De Lima a Limón

Crítica – cítrica


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LA LLAMA… el rey de los desayunos contundentes (Madrid)

Dicen los sabios que hay que desayunar como un rey, almorzar como un príncipe y cenar como un mendigo… Los limones somos seres bien mandados.. así que les hemos hecho caso, y hemos creado una nueva sección: desayunos de categoría.

El sitio al que hoy os llevamos sirve para todo, podéis desayunar, tomar el aperitivo, comer de menú… sólo tiene un requisito, vayas a lo que vayas, vete con hambre, esta gente no entiende de raciones pequeñas. Hablamos de La Llama, con la excusa de que pilla cerca de mi trabajo, al menos una vez a la semana, nos dejamos caer por ahí a la hora del desayuno y está asumido que ese día ya no se come más hasta la noche.

El lugar es un clásico, viejuno, con espejos revenidos, siempre abarrotado y con el suelo lleno de servilletas. Es un sitio al que se va por la comida y todo lo demás no importa. El dueño habita detrás de la barra y su mujer es quien atiende las mesas. Es un terremoto, vive con un stress que parece que no va a llegar hasta el año que viene, pero llega.  Al final os acabáis encariñando con ella, os lo digo yo!

Lacón con patatas y pimientos

La comida es exagerada, su especialidad es el cerdo en todas sus versiones… aunque nunca olvidaré el primer día que me llevaron allí mis compañeros y pidieron una ración (gigante) de sepia a la plancha con alioli… sí, para desayunar. Buenísima, pero no pude probar bocado hasta el día siguiente.  Los miércoles es el día grande de la casa, hacen lacón, lacones más bien, les sale extraordinariamente bien, jugoso, en su punto de sal. Una ración con patatas y pimientos para tres  e, incluso, para cuatro sale a euro y poco por cabeza.

Tienen raciones de mil cosas más, salchichas frescas, la famosa sepia… pero su punto fuerte son los bocatas: hay tres tamaños, la pulga (Que sería un bocadillo normal en cualquier otro sitio), el montado que, aproximadamente es media barra y el bocadillo cuyas medidas se escapan de mis entendederas. Muy rellenos no.. lo siguiente. Las fotos dan cuenta del recado. Cada pulga, 1,50€.

La Llama lo ha resistido todo, ha sabido cautivar a estudiantes, abuelas… personas con traje y con mono de trabajo. Todos los días está lleno y, aunque el café no os lo recomiendo y tanto stress no hace que den el mejor servicio del mundo, los desayunos que sirven se merece una lima y media.

LA LLAMA: Reina Victoria 37, Madrid


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Escapada limonera… Destino Ávila.

Ávila, además de contar con una de las murallas medievales mejor conservadas de España, cuenta con fama de tener los mejores chuletones de ternera del país. Sin embargo, poca gente sabe que esta capital castellana tiene muchísima tradición de tapeo. Hoy nos vamos de escapada y os contamos las dos mejores maneras de comerse Ávila.

Los fines de semana a eso de las 12:30 y hasta las 15h los abulenses tienen una gran costumbre de “ir de tapas” por Ávila.  En muchos de los bares y restaurantes de la zona central (dentro de la muralla), puedes pedir una caña o vino con tapa por unos 2€, si recorres un par de ellos…has comido!

Una de las tapas más típicas, ricas y contundentes son las “patatas revolconas”, una especie de puré de patata con ajo y pimentón salpicado con unos unos ricos y grasientos “torreznos”. También puedes encontrarte con sitios como el “Alavirulé” , lugares con una decoración más vintage y moderna, donde tienen tapas desde 0,8€ como las revolconasa 3 euros como las hamburguesas de Avileño Alavirulé o “Anchoas de Santoña con tomate Cherryque estaban muy ricas .

Seguramente, después de haber salido de tapas no tengas el cuerpo para meterte un chuletón entre capa y espada pero siempre es una buena opción de la que nos habla Enma López.

