De Lima a Limón

Crítica – cítrica


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EL TURISTA… más autóctono del mundo (Vigo)

En nuestra declaración de intenciones nos marcamos como uno de nuestros objetivos visitar los lugares más viejunos de cada ciudad… Esos que han visto llover, granizar, diluviar e incluso alguna sequía (no os creáis, que esto en Galicia tiene su mérito)… Hoy somos fieles a nuestra promesa y nos acercamos al Turista en Vigo.

El Turista se esconde en uno de los soportales del BerbésSi nos fijamos mucho podremos ver que en un derroche de generosidad y buen gusto han colgado un maravilloso cartel en el arco para diferenciar el local, cierto que el cartel no debe medir más de 30 centímetros y para leer el nombre hacen falta dos cosas: saber lo que pone y echarle imaginación, pero amigos míos la intención (y la comida) es lo que cuenta.

El local es… Cutre, pero cutre, cutre… Cutre con mesas de formica mordisqueadas y sillas de las de la «aldea» de toda la vida. El soportal, está apuntalado y la camarera parece sacada (o metida) de las novelas de Domingo Villar quizá por eso vale tanto la pena comer allí. Uno cuando va siempre tiene la sensación de que es la última vez que come allí, no porque no quiera repetir sino porque siempre parece que mañana cierra… Aunque deben llevar 25 años en su último día.

Cuando llegas, la camarera te cuenta lo que hay… Pescaditos variados (siempre hay pescaditos) jureles, sardina y demás fauna, abadejo, merluza, raya y carne guisada (con hueso) nos advertía de aquello con la misma intensidad como si nos estuviera diciendo que la aderezan con un poco de cicuta. Lloramos por un poco de empanada y nos trajo media ración a cada uno de empanada de xoubas… Con su cebolla pochadita, sus xoubiñas sin espinas y fresquitas… Un lujo vaya.

Después vino la negociación con el pescado…

–Quiero raya.. Frita? — vale… — pero cuantos trozos..- pues no se, son grandes?… — no, son normales… — aja, y cuanto es lo normal? — depende (desmontando tópicos)… Tres? .. – traigame cuatro.

Y tú? — yo quiero merluza cocida.. — mira que son dos trozos .. – creo que podré con ella… — y mira que trae patata cocida… — me veo con fuerzas y además mi madre estará orgullosa de mí.

Y así fue como nos vino con dos toros de merluza de concurso que con aceitito de oliva y un toque de pimentón que te reconciliaba con el mundo y una ración de raya exquisita. Cuando la mujer vio que nos lo habíamos papado todo también puso cara de orgullosa.

Lo del postre fue un momento de regreso al pasado… Tarta de Santiago (buena), tarta Comtesa y… Tarta al whisky con su botella de 100 pippers para regarla bien regada, todo esto con café yvino tintorro con gaseosa 14,75€ por persona… No preguntéis cuánto costaba cada cosa porque en estos sitios todo es un misterio.. La señora te mira a los ojos y te dice una cantidad, tú pagas contento y te vas con la certeza de que fue eso como podía haber sido otra cosa pero así lleva funcionando toda la vida.

El sitio, como tal, se lleva una lima, el pescado es de lo mas fresco que puede haber pero tampoco hacen virguerías con ello… Sin embargo, si buscas sabores y lugares auténticos la recomendaciones de tres limas… Corre, no vaya a ser que el día que vayas, haya llegado su día.

EL TURISTA: Ribeira do Berbés, 27. Vigo

http://www.restauranteturista.es/


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LA SULTANA… reina de noche, bella durmiente de día (Madrid)

Una de las razones por las cuales está tan bien escribir en “De Lima A Limón” es que la oportunidad de revisitar sitios que han sido importantes en ciertos momentos de la vida, pero desde un nuevo punto de vista; que es el de críticos cítricos. “La Sultana”, es uno de ellos.

