De Lima a Limón

Crítica – cítrica


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CHOCOLAT BAR… En busca del buen chocolate (Madrid)

Vuelven los días grises y lluviosos, toca sacar las catiuscas del armario… Ir pensando en desempolvar los plumíferos e ir haciéndose a la idea de que las facturas por la calefacción van a volver a dispararse… Sin embargo, también vuelven algunas cosas buenas como el momento «peli y manta» con lluvia de fondo, los buenos cocidacos y, como no, el chocolate con churros!

Madrid es un lugar con mucha tradición chocolatera, tanto es así que tienen su propia versión de los churros, las porras. Hoy en día, es raro encontrar a alguien que no conozca las porras… Pero sorprendentemente todavía queda gente que puede fascinarse por primera vez con esta versión «manporrera» y algo más aceitosa de los churros, para ellos, no hay excusa.

Encontrar un buen chocolate no es tarea fácil, hace ya tiempo que los chocolates instantáneos de polvos sin sabor y con mucho espesante nos invadieron .. Atrás queda el recuerdo de la abuela rallando las onzas de chocolate para que se pudieran disolver… Sin embargo, tomar un buen chocolate no es imposible y hoy os hablamos de ellos.

San Ginés es uno de los más clásicos, es apto para todos los públicos, aparece en Luces de Bohemia de Valle Inclán y tiene sus paredes llenas de fotos con personajes famosos. Si no te tira ni el punto novelesco ni el del famoseo siempre puedes ir a tomar un buen chocolate con unas magníficas porras.

Hoy nos salimos de la estricta tradición y exploramos nuevos horizontes… Nos vamos al Chocolat Bar, un pasillo ancho escondido en el barrio de las Letras. El chocolate es incluso más rico que el San Ginés y, aunque los camareros no lleven chalecos blancos… Casi que a nosotros nos gusta más.

Cuando llegas te acercan una bandeja enorme llena de pastas para que elijas, están realmente buenas. El chocolate es un tazón inmenso y las raciones de churros y porras recién hechas no se quedan atrás… Id con mucho hambre y dispuestos a no volver a comer en, al menos 12 horas. Eso, o bien optad por la opción razonable y pedid una ración para dos.

El café con churros vale 2,70€ y el chocolate 1 euro más. No puede decirse que sea barato pero como nuestro médico sólo nos lo va a permitir un par de veces al año… Podremos pagarlo, disfrutarlo e incluso darles una lima y media.

http://www.chocolatmadrid.com/

CHOCOLAT BAR: C/Santa María 30, Madrid


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POR FIN… cocido madrileño completo por 7 euros (Madrid)

Si piensas que estoy triste, y no me ves sonreír, es simplemente despiste. Maneras de vivir” Rosendo Mercado, rockero y carabanchelero

Hoy nos desplazamos al sudoeste de la periferia madrileña para volver a comer bueno, bonito y barato. Estamos en Carabanchel Bajo. El de Manolito Gafotas no, ese es el Alto. Carabanchel es uno de los distritos más poblados de Madrid superando el cuarto de millón de habitantes, uno de los de renta más baja y con mayor número de personas en desempleo, pero con más solera y regusto de la capital. Quien no recuerda aquello del satanismo o la propia Cárcel de Carabanchel, que como su nombre indica, está en Aluche.

Empezamos por la denominación etimológica del barrio. Carabanchel, a pesar de rimar con bechamel, proviene de la palabra Garbanzal, tierra de garbanzos, producto principal para uno de los platos más típicos de la capital: el cocido madrileño. Y es que los carabancheles fueron las principales tierras de cultivo de la capital hasta los años 50 y 60 donde vivieron una fuerte urbanización de aluvión de emigrantes del sur de España, especialmente de Castilla La Mancha y Andalucía. Después en los años 90 llegó una segunda oleada de inmigrantes, especialmente de América Latina.

Estas dos oleadas conforman la demografía local y también su gastronomía. Es fácil encontrar bares de toda la vida, de los de menú del día barato, con cocina manchega, andaluza o gallega junto a restaurantes ecuatorianos, peruanos y colombianos donde poder disfrutar de un ceviche o de un hornado. Incluso en las plazas más concurridas hay vendedores ambulantes de humitas que se unen a las casetas de churros de toda la vida.

