De Lima a Limón

Crítica – cítrica


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EL MOLLETE…una taberna para volver y volver (Madrid)

Cantaba Gardel que 20 años no eran nada  así que los 30 que lleva abierta esta taberna tampoco deben ser mucho. En todo caso, sí da para volver y para convertirse en uno de mis lugares favoritos de Madrid. Del Mollete cuentan que fue una carbonería del siglo XVIII que perteneció al Marqués de Florida, por aquellos tiempos fue testigo de todo tipo de conspiraciones, contubernios y, sobre todo partidas de mus… Hoy tienen una de las mejores cocinas de la ciudad.

La taberna es mínima, mejor reservar y si se puede, ir pronto. Da igual el día de la semana, el mes… aquí ambiente nunca falta. De hecho ese es uno de los pequeños problemas que tiene este lugar… íntimo, lo que se dice íntimo, no es. Las mesas están bastante juntas y el espacio es reducidillo. Las paredes están llenas de fotos de Tomás (el dueño), muchas veces la cocinera y una retahíla de famosos que van desde Amenabar a  Francis Ford Cóppola. Si tienes un punto mitómano, este lugar te va a encantar.

A nosotros, los limoneros, lo que realmente nos encantan son sus platos. Entre semana tienen menú del día, unos 11 euros, platos ricos, hechos con cariño y con muy buenas materias primas pero si podemos elegir… mejor quedarse con la carta y con las especialidades del día.

Las croquetas de gorgonzola son maravillosas y los saquitos de queso de cabra ni os cuento… Pero hay algo que tengo que comer cada vez que voy por allí el atún rojo con salsa de soja y puerro frito, siempre consiguen que esté en su punto, el puerro crujiente que le ponen por arriba deberían venderlo en bolsas y desbancaría a los chaskis y las espinacas de la base son deliciosas. Vamos, que tenéis que comerlo.

El día que fuimos a comer tenían de especialidad risotto de setas y gambas buenísimo, con un arroz tierno pero al dente y con un sabor a queso inconfundible y un solomillo de ciervo con salsa de frutos rojos buenísimo, tierno, rico, perfecto… pero, he de confesar, que con un sabor muy fuerte para mi gusto.

Dejad algo de hueco para el postre, la tarta de queso (individual) que hacen es de lo mejor que he probado nunca. Las natillas que le ponen de acompañante le restan más de lo que le suman pero es, simplemente, porque es inmejorable.

En definitiva, el trato es maravilloso, el local está lleno de encanto, la comida es deliciosa y diferente y los precios rondan los 15€ por persona picoteando suficiente y compartiendo postre. En pleno centro, escondido pero perfecto para encontrarse dos limas que se van para el Mollete.

http://www.tabernaelmollete.com

C/ La Bola  4, Madrid.


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LA TABERNA DEL CHATO… una excusa para chatear en directo. (Madrid)

Hoy nos vamos de picoteo por el centro de Madrid. El lugar en cuestión se llama la Taberna del Chato y está en la Calle de la Cruz, muy cerquita de la calle Huertas. Hay que tener cuidado de no pasárselo, puede que sea por los andamios de los edificios de al lado o porque la calle es estrechujis y vas más pendiente de no morir atropellado que de otra cosa pero lo cierto es que los dos que fuimos tuvimos que dar la vuelta porque habíamos caminado de más.

El nombre lo dice todo, es un lugar de chatos. Sólo que esta vez, en vez de chatos de vino son vasos de chatos rellenos de unas tapas super ricas y a precios bastante razonables, perfectos para romper la tónica actual y chatear en directo.

El local es muy bonito, maderero pero diáfano y luminoso. En la parte de atrás había bastantes más mesas pero también es más ruidoso… casi mejor opción quedarse cerquita de la barra.

El camarero era una de esas personas que te encandilan, siempre con una sonrisa en los labios, con una recomendación, gracia y chispa en el momento justo y sin abusar. Se le ve acostumbrado a tratar con extranjeros, por la zona, es un local con turistas, pero donde no venden «paela»  y los autóctonos seguimos encontrando nuestro lugar, eso también vale un gajo.