Es un sitio donde puedes escuchar rock del de verdad sin que éste interfiera en las conversaciones y donde por las noches puedes pedir unas pizzas artesanales en la barra de comidas, mientras compartes unas jarras de cerveza con los amigos. Recordábamos haber comido allí en alguna ocasión. Así que nos animamos a hacer una visita a mediodía, primer error… aunque los padres digan aquella famosa frase de “no hay nada que hagas de noche que no puedas hacer de día”… hay cosas que es mejor hacerlas de noche, como por ejemplo…visitar La Sultana.

Para empezar éramos los únicos clientes de una pizzería antro de paredes verdes y mesa de billar en el medio, un local con una barra detrás de la cual uno sólo podía esperar un melenudo pero que, sin embargo, ocultaba a una criaturilla sorprendentemente joven que atendía la barra y las mesas con más voluntad y simpatía que oficio, mientras el cocinero mataba el tiempo apoyado en la barra. La vivaracha señora que yo recordaba -capaz de servir 5 mesas a la vez mientras nos contaba su vida- ya no estaba.

Descartamos el menú del día (que incluía ensalada, un plato que no les pegaba ni con cola) por las famosas pizzas del local y empezamos a esperar… Si bien el servicio en La Sultana nunca ha sido gran cosa, en esta ocasión ponía a prueba al cliente más bienhumorado (tened presente que éramos la única mesa). Las bebidas se retrasaban, el mantelillo llegó después de las pizzas (de atún y cebolla y con calabacín y berenjena) y el postre (un helado de mandarina) llegó mientras los enormes platos para pizza y el Homer que se veía en el fondo del plato esperaban con cara de pena a ser recogidos.

He de decir que sufrimos un pequeño desencanto, la pizza con cebolla y atún estaba rica, la masa era bastante fina y el queso era bueno… a la pizza con calabacín, berenjena y tomates cherry le faltaba sal… no un poco, sino toda la sal del mundo y, será más sana, no lo vamos a discutir, pero que nos gusten los vegetales no significa que tengamos problemas de salud, si queremos comida de régimen… la pediremos.

Seguramente el local siga conservando su atractivo por las noches, donde se pueden perdonar pequeñas faltas y hay más margen para la informalidad, pero a mediodía te vas con la impresión de que pasan bastante de ti.  Las pizzas siguen estando ricas, pero no se disfrutan tanto cuando tienes la sensación de estorbar al personal que se entretiene jugando al billar mientras tú, infructuosamente, lloras por una cocacola más (maldita manía de los clientes de consumir… supongo). La cuenta fueron unos 11 euros por persona.

Mantenemos la recomendación como punto de encuentro nocturno y lugar agradable para celebraciones informales, eso vale media lima, pero a mediodía nos desprendemos de viejos recuerdos y le damos medio limón. Quizá Sabina tenía razón cuando cantaba aquello de “al lugar donde has sido feliz no debieras tratar de volver.”

LA SULTANA: c/ Meléndez Valdes, 51. Madrid


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Escapada limonera… destino A Coruña.

La presentación del disco “Paradero Desconocido” de Quinito López Mourelle en el Museo de Arte Contemporáneo (MAC) nos dio la excusa perfecta para irnos de escapada hasta A Coruña, ciudad en la que el viento da la vuelta en Riazor y ya no viaja hacia el sur.

Siempre que vamos, es visita obligada subir hasta el Parque de San Pedro. Allí es donde pasamos la tarde del sábado. Está en el barrio de Los Rosales, el parque debe su nombre al monte que lo aloja. Es inmenso, tiene zona de merenderos con barbacoas, zonas dedicadas a los niños con columpios, un laberinto de estilo inglés hecho principalmente con setos , un observatorio (Cúpula Atlántica) que a su vez hace de sala de exposiciones,  césped, mucho césped para poder andar descalzos y unas vistas impresionantes de la ciudad. Cuando vayáis a La Coruña no os olvidéis de visitarlo.

