De Lima a Limón

Crítica – cítrica


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EL GALLO DE CANILLEJAS… y medio limón. (Madrid)

De todos los pescados, el mejor es el jamón”. Proverbio aragonés.

Hoy nos desplazamos a la periferia noreste de Madrid, al barrio de Canillejas, uno de tantos pueblos absorbidos por la reordenación municipal de 1949, que hizo que Madrid tuviera más habitantes que Barcelona y que configuró lo que sería la estructura administrativa actual.

Sin embargo Canillejas ya existía desde mucho antes, concretamente desde el siglo XII. Por aquel entonces era famoso por su moscatel,hoy en día pocas (o ninguna) vides se pueden encontrar entre los bloques de pisos, las autovías y el Estado Olímpico que nunca tuvo olimpiadas, pero donde sí podrían pedirse relaxings cafés con leche. El barrio fue absorbido municipalmente por el vecino distrito de San Blas y no fue hasta el año pasado que adquirió su denominación oficial de distrito de San Blas-Canillejas.

En la rotonda donde se unen el final de la Calle Alcalá con Avenida América para dar lugar al inicio de la A2, no muy lejos de la vecina M40, se encuentra el Bar El Gallo, típico bar de menús del día delante del Metro. Las vistas no son las mejores y el ruido es tremendo, ya que es uno de los nudos de comunicaciones con más tránsito de la capital, sin embargo el bar ofrecía cuatro primeros y cuatro segundos, pan, bebida (vino con casera como no) y postre por unos razonables 8,50.

De primero pedí unas alcachofas con jamón y es que el jamón pega con todo. Podrías tomar helado de chocolate con jamón y mejoraría su sabor. El jamón prácticamente mejora cualquier plato y no hace falta que sea cebo, recebo o bellota, para que sepa bueno. De segundo pedí trucha asada y no estaba mal, aunque la guarnición un poco pobre, medio limón, medio tomate y un poco de lechuga. Si hubiese sido una trucha a la navarra, rellena de jamón, el plato hubiera sido delicioso. El postre sólo había plátano, yogur y flan, ambos del supermercado, nada de caseros.

A pesar del precio aceptable le voy a dar medio limón como el que acompaña a la trucha. Hay que cuidar más los postres en los menús y no cuesta tanto tener más variedad de fruta o hacer natillas o flanes caseros. En el plato principal la guarnición es tan importante como la comida.
Consejo EmbiDioso: Salvo que seas un fumador empedernido y el Ducados sea parte esencial de tu dieta, no te recomiendo la terraza. Te alimentarás del humo de coches y autobuses.
BAR EL GALLO, Calle Alcalá 656 Metro Canillejas


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POR FIN… cocido madrileño completo por 7 euros (Madrid)

Si piensas que estoy triste, y no me ves sonreír, es simplemente despiste. Maneras de vivir” Rosendo Mercado, rockero y carabanchelero

Hoy nos desplazamos al sudoeste de la periferia madrileña para volver a comer bueno, bonito y barato. Estamos en Carabanchel Bajo. El de Manolito Gafotas no, ese es el Alto. Carabanchel es uno de los distritos más poblados de Madrid superando el cuarto de millón de habitantes, uno de los de renta más baja y con mayor número de personas en desempleo, pero con más solera y regusto de la capital. Quien no recuerda aquello del satanismo o la propia Cárcel de Carabanchel, que como su nombre indica, está en Aluche.

Empezamos por la denominación etimológica del barrio. Carabanchel, a pesar de rimar con bechamel, proviene de la palabra Garbanzal, tierra de garbanzos, producto principal para uno de los platos más típicos de la capital: el cocido madrileño. Y es que los carabancheles fueron las principales tierras de cultivo de la capital hasta los años 50 y 60 donde vivieron una fuerte urbanización de aluvión de emigrantes del sur de España, especialmente de Castilla La Mancha y Andalucía. Después en los años 90 llegó una segunda oleada de inmigrantes, especialmente de América Latina.

Estas dos oleadas conforman la demografía local y también su gastronomía. Es fácil encontrar bares de toda la vida, de los de menú del día barato, con cocina manchega, andaluza o gallega junto a restaurantes ecuatorianos, peruanos y colombianos donde poder disfrutar de un ceviche o de un hornado. Incluso en las plazas más concurridas hay vendedores ambulantes de humitas que se unen a las casetas de churros de toda la vida.