Los chatos: Estábamos embalados y moríamos de hambre así que probamos un montón. Mi favorito con diferencia fue el Nido de langostinos... no descubrieron la pólvora, pero es la primera vez que los como y el pobre langostino no está seco como la mojama. El pollo crujiente con cebolla frita no se quedaba atrás, los trozos de pollo eran generosos y venían con un fondo de salsa agripicante que le quedaba muy bien.

El solomillo teriyaki (4€) estaba sorprendentemente jugoso, traía un fondo de arroz en formato japonés que le quedaba bien, pero la verdad es que no lo recomendaría. Lo que sí recomendaría, si te gustan los sabores marinos, es el tartar de bonito en ensalada de algas.

Y luego la recomendación del camarero, las croquetas caseras de jamón que, efectivamente, eran caseras, estaban hechas con leche y no sólo con harina, llevaban jamón (oh, gran milagro) pero una más… no le hubiera venido mal. Por si queréis algo más contundente también tienen raciones pero.. mi consejo es que chateéis a la clásica probando un poco de todo. Si insistís en la ideas, el bacalao ahumado con salmorejo está delicioso!

Los postres también entran dentro del chateo, dominado por el chocolate, en versión mousse o brownie, natillas y el poste del día… que en este caso era piña colada, un helado de coco con trocitos de piña y chorrito de ron, buenísimo!

En resumen, un local agradable donde puedes cenar sin morir de hambre por algo más de 10€ por persona, perfecto para una sesión vermouth o un picoteo nocturno, con cosas ricas y pinchos del día. Precios razonables, desde 2 a 4€, con tapas que alguna vez podrían ser un poco más generosas, pero con las que te puedes alimentar. Un buen sitio para salir de la rutina se lleva lima y media.

http://www.tabernadelchato.com/

LA TABERNA DEL CHATO:  Calle de la Cruz, 35. Madrid.


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EL GRANERO DE LAVAPIES… uno de los vegetarianos clásicos de Madrid

Cada vez que hablo de comida vegetariana alguien me imagina con orejas de conejo royendo el rabo verde de una zanahoria… Y se olvidan de que el pisto es vegetariano… O el gazpacho.. O las miles de ensaladas que se meten en el cuerpo con la tortura de la operación bikini… Estigmas aparte, lo cierto es que con verduras se pueden hacer un mogollón de cosas y esa es la mejor parte de los restaurantes vegetarianos, la cantidad de ideas que te dan.

Al tema, hoy nos hemos ido al Granero de Lavapiés, uno de los vegetarianos más antiguos de Madrid. Un lugar mini con terraza que siempre está a tope de hecho, uno de sus inconvenientes es que no es fácil adivinar sus horarios, no es la primera vez que quiero ir y me encuentro con la puerta cerrada. Lo cual no mola nada.

Su menú del día cuesta 10€ (11 si de postre eliges tarta), incluye primero, segundo, agua, postre y cafe… Completo y variado… Este día había de primeros: gazpacho, ensalada variada, crema de verduras, puding de hortalizas y alegría de legumbre y cereal. Y de segundos: croquetas de champiñón, tofu ecológico con berenjena, paella de verduras, tofu ecológico a la plancha y plato granero… Por falta de opciones y de tofu no sería.

Nosotros pedimos un pudin de hortalizas, con muchas hortalizas, un poco moreno de más y acompañado de una crema fría de calabaza con un regusto a vinagre que no nos convenció en absoluto… Y una alegría de legumbres y cereales que resultó ser un plato con quinoa (esa cosa que parecen pepitas de pimiento), pesto de perejil y frijoles, sorprendente y muy rico. Eso sí, excesivamente abundante.