El restaurante Por fin, situado junto a la Plaza de Oporto, es un extraño caso. Es un bar de los de toda la vida pero nuevo y reformado. Hace casi un año los nuevos dueños lo reformaron y lo reabrieron con ese extraño nombre. El bar está decorado con fotografías antiguas de Madrid en blanco y negro de las típicas y tópicas: la Puerta del Sol, la Fuente de Cibeles, la Puerta de Alcalá. El restaurante está lleno siempre por su precio barato. El desayuno cuesta 2 euros con café, bollería y zumo de naranja (de cartón, no recién exprimido, servido con jarra) y el menú del día a mediodía cuesta 7 euros. Por la noche no da menús y no suele tener mucha gente, porque su carta de bocadillos y raciones no es muy variada.

El miércoles es el día estrella porque hacen cocido madrileño y la verdad es que es maravilloso. Con absolutamente todo. Primero sopa de cocido, de segundo cocido completo, postre, pan y vino con gaseosa.

Cocido madrileño

La sopa humeante la sirven junto a un platito de guindillas para acompañar. El segundo lleva de todo lo que lleva: garbanzos, patata, col, zanahoria, tocino, chorizo, morcilla, pollo y puntas de jamón. Todo servido por la camarera de los ojos azules en dos vuelcos y no en tres. Es decir las verduras y la carne van en el mismo plato. De postre suele haber fruta, yogur y un pastel de naranja que hacen casero tipo brazo de gitano que no está nada mal.

Consejo Embidioso: Espera al miércoles. Merece la pena, con un cocido la semana pasa mejor mientras nos buscamos los garbanzos.

Valoración: La cantidad-precio es impresionante y es por ello que bien se merece dos limas. Un plato como el cocido necesita el cariño que en este tipo de bares, de periferia y clientela habitual, siempre tiene.

Por Fin: calle General Ricardos 143, Carabanchel, Madrid <M> Oporto


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ESCAPADA LIMONERA: Destino Illa de Ons.

Una de las cosas que hay que hacer, al menos una vez en la vida, es visitar el Parque Nacional de Illas Atlánticas, un paraíso escondido en la Costa Gallega. Su estandarte son las islas Cíes, todo lo que pueda decir sobre ellas es poco y, además, va a sonar a amor de hija pero las fotos hablan por sí solas y creedme cuando os digo que su grandeza va mucho más allá de tener la mejor playa del mundo según The Guardian. Pero el Parque no se acaba ahí, Cortegada y Sálvora son dos muy buenas opciones, quizá algo menos espectaculares pero también menos concurridas.

Ons

Hoy nos acercamos hasta la cuarta isla en cuestión, Ons, en la Ría de Pontevedra. Una isla peculiar porque a diferencia de las Cies está habitada, ahora viven unas 80 personas, pero han llegado a vivir allí más de 500 personas, un pueblo en toda regla, vaya. Sus habitantes tuvieron algún que otro problema cuando declararon a su Isla Parque Nacional, pero después de unas cuantas luchas, lograron que se les reconociera como autóctonos y se les permitiera vivir allí. Esto ha hecho que la oferta gastronómica sea mucho mayor que en otras islas y que exista una muy buena alternativa al bocata y la maldición de cargar con la nevera de playa y la ensaladilla.

Llegar a la Isla es fácil aunque no demasiado barato, el barco cuesta unos 14€ por persona ida y vuelta, se puede ir desde Vigo, Bueu y, en algunos casos, desde Portonovo y hay varias navieras que lo hacen, con lo cual los horarios son bastante amplios. Los barcos son estables así que, en principio y biodraminas mediante, nadie tendrá problema con marearse.

Una vez en la isla, lo suyo es hacer alguna de las rutas de senderismo que nos proponen, están super bien señalizadas y se adaptan a todos los estilos. Las vistas son espectaculares.. y aquí viene la maldición de la nevera. Nada como la comida casera pero cargar con la nevera durante toda la excursión puede acabar con los brazos de los más forzudos y hacer que la excursión no se disfrute como es debido.