Mucha gente se desplaza a Ávila para comerse un buen chuletón, esto ha hecho que muchos restaurantes creasen menús “Turísticos” donde desde 15 hasta 40€ por persona te ofrecen sopa castellana y patatas revolconas y unos chuletones de calidad variable. No tienen por qué ser una mala opción pero nosotros nos decantamos por ir a tiro fijo… y visitamos un viejo conocido, el Rastro. Primero, chuletón y bebida sale a algo más de 30 euros por cabeza, ocasión especial sin duda… pero que merece la pena.

Los chuletones pesan algo más de medio kilo, es preferible pedirlos poco hechos o te arriesgas a que los camareros te miren mal y, lo que es más grave, a que la carne se seque. Cualquier humano con dos dedos de frente os diría que con uno por pareja es suficiente, pero cuando uno se va a comer un chuletón… debe enfrentarse al trozo de carne en soledad y contra las tradiciones no hay que pelear.

Ir a Ávila es siempre una buena opción, es una ciudad pequeña, manejable y habitable, a la que puedes escaparte, cercana a Madrid y con una cultura gastronómica más que apetecible. Dos limas para el destino y lima y media para el Alavirulé.

AlaVirulé : Calle San Segundo, 40 Avila.

www.avila-alavirule.es

 EL RASTRO: Calle Rastro 1, Ávila. 

http://www.elrastroavila.com/sec-meson


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VICTORIA… Comida china con un toque (Madrid)

Hace unos meses hablábamos del WEI, un chino diferente , hoy nos movemos de nuestros barrios habituales y nos vamos al lugar donde San Blás pierde su buen nombre y empieza al barrio de las Rosas a probar uno de los chinos más famosos de mi trabajo. Uno de esos lugares que de tanto hablar bien de ellos se han ido extendiendo y han acabado siendo un punto de reunión, incluso, los domingos.

Aprovechando que era uno de esos pocos días sin prisa, nos hemos escapado para comprobar si su fama es merecida. Fuimos en coche, pero la verdad es que la línea 2 de metro te deja en la puerta y desde Sol no se tardan más de 25 minutos.

Es un chino diferente, olvidaos de los leones de metal y los farolillos rojos colgados en la puerta. Parece ser que han abierto varios, este es el primero, un local enorme (que se llena), decorado de una forma muy sencilla y bastante elegante, con cuadros de flores en las paredes, caminos de mesa y un montón de ventanales que le dan muchísima luz. Los camareros son super atentos y la dueña es un sol de mujer que corretea entre las mesas reconociendo y saludando a los clientes habituales.

Dispuestos a probar todo lo probable elegimos dos menús (uno A de 7,95€ y uno B de 10,50€) cada uno de ellos son cuatro platos a elegir, bebida y postre… la variedad hace que te puedas volver loco, pero también que puedas escapar del clásico de los tallarines, el arroz frito y el rollito de primavera.

En todo caso, caer en la tentación del rollo de primavera no es mala idea, es el primero que como al que se le nota el repollo y la carne. Las bolsitas de queso y cangrejo estaban muy buenas, aunque la masa era frita no estaban aceitosas y la crema de queso fundido le daba un toque sorprendente, por desgracia y aunque tampoco esperábamos nada diferente… lo que llamaban cangrejo eran palitos. Para rematar el menú A, pedimos arroz frito para acompañar un pollo agridulce que no defraudó, pese al rebozado en forma de caparazón que llevan estos platos, el pollo era pechuga y la salsa estaba buenísima.

Del menú B pedimos la ensalada de espinacas, que nos sorprendió mucho, las hojas estaban crujientes (era como si les hubieran dado un susto en una freidora) y la salsa le daba un toque acido y dulce a la vez. El californian maki estaba bien hecho, aunque era lo que era… arroz con palitos de cangrejo y aguacate. Las empanadillas vietnamitas nos encantaron, suponemos que estaban rellenas de cerdo (aquí no era como en el rollito) y mojadas en soja ganaban mucho… y por último, aunque ya no podíamos con nada más, láminas crujientes de buey con salsa de naranja, qué rico! y qué pena no haber llegado con un poco más de hambre para disfrutarlo más.

