De Lima a Limón

Crítica – cítrica


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BUENAS Y SANTAS… cosas ricas en Arganzuela. (Madrid)

Nuestra entrada de la semana se la dedicamos a un restaurante de comida argentina con un punto diferente. Acaban de abrir su segunda sucursal.. eso quiere decir que les va bastante bien, y la verdad es que se lo merecen. Se trata del Buenas y Santas, uno de ellos, el primero, está en Arganzuela, muy cerquita de Madrid Río y el otro en la calle San Bernardo.

La carta va desde las quiches y las empanadas (empanadillas para el mundo gallego), pastas, pizzas y hamburguesas, un poco de carne, un mucho de dulce y todo con un buen toque. Entre semana tienen menú del día, por 10,80 euros y lo puedes consultar en su web. Lo cambian todas las semanas. Como ejemplo, esta semana tienen:

ENTRANTES
* Crema fría de puerro y menta
* Ensalada de pasta con gambas
* Pimientos asados con patatas panadera

SEGUNDOS
* Berenjenas gratinadas con alioli
* Jamoncitos de pollo laqueado
* Carne estilo Argentino con patatas
* 2 empanadillas argentinas
Carne / Pollo / Queso y cebolla / Verdura
* Porción de quiche
Champiñones con jamón / Pollo y queso azul / Mozzarella, tomate y albahaca / Vegetales al grill

+ 3,90 euros cambia el segundo por cualquier hamburguesa o entrepan de la carta

Los locales son bonitos, diáfanos y muy luminosos. De estos sitios que por un lado inspiran paz y por otro hacen que la comida esté el doble de rica.

El menú que os tocó a nosotros tenía de primero unas ensaladas con vegetales al gril que no probamos, un hojaldre de 4 quesos que sonaba a más de lo mismo pero estaba BUENÍSIMO!!!!, y una sopa fría de puerro y manzana ligera, no empalagosa (que todos sabemos que es lo mejor que podemos decir de una sopa fría) y muy rica.

De segundos probamos la Lasaña de Verduras, que sólo tenía verduras ni pasta ni ná, Que estaba muy rica aunque para mi gusto le sobraba un poco el pimiento y un fish and chips de merluza bien bueno. Esto de que en la era de la parca/penca/perca te pongan merluza… merece un aplauso.

Como nota graciosa está que nos tocó uno de los actores de Aida al lado, quien, a su vez, estaba sentado en la cristalera, lo más simpático era ver como la gente pegaba la nariz al cristal mientras se preguntaba… es él? Si es él.. no… no puede ser él. Alguno incluso llegó a entrar para pedirle un autógrafo mientas el muchacho intentaba tragar el bocado de pollo.

El sitio vale la pena, el menú está bien de precio y la comida está muy rica, fresca y con un toque diferente. La gente es amable… Quizá sea mucho, pero la lima y media se me quedó corta, así que se llevan dos limazas.

 

Dirección: Calle de Bolívar, 9, 28045 Madrid
Teléfono:915 06 06 47

 


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La Trastienda del Cuatro, donde menos es más. (Vigo)

Volvemos a Vigo para comer un menú rico, rico y con fundamento. Nos vamos hasta la trastienda del Cuatro, en el número cuatro de la Calle Pablo Morillo, justo al lado del Náutico. Una de las zonas más chulas que tiene Vigo para pasear, relajarse y aprovechar para darle un saludo a Julio Verne.
Lo de Julio Verne no es coña, en mitad del paseo hay una estatua super bonita del escritor sentado sobre un “calamar gigante”… en homenaje a ese capítulo de 20.000  Leguas de Viaje submarino titulado la “Bahía de Vigo”. Si pasáis por la zona, la foto es visita obligada.
Pero vamos a lo que nos interesa, la comida. De las mejores cosas de este sitio es la decoración, es uno de esos lugares parecidos a La Otra Casa donde puedes pasarte horas entretenido mirando para las paredes del local, un sitio Cuqui que lleva abierto desde antes de que el “cuquismo” se extendiera y que, ha sabido mantenerse con vida pese al paso del tiemp0.
La carta ha ido cambiando y, los precios con ella, como podéis ver en la web reinan los carpaccios y las tempuras, junto a los tatakis, sashimis, makisushis, carnes pescados… vamos, que le dan a todos los palos y aunque no son baratos, más bien lo contrario, nos consta que todo los sale rico. Entre semana tienen menú del día y, aunque es un poquito más caro que el entorno (13,50€) si os tiene buena pinta, es una muy buena opción.
la trastienda
El día que fuimos nosotros tenían de primeros Crema de pimiento asado… que aunque asustaba un poco resultó que estaba muy, muy rica. Con su patatuela, suave, vamos que no cumplía con uno de nuestros dichos limoneros “te repites más que los pimientos“.  Y una ensalada de patata, pulpo y pimiento, muy muy rica. Para los que nos gusta el pulpo pero nos sacia en grandes cantidades era el plato perfecto… de como conseguir más, con menos. Eso es talento, y una forma impresionante de ahorrar dinero en materias primas.
Los segundos parecían pobres, pero les pasaba un poco como a la ensalada, ganaban  cuando los tenías delante. El huevo estrellado con solomillo de cerdo y salsa blanca (de ajo) estaba riquísimo, jugoso y sabroso. Y los espaguetis con rape al pesto rojo con su pasta al dente, su tomatito pochado y sus dos buenos trozos de rape eran limonísimos! De postre había pera con helado y yogur y mermelada, simple y rico.
Los camareros fueron súper amables aunque les faltaba un poco de ritmo, la presentación era muy buena, las raciones eran apropiadas (ni morías de hambre ni salías rodando), las opciones eran originales y encima estaban riquísimas, aunque no fueran de lujo, y con el suplemento de terraza incluido pagamos 15 euros por persona. Un local de dos limas perfecto para quedar bien con un compromiso sin arruinar el mes aunque un poco carillo para el día a día..
Por cierto, si andáis por León siempre podéis visitar a su gemelo, La trastienda del 13 en la Calle Ancha número 1, también lo ponen por las nubes 🙂
Dirección: Calle de Pablo Morillo, 4, 36201 Vigo, Pontevedra
Teléfono:986 11 58 81