Los segundos fueron unas croquetas de champiñón super super ricas y muy rellenas y un plato granero, quizá el momento conejo de la comida, un plato combinado con zanahoria y calabacín crudo rallado, unas lentejas guisadas en el centro del plato, dos aros de cebolla caseros ricos ricos, y un poco de arroz integral. Es cierto que después del hiperabundante primero ya no tenia demasiado hambre pero, en todo caso aquel mix alimentaba, no daba cargo de conciencia pero no tenía encanto ninguno.

El flan de manzana estaba muy rico, sabía bastante a canela lo que para los caneleros, entre los cuales me incluyo es garantía de éxito, y el batido de fruta resultó ser un potito de kiwi servido en esas copas chatas en las que bebían champán nuestras abuelas que solo te lo tomabas bajo la promesa de las vitaminas.

El sitio es correcto, la comida… Si eliges bien tiene cosas muy ricas y si eliges regular te da para comer sano y bastante bien de precio en el centro de Madrid. No es un milagro y la comida vegetariana da para más eso hace que se lleven medio limón pero la lima, no se la quita nadie.


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VI-COOL… Estrella Michelín a precio de bolsillo (Madrid)

Hoy en de Lima a Limón nos ponemos pijos y nos vamos a probar uno de los múltiples locales del polémico y estrellado (Michelineramente hablando) Sergi Arola. En concreto, nos acercamos a la madrileña calle de Huertas a su local de «bajo coste» el Vi-cool.

Sergi Arola es un tipo peculiar, de esos que no dejan indiferente a nadie, alumno de los mejores magos de la gastronomía, sin problemas de autoestima, con problemas con Hacienda y hasta protagonista de un grupo de Facebook bajo el título «yo tampoco me creo que Sergi Arola compre en el LIDL» y es que eso de que la calidad no es cara… Convence a unos mas que a otros, sobre todo viendo los precios de algunos de sus restaurantes.

Pero volvamos al vi (de vino) cool (de super guay que te mueres)… el local es mini y es mejor reservar, la decoradora hizo un muy buen trabajo, el sitio es una chulada, sencillo, unas seis mesas en linea, un banco corrido una barra que invita a que te sientes y un cocinero que está detrás de ella preparando en directo los platos fríos. Los calientes salen de la cocina que está en el piso de arriba.

De lunes a viernes tienen un menú del día que anda por los 12 euros, primero y segundo, abundante y aparente. La gente rebañaba el plato así que tenía que estar bueno. Además de la opción de carta tienen un punto intermedio, el «tapas menú» con el que por 20€ pruebas 5 tapas con las que se come de sobra y postre… No pudimos resistirnos y la experiencia valió la pena.

Hay que reconocer que estos sitios están llenos de detalles, desde la carta de vinos ( que es literalmente una carta) a los camareros que consiguen ser atentos de una forma extraña entre tímida y encantadora.

El menú era un carpaccio de champiñones portobello con parmesano y piñones super, super rico. Una berenjenas ahumadas que no tenían nada pero de las que te podrías comer un caldero y el plato estrella …

Las famosas patatas bravas tiene bemoles que uno de los platos con mas fama de un superchef sean unas patatas pero hay que reconocerle que en mi vida he probado cosa igual! Son suaves por dentro, crujientes por fuera, salsosas pero no empachosas, fritas pero no grasientas… La verdad es que solo por probarlas ya vale la pena ir al local.

De platos un poco más fuertes nos dieron unas albóndigas con chimichurri en fondue de queso de cabra… Donde el queso le quedaba fenomenal pero con el chimichurri se pasaron y unas alitas de pollo con mojo picón de las que solo nos faltó comernos los huesos.

El postre eran unas frutas de temporada picaditas con una fondue de chocolate negro… Muy para mojar y remojar todo.

Ya sabéis cual es nuestra teoría, hay que probar de todo. En muchos de los estrellas michelín les acaba pudiendo la tontería, en otros muchos, sin embargo, consigues redescubrir cosas tan simples como una patata brava con menús asequibles para mortales… Y eso mola mucho. Además de comer bien, te llevas una experiencia eso se merece dos limas y media.