A la hora de comer tenemos unas cuantas opciones, lo más típico es el pulpo, en esta zona se hace, además de «a feira» en caldeirada, que es un guisillo con ajada realmente recomendable. Sólo tiene una pega, un verano en Galicia puede lograr que te acaben por salir tentáculos.

Después de hacer nuestras investigaciones, ver los menús que ofrecían y los platos que se comía la gente seguimos la recomendación que nos hicieron y fuimos al Chencho. Un restaurante enorme, con una inmensa terraza con unas vistas de infarto, muchísimas mesas, una cocina a la vista más grande aún, una cola respetable y unos camareros tremendamente sobrepasados pero que al final valía la pena.

La carta era mínima y los precios bastante razonables considerando que se enfrentaban a un público cautivo… Después de más de 40 minutos esperando y viendo pasar raciones de empanada nos olvidamos del hambre y lo único que queríamos era poder sentarnos antes de que se les acabasen las raciones… Era una empanada de zamburiñas con pan de maíz, un manjar de dioses que nunca ha trascendido de las fronteras gallega. Según nos contó la dueña la hacen allí mismo y cada día sacan unas 15 empanadas del tamaño de la mesa donde comíamos.. unos 20 m2 de empanada y sin necesidad de un juez de Guinness por allí correteando!

Las almejas a la marinera estaban buenísimas, una ración muy abundante de almeja fina por 10€. Los pimientos de padrón nunca llegaron pero tampoco los echamos de menos… Lo que no se hubiera echado de más sería un camarero extra, al menos para las horas puntas hubo momentos donde aquello era una maratón de paciencia.

Y por último pedimos una ración de lubina salvaje, error, era un bicho espectacular con rodajas del tamaño de un salmón pero al que no supieron sacarle todo su partido, a esos pescados no les hace falta ajo y no se les puede carbonizar la carne, es pecado!… Pero fue fallo nuestro, con unas navajas o una buena ración de pulpo habríamos comido como unos marqueses y por mucho que la ofrecieran, no era un restaurante de delicatessen.

Todo ello con botella de vino tintorro bendecido con gaseosa y empanada de manzana de postre 20€ por cabeza un precio más que razonable. Faltó un poco la atención y sobró un buen rato de espera eso les resta medio limón, pero lo cierto es que, se ganan las dos limas.

Es verdad que hay que sumar el barco y es dinero, pero también creo que es algo que, junto con las Cíes (Estas sí que con bocata) hay que visitar al menos una vez en la vida. Vivimos rodeados de sitios increíbles pero, por alguna razón siempre le damos más valor a las cosas de fuera. Va siendo hora de que abramos los ojos, aunque sea con palillos!


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VICTORIA… Comida china con un toque (Madrid)

Hace unos meses hablábamos del WEI, un chino diferente , hoy nos movemos de nuestros barrios habituales y nos vamos al lugar donde San Blás pierde su buen nombre y empieza al barrio de las Rosas a probar uno de los chinos más famosos de mi trabajo. Uno de esos lugares que de tanto hablar bien de ellos se han ido extendiendo y han acabado siendo un punto de reunión, incluso, los domingos.

Aprovechando que era uno de esos pocos días sin prisa, nos hemos escapado para comprobar si su fama es merecida. Fuimos en coche, pero la verdad es que la línea 2 de metro te deja en la puerta y desde Sol no se tardan más de 25 minutos.

Es un chino diferente, olvidaos de los leones de metal y los farolillos rojos colgados en la puerta. Parece ser que han abierto varios, este es el primero, un local enorme (que se llena), decorado de una forma muy sencilla y bastante elegante, con cuadros de flores en las paredes, caminos de mesa y un montón de ventanales que le dan muchísima luz. Los camareros son super atentos y la dueña es un sol de mujer que corretea entre las mesas reconociendo y saludando a los clientes habituales.

Dispuestos a probar todo lo probable elegimos dos menús (uno A de 7,95€ y uno B de 10,50€) cada uno de ellos son cuatro platos a elegir, bebida y postre… la variedad hace que te puedas volver loco, pero también que puedas escapar del clásico de los tallarines, el arroz frito y el rollito de primavera.