El restaurante Por fin, situado junto a la Plaza de Oporto, es un extraño caso. Es un bar de los de toda la vida pero nuevo y reformado. Hace casi un año los nuevos dueños lo reformaron y lo reabrieron con ese extraño nombre. El bar está decorado con fotografías antiguas de Madrid en blanco y negro de las típicas y tópicas: la Puerta del Sol, la Fuente de Cibeles, la Puerta de Alcalá. El restaurante está lleno siempre por su precio barato. El desayuno cuesta 2 euros con café, bollería y zumo de naranja (de cartón, no recién exprimido, servido con jarra) y el menú del día a mediodía cuesta 7 euros. Por la noche no da menús y no suele tener mucha gente, porque su carta de bocadillos y raciones no es muy variada.

El miércoles es el día estrella porque hacen cocido madrileño y la verdad es que es maravilloso. Con absolutamente todo. Primero sopa de cocido, de segundo cocido completo, postre, pan y vino con gaseosa.

Cocido madrileño

La sopa humeante la sirven junto a un platito de guindillas para acompañar. El segundo lleva de todo lo que lleva: garbanzos, patata, col, zanahoria, tocino, chorizo, morcilla, pollo y puntas de jamón. Todo servido por la camarera de los ojos azules en dos vuelcos y no en tres. Es decir las verduras y la carne van en el mismo plato. De postre suele haber fruta, yogur y un pastel de naranja que hacen casero tipo brazo de gitano que no está nada mal.

Consejo Embidioso: Espera al miércoles. Merece la pena, con un cocido la semana pasa mejor mientras nos buscamos los garbanzos.

Valoración: La cantidad-precio es impresionante y es por ello que bien se merece dos limas. Un plato como el cocido necesita el cariño que en este tipo de bares, de periferia y clientela habitual, siempre tiene.

Por Fin: calle General Ricardos 143, Carabanchel, Madrid <M> Oporto


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EL CHURRIÓN… de pinchos y vinos en Maluenda

La vendimia está empapada por las lluvias continuas; aunque quieras, tabernero, no puedes vender vino puro . Marco Valerio Marcial, poeta bilbilitano del s. I y especialista en vinos.

Cuando naces en tierra de vinos, pronto notas por el color y el sabor si un vino es bueno, malo o regular y si merece la pena colorear la gaseosa para comer, beberlo con cuidado y mimo o servirlo como aliño en la ensalada. Hoy nos desplazamos a Maluenda, a 7 kms de Calatayud dirección Teruel, corazón de la Denominación de Origen ‘Calatayud’, en el oeste de Aragón para visitar uno de los bares con más solera del Bajo Jiloca.

Como le ocurría a mi paisano Marcial hace tan sólo dos milenios, que se quejaba de que en Roma, solamente le servían vino aguado, a un servidor de ustedes le pasa lo mismo cuando se encuentra en la villa y corte y es que el vino debe tener el color y el sabor de la sangre, ser espeso y sabroso, con más graduación que menos, y con al menos cincuenta años de cepa vieja de garnacha, para que, acompañado de sus correspondientes pinchos, llegues a casa sin gana ninguna.

En esta comarca crecen variedades de uva de todo tipo rosados claretes, blancos macabeos y tintos que se traducen en  Baltasar Gracián (Miedes de Aragón), ‘Langa’ (Calatayud), ‘Armantes’ (Cervera de la Cañada) o el ‘Castillo de Maluenda’ (Maluenda). Una visita obligada para conocer más sobre todos estos productos es el Museo de la Denominación de Origen situado dentro del mismísimo Parque Natural del Monasterio de Piedra, visita obligada en esta zona.

Y si hablamos de pinchos en Maluenda eso siempre ha sido cosa de churriones. Hace cinco décadas ya existían dos tabernas regentadas por María la Churriona y su hermano José el Churrión que se especializaron en pinchos de vinagretas: pepinillos, cebolletas, olivas y guindillas con todas sus variantes y añadidos anchoas, boquerones, pimientos asados, atún o huevo duro, siempre cogidos con un palillo y siempre en bandejas en la misma barra, para que el que va de pinchos pueda coger el que guste sin preguntar. Hoy habría que añadirles los pequeños bocadillos de jamón o de sobrasada y los pinchos de queso untado o jamón batido (jamón muy picado con mayonesa) y ya tendríamos el surtido completo.