 

VI COOL:  Calle Huertas 12, Madrid

http://www.vi-cool.com

 


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LA LLAMA… el rey de los desayunos contundentes (Madrid)

Dicen los sabios que hay que desayunar como un rey, almorzar como un príncipe y cenar como un mendigo… Los limones somos seres bien mandados.. así que les hemos hecho caso, y hemos creado una nueva sección: desayunos de categoría.

El sitio al que hoy os llevamos sirve para todo, podéis desayunar, tomar el aperitivo, comer de menú… sólo tiene un requisito, vayas a lo que vayas, vete con hambre, esta gente no entiende de raciones pequeñas. Hablamos de La Llama, con la excusa de que pilla cerca de mi trabajo, al menos una vez a la semana, nos dejamos caer por ahí a la hora del desayuno y está asumido que ese día ya no se come más hasta la noche.

El lugar es un clásico, viejuno, con espejos revenidos, siempre abarrotado y con el suelo lleno de servilletas. Es un sitio al que se va por la comida y todo lo demás no importa. El dueño habita detrás de la barra y su mujer es quien atiende las mesas. Es un terremoto, vive con un stress que parece que no va a llegar hasta el año que viene, pero llega.  Al final os acabáis encariñando con ella, os lo digo yo!

Lacón con patatas y pimientos

La comida es exagerada, su especialidad es el cerdo en todas sus versiones… aunque nunca olvidaré el primer día que me llevaron allí mis compañeros y pidieron una ración (gigante) de sepia a la plancha con alioli… sí, para desayunar. Buenísima, pero no pude probar bocado hasta el día siguiente.  Los miércoles es el día grande de la casa, hacen lacón, lacones más bien, les sale extraordinariamente bien, jugoso, en su punto de sal. Una ración con patatas y pimientos para tres  e, incluso, para cuatro sale a euro y poco por cabeza.

Tienen raciones de mil cosas más, salchichas frescas, la famosa sepia… pero su punto fuerte son los bocatas: hay tres tamaños, la pulga (Que sería un bocadillo normal en cualquier otro sitio), el montado que, aproximadamente es media barra y el bocadillo cuyas medidas se escapan de mis entendederas. Muy rellenos no.. lo siguiente. Las fotos dan cuenta del recado. Cada pulga, 1,50€.

La Llama lo ha resistido todo, ha sabido cautivar a estudiantes, abuelas… personas con traje y con mono de trabajo. Todos los días está lleno y, aunque el café no os lo recomiendo y tanto stress no hace que den el mejor servicio del mundo, los desayunos que sirven se merece una lima y media.

LA LLAMA: Reina Victoria 37, Madrid


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TIERRA… de burritos (Madrid)

Aunque nos encantaría poner tierra de por medio y pegar un salto al otro lado del charco hoy nos conformamos con comer unos buenos burritos en tierras madrileñas, lo cual, dicho sea de paso, tampoco está falto de mérito.

Con los burritos la polémica está servida, según la sherpa que nos enseñó el local (estadounidense ella) la comida era californiana… según nuestra mexicana de referencia, los burritos californianos no existen..  por aquello de llegar a un punto de encuentro diremos que se trata de comida Tex-Mex o en traducción a pijolenguaje «fusión». Sea lo que fuere y sin entrar en disputas partidistas, lo cierto es que los burritos están de fábula, no están nada mal de precio y se merecen un hueco en nuestra agenda limonera.

El Tierra está en Guzman el Bueno, es un local super chiquitillo con un aire sureño y ecológico donde se comenta que alguna vez se vio un cliente que hablaba español. Pero no os engañéis.. no son turistas, son expatriados (parece que todavía conservamos alguno :P) lo que hace que el sitio incluso gane más puntos y la experiencia sea más enriquecedora.