En todo caso, caer en la tentación del rollo de primavera no es mala idea, es el primero que como al que se le nota el repollo y la carne. Las bolsitas de queso y cangrejo estaban muy buenas, aunque la masa era frita no estaban aceitosas y la crema de queso fundido le daba un toque sorprendente, por desgracia y aunque tampoco esperábamos nada diferente… lo que llamaban cangrejo eran palitos. Para rematar el menú A, pedimos arroz frito para acompañar un pollo agridulce que no defraudó, pese al rebozado en forma de caparazón que llevan estos platos, el pollo era pechuga y la salsa estaba buenísima.

Del menú B pedimos la ensalada de espinacas, que nos sorprendió mucho, las hojas estaban crujientes (era como si les hubieran dado un susto en una freidora) y la salsa le daba un toque acido y dulce a la vez. El californian maki estaba bien hecho, aunque era lo que era… arroz con palitos de cangrejo y aguacate. Las empanadillas vietnamitas nos encantaron, suponemos que estaban rellenas de cerdo (aquí no era como en el rollito) y mojadas en soja ganaban mucho… y por último, aunque ya no podíamos con nada más, láminas crujientes de buey con salsa de naranja, qué rico! y qué pena no haber llegado con un poco más de hambre para disfrutarlo más.

Del helado de limón no nos salvo nadie, y ayudó a desengrasar la comida, que aunque nos encantó abusaba bastante de los fritos… Definitivamente la fama es merecida, es un chino que vale mucho la pena, donde en ningún momento dudas que lo que tenga en el plato sea rata (mayor miedo, a veces oculto otras publico, de quienes rechazan la comida china), por todo ello, se merece una lima y media.

VICTORIA: Avda. de Guadalajara, 36. Las Rosas, Madrid.


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LA ESFERIFICACIÓN CULINARIA

Hace poco, alguien en las redes se preguntaba si estábamos asistiendo al insuflado de una burbuja gastronómica. Yo, sinceramente, creo que sí y, sobre todo, más que a una burbuja gastronómica, a una esferificación en las redes.

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Desde hace unos años, a mucha gente de la que le gustaba salir a comer o a cenar, les han entrado unas ganas locas de realizar en sus hogares, con su gente maja de siempre, las exquisiteces que habían degustado en una velada sin igual, realizadas por su chef favorito y amigo (por que ahora, si no tienes un amigo cocinero de carne y hueso en tu vida eres un mindundi), o por los cocineros o cocinillas mediáticos.

Y de repente todos saben cocinar, ¡y no veas tú como lo hacen! Maravillosamente bien. ¡Además le dan ese toque mundano, terrenal, campechano, cojonudo! Y entonces, ¡hala! A organizar una cenita en casa e invitar a un grupito apañado, para que cuando lleve a la mesa la ensaladilla deconstruida, los demás hagan la ola.

Nos crecemos y gritamos: ¡foto, foto!, venga juntaos todos y que salga la ensaladilla.

-¡Ay!, que con mi móvil no puedo hacer fotos…

-No te preocupes que te la envío al mail o al face…

-Tienes Facebook? pues agrégame o te busco.

Fin de la historia… Fula Nita etiquetó a Menga Nito en una foto en la que aparece una ensaladilla. Pues nada; que esta gente se envalentona y ya quedan para el próximo finde pero claro en la misma casa no, por que no veas como me quedó toda la cocina.

Que sí, que quedan a cenar, van por ahí, por tu barrio, tu ciudad e incluso alrededores y de forma gregaria como si fueran los ángeles de la noche, patrullan enfatizando en sus pasos y peinan la zona, hasta encontrar ese rinconcito con ese encanto en el que habían tomado ese foie con reducción de Módena y que estaba impresionante.

Habría alguno en ese grupo al que no le convencería el método de cocinado y que seguro que mandaría recado por el camarero, para que indicase en cocina que en la mesa X había alguien que controlaba y no estaba contento ( creedme; esto pasa, a un amigo mío que es cocinero le dieron indicaciones en una mesa).