Tras un par de años cerrado, este mismo mes abrió la cafetería-panadería El Churrión en la Plaza Alta de Maluenda, con un nuevo local reformado adaptado para carritos y sillas de ruedas, con los pinchos de siempre y ahora como novedad con horno de pan (con distintos tipos de pan) y algo de repostería (aunque no mucha) y terraza en la plaza.

El precio es barato, un par de cañas o vinos tintos y cinco pinchos a gusto por 7 euros  sales más que servido. Le otorgaría lima y media por la calidad del producto y el precio. Le fallaría que no tiene menú del día y que con los pinchos, si no vas bien acompañado y hay buena conversación, se acaba muy pronto. Aunque como dijo una vez nuestro también paisano bilbilitano el filósofo y escritor Baltasar Gracián: Lo bueno si breve, dos veces bueno y lo malo si breve, menos malo.

Consejo Embidioso: Si vas a Calatayud, NO preguntes por la Dolores. Están hasta los mismos.

Cafetería-Panadería El Churrión, Plaza Alta 2, 50340 Maluenda (Zaragoza)


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LAS PALMERAS… comida boliviana en el sur de Madrid.

La calvicie, que parece normal, es una enfermedad en Europa, casi todos son calvos. Y es por las cosas que comen. Mientras, en los pueblos indígenas no hay calvos, porque comemos otras cosas.” Evo Morales, 2010, Presidente del Estado Plurinacional de Bolivia.

Hoy vamos a hablar de comida boliviana y muy barata. Hemos ido a comer al barrio de Usera, uno de los barrios más humildes de Madrid. Usera se encuentra en el sur de Madrid y es uno de los distritos con mayor porcentaje de ciudadanos extranjeros, en su mayoría chinos, tal es así, que hay más de una docena de restaurantes chinos en su calle principal Marcelo Usera e incluso hay varias cafeterías de Bubble Tea, la bebida de moda entre sus jóvenes.

El restaurante que hoy visitamos, Las Palmeras, pertenece a otra nacionalidad con gran presencia en Usera, la boliviana y sí, coincide el nombre con el restaurante marroquí del otro día. Lo primero que llama la atención es el montón de gente que hay siempre en la calle Amparo Usera llena venta de ropa y comida ambulante, además, está cerca de la zona de recogida de pistoleros. Lo segundo, el montón de gente que hay dentro del restaurante y ningún español.

El restaurante está dividido en dos partes: bar y comedor, y como en muchos de los restaurantes de Latinoamérica se paga antes. Uno dice que quiere comer menú, la doña lo escribe en un ticket, se paga y pasas al comedor y te sirven. Aire acondicionado a tope y bachata en el hilo musical. Otra cosa curiosa es que no hay carta, lo que hay son unos cuantos anuncios en la pared con los platos que se hacen cada día y los platos del menú en la pizarra de la entrada. Casi todos los menús populares de los países andinos (Bolivia, Perú y Ecuador) consisten siempre en una sopa de primero y un plato principal de carne de pollo o chancho (cerdo) con mucho arroz. Aquí no fue una excepción.

Escogí la sopa de maní (sopa calentita en pleno mes de Julio madrileño) y el pollo broaster de segundo. La bebida va incluida pero generalmente es un jugo (zumo) y no se puede escoger, cuando me senté me lo trajeron, junto a la tradicional bandeja de salsa picante, y pensé que era té frío, pero no, era jugo de canela frío. El jugo es agua hervida con canela, colada, con azúcar y a temperatura helada, muy refrescante y fácil de hacer.

La sopa de maní no estaba mal, aunque la temperatura exterior no invitara a tanto. Un generoso tazón de sopa con: patata cocida, patata frita, caracolas de pasta, cilantro y pan para mojar. Hidratos con más hidratos. De sabor muy aceptable, pero no apto para personas que pretendan adelgazar.

El pollo broaster era el pollo con peor pinta que he visto en mi vida. De sabor no estaba mal, aunque algo frío, pero había poco pollo y mucho arroz y ensaladilla rusa (en serio) de guarnición. Postre ni hablar.

Durante la comida, varias veces te interrumpen vendedores ambulantes de camisetas piratas de equipos de fútbol, gafas de sol, películas y hasta un honorable ciudadano me ha intentado vender una blackberry recién sustraída de un bolsillo ajeno.

Y aquí va lo importante del asunto. ¿Cómo es posible que este restaurante con este menú estuviera lleno hasta la bandera? Pues porque el precio del menú del día: primero, segundo, pan y bebida costaba sólo 5 euros.