Al día siguiente, después de asistir al magnífico concierto de Quinito y visitar la exposición de Larry Fink – Body and Soul (hasta el 15 de Septiembre), mi amiga María propuso ir hasta Culleredo para comer en una pizzería/hamburguesería un tanto peculiar. Y hasta allí nos fuimos.

Galipizza es un restaurante con muy buen ambiente, acogedor y con muchos detalles decorativos que llaman la atención. Uno de ellos es que han utilizado una báscula, de las que antiguamente había en los ultramarinos, para ubicar los grifos de cerveza de barril. Otro detalle, para identificar las puertas de los baños, han puesto un vinilo del billete de cien pesetas (el que tenía el rostro de Manuel de Falla) para los chicos y otro vinilo, esta vez el de quinientas pesetas (con el rostro de Rosalía de Castro) para el de chicas.

Hay una zona del restaurante que está acondicionada como un vagón de tranvía. Ahí es donde comimos y desde donde observas todo el trajín del comedor principal.

Bueno, a lo que vamos. ¿Por qué Galipizza es una pizzería a la que deberíamos ir?

Su carta (además de comida mejicana, tapas, ensaladas, pasta…) contempla más de 20 variedades de pizza. Están las básicas (Margarita, Cuatro Estaciones…) y las que no pueden faltar (Cuatro quesos, Romana, Vegetal…) pero las que realmente merecen la pena son sus pizzas con ingredientes  típicamente gallegos.

Tuvimos un verdadero dilema a la hora de decidirnos cual elegir. Personalmente me parecen muy buenas propuestas, sobre todo porque lo que pretenden es diferenciarse como pizzería/hamburguesería y ofrecer productos con ingredientes regionales y de muy buena calidad. Para que os hagáis una idea estas son algunas de sus propuestas:

  • Fogar de Breogán: salsa de tomate, queso de Arzúa, San Simón, O Cebreiro y queso de Tetilla (9,60 €)
  • Raxo con grelos: salsa de tomate, queso San Simón, raxo, panceta y grelos (11,10 €)
  • Ovos rotos con gambas: salsa de tomate, queso de San Simón, zorza, patatas y huevos (11,30 €)

Nosotros probamos dos y pedimos que nos la hicieran en una pizza grande, mitad y mitad. Una fue la de lacón con grelos y queso de Arzúa-Ulloa (6,80 €) y la otra la Xacobea con queso San Simón, espárragos, pimientos del piquillo, cecina, vieira y queso de O Cebreiro (7,00 €)

Ver llegar la pizza a la mesa fue todo un acontecimiento. Las hacen con masa artesana, con el grosor justo para que puedas coger la porción y no se te desparrame el queso. Bien horneada y con ingredientes rebosantes (para mi gusto, en exceso).

No me convenció la cecina en la Xacobea. Le da un regusto demasiado fuerte y los demás ingredientes quedan en un segundo plano. Sin embargo la de lacón con grelos la volvería a tomar o incluso la haría en casa para sorprender a algún incondicional de la comida italiana que conozco.

No pudimos salir de allí sin probar las hamburguesas gourmet, yo hubiese probado la platino de buey con 250 gr de carne, con crema de queso de cabra, cebolla caramelizada y pan de hamburguesa casero (7,50 €) pero ya no les quedaba así que la gourmet elegida fue una hecha con 250 gr. de ternera 100% gallega, queso San Simón, grelos,chorizo, pan casero y patatas (7,50 €). La carne estaba jugosa, hecha al punto y muy sabrosa. Los grelos no desentonan. Lo decepcionante fue ver como semejante hamburguesa venía acompañada con patatas  congeladas, en fin…

Como colofón pedimos dos helados italianos en cucurucho (2,20 € c/uno) y café pero hay que especificar que sea de pota para que te lo sirvan así de bien acompañado (aguardiente blanca, de hierbas, licor café y crema de orujo)

Pagamos 8 euros por persona, nos atendieron fenomenal, sus pizzas aparte de ser muy originales, son 100% gallegas, el servicio de cocina es rápido y los camareros están muy pendientes de que no falte nada. Tras la visita a la ciudad, el concierto, la exposición y la comida, no puedo menos que darle a la escapada una lima y media.