Elegir la comida lleva su proceso, sobre todo, cuando no te lo explican y los que llevas delante son todos unos profesionales.. pero también tiene su gracia. Es un formato americano de mostradores, salvo el guacamole y alguno más todo lo que le eches está incluído… tú eliges entre: Burritos, Nachos, Tacos o Desnudos (lo que viene a ser en plato) y te quedas en la primera etapa… la CONTUNDENTE. En la etapa contundente puedes elegir entre carnitas (Que están bueníiiiisimas), pollo, barbacoa, steak (leído esteic que no estic que suena a palito, rabito… colita y no creo que sea lo que queramos comer), después le añades frijoles, arroz y alguna verdura.

Pasamos a la segunda etapa.. el aderezo: Pico de Gallo, Sour Cream, Queso, Maíz, Lechuga, Salsa Jalapeño, Salsa Chili, Salsa Tierra, Salsa 666 o Salsa de Queso. Las salsas van de más picantes a menos.. no os cortéis y preguntad. y otro consejo, dadle duro a la crema agria, le queda de fábula.

Te lo enrollan todo con un montón de arte en papel albal, lo meten en una cestita y listo para que te embadurnes. Recuerda no ir a comer a este sitio si luego tienes una cita importante… no tiene por qué pasar nada, pero es mejor no arriesgarse, nuestra sociedad el momento lamparón todavía no lo tiene interiorizado.

El burrito es super sabroso y llena, cuesta 5,95€ y con uno te da para comer más que de sobra… si vais tres y os sentís fuertes podéis compartir unos nachos que tenían una pinta francamente buena. Y siguiendo con el formato americano, la bebida es Free Refill, vaya que puedes rellenarla tantas veces como quieras, eso sí, salvo que vayas con mucha sed es un poco cara, 2,50€.

En fin, que ya tenéis una excusa menos para acabar en el McDonnalds… comida sana, rica, económica, contundente, diferente y donde además, tienes la sensación de estar en otro país. En resumen, un lugar de una generosa lima.


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EL BICHOBOLA… una casa de comidas peculiar (Madrid)

La madrileña zona de Nuevos Ministerios es un filón gastronómico que reluce a la hora de la comida cuando las ocho mil opciones disponibles se llenan de trabajadores a la caza del mejor menú del día. Ya hemos hablado aquí de unas cuantas opciones italianas (Il pastaio y el Non solo caffe) hoy buscamos algo diferente y encontramos el Bichobola.

El bichobola es un curioso animalillo, que suele habitar debajo de las macetas, con la curiosa capacidad de hacerse una bolita cada vez que observa un peligro… no sabemos muy bien qué ha llevado a estos chicos a ponerle el nombre de este insecto (no demasiado popular, que no poco conocido) a su restaurante. En todo caso, si olvidamos aquellos episodios donde levantando una maceta encontrábamos un submundo y echábamos a correr, el nombre puede resultar incluso simpático.

El local es pequeñito y tiene el problema que comparten casi todos los locales pequeñitos, las mesas están demasiado juntas y la intimidad escasea (incluso una mínima discreción también), en todo caso el sitio es bonito, cuco. En verano tienen unas cuatro mesitas en la calle y aunque Ríos Rosas tiene tanto tráfico que no la hace ser la calle más apetitosa del mundo, la posibilidad de comer en terraza siempre es buena cosa.

De lunes a viernes tienen menú del día y los fines de semana y las noches sacan a relucir una carta llena de cosas con muy pero que muy buena pinta. Hay de todo, pastela de rabo de vaca, Bacalao confitado, ensaladas, Croquetas de prigá y trufa… Platos hechos con un montón de imaginación mezclando platos de toda la vida y dándoles un toque. Los precios van desde los 7€ a los 15€ del plato más caro.

El menú cuesta 13€ y para ir de vez en cuando y salir de la rutina es una opción más que recomendable. De primeros había una ensalada de manzana que no pudo competir con las otras dos opciones, unos fideos (negros no negros) con sepia y gambas. Super ricos, hechos con cabello de ángel, muy sabrosos y con una ración que casi rozaba la cantidad de plato único y una crema fría de calabacín y queso philadelphia que estaba buenísima, suave, fresquita.. y con esa cosa que muy pocas cremas consiguen: estaba rica desde la primera a la última cucharada, uno de los problemas más habituales de estas cosas es que la primera cucharada te fascina, la segunda te encanta… y terminas comiéndote media barra de pan para compensar el empalague y deseando que en vez de un cuenco hubiera venido en vaso de chupito.

