recomendables, pedimos unas cañitas rellenas de crema de queso y naranja que sonaban de maravilla pero que estaban rellenas de sabor a sugus y una tarta de queso y arándanos, natosa e insípida. Si el cuerpo os pide algo dulce, terminad la comida con un chupito de crema de orujo y olvidáos de los postres. Por no tener, no tienen ni té y el café es un brebaje imbebible.

Habiendo tomado una botella de vino, café y postre la cuenta no llegó a 20 euros por cabeza. Bebiendo una copa y compartiendo unas tapas la cosa saldrá por unos 13 euros. Una opción muy asequible, rica y agradable que consigue que te olvides de lo desastres que son sirviendo, lo lentos que son para traer el postre y lo duro que es que siendo una de las tres únicas mesas que tienen llenas tarden veinte minutos en traerte la cuenta. La comida se lleva lima y media, el frío y lo demás le dan medio limón.

PD. Los woks no son una opción, a menos que por alguna razón seas adicto a los brotes de soja avinagrados que venden en botes.

 

http://www.vinotecacabernet.es/

Dirección: Rúa Teófilo Llorente, 29. Vigo

Teléfono:986 22 74 29


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LA OTRA CASA… menú de autor en Lavapiés. (Madrid)

Coged vuestras agendas limoneras y haced hueco, porque hoy os traemos un sitio que, realmente, vale la pena visitar. Se llama La Otra Casa y se esconde en la calle Olivar, en pleno barrio de Lavapiés. Un local de productos de temporada, muy buena calidad, bien trabajados y, encima, a buen precio. Para qué queremos más.

La calle Olivar es pura cuesta, siempre es una ventaja, si vienes con hambre te apeas en Tirso de Molina y sólo hay que bajar y si has desayunado demasiado, todo es cuestión de bajarte en Lavapiés y subir la cuesta. Lo importante es llegar a La Otra Casa con ganas de comer, todo tiene tan buena pinta y está tan rico que una vez que empiezas te entran ganas de probarlo todo.

El local es mono, tiene las paredes llenas de cuadros, tan llenas que no cabría ni una foto carnet más. Los manteles son de tela, de esos que hacen que te sientas un poco como en casa, y de fondo suena Jazz. Es un sitio tranquilo, donde se puede hablar y con las mesas suficientemente separadas como para que el de al lado no participe de tu conversación.

La carta tiene unos veinte platos que van desde los cuatro euros a los 15. Los dividen en aperitivos, primeros, principales y postres y para hacernos la vida más fácil tienen una opción donde por tres platos por 16,50€ (o 19,50€ con postre) tú te configuras el menú a tu gusto. Y eso fue lo que hicimos.

De aperitivos probamos el Cebiche mixto, de pulpo, chipirón y piña que estaba riquísimo. Es un plato sin demasiada buena pinta, (no estamos acostumbrados a comer cosas blancuchas y rosas), pero que bien hecho es una delicia. y las Papas rellenas de morcilla, pasas, ají y alioli, muy curiosas y muy ricas. No os diremos más para no estropearos la sorpresa.

De primeros optamos por la menestra de verduras, que no defraudó, verduras de temporada, frescas, al dente y guisadas con pimentón… muy muy buenas. Y la Ensalada burratina con frutos rojos,  no llegaba a burrata, pero tampoco lo prometían, una versión de la ensalada caprese sin tomates cherrys y con fresas, original y muy buena.

Y por último los principales, la hamburguesa de rabo de buey estaba deliciosa. Era contundente y aún así hubiera sido capaz de comerme otras dos de pura gula. No os vayáis de este sitio sin probarla. Y el fish and chips de bacalao donde llegó la única pega de la comida… el bacalao estaba perfecto, bien desalado, se deshojaba, frito como en tempura… maravilloso, pero las patatas debían de llevar fritas desde las 8 de la mañana. Cómo puedes estropear una comida tan, tan, tan, tan rica con esas patatas!!!!

Religión patatera al margen, la comida por calidad y precio es de dos limas y media, el local es super agradable, la camarera es muy maja, el servicio es rápido, todo está rico y logran hacer con los productos de siempre algo diferente. Sin embargo, la patata revenida les cuesta medio limón.

LA OTRA CASA: Calle del Olivar, 6. Madrid.


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KNIGHT ´N´SQUIRE…El Nait para los amigos. (Madrid)

Siguiendo con la nueva sección que inauguró Olivia el pasado lunes, #yoconfieso que nunca había estado en el “Nait”, no haber estudiado la carrera en Madrid y haber vivido siempre por el sur hace que llegues a estos sitios un poco crecidita. Pero nunca es tarde si la dicha es buena.

Tanto es así que era mi primera vez que llamé para saber el horario (de 13 a 1h) y tuve una conversación un tanto surrealista. Como simplemente cogieron el teléfono con un – Siiiiii (que podría haber sido cualquier humano cabreado) me vi obligada a preguntarle si eran el – “knaigt an skuaier“. La respuesta fue un diáfano – eeeeeeh??, Finalmente pregunté si daban hamburguesas y ahí sí conseguí una respuesta afirmativa. Estaba claro, yo aún no era amiga, sino, claramente, hubiera preguntado por el Nait. (que así es como se llaman en su web y como se llama la empresa según el ticket.

El Nait está rondando Plaza de Castilla, es un bar extremadamente lleno, por tener lleno tiene llena hasta la fachada de enredaderas. Los toldos rojos cada vez se ven menos aunque le da un aspecto de taberna irlandesa llena de Leprechauns de lo más divertida. Por dentro tampoco es un lugar que deje indiferente, tienen pánico al vacío, todo está lleno de cuadros, de jarras de cerveza, de… todo. Incluso el techo. La luz es oscura y parece que te invita a sentarte en la barra y compartir pinta con el primer hombre mayor de barba solitario que se encuentre en el lugar. (Si lleva un tatuaje en el brazo mejor).

Pero la verdad es que no se va a por pintas, se va a por hamburguesas y perritos y, a eso fuimos. La carta tiene su aquel y los precios siguen siendo precios de hambuguesería antiresaca (desde 4,50 a 6,50) con la posibilidad de pagar 1€ por cada extra y añadirle cosas tan… sutiles… como piña, chorizo o chucrut.

naitdelima

Ya que estábamos en modo guarrindongo la elección la tuvimos fácil, una hamburguesa italiana y otra mexicana. En la fotos veréis que no son hamburguesas al uso. La italiana viene naufragada en una salsa “italiana caliente con especias” ergo, tomate frito de bote con orégano y albahaca. La mexicana viene abierta y, directamente, sepultada, en frijoles, os doy mi palabra de limonera que debajo de aquella fuente cubierta por una lata de alubias había una hamburguesa de carne (no demasiado mala) y pan.

Probablemente sea el ambiente o los precios o los recuerdos que te evoca o incluso que te genera (porque las patatas de bolsa estamos seguros que no fueron) pero la experiencia vale mucho la pena. Las hamburguesas no son, ni de lejos las mejores del mundo y el servicio tampoco. Decir que son decentes es más que generoso, pero la verdad es que están ricas y, sobre todo, saben muy bien.

El Nait es un trocito de un lugar imaginario en el norte de Madrid, donde vuelves a ser universitario por un rato, las cosas saben diferente y el tiempo pasa a otro ritmo. Ojalá las hamburguesas fueran un poquito más ricas, en todo caso… les valen una lima y media y medio limón.

http://nait.es/

NAIT: Felix Boix, 9. Madrid.