Le otorgo a este restaurante dos limones, salvo que tus ingresos familiares estén por debajo del SMI o eches de menos la auténtica comida de la periferia de La Paz, Lima o Guayaquil, como es mi caso, lo que lo convierte en un lugar de  una lima.

Consejo Embidioso: No traigas nunca a una cita a este restaurante sin asegurarte que haya leído antes esta crónica. Aquí las sorpresas no tienen por qué ser positivas.


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LAS PALMERAS, cena tradicional de Ramadán marroquí por 5 euros (Madrid)

¡Creyentes! Se os ha prescrito el ayuno al igual que se les prescribió a los que os precedieron. ¡Ojalá tengáis temor (de Allah)! (Aleya 183, Sura de la Vaca, Sagrado Corán)

El pasado 9 de julio comenzó el mes sagrado de Ramadán para los musulmanes. Un mes lunar durante el cual se cumple uno de los Cinco Pilares del Islam: el ayuno. El ayuno es la abstención de consumir o ingerir cualquier tipo de alimento, desde el amanecer hasta el ocaso, como forma de adoración a Allah. Sin embargo cuando cae la noche, y la luna se alza sobre el cielo, es hora de atacar el plato y saciarse, y por la mañana madrugar y prepararse un desayuno fuerte tan tarde como sea posible antes de que amanezca. Si hablamos de Ramadán e Islam en Madrid, tenemos que hablar del barrio de Lavapiés.

En el barrio de Lavapiés podemos encontrar múltiples restaurantes de comida internacional: hindúes, tailandeses, senegaleses o asturianos, pero puesto que existe una gran comunidad local magrebí, hay más de una decena de restaurantes de comida árabe-magrebí. La comida magrebí norteafricana comparte con el resto de cocinas mediterráneas una serie de alimentos (verduras, tomate, lechuga, cordero, pollo, olivas, fruta fresca, frutos secos o miel) pero su preparación nos puede sorprender gratamente por su sabor especiado y la delicadeza de sus platos.

En la parte baja de Lavapiés, cerca de la Glorieta de Embajadores se encuentra la Tetería-Restaurante Las Palmeras y como decía uno de los anteriores post hay un método infalible para saber si un restaurante de comida internacional conserva su esencia: medir el número de locales que pasan por allí habitualmente. Podemos encontrarnos el bar lleno y ser los únicos que hablan en castellano, pero eso no debe desanimarnos a la hora de probar la carta y disfrutar de un plato, al contrario.

tetería

El restaurante es espacioso y limpio, con taburetes y bancos acolchados y música árabe muy bajita, que permite hablar a los comensales. De fondo suele estar puesta la televisión marroquí sin sonido donde en el mapa del tiempo se incluye sin pudor el Sahara Occidental y las Islas Canarias, pero eso es harina de otro costal.

En la carta podemos encontrar lo típico de la comida marroquí: cuscus de verduras o con carne, tajiné de cordero o la tradicional pastela de pollo. También podemos encontrar una buena variedad de tés y cachimbas por si queremos pasar una sobremesa sin llenarnos. Sin embargo en Ramadán lo suyo es pedir el menú de cena de Ramadán que cuesta tan solo cinco euros.

La cena de Ramadán es un combo que incluye en la misma bandeja un generoso plato de harira (sopa de tomate, carne y lentejas), un huevo duro (así sin más), un plato de pan de pollo (una especie de empanada de pollo fina, cortada en tiras), cinco dátiles, un vaso de leche, un botellín de agua, un vaso grande de batido natural de fresa (¡pero el vaso era de Mahou!) y una especie de churro frito enrollado con miel. Todo en la misma bandeja en platitos y como único cubierto una cuchara.

Las bandejas iban que volaban y es que la variedad del surtido daba lugar a una cena muy sabrosa y nutritiva por un precio muy asequible. Los camareros muy amables, a pesar de su castellano un poco limitado, pero si recuerdas decir shukran (gracias) cuando te sirven la bandeja, sonreirán agradecidos a tu detalle.

Muy recomendable para la gente que vive en el centro, que le guste probar nuevas cosas y que no quiera rascarse en exceso el bolsillo. Cenar por cinco euros en el centro es posible y la comida árabe es mucho más que el cuscus y el dürum de pollo con queso y salsas. Por la limpieza, el sabor de la comida y el precio de 5 euros, le podríamos dar una lima y un dátil.

Tetería-Restaurante Árabe Las Palmeras: Calle Mesón de Paredes, 76. Madrid

Horario de Ramadán de 19,00 a 2,00 todos los días.