GALIPIZZA: c/ Alcalde Electo Carballo nº 22 – Culleredo

http://pizzbur.gl/


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CARLOS TARTIERE… Una de las mejores fabadas de Madrid, incluso en verano

Tras el fracaso de La Cantina hoy volvemos al gremio de los Asturianos de Madrid apostando sobre seguro. Vamos al Carlos Tartiere en la Calle Menorca donde sirven una de las mejores fabadas de Madrid y alrededores.

Es cierto que no es la mejor época del año para hablar de fabadas, aunque quien escribe sería capaz de comerla en medio del desierto a 70 grados, pero también es cierto que si hay un verano de cuchara… es este. Así que Oh amantes del calor del mundo, hagamos de la necesidad virtud y aprovechemos estos bajones repentinos de temperatura para saciar nuestra hambre cucharera.

Los dueños del local tienen dos restaurantes en la misma calle, uno más pijín el Couzapín con su mantel blanco y otro más de batalla, el Carlos Tartiere, con manteles de cuadros. Nosotras optamos por el segundo.

La carta es pequeña, con bastantes especialidades del día y por lo que vimos en los platos de los vecinos… con muy buen material fresco (mariscos y pescados) pero del segundo no había duda, habíamos ido a por la fabada y nadie nos iba a sacar de nuestro empeño.

Para abrir boca pedimos unos mejillones a la sidra, ricos, pequeñitos (algo bastante común este año después de tanta lluvia) y con una salsa bastante correcta. Mientras esperábamos nos pusieron un bollito preñao buenísimo y un muslillo de codorniz en tempura que no estaba mal.

Y llegó lo importante, la reina de las digestiones complicadas, la fabada (14€) que te sirven en fuente y con cucharón, con su morcilla, su chorizo y su buen tozo de panceta. Pese a ser una bomba, estaban super suaves… y tenían tanto sabor que explicaba la buena fama del lugar.

Para beber pedimos sidra natural. Los camareros son quienes se encargan de escarcearla utilizando un simpático aparejo que evitaba que todos nos pusiéramos perdidos, una especie de tubo de metro y pico de alto y ruedas que movían por todo el local.

Al postre no llegamos y salimos a unos 22 euros por cabeza, no es realmente económico, pero es un sitio que vale la pena. Lima y media para ellos.

http://www.restaurantecarlostartiere.com/

CARLOS TARTIERE: Calle Menorca 35, Madrid


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MACEIRAS… un rinconcito de Galicia en Madrid

Con permiso de la gallega fundadora de este blog y para los que no podemos viajar tanto a Galicia como quisiéramos, hoy os presento mi rinconcito de Galicia en Madrid.

El Maceiras es un pequeño local situado en el céntrico barrio de las Letras, concretamente, en la calle Huertas 66 en el que se pueden encontrar una gran variedad de tapas gallegas con las que calmaros cuando os invade la morriña.

La carta es una original tabla de madera, cual paleta de pintor, escrita a mano con boli. Con el gran número de tapas (incluido marisquito) que tienen cuesta decidir pero al estar en una taberna- pulpería no podíamos dejar de pedir una Ración de pulpo ( ½ ración 7€), no es lo mismo que comerlo en alguna de las callejuelas de Ourense o Melide donde las pulpeiras salen y realizan el ritual en plena calle, pero hay que probarlo.

También elegimos una ración de chorizo criollo (5€) y mi especialidad, una tabla de quesos de Galicia (7€) con una selección de quesos ricos con denominación de origen que hay en Galicia: O´Cebreiro, Tetilla, San Simón y Arzúa Ulloa.

Para acompañar estos manjares, tienen botellas de vino Albariño o Ribeiro servidos en las tradicionales tazas (cuncas) pero nosotros en esta ocasión lo acompañamos con una tercio de “Estrella Galicia” (2,5€) que también es muy de la tierra. 😉

Para terminar, os recomiendo un toque dulce con unas filloas (una versión gallega de la crepe francesa) , un trozo de tarta de Santiago o un poco de queso.