Los segundos no se quedaron atrás, descartamos los huevos fritos en alboronia con lomo adobado, y nos tiramos de cabeza al bonito a la provenzal que tenía un punto entre escabechado y con salsa tártara, acompañado de un puré de tono verdoso delicioso y la sorpresa del día calabacín crudo (todo un descubrimiento) el otro segundo fue un pollo al curry rojo, en su punto perfecto de picante, con saborcillo a comino y acompañado de arroz blanco. Buenísimo!

De postre tomamos unas picotas (bendita temporada) y una cuajada con miel. Es cierto que tengo debilidad por este tipo de comidan donde el cocinero va más allá de la receta tradicional pero sin caer en la trampa de las deconstrucciones y la comida de bocado, pero también es cierto que, objetivamente, la comida estaba deliciosa, la gente esperando para poder coger mesa parecían dar también fe de ello. Por eso, les damos las dos limas en la categoría de menú.

BICHOBOLA: Ríos Rosas, 45. Madrid.

http://bichobola.es


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CHOCOLAT BAR… En busca del buen chocolate (Madrid)

Vuelven los días grises y lluviosos, toca sacar las catiuscas del armario… Ir pensando en desempolvar los plumíferos e ir haciéndose a la idea de que las facturas por la calefacción van a volver a dispararse… Sin embargo, también vuelven algunas cosas buenas como el momento «peli y manta» con lluvia de fondo, los buenos cocidacos y, como no, el chocolate con churros!

Madrid es un lugar con mucha tradición chocolatera, tanto es así que tienen su propia versión de los churros, las porras. Hoy en día, es raro encontrar a alguien que no conozca las porras… Pero sorprendentemente todavía queda gente que puede fascinarse por primera vez con esta versión «manporrera» y algo más aceitosa de los churros, para ellos, no hay excusa.

Encontrar un buen chocolate no es tarea fácil, hace ya tiempo que los chocolates instantáneos de polvos sin sabor y con mucho espesante nos invadieron .. Atrás queda el recuerdo de la abuela rallando las onzas de chocolate para que se pudieran disolver… Sin embargo, tomar un buen chocolate no es imposible y hoy os hablamos de ellos.

San Ginés es uno de los más clásicos, es apto para todos los públicos, aparece en Luces de Bohemia de Valle Inclán y tiene sus paredes llenas de fotos con personajes famosos. Si no te tira ni el punto novelesco ni el del famoseo siempre puedes ir a tomar un buen chocolate con unas magníficas porras.

Hoy nos salimos de la estricta tradición y exploramos nuevos horizontes… Nos vamos al Chocolat Bar, un pasillo ancho escondido en el barrio de las Letras. El chocolate es incluso más rico que el San Ginés y, aunque los camareros no lleven chalecos blancos… Casi que a nosotros nos gusta más.

Cuando llegas te acercan una bandeja enorme llena de pastas para que elijas, están realmente buenas. El chocolate es un tazón inmenso y las raciones de churros y porras recién hechas no se quedan atrás… Id con mucho hambre y dispuestos a no volver a comer en, al menos 12 horas. Eso, o bien optad por la opción razonable y pedid una ración para dos.

El café con churros vale 2,70€ y el chocolate 1 euro más. No puede decirse que sea barato pero como nuestro médico sólo nos lo va a permitir un par de veces al año… Podremos pagarlo, disfrutarlo e incluso darles una lima y media.

http://www.chocolatmadrid.com/

CHOCOLAT BAR: C/Santa María 30, Madrid


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ESCAPADA LIMONERA: Destino Illa de Ons.