Del helado de limón no nos salvo nadie, y ayudó a desengrasar la comida, que aunque nos encantó abusaba bastante de los fritos… Definitivamente la fama es merecida, es un chino que vale mucho la pena, donde en ningún momento dudas que lo que tenga en el plato sea rata (mayor miedo, a veces oculto otras publico, de quienes rechazan la comida china), por todo ello, se merece una lima y media.

VICTORIA: Avda. de Guadalajara, 36. Las Rosas, Madrid.


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EL CHURRIÓN… de pinchos y vinos en Maluenda

La vendimia está empapada por las lluvias continuas; aunque quieras, tabernero, no puedes vender vino puro . Marco Valerio Marcial, poeta bilbilitano del s. I y especialista en vinos.

Cuando naces en tierra de vinos, pronto notas por el color y el sabor si un vino es bueno, malo o regular y si merece la pena colorear la gaseosa para comer, beberlo con cuidado y mimo o servirlo como aliño en la ensalada. Hoy nos desplazamos a Maluenda, a 7 kms de Calatayud dirección Teruel, corazón de la Denominación de Origen ‘Calatayud’, en el oeste de Aragón para visitar uno de los bares con más solera del Bajo Jiloca.

Como le ocurría a mi paisano Marcial hace tan sólo dos milenios, que se quejaba de que en Roma, solamente le servían vino aguado, a un servidor de ustedes le pasa lo mismo cuando se encuentra en la villa y corte y es que el vino debe tener el color y el sabor de la sangre, ser espeso y sabroso, con más graduación que menos, y con al menos cincuenta años de cepa vieja de garnacha, para que, acompañado de sus correspondientes pinchos, llegues a casa sin gana ninguna.

En esta comarca crecen variedades de uva de todo tipo rosados claretes, blancos macabeos y tintos que se traducen en  Baltasar Gracián (Miedes de Aragón), ‘Langa’ (Calatayud), ‘Armantes’ (Cervera de la Cañada) o el ‘Castillo de Maluenda’ (Maluenda). Una visita obligada para conocer más sobre todos estos productos es el Museo de la Denominación de Origen situado dentro del mismísimo Parque Natural del Monasterio de Piedra, visita obligada en esta zona.

Y si hablamos de pinchos en Maluenda eso siempre ha sido cosa de churriones. Hace cinco décadas ya existían dos tabernas regentadas por María la Churriona y su hermano José el Churrión que se especializaron en pinchos de vinagretas: pepinillos, cebolletas, olivas y guindillas con todas sus variantes y añadidos anchoas, boquerones, pimientos asados, atún o huevo duro, siempre cogidos con un palillo y siempre en bandejas en la misma barra, para que el que va de pinchos pueda coger el que guste sin preguntar. Hoy habría que añadirles los pequeños bocadillos de jamón o de sobrasada y los pinchos de queso untado o jamón batido (jamón muy picado con mayonesa) y ya tendríamos el surtido completo.

Tras un par de años cerrado, este mismo mes abrió la cafetería-panadería El Churrión en la Plaza Alta de Maluenda, con un nuevo local reformado adaptado para carritos y sillas de ruedas, con los pinchos de siempre y ahora como novedad con horno de pan (con distintos tipos de pan) y algo de repostería (aunque no mucha) y terraza en la plaza.

El precio es barato, un par de cañas o vinos tintos y cinco pinchos a gusto por 7 euros  sales más que servido. Le otorgaría lima y media por la calidad del producto y el precio. Le fallaría que no tiene menú del día y que con los pinchos, si no vas bien acompañado y hay buena conversación, se acaba muy pronto. Aunque como dijo una vez nuestro también paisano bilbilitano el filósofo y escritor Baltasar Gracián: Lo bueno si breve, dos veces bueno y lo malo si breve, menos malo.

Consejo Embidioso: Si vas a Calatayud, NO preguntes por la Dolores. Están hasta los mismos.

Cafetería-Panadería El Churrión, Plaza Alta 2, 50340 Maluenda (Zaragoza)


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Escapada limonera… destino A Coruña.