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Escapada limonera… destino Olite.

Cuando improvisas una escapada de cuatro días a Pamplona desde Vigo y teniendo en cuenta que dos de ellos se van en la ida y la vuelta, las cuarenta y ocho horas restantes están organizadas al segundo.
Después de haber escudriñado de arriba a abajo la calle Estafeta y casi todas sus adyacentes en Pamplona, probando pinchos y más pinchos, quisimos visitar alguna localidad cercana que nos permitiera probar la comida navarra más tradicional. Elegimos irnos a Olite, a tan sólo a cuarenta y dos kilómetros de Pamplona y visitar uno de los monumentos nacionales mejor conservados de nuestro gótico español, el Palacio Real de Olite, perteneciente a los Reyes Navarros antes de anexionarse al Reino de Castilla, allá por 1522.
Su buen estado de conservación y las coherentes restauraciones que se han llevado a cabo, hacen que trasladarse al medievo e imaginar cómo era la vida en palacio, no suponga mucho esfuerzo. Sin embargo, y me ha resultado muy curioso, que a pesar del mimo y cuidado que han puesto en las rehabilitaciones de todo el palacio, no hayan dedicado ni una de sus abundantes salas a exponer mobiliario o demás elementos decorativos de la época.
Desde sus torres almenadas se puede disfrutar de impresionantes vistas de los viñedos de toda la localidad y su enorme “nevera” con forma ahuevada en la parte trasera del palacio, construida para almacenar la nieve necesaria para la conservación de los alimentos.
Para visitar el palacio, hay que adentrarse en el interior del recinto amurallado, de origen romano y allí, en la calle Mayor, está el restaurante del que hoy os vamos a hablar.
La carta de este mesón, tranquilo, clásico y familiar, no es muy extensa y nada original, la verdad. Casi una docena de platos combinados, varios tipos de ensaladas, unos bocatas y raciones, que se pueden contar con los dedos de las manos. Pero la recomendación de quienes nos hicieron de guías por tierras navarras nos animó a visitarlo y probar su nada desdeñable menú del día.
Se podía elegir entre cinco primeros, cinco segundos, incluyéndose la bebida (agua o vino de la zona) y postres caseros. Todo ello por 10 € por persona.
Olite delima
De los primeros nos decantamos por probar:
– Unas contundentes lentejas -plato de puchero muy de agradecer dado el frío que hacía- con chorizo, ternera y tocino. Estaban muy sabrosas y bien cocidas, lo que es de agradecer por eso de no encontrar lentejas reventadas de tanta cocción.
Canelones de carne con bechamel (hecha por ellos y no de bote) gratinados con una mezcla de quesos poco habitual (queso cheddar en su gran mayoría) pero que le daba un gustillo y apariencia diferente.
Ensalada tibia de gulas. Si no fuera que la atiborraron de lechuga iceberg en lugar de presentarla en hojas de endibia de la zona y la espolvorearon con cebolla crujiente se llevaría un sobresaliente en toda regla. Una pequeña decepción, sí, pero aún así, ha merecido la pena probarla.
– Y menestra de verduras. La sorpresa llegó cuando nos la sirvieron. ¿Qué hace el crujiente de cebolla otra vez ahí? ¡¿Verduras congeladas?! ¡¿No se supone que Navarra es la huerta de España?! Quién la pidió se esperaba unas verduras de la zona cocidas, acompañadas por unas patatas, cuartos de huevo duro y aderezadas con un poco de aceite de oliva y sal. El chasco fue monumental por que no se esperaba ese guiso de verduras con intenso sabor a tomate.
De los segundos, casi todos elegimos:
Lomos de bonito guisado. Quienes lo probaron coincidieron unánimemente que la textura del pescado era muy jugosa y sabrosa.
– Y carrilleras de ternera guisadas que estaban muy limpias de sus múltiples nervios gelatinosos, suculentas y muy, pero que muy tiernas. Se deshacían en la boca como si fueran agua. Si no estuvieran acompañadas por ese tipo de patatas… ¡ay, ya sabéis que opino de ese tipo de patatas!
Y de los postres destacar:
– El flan de huevo hecho al horno, de sabor suave y sutilmente dulce
– Y el arroz con leche que estaba muy cremoso y con cierta tibieza aún en su interior.
El camarero que nos atendió estuvo muy pendiente de que no les faltase de nada a los tres niños pequeños que nos acompañaban. De hecho fueron a los que primero sirvieron. El servicio fue ejemplar y entre plato y plato apenas tuvimos que esperar.
Teniendo en cuenta que la carta no es muy original pero la amplia variedad que ofrece su menú del día, le concedemos una lima y media y otra media, indudablemente, por estar muy, muy cerquita de un palacio digno de visitar.
Restaurante La Muralla c/ Mayor nº 31, Olite, Navarra