Una de las cosas que hay que hacer, al menos una vez en la vida, es visitar el Parque Nacional de Illas Atlánticas, un paraíso escondido en la Costa Gallega. Su estandarte son las islas Cíes, todo lo que pueda decir sobre ellas es poco y, además, va a sonar a amor de hija pero las fotos hablan por sí solas y creedme cuando os digo que su grandeza va mucho más allá de tener la mejor playa del mundo según The Guardian. Pero el Parque no se acaba ahí, Cortegada y Sálvora son dos muy buenas opciones, quizá algo menos espectaculares pero también menos concurridas.

Ons

Hoy nos acercamos hasta la cuarta isla en cuestión, Ons, en la Ría de Pontevedra. Una isla peculiar porque a diferencia de las Cies está habitada, ahora viven unas 80 personas, pero han llegado a vivir allí más de 500 personas, un pueblo en toda regla, vaya. Sus habitantes tuvieron algún que otro problema cuando declararon a su Isla Parque Nacional, pero después de unas cuantas luchas, lograron que se les reconociera como autóctonos y se les permitiera vivir allí. Esto ha hecho que la oferta gastronómica sea mucho mayor que en otras islas y que exista una muy buena alternativa al bocata y la maldición de cargar con la nevera de playa y la ensaladilla.

Llegar a la Isla es fácil aunque no demasiado barato, el barco cuesta unos 14€ por persona ida y vuelta, se puede ir desde Vigo, Bueu y, en algunos casos, desde Portonovo y hay varias navieras que lo hacen, con lo cual los horarios son bastante amplios. Los barcos son estables así que, en principio y biodraminas mediante, nadie tendrá problema con marearse.

Una vez en la isla, lo suyo es hacer alguna de las rutas de senderismo que nos proponen, están super bien señalizadas y se adaptan a todos los estilos. Las vistas son espectaculares.. y aquí viene la maldición de la nevera. Nada como la comida casera pero cargar con la nevera durante toda la excursión puede acabar con los brazos de los más forzudos y hacer que la excursión no se disfrute como es debido.

A la hora de comer tenemos unas cuantas opciones, lo más típico es el pulpo, en esta zona se hace, además de «a feira» en caldeirada, que es un guisillo con ajada realmente recomendable. Sólo tiene una pega, un verano en Galicia puede lograr que te acaben por salir tentáculos.

Después de hacer nuestras investigaciones, ver los menús que ofrecían y los platos que se comía la gente seguimos la recomendación que nos hicieron y fuimos al Chencho. Un restaurante enorme, con una inmensa terraza con unas vistas de infarto, muchísimas mesas, una cocina a la vista más grande aún, una cola respetable y unos camareros tremendamente sobrepasados pero que al final valía la pena.

La carta era mínima y los precios bastante razonables considerando que se enfrentaban a un público cautivo… Después de más de 40 minutos esperando y viendo pasar raciones de empanada nos olvidamos del hambre y lo único que queríamos era poder sentarnos antes de que se les acabasen las raciones… Era una empanada de zamburiñas con pan de maíz, un manjar de dioses que nunca ha trascendido de las fronteras gallega. Según nos contó la dueña la hacen allí mismo y cada día sacan unas 15 empanadas del tamaño de la mesa donde comíamos.. unos 20 m2 de empanada y sin necesidad de un juez de Guinness por allí correteando!

Las almejas a la marinera estaban buenísimas, una ración muy abundante de almeja fina por 10€. Los pimientos de padrón nunca llegaron pero tampoco los echamos de menos… Lo que no se hubiera echado de más sería un camarero extra, al menos para las horas puntas hubo momentos donde aquello era una maratón de paciencia.

Y por último pedimos una ración de lubina salvaje, error, era un bicho espectacular con rodajas del tamaño de un salmón pero al que no supieron sacarle todo su partido, a esos pescados no les hace falta ajo y no se les puede carbonizar la carne, es pecado!… Pero fue fallo nuestro, con unas navajas o una buena ración de pulpo habríamos comido como unos marqueses y por mucho que la ofrecieran, no era un restaurante de delicatessen.