Si hay que poner algún pero a la visita no es a la comida, sino al intento de modernidad que quieren dar. Las comandas que toman las amables camareras se hacen en pda pero luego ni se pude pagar con tarjeta ni te dan la clave de una red wifi que tienen visible en el local.

En resumen, un restaurante donde recordar algo de Galicia, donde cenar por menos de 15€ por persona, que no quita las ganas de volver a la tierra, pero que ayuda a sobrellevar la morriña. Por eso, le doy una lima y medio limón.


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A CURUXA… o cómo sentirse como en casa (Vigo)

Elegí esta taberna para hacer mi presentación inaugural en este blog por sus originales propuestas culinarias, la buena relación calidad-precio de su carta, su trato cordial hacia el cliente pero sobre todo, por su innata facilidad de hacerme sentir como en mi propia casa.

Lo podéis encontrar en Cesteiros nº 7, una de las calles más emblemáticas del Casco Vello de Vigo. El nombre de este callejón, rinde homenaje a los artesanos que en la década de los 40 se establecieron allí para abastecer de cestas, cestones y cestillos a todos los vendedores y pescantinas que rondaban el barrio vendiendo sus productos. Ellos eran quienes elaboraban las famosas patelas ( unas cestas amplias, planas, con forma cuadrada y con la base protegida con hojas de repollo para trasladar y, normalmente exponer, el pescado menudo: xoubiñas, chinchos, cariocas…)

A Taverna da Curuxa es un local tranquilo, con paredes de piedra vista, céntimos en sus juntas y una decoración muy sencilla. Cuando llegué, sutilmente, se escuchaba jazz. Por el mobiliario que tienen, en concreto las sillas, te da la sensación de estar en un tablao andaluz en lugar de una tasca gallega pero a fin de cuentas, eso, tan sólo es una impresión.

Su carta es pequeña pero variada. Incluyen originales ensaladas, arroces perfectos, carnes, pescados y buenos postres. También te ofrecen, por si quieres ir abriendo boca, una pequeña lista con sus petiscos (aperitivos).
Después de sopesar todos los platos (os puedo asegurar que fue una tarea un poco peliaguda) y dejarme aconsejar por Noelia, que es encantadora, en lo relativo a la cantidad que sirven, mis elegidos fueron:

 

De entrante: croquetas de portobello, (champiñón portobello) con chips de yuca (4 €)
con una bechamel suave, melosa y sabrosa que contrastaba a la perfección con el ligero y crujiente del rebozado. Las chips de yuca que las acompañan son un acierto. Cortadas con mandolina, son finas como el papel de liar así que ya os podéis imaginar cómo resonarían en el interior de vuestra boca.

De primero: abanico con patatas (5 €): El abanico es la envoltura externa de las costillas del cerdo. Es una carne muy grasa por lo que al hacerla tanto a la plancha como en barbacoa queda impresionante. Y si encima es de cerdo ibérico ya os podéis imaginar el resultado. El que yo comí no era de ibérico pero habían acertado en su preparación. ¿Quién no se rinde ante una carne hecha en su punto, jugosa y tierna por dentro, churruscadita por fuera y con un ligero toque de tabasco verde, acompañada con patatas frescas (las llamo así porque las otras son congeladas) y verduras a la plancha? Que yo sepa, nadie.

Y por último, el postre: bizcocho con salsa de mango y nísperos caramelizados (3,50 €). No, no penséis que le pasa algo a la foto, el bizcocho es así, verde, porque está hecho con calabacín. Tiene una textura compacta y densa, es un placer comprobar lo suave que es. La salsa de mango servida fría es un contraste que sorprende tanto si la acompañas con el bizcocho como con los nísperos. Es un postre muy goloso, quedáis advertidos…

De bebida me tomé una caña (1,80 €) y al café, que disfruté mientras leía el periódico, tuvieron la gentileza de invitarme. Pagué por este pequeño gran homenaje 14,30 € . Teniendo en cuenta que su comida está muy rica, que sirven rápido y que te tratan fenomenal, me parece un precio muy razonable. Por eso les doy lima y media.