La presentación del disco “Paradero Desconocido” de Quinito López Mourelle en el Museo de Arte Contemporáneo (MAC) nos dio la excusa perfecta para irnos de escapada hasta A Coruña, ciudad en la que el viento da la vuelta en Riazor y ya no viaja hacia el sur.

Siempre que vamos, es visita obligada subir hasta el Parque de San Pedro. Allí es donde pasamos la tarde del sábado. Está en el barrio de Los Rosales, el parque debe su nombre al monte que lo aloja. Es inmenso, tiene zona de merenderos con barbacoas, zonas dedicadas a los niños con columpios, un laberinto de estilo inglés hecho principalmente con setos , un observatorio (Cúpula Atlántica) que a su vez hace de sala de exposiciones,  césped, mucho césped para poder andar descalzos y unas vistas impresionantes de la ciudad. Cuando vayáis a La Coruña no os olvidéis de visitarlo.

Al día siguiente, después de asistir al magnífico concierto de Quinito y visitar la exposición de Larry Fink – Body and Soul (hasta el 15 de Septiembre), mi amiga María propuso ir hasta Culleredo para comer en una pizzería/hamburguesería un tanto peculiar. Y hasta allí nos fuimos.

Galipizza es un restaurante con muy buen ambiente, acogedor y con muchos detalles decorativos que llaman la atención. Uno de ellos es que han utilizado una báscula, de las que antiguamente había en los ultramarinos, para ubicar los grifos de cerveza de barril. Otro detalle, para identificar las puertas de los baños, han puesto un vinilo del billete de cien pesetas (el que tenía el rostro de Manuel de Falla) para los chicos y otro vinilo, esta vez el de quinientas pesetas (con el rostro de Rosalía de Castro) para el de chicas.

Hay una zona del restaurante que está acondicionada como un vagón de tranvía. Ahí es donde comimos y desde donde observas todo el trajín del comedor principal.

Bueno, a lo que vamos. ¿Por qué Galipizza es una pizzería a la que deberíamos ir?

Su carta (además de comida mejicana, tapas, ensaladas, pasta…) contempla más de 20 variedades de pizza. Están las básicas (Margarita, Cuatro Estaciones…) y las que no pueden faltar (Cuatro quesos, Romana, Vegetal…) pero las que realmente merecen la pena son sus pizzas con ingredientes  típicamente gallegos.

Tuvimos un verdadero dilema a la hora de decidirnos cual elegir. Personalmente me parecen muy buenas propuestas, sobre todo porque lo que pretenden es diferenciarse como pizzería/hamburguesería y ofrecer productos con ingredientes regionales y de muy buena calidad. Para que os hagáis una idea estas son algunas de sus propuestas:

  • Fogar de Breogán: salsa de tomate, queso de Arzúa, San Simón, O Cebreiro y queso de Tetilla (9,60 €)
  • Raxo con grelos: salsa de tomate, queso San Simón, raxo, panceta y grelos (11,10 €)
  • Ovos rotos con gambas: salsa de tomate, queso de San Simón, zorza, patatas y huevos (11,30 €)

Nosotros probamos dos y pedimos que nos la hicieran en una pizza grande, mitad y mitad. Una fue la de lacón con grelos y queso de Arzúa-Ulloa (6,80 €) y la otra la Xacobea con queso San Simón, espárragos, pimientos del piquillo, cecina, vieira y queso de O Cebreiro (7,00 €)

Ver llegar la pizza a la mesa fue todo un acontecimiento. Las hacen con masa artesana, con el grosor justo para que puedas coger la porción y no se te desparrame el queso. Bien horneada y con ingredientes rebosantes (para mi gusto, en exceso).

No me convenció la cecina en la Xacobea. Le da un regusto demasiado fuerte y los demás ingredientes quedan en un segundo plano. Sin embargo la de lacón con grelos la volvería a tomar o incluso la haría en casa para sorprender a algún incondicional de la comida italiana que conozco.