¡Reducción de Módena!, San Lorenzo bendito;si la reducción de Modena está más demodé que un adosado o un tríplex alicatado con plaqueta.  Para mal de males, el vinagre de Módena lo encontramos en el mundo arco iris de los lineales de tu hipermercado de confianza: aceto a la manzana verde, aceto al Pedro Ximenez, aceto al Jerez, aceto a la frambuesa, aceto al limón….(lo peor de todo es que siempre hay algún lechugino que confunde el aceto con el aceite).

-Que es lo que lleva el foie por encima?

-Sal en escamas.

-¿Qué? ¿sal?

-¡En E-S-C-A-M-A-S!

-¡Foto, foto! Esta noche, cuando llegue a casa, me llevo el atracón de subirlas todas al face.

¡SAL EN ESCAMAS! Por favor… Si las estanterías de sal de los supermercados ya parecen tablas de Pantone. Los botes deberían llevar número en vez de ingredientes: sal de camarge, sal gris, sal ahumada en sus dos variedades; roble francés y roble americano, sal de aceitunas negras, con boletus edulis, con limón, con naranja, sal rosa del Himalaya y no nos podemos olvidar de la sal en escamas con chocolate. Comprendo ahora por que antes la gente que usaba sal fina y sal gruesa tenía el ceño siempre fruncido y el gesto antipático; y es que ahora estas sales casi cotizan en bolsa y se cotizan más que una madera de elondo, un palisandro o una buena madera de acajou.

Lo que desconoce casi todo el grupo, es que alguien de él está confeccionando un blog de recetas. Bueno, de recetas y de sus mejores sonrisas.

-Aquí os dejo esta foto de mi corujo a la plancha con su aceite de perejil ¡Patata!

-Te la copio.

-¡Qué pinta! ¡Hummm!

-Esta otra es de chipirones encebollados espolvoreados de perejil picado. ¡Whisky!

-Y aquí estoy yo…el perejil de todas las salsas, que lo mismo valgo para hacer un soufflé que para conducir eventos y enseñar a los más burros a preparar guarniciones con verduritas baby -que ya están obsoletas como el gotelé y los estucados venecianos en los portales de corrala de medio pelo, pero que dan un resultado bárbaro en el plato-.

Y a lo tonto, a lo tonto, pasamos de una argamasa ultracongelada a convertirnos en El Pocero de las redes virtuales, hinchando una burbuja construida a base de pedantería, confundiendo lo exótico con lo obligatorio y la calidad con lo vistoso. Alimentándola a base de etiquetar a amigos del Facebook en fotos de chalotas, o subiendo a Pinterest la foto de esas patatas fritas congeladas, que siguen siendo como cartón pese al gracioso tinte de remolacha.


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EL COSACO… una grata sorpresa con acento ruso (Madrid)

Probablemente,  nunca os hayáis planteado ir a comer a un restaurante ruso, su gastronomía es una de las grandes desconocidas pero me apuesto lo que queráis a que después de leer esta entrada os entran unas ganas locas de probarlo, es más, estoy por apostar cuál va a ser vuestra próxima búsqueda en Google.

Confieso que yo partía de una situación más o menos parecida, todo mi contacto con la comida eslava se resumía en un par de visitas a restaurantes polacos saldadas sin más pena que gloria y con una buena dosis de antiácidos. Sin embargo, alguien con reconocido buen criterio se empeñó en que debería darle una oportunidad al Cosaco (el restaurante ruso más antiguo de Madrid) y, entre eso, y que tiene terraza, me faltó tiempo para probarlo.

El Cosaco está en la plaza de La Paja, uno de mis lugares de terraceo favoritos, en medio de la Latina. Es un restaurante hortera como le corresponde a su definición de ruso, pero que dentro de lo hortera que es resulta hasta bonito, incluso íntimo y la terraza que tiene es, directamente, maravillosa. Eso sí, una advertencia, todas las terrazas de esa plaza tienen algo en común, uno sabe cuando se sienta pero no tiene ni idea de cuándo se va a levantar, atrapan!

Entre semana tienen un menú por 12 euros que me he prometido encarecidamente probar. Pero en este caso era fin de semana y llegábamos con ganas de probar toda la carta así que nos lo tomamos como una ocasión especial.