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D´TONHO… una visita al país vecino (Porto, Portugal)

Este fin de semana, aprovechando el buen tiempo hemos hecho una escapada en familia al país vecino, Portugal y no me he resistido a hacer la primera, espero que de muchas, crítica cítrica internacional.

Para un gallego del sur ir a Portugal viene a ser como para un madrileño ir a Segovia. Un plan muy habitual aunque no por ello menos apetecible y es que… Al igual que pocos se resisten a un buen cochinillo no hay quien se pueda resistir a un buen bacalhau o a algo tan sencillo como un frango no churrasco. Esta vez era una ocasión algo especial, así que en vez de ir a nuestros sencillos habituales de Valença tiramos de autopista y nos fuimos hasta Porto a visitar uno de sus restaurantes más famosos en plena Ribeira el D’tonho.

Si buscáis comer con las vistas maravillosas del Duero, su página web puede llevaros a un cierto engaño, las fotos parecen hechas por esos profesionales de las páginas de pisos de alquiler donde todo es inmenso y súper luminoso, pese a que los ventanales no son como prometen, el sitio es bonito y acogedor.

 

Nada más llegar te colocan una mesa auxiliar con el couvert, en cristiano, todos los entrantes disponibles, entre el hambre con el que llegas y la buena pinta que tiene todo decidir es un gran esfuerzo. Nosotros nos decantamos por unas Zanahorias aliñadas, con su buena dosis de cilantro, conejito a la brasa, queso de oveja y las clásicas pataniscas de bacalao que vienen a ser una especie de buñuelo. De segundo pedimos bacalao, dos raciones para cuatro ya que suelen, y digo suelen, ser abundantes y de beber dos botellas de tinto una de Dão y una de Douro.

El camarero, muy atento (cosa no tan frecuente en sus convecinos) nos fue trayendo todos  los platos y, no os voy a engañar… Era mucho mas feliz viendo para ellos que una vez que los estaba comiendo. Las materias primas eran excelentes, la posta de bacalao era un sueño, la presentación era fantástica pero en cuanto le metían la cuchara de palo al asunto la fastidiaban. El bacalao a moda de Julio Gouveira estaba helado y por mucho que lo intentamos no logramos adivinar de qué era aquella salsa que llevaba, las raciones eran el equivalente a méia dose aunque el precio (cerca de 20€) parecía presagiar que seria para dos personas y el postre no mejoró en absoluto nuestra percepción.

En resumen, unos 35€ por cabeza, unas expectativas demasiado altas, un precio, una presentación y una ubicación maravillosa que, desafortunadamente, no se corresponden con lo que te llevas a la boca. Por todo ello, nuestra calificacion es de una lima y un limón y medio. Quiza vuelvan los tiempos que le trajeron la fama pero lo que esta claro es que el D’tonho ya ha vivido tiempos mejores.


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LOBO DO MAR… del mercado a la mesa (Vigo)

El Casco Vello de Vigo ha vivido momentos complicados, la mala vida de los 80 pegó fuerte y durante algún tiempo sus calles parecían el escenario de la serie «The Walking Dead», sin embargo, después de años, de mucho trabajo y de muchas rehabilitaciones, el barrio ha vuelto a ganar vida y encanto. Hoy nos perdemos en una de sus calles de piedra empicadas y buscamos un clásico, O lobo de mar.

En su momento, esta taberna, atrajo a lo mejor de cada casa con la excusa de tomar unha cunca de viño do país acompañada del mejor pescado fresco. A día de hoy las cosas han cambiado, cuando abres la puerta ya no aparece aquel antro de piedra con bustos de marineros colgados por las paredes sino una sala pequeñita rehabilitada, recién pintada y decorada con algunas de las piezas que el encargado de obrar el milagro indultó.