No pudimos salir de allí sin probar las hamburguesas gourmet, yo hubiese probado la platino de buey con 250 gr de carne, con crema de queso de cabra, cebolla caramelizada y pan de hamburguesa casero (7,50 €) pero ya no les quedaba así que la gourmet elegida fue una hecha con 250 gr. de ternera 100% gallega, queso San Simón, grelos,chorizo, pan casero y patatas (7,50 €). La carne estaba jugosa, hecha al punto y muy sabrosa. Los grelos no desentonan. Lo decepcionante fue ver como semejante hamburguesa venía acompañada con patatas  congeladas, en fin…

Como colofón pedimos dos helados italianos en cucurucho (2,20 € c/uno) y café pero hay que especificar que sea de pota para que te lo sirvan así de bien acompañado (aguardiente blanca, de hierbas, licor café y crema de orujo)

Pagamos 8 euros por persona, nos atendieron fenomenal, sus pizzas aparte de ser muy originales, son 100% gallegas, el servicio de cocina es rápido y los camareros están muy pendientes de que no falte nada. Tras la visita a la ciudad, el concierto, la exposición y la comida, no puedo menos que darle a la escapada una lima y media.

GALIPIZZA: c/ Alcalde Electo Carballo nº 22 – Culleredo

http://pizzbur.gl/


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IKURA… Japan Restaurant week Madrid

La semana pasada y dentro de las jornadas “Japan Restaurant Week” de las que se hizo eco hasta el Comidista , en la que ciertos restaurantes japoneses ofrecen menús degustación a precios razonables, nos animamos a disfrutar de un buen menú con el que deleitar a los sentidos de la siempre sorprendente comida japonesa.

Decidimos repetir en uno de mis restaurantes favoritos, de esos que como decimos siempre: “no son para todos los días, pero de vez en cuando hay que quererse un poco” y merece mucho la pena. Se trata del Ikura un sitio que ahora en verano es aún más apetecible por la amplia terraza que tienen en la puerta del local, que amplía el pequeño restaurante.

Elegimos el menú que tenían preparado dentro de las jornadas, con aperitivo, entrante, segundo y postre por 25€ por persona, aunque no estaban incluidas ni las bebidas ni el IVA, cosa que nos advirtió el camarero antes de pedir pero que tampoco subió demasiado la cuenta (unos 28€).

Empezamos con los aperitivos de Edamame (semillas de soja tiernas) y la Ensalada de Algas Wakame sin mucha emoción pero, al llegar a los entrantes y segundos, la explosión de sabores y texturas de los diferentes tipos de sushi nos cautivó. El Nigiri de Foie con Mango Caramelizado estaba tan espectacular como su nombre, el Gunkan y los Hosomakis eran sorprendentes por sus diferentes contrastes en cada bocado.

De los segundos, si me tuviera que quedar con alguno de los Uramakis, sería, sin dudarlo, con el de tartar de pez mantequilla con trufa, aunque los de anguila con crujiente, el de tartar de toro tostado y el Futomaki de salmón crujiente tampoco nos dejaron indiferentes.

Y para rematar una cena tan especial, mezclamos los 2 postres que traía el menú combinando la frescura cítrica del Helado de Té Verde con el denso, esponjoso y cremoso fondant de Chocolate.

Sinceramente, yo siempre que he buscado un restaurante japonés, he tratado de encontrar el equilibrio entre calidad y precio y el Ikura lo tiene. Aunque en esta visita si hay que poner algún “pero”, aunque sea pequeñito, fue que el arroz no nos pareció tan exquisito como en anteriores ocasiones (que no malo).

En resumen, una cena especial, con sabores sorprendentes, no cotidianos y que para mí son delicatessen se merecen una lima y media.


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CARLOS TARTIERE… Una de las mejores fabadas de Madrid, incluso en verano

Tras el fracaso de La Cantina hoy volvemos al gremio de los Asturianos de Madrid apostando sobre seguro. Vamos al Carlos Tartiere en la Calle Menorca donde sirven una de las mejores fabadas de Madrid y alrededores.

Es cierto que no es la mejor época del año para hablar de fabadas, aunque quien escribe sería capaz de comerla en medio del desierto a 70 grados, pero también es cierto que si hay un verano de cuchara… es este. Así que Oh amantes del calor del mundo, hagamos de la necesidad virtud y aprovechemos estos bajones repentinos de temperatura para saciar nuestra hambre cucharera.