Todo ello con botella de vino tintorro bendecido con gaseosa y empanada de manzana de postre 20€ por cabeza un precio más que razonable. Faltó un poco la atención y sobró un buen rato de espera eso les resta medio limón, pero lo cierto es que, se ganan las dos limas.

Es verdad que hay que sumar el barco y es dinero, pero también creo que es algo que, junto con las Cíes (Estas sí que con bocata) hay que visitar al menos una vez en la vida. Vivimos rodeados de sitios increíbles pero, por alguna razón siempre le damos más valor a las cosas de fuera. Va siendo hora de que abramos los ojos, aunque sea con palillos!


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VICTORIA… Comida china con un toque (Madrid)

Hace unos meses hablábamos del WEI, un chino diferente , hoy nos movemos de nuestros barrios habituales y nos vamos al lugar donde San Blás pierde su buen nombre y empieza al barrio de las Rosas a probar uno de los chinos más famosos de mi trabajo. Uno de esos lugares que de tanto hablar bien de ellos se han ido extendiendo y han acabado siendo un punto de reunión, incluso, los domingos.

Aprovechando que era uno de esos pocos días sin prisa, nos hemos escapado para comprobar si su fama es merecida. Fuimos en coche, pero la verdad es que la línea 2 de metro te deja en la puerta y desde Sol no se tardan más de 25 minutos.

Es un chino diferente, olvidaos de los leones de metal y los farolillos rojos colgados en la puerta. Parece ser que han abierto varios, este es el primero, un local enorme (que se llena), decorado de una forma muy sencilla y bastante elegante, con cuadros de flores en las paredes, caminos de mesa y un montón de ventanales que le dan muchísima luz. Los camareros son super atentos y la dueña es un sol de mujer que corretea entre las mesas reconociendo y saludando a los clientes habituales.

Dispuestos a probar todo lo probable elegimos dos menús (uno A de 7,95€ y uno B de 10,50€) cada uno de ellos son cuatro platos a elegir, bebida y postre… la variedad hace que te puedas volver loco, pero también que puedas escapar del clásico de los tallarines, el arroz frito y el rollito de primavera.

En todo caso, caer en la tentación del rollo de primavera no es mala idea, es el primero que como al que se le nota el repollo y la carne. Las bolsitas de queso y cangrejo estaban muy buenas, aunque la masa era frita no estaban aceitosas y la crema de queso fundido le daba un toque sorprendente, por desgracia y aunque tampoco esperábamos nada diferente… lo que llamaban cangrejo eran palitos. Para rematar el menú A, pedimos arroz frito para acompañar un pollo agridulce que no defraudó, pese al rebozado en forma de caparazón que llevan estos platos, el pollo era pechuga y la salsa estaba buenísima.

Del menú B pedimos la ensalada de espinacas, que nos sorprendió mucho, las hojas estaban crujientes (era como si les hubieran dado un susto en una freidora) y la salsa le daba un toque acido y dulce a la vez. El californian maki estaba bien hecho, aunque era lo que era… arroz con palitos de cangrejo y aguacate. Las empanadillas vietnamitas nos encantaron, suponemos que estaban rellenas de cerdo (aquí no era como en el rollito) y mojadas en soja ganaban mucho… y por último, aunque ya no podíamos con nada más, láminas crujientes de buey con salsa de naranja, qué rico! y qué pena no haber llegado con un poco más de hambre para disfrutarlo más.

Del helado de limón no nos salvo nadie, y ayudó a desengrasar la comida, que aunque nos encantó abusaba bastante de los fritos… Definitivamente la fama es merecida, es un chino que vale mucho la pena, donde en ningún momento dudas que lo que tenga en el plato sea rata (mayor miedo, a veces oculto otras publico, de quienes rechazan la comida china), por todo ello, se merece una lima y media.

VICTORIA: Avda. de Guadalajara, 36. Las Rosas, Madrid.