La carta cambia todos los días en función de lo que haya en el mercado, sirven raciones y medias raciones y los precios varían entre 4,50€ y 7,50€. Vista la diferencia de precio (poco más de un euro) y lo buenísimo que está todo, os recomendaría que pidierais raciones enteras.

Después de mucho pensarlo y de descartar la carne por motivos obvios decidimos compartir dos raciones: Una castañeta guisada y unos chipirones. De guarnición siempre puedes elegir entre patata cocida, frita o arroz… los guisos siempre me tiran del cachelo y los chipirones del arroz así que no hubo que pensar mucho.

La castañeta, palometa, zapatera o japuta bien guisada es una locura… o en fideuá… o a la plancha con ajo y perejil… o rebozada… la verdad es que este pez con cara de enfadado es de lo más versátil. El guiso que nos pusieron era simple, cebolla, pimiento verde y poco más pero estaba super sabroso. El pan mojado en aquella salsa era puro vicio.

Los chipirones no se quedaban atrás, salteados con cebolla, ajo y pimiento verde muy rustido y contrastando con el arroz blanco. Ricos, ricos, ricos.

De postre nos ofrecieron Requesón das Neves con miel, se nos cerraron los oídos y ya no supimos escuchar más… este requesón es algo especial, no se parece en nada a cualquier subproducto que compréis en un supermercado. Es de fabricación artesanal, se venden en unas bolitas y se sirve tal cual, con un poco de miel y si se está inspirado con un par de nueces. Pero es que no necesita más. Tiene un punto agrio, ácido y muchísimo sabor.

La cuenta nos salió a 11 euros por persona precio de menú con elección a la carta… productos fresquísimos y de la tierra, una perfecta comida casera y sin florituras, un local acogedor que todavía destila cierta solera y que ha sabido resistir y adaptarse a los tiempos sin traicionar a sus orígenes se gana, por primera vez en este blog, dos limas y media.

LOBO DO MAR: Rúa Anguía, 2, Vigo


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LA CANTINA… Y la ambición mata (Madrid)

Por mucho que diga nuestro nombre, en realidad somos unos idealistas en busca de limas y más limas… Es jodido poner limones y más cuando se los pones a un sitio al que te han llevado con todo el cariño del mundo pero juramos decir la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad… Y a ello vamos.

Pese a lo que su nombre pueda suscitar, la Cantina no es un mexicano… Sino un asturiano de tamaño inmenso en la zona de Cuzco donde puedes comer en dos zonas, una más formato cantina campestre con mesas de madera y bancos y otra más formal con sus mesas con mantel de tela. Como la cabra tira al monte nos quedamos en la versión maderera del lugar.

La carta es inmensa y aunque suelo desconfiar de este detalle, la verdad es que todo tiene buena pinta. Para facilitar el asunto tienen un plato diario que suele rondar los 13 euros y que se repite todas las semanas. Fuimos un jueves y prometían salpicón de pulpo y rosbif de ternera roxa, aunque resultó que rosbif ya no les quedaba.

De entrantes pedimos unos fritos de Pixín (rape) que costaban 14,60€, y que lo cierto es que estaban buenos, suaves y jugosos y Cabrales «auténtico» con tostaditas que estaba picantito y… Aceptable. Hasta aquí todo iba más o menos bien, tardaban en servir, se volvían un poco locos pero razonable, el problema vino con los segundos.

Ante mi frustrado intento de probar el rosbif acabé pidiendo un Cachopo de Oviedo que resultó ser un cordón bleu en versión fritanga de lo más gasolinero. El hecho de que lo sirvieran en una bandeja de acero inoxidable cual cama de quirófano, probablemente, tampoco ayudó.

El salpicón de pulpo (especialidad del día) no era más que un pulpo blandurrio a la vinagreta… Algo que si hubiera estado rico, quizá hubiera servido como primero pero jamás como plato principal.