Empezamos con unos Blinis Bloyarski (30€), que vienen a ser unas tortitas típicas, esponjosas y calentitas, con un surtido de salmón, arenque y trucha ahumada con caviar Keta y alemán, acompañado de crema agria… Nosotras partimos los blinis para poder probar de todo y aunque todo estaba delicioso mi favorito fue el caviar Keta y el arenque.. qué bueno! me comería hora mismo una bandeja llena de blinis de arenque…

De ahí nos pasamos a un Strogonoff imperial, que era de concurso. Llevaba tiempo queriendo comer ese guiso y, no sé si por pereza, o falta de receptividad en el público seguía con las ganas, así que al verlo en el menú no lo dudé. La media ración es suficientemente abundante para dos y te da la oportunidad de probar más cosas.

Por último pedimos unos rollos de verduras rellenos de carne, que venían en una cazuelita gratinado y, aunque se parecía mucho a las especialidades polacas el sabor y la preparación no tenían nada que ver. Muy rico!!!!

Con los postres no acertamos demasiado, el sorbete de limón estaba demasiado ácido (vamos que parecía que se te iban a salir los dientes) y el postre de frambuesas con melocotón podía provocarte un coma por glucosa.. mi recomendación es que os vayáis directamente a las Caipiroskas que las hacen deliciosas.

El personal es encantador, el gerente del cotarro super majo, la posibilidad de encontrarte (como nos paso a nosotras) en medio de una boda rusa no tiene precio. Además muchos días tienen música en directo.. entre eso y el vodka por unos 30 euros por persona tienes un éxito de dos limas asegurado.

EL COSACO: Plaza de la paja, 2. Madrid

http://restauranteelcosaco.com/


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GANCHO&DIRECTO… hamburguesas gourmet en Pozuelo

Estamos acostumbrados a que cuando alguien habla de hamburguesas en nuestra mente aparezca el demonio de…  “comida basura”, pero esta realidad está cambiando y me gusta. Las modas, a veces, traen cosas buenas, ahora hay muchos restaurantes en Madrid que apuestan por una hamburguesa de calidad, con más calorías que un plato normal sí, pero con buenos ingredientes.

Hoy, en nuestra critica cítrica, vamos a una hamburguesería de las buenas, a Gancho y Directo, porque de vez en cuando, saborear una buena hamburguesa, con ingredientes de primera calidad y disfrutar, no esta reñido con llevar una dieta saludable y equilibrada y, aunque lo esté, también nos merecemos un capricho.

Este pequeño restaurante esta situado en el Centro Comercial El Zoco de Pozuelo, en frente de la zona empresarial “La Finca”, en Pozuelo de Alarcón. A medio día tienen un menú que incluye hamburguesa o perrito, ensalada o patatas, bebida, postre y café por 10,50€.

En la carta tienen un montón de hamburguesas diferentes y en todas puedes elegir desde el de tipo de carne (cebón, buey, pollo o cerdo), la cantidad  (150 o 250 gr) hasta el tipo de pan (mollete, rústico, clásico y uno para celiacos) y por supuesto los acompañamientos.

En otras ocasiones he probado algunas de sus hamburguesas como la “… y directo con carne de buey a la parrilla, cebolla, tomate raf y queso manchego o los días que quiero algo más ligero he pedido alguna de pollo como “la granjera” que viene con rúcula, aguacate, nueces y salsa tártara pero, sin duda, mi preferida es “La Gancho” y es la que elijo nuevamente hoy para cenar. Con carne de cebón de ternera, foie y trufa negra, suena a lo que es, una delicatessen en cada mordisco.
La Gancho de 150gr cuesta 8,90€, que para lo que tenemos en mente como hamburguesa es un poco cara, pero si queremos calidad también es verdad, hay que pagarlo.

En todo el centro comercial hay wifi, y esta gente ha sabido integrarse a las redes sociales. Como llegamos antes de las 21h, si haces check-in en Foursquare descubres promociones y te regalan el postre, así que, sin más remedio… tuvimos que elegir un brownie con bola de helado, para dar un broche redondo a la cena.