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EL BICHOBOLA… una casa de comidas peculiar (Madrid)

La madrileña zona de Nuevos Ministerios es un filón gastronómico que reluce a la hora de la comida cuando las ocho mil opciones disponibles se llenan de trabajadores a la caza del mejor menú del día. Ya hemos hablado aquí de unas cuantas opciones italianas (Il pastaio y el Non solo caffe) hoy buscamos algo diferente y encontramos el Bichobola.

El bichobola es un curioso animalillo, que suele habitar debajo de las macetas, con la curiosa capacidad de hacerse una bolita cada vez que observa un peligro… no sabemos muy bien qué ha llevado a estos chicos a ponerle el nombre de este insecto (no demasiado popular, que no poco conocido) a su restaurante. En todo caso, si olvidamos aquellos episodios donde levantando una maceta encontrábamos un submundo y echábamos a correr, el nombre puede resultar incluso simpático.

El local es pequeñito y tiene el problema que comparten casi todos los locales pequeñitos, las mesas están demasiado juntas y la intimidad escasea (incluso una mínima discreción también), en todo caso el sitio es bonito, cuco. En verano tienen unas cuatro mesitas en la calle y aunque Ríos Rosas tiene tanto tráfico que no la hace ser la calle más apetitosa del mundo, la posibilidad de comer en terraza siempre es buena cosa.

De lunes a viernes tienen menú del día y los fines de semana y las noches sacan a relucir una carta llena de cosas con muy pero que muy buena pinta. Hay de todo, pastela de rabo de vaca, Bacalao confitado, ensaladas, Croquetas de prigá y trufa… Platos hechos con un montón de imaginación mezclando platos de toda la vida y dándoles un toque. Los precios van desde los 7€ a los 15€ del plato más caro.

El menú cuesta 13€ y para ir de vez en cuando y salir de la rutina es una opción más que recomendable. De primeros había una ensalada de manzana que no pudo competir con las otras dos opciones, unos fideos (negros no negros) con sepia y gambas. Super ricos, hechos con cabello de ángel, muy sabrosos y con una ración que casi rozaba la cantidad de plato único y una crema fría de calabacín y queso philadelphia que estaba buenísima, suave, fresquita.. y con esa cosa que muy pocas cremas consiguen: estaba rica desde la primera a la última cucharada, uno de los problemas más habituales de estas cosas es que la primera cucharada te fascina, la segunda te encanta… y terminas comiéndote media barra de pan para compensar el empalague y deseando que en vez de un cuenco hubiera venido en vaso de chupito.

Los segundos no se quedaron atrás, descartamos los huevos fritos en alboronia con lomo adobado, y nos tiramos de cabeza al bonito a la provenzal que tenía un punto entre escabechado y con salsa tártara, acompañado de un puré de tono verdoso delicioso y la sorpresa del día calabacín crudo (todo un descubrimiento) el otro segundo fue un pollo al curry rojo, en su punto perfecto de picante, con saborcillo a comino y acompañado de arroz blanco. Buenísimo!

De postre tomamos unas picotas (bendita temporada) y una cuajada con miel. Es cierto que tengo debilidad por este tipo de comidan donde el cocinero va más allá de la receta tradicional pero sin caer en la trampa de las deconstrucciones y la comida de bocado, pero también es cierto que, objetivamente, la comida estaba deliciosa, la gente esperando para poder coger mesa parecían dar también fe de ello. Por eso, les damos las dos limas en la categoría de menú.

BICHOBOLA: Ríos Rosas, 45. Madrid.

http://bichobola.es