Misteriosamente aún nos quedaron ganas de probar el helado de turrón y este sí estaba bueno.

Resumen de la jugada, 35 euros por persona, una comida propia de un menú del día de no más de 9 euros y de un lugar perdido de la Mancha, lento, caro y con unas inmensas aspiraciones insatisfechas se ganan con todo el dolor de corazón limonero un limón y medio. Quizá es simplemente que no era su día pero, lo cierto es que se nos quitaron las ganas de volver.


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SHUKRAN… gracias, pero no. (Madrid)

Una de las mejores cosas de ser crítico cítrico es que todo el mundo te recomienda lugares y, muchas veces, como en el caso del Arabia descubres sitios maravillosos que no conocías. Otras veces, tiene un punto frustrantes y piensas aquello de… No he debido tener suerte con lo que he pedido…

Es el caso del Shukran un restaurante de comida mediterránea especializado en Libanesa al que fuimos hace unos días los dos socios limoneros con toda la ilusión del mundo y del que salimos con cierta cara de consternación.

El restaurante está en un lugar difícilmente mejorable, la Casa Árabe (en un lateral del parque del Retiro). Sólo llegar hasta allí aprovechando para dar una vueltecita antes por el parque ya te abre el apetito y llegas con ganas de probarlo todo.

El restaurante es moderno, en tonos blancos y verdes y muy diáfano. El personal tiene un poco de follón, te preguntan cinco veces si has pedido bebida, toman nota de memoria y aspiran a servir tan tan rápido que, a veces, se lían.

Para salir un poco del Humus probamos el Mutabal, que es un puré de berenjena que con el pan de pita estaba exquisito… Nos encantó y, aunque sólo habíamos pedido media ración fue suficiente… Aquello apuntaba bien pero…

Pedimos Sambusas de queso, samosas en indú lavapiesino y especie de empanadilla triangular frita en cañí. En resumen, una masa que venía casi cruda rellena de un queso totalmente insípido. Lo peor no era eso.. lo peor era la salsa que lo acompañaba, ni cortos ni perezosos acompañaban aquello de lo que en la carta llamaban salsa roja y que resultó ser ketchup con tomillo.. Ketchup y tienen el valor de ponerlo en la carta!!

También probamos el Tabbuleh, una ensalada a base de perejil picadito, cebolla, tomate y zumo de limón que había probado en otras ocasiones y me había parecido sorprendentemente rica. La ración que trajeron nos pareció escasa aunque después lo agradecimos, el perejil era duro como una piedra y aquella ensalada no se comía, se mascaba!

Para rematar la jugada pedimos un rollo de ternera… Que terminó siendo un dürum kebab en versión sana, con un pan de pita crujiente y rico pero con una ternera insípida que parecía que la hubieran hecho al vapor, cebolla tomate y mi queridísima lechuga iceberg… No me considero una experta en comida libanesa, pero confieso que es la primera vez que pruebo su carne sin una mínima especia. Entre eso, y las patatas congeladas nos entraron ganas de salir de ahí e irnos a comer un auténtico kebab.

El hambre estaba suficientemente saciada y, aunque podíamos haber pedido algo más dijimos muchas Shukran, pero no… El jefe del cotarro debió ver nuestra cara y nos invitó a unos Backlawa de bocado a los que no les miraremos el diente.

Los precios son económicos (unos 15 euros por persona), pero la verdad es que las raciones son bastante pequeñas y las materias primas de lo más baratas que hay en el mercado. Los platos estaban muy bien presentados, pero no estaban cuidados, no puedes poner un perejil abuelo como ingrediente principal, las masas no pueden quedar crudas, los rellenos tienen que saber a algo, igual que las carnes y no… No puedes poner una salsa que sea ketchup con una hierba.

Les salva la media lima la maravillosa ubicación que tiene y lo cuidado que está el local… Pero la comida se merece un limón y medio.

Casa Árabe, calle Alcalá 62

Www.shukran.es