Los dueños del local tienen dos restaurantes en la misma calle, uno más pijín el Couzapín con su mantel blanco y otro más de batalla, el Carlos Tartiere, con manteles de cuadros. Nosotras optamos por el segundo.

La carta es pequeña, con bastantes especialidades del día y por lo que vimos en los platos de los vecinos… con muy buen material fresco (mariscos y pescados) pero del segundo no había duda, habíamos ido a por la fabada y nadie nos iba a sacar de nuestro empeño.

Para abrir boca pedimos unos mejillones a la sidra, ricos, pequeñitos (algo bastante común este año después de tanta lluvia) y con una salsa bastante correcta. Mientras esperábamos nos pusieron un bollito preñao buenísimo y un muslillo de codorniz en tempura que no estaba mal.

Y llegó lo importante, la reina de las digestiones complicadas, la fabada (14€) que te sirven en fuente y con cucharón, con su morcilla, su chorizo y su buen tozo de panceta. Pese a ser una bomba, estaban super suaves… y tenían tanto sabor que explicaba la buena fama del lugar.

Para beber pedimos sidra natural. Los camareros son quienes se encargan de escarcearla utilizando un simpático aparejo que evitaba que todos nos pusiéramos perdidos, una especie de tubo de metro y pico de alto y ruedas que movían por todo el local.

Al postre no llegamos y salimos a unos 22 euros por cabeza, no es realmente económico, pero es un sitio que vale la pena. Lima y media para ellos.

http://www.restaurantecarlostartiere.com/

CARLOS TARTIERE: Calle Menorca 35, Madrid


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LUME DE CAROZO… un punto diferente en el Casco Vello (Vigo)

En De Lima a Limón seguimos con nuestra saga casi semanal de visitas al Casco Vello de Vigo. Esta vez aparecemos en el Lume de Carozo un lugar rehabilitado, con paredes de piedra y un techo tan alto que dio para poner unas escaleritas y crear un piso arriba.

La comida que ofrecen es una mezcla, entre tradicional de toda la vida (el raxo) y la cocina creativa de fusión, algo que, por suerte, va más allá de rociar el plato con reducción de vinagre de módena. Es un sitio perfecto para un picoteo en grupo, las raciones son abundantes, te da opción a probar muchas más cosas y la cuenta sale muy económica. Pero hoy probamos el menú.

El menú cuesta 9,50€, de lunes a jueves son dos primeros y dos segundos, los viernes es especial.. hacen un menú maridaje de cuatro platos con sus respectivos cuatro vinos donde la calidad de la comida baja un poco con respecto al resto de la semana pero no por ello deja de ser un plan perfecto para un viernes.

Juanjo, el dueño podría haber sido el protagonista de Shakespeare in love, es un tipo encantador, un pelín despistado pero de esos que pese a que el local lleva abierto poco tiempo tiene controlada a toda la clientela. Cuando te habla de los vinos se nota que le gusta.. y eso nos gusta. Por eso es mejor ponerse en la parte de abajo, aunque las mesas altas sean más incómodas. Por eso y porque a la parte de arriba es mejor ir sin prisa.

Este día había tosta de salmón ahumado, en pan bueno y rica, pero una tosta al fin y al cabo y revuelto de raxo, muy sabroso pero un pelín frío. Y de segundo, alitas de pollo con patatas, sabrosas, picantitas pero faltaba al menos una en el plato para ser una ración y solomillo Mr. Corn con ensalada y salsa de curry, que tenía un punto diferente y estaba muy muy rico.

De postre había una tarta de chocolate blanco con frutos rojos y fresas (tres) con chocolate. Las tartas del menú siempre son caseras y sorprendentes.. no siempre están deliciosas, pero hay que reconocerles el mérito de probar miles de recetas.

No les perdonaré nunca que sacaran de la carta los tacos de ternera deshebrada, eran sin duda lo más cítrico y mejor que tenían. Es cierto que creo que han bajado un poquito la calidad, pero aún con todo sigue siendo uno de mis sitios favoritos. Una apuesta que se merece la lima y media.