En resumen, le damos 2 limas a un restaurante que, pese a estar en un Centro Comercial premia la calidad y el buen servicio en realizar, como dicen en su lema, ”posiblemente, las mejores hamburguesas del mundo”.

Gancho y Directo . Centro Comercial Zoco de Pozuelo. C/ Barlovento, 1. Planta Baja. Local 148. Pozuelo de Alarcón, Madrid,

www.ganchoydirecto.com


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EL CHURRIÓN… de pinchos y vinos en Maluenda

La vendimia está empapada por las lluvias continuas; aunque quieras, tabernero, no puedes vender vino puro . Marco Valerio Marcial, poeta bilbilitano del s. I y especialista en vinos.

Cuando naces en tierra de vinos, pronto notas por el color y el sabor si un vino es bueno, malo o regular y si merece la pena colorear la gaseosa para comer, beberlo con cuidado y mimo o servirlo como aliño en la ensalada. Hoy nos desplazamos a Maluenda, a 7 kms de Calatayud dirección Teruel, corazón de la Denominación de Origen ‘Calatayud’, en el oeste de Aragón para visitar uno de los bares con más solera del Bajo Jiloca.

Como le ocurría a mi paisano Marcial hace tan sólo dos milenios, que se quejaba de que en Roma, solamente le servían vino aguado, a un servidor de ustedes le pasa lo mismo cuando se encuentra en la villa y corte y es que el vino debe tener el color y el sabor de la sangre, ser espeso y sabroso, con más graduación que menos, y con al menos cincuenta años de cepa vieja de garnacha, para que, acompañado de sus correspondientes pinchos, llegues a casa sin gana ninguna.

En esta comarca crecen variedades de uva de todo tipo rosados claretes, blancos macabeos y tintos que se traducen en  Baltasar Gracián (Miedes de Aragón), ‘Langa’ (Calatayud), ‘Armantes’ (Cervera de la Cañada) o el ‘Castillo de Maluenda’ (Maluenda). Una visita obligada para conocer más sobre todos estos productos es el Museo de la Denominación de Origen situado dentro del mismísimo Parque Natural del Monasterio de Piedra, visita obligada en esta zona.

Y si hablamos de pinchos en Maluenda eso siempre ha sido cosa de churriones. Hace cinco décadas ya existían dos tabernas regentadas por María la Churriona y su hermano José el Churrión que se especializaron en pinchos de vinagretas: pepinillos, cebolletas, olivas y guindillas con todas sus variantes y añadidos anchoas, boquerones, pimientos asados, atún o huevo duro, siempre cogidos con un palillo y siempre en bandejas en la misma barra, para que el que va de pinchos pueda coger el que guste sin preguntar. Hoy habría que añadirles los pequeños bocadillos de jamón o de sobrasada y los pinchos de queso untado o jamón batido (jamón muy picado con mayonesa) y ya tendríamos el surtido completo.

Tras un par de años cerrado, este mismo mes abrió la cafetería-panadería El Churrión en la Plaza Alta de Maluenda, con un nuevo local reformado adaptado para carritos y sillas de ruedas, con los pinchos de siempre y ahora como novedad con horno de pan (con distintos tipos de pan) y algo de repostería (aunque no mucha) y terraza en la plaza.

El precio es barato, un par de cañas o vinos tintos y cinco pinchos a gusto por 7 euros  sales más que servido. Le otorgaría lima y media por la calidad del producto y el precio. Le fallaría que no tiene menú del día y que con los pinchos, si no vas bien acompañado y hay buena conversación, se acaba muy pronto. Aunque como dijo una vez nuestro también paisano bilbilitano el filósofo y escritor Baltasar Gracián: Lo bueno si breve, dos veces bueno y lo malo si breve, menos malo.

Consejo Embidioso: Si vas a Calatayud, NO preguntes por la Dolores. Están hasta los mismos.

Cafetería-Panadería El Churrión, Plaza Alta 2, 50340 Maluenda (Zaragoza)


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DON EMILIANO… y el ejército de Pancho Villa (Madrid)

Hace unas semanas, uno de