LUME DE CAROZO: Joaquín Yañez, 5 Vigo

http://www.lumedecarozo.com/


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A CURUXA… o cómo sentirse como en casa (Vigo)

Elegí esta taberna para hacer mi presentación inaugural en este blog por sus originales propuestas culinarias, la buena relación calidad-precio de su carta, su trato cordial hacia el cliente pero sobre todo, por su innata facilidad de hacerme sentir como en mi propia casa.

Lo podéis encontrar en Cesteiros nº 7, una de las calles más emblemáticas del Casco Vello de Vigo. El nombre de este callejón, rinde homenaje a los artesanos que en la década de los 40 se establecieron allí para abastecer de cestas, cestones y cestillos a todos los vendedores y pescantinas que rondaban el barrio vendiendo sus productos. Ellos eran quienes elaboraban las famosas patelas ( unas cestas amplias, planas, con forma cuadrada y con la base protegida con hojas de repollo para trasladar y, normalmente exponer, el pescado menudo: xoubiñas, chinchos, cariocas…)

A Taverna da Curuxa es un local tranquilo, con paredes de piedra vista, céntimos en sus juntas y una decoración muy sencilla. Cuando llegué, sutilmente, se escuchaba jazz. Por el mobiliario que tienen, en concreto las sillas, te da la sensación de estar en un tablao andaluz en lugar de una tasca gallega pero a fin de cuentas, eso, tan sólo es una impresión.

Su carta es pequeña pero variada. Incluyen originales ensaladas, arroces perfectos, carnes, pescados y buenos postres. También te ofrecen, por si quieres ir abriendo boca, una pequeña lista con sus petiscos (aperitivos).
Después de sopesar todos los platos (os puedo asegurar que fue una tarea un poco peliaguda) y dejarme aconsejar por Noelia, que es encantadora, en lo relativo a la cantidad que sirven, mis elegidos fueron:

 

De entrante: croquetas de portobello, (champiñón portobello) con chips de yuca (4 €)
con una bechamel suave, melosa y sabrosa que contrastaba a la perfección con el ligero y crujiente del rebozado. Las chips de yuca que las acompañan son un acierto. Cortadas con mandolina, son finas como el papel de liar así que ya os podéis imaginar cómo resonarían en el interior de vuestra boca.

De primero: abanico con patatas (5 €): El abanico es la envoltura externa de las costillas del cerdo. Es una carne muy grasa por lo que al hacerla tanto a la plancha como en barbacoa queda impresionante. Y si encima es de cerdo ibérico ya os podéis imaginar el resultado. El que yo comí no era de ibérico pero habían acertado en su preparación. ¿Quién no se rinde ante una carne hecha en su punto, jugosa y tierna por dentro, churruscadita por fuera y con un ligero toque de tabasco verde, acompañada con patatas frescas (las llamo así porque las otras son congeladas) y verduras a la plancha? Que yo sepa, nadie.

Y por último, el postre: bizcocho con salsa de mango y nísperos caramelizados (3,50 €). No, no penséis que le pasa algo a la foto, el bizcocho es así, verde, porque está hecho con calabacín. Tiene una textura compacta y densa, es un placer comprobar lo suave que es. La salsa de mango servida fría es un contraste que sorprende tanto si la acompañas con el bizcocho como con los nísperos. Es un postre muy goloso, quedáis advertidos…

De bebida me tomé una caña (1,80 €) y al café, que disfruté mientras leía el periódico, tuvieron la gentileza de invitarme. Pagué por este pequeño gran homenaje 14,30 € . Teniendo en cuenta que su comida está muy rica, que sirven rápido y que te tratan fenomenal, me parece un precio muy razonable. Por eso les doy lima y media.


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GUMBO… Un viaje a Nueva Orleans (Madrid)

Hoy en De Lima a Limón nos vamos a un lugar totalmente diferente, cambiamos el registro y viajamos a Lousiana, concretamente, a Nueva Orleans o (Niú orlíns que dicen los locales). La fama de hamburgueseros ha hecho mucho daño a la gastronomía estadounidense… Pero lugares como este ayudan romper el mito.

El Gumbo está en la calle Pez, en la parte baja de Malasaña. Es un local pintado de azul con una barra que parece sacada de la cocina de una peli americana. Es un restaurante auténtico, no una de esas versiones enlatadas de los “diners” que poquito a poco van apareciendo como setas en todas las ciudades. Eso sí, las mesas están un poco juntas de más y, a veces, parece que en vez de en tu plato vas a meter el tenedor en el del vecino.

Las especialidades, en las que es experto y sobre las que nos habla el limonero Carlos Hidalgo tienen una pinta increíble y algún plato que vimos pasar daban ganas de robarlo… pero esta vez nos resignamos a la versión económica y probamos el menú del día por 10,75€.

Mientras esperas a la comida te ponen unas nueces, dulces, saladas y picantes todo a la vez tremendamente adictivas, no llegamos a saber si las hacían allí o las traían de algún sitio pero era para llevarse un saco para casa.

Pedimos de primero la ensaladilla americana, que no defraudó… Una especie de ensalada de patata con mayonesa, un punto de mostaza y el toque fresco del apio y el cebollino. Y el Gumbo de pollo una mezcla entre sopa y potaje típica de la zona servida con arroz blanco riquísima… Tenía un sabor super intenso, entre seco, amargo, picante… Muy diferente y muy recomendable.

Los segundos eran platos estándar pero con un toque, servidos siempre con arroz blanco o puré de patata. El pollo estofado estaba muy bueno, y era ración muy abundante. El mero en salsa criolla estaba muy bien hecho, la salsa tipo pisto le quedaba fenomenal pero, le fallaba el pescado. No es que estuviera malo… Supongo que es que nací en la costa gallega y eso tiene sus consecuencias.

En el postre nos lanzamos a la tarta de zanahoria con nueces, que es una receta básica capaz de sacar lo mejor y lo peor de cada uno… Y en este caso sacó el lado bueno siempre que obviemos que las nueces estaban un pelín rancias.

A la hora de cenar, sin embargo, es cuando Gumbo da su do de pecho y uno puede sumergirse de lleno en la gastronomía “Cajún“, que viene a ser la comida mediterránea adaptada por los criollos franco-canadienses de Louisiana. Para empezar una buena cena de dos, nada como unos peliculeros tomates verdes fritos (8,50€) para compartir, rebozados y jugosos, vienen acompañados de una riquísima salsa remoulade (una especie de mayonesa especiada) con gambas. Si hay hambre, podéis acompañarlo con el tradicional jamabalaya (12€); un plato de arroz muy especiado (¡ojo, pica!) acompañado de langostinos y andouille (un riquísimo embutido).

En los segundos, no somos imparciales y nombramos un claro favorito: el lomo de buey bronceado con patatas machacadas al ajo (18,50€). El buey viene churruscadito por fuera y jugoso por dentro; sabroso y tierno. Y las patatas machacadas no engañan con su nombre: un puré de patatas hecho en casa, con la dosis justa de ajo para que a uno se le haga la boca agua. Si queremos decantarnos por algo menos convencional y más creóle aún, podemos optar por los mejillones gratinados (8,50€), el cangrejo de caparazón blando con salsa meuniere (16€) o los langostinos al ajillo con pimienta negra (15,50€). Aunque nunca tenemos que olvidar que provienen de una gastronomía acostumbrada al marisco del Golfo de México y el delta del Río Mississippi: mucho más grande, pero también mucho más insípido que el marisco al que estamos acostumbrados.

Echamos de menos el cocodrilo de la página web que siempre le hubiera dado un toque de distinción a la comida pero agradecimos el jazz que sonaba de fondo. El menú no es el mejor del mundo pero no tiene nada que envidiar a la media y tiene un toque diferente que ayuda a salir de la rutina, cenar es caro, con bebida y postre unos 35€ por cabeza pero es una experiencia que realmente merece la pena, por todo eso los cocodrilos se ganan dos limas.

GUMBO: Calle Pez, 15, Madrid

www.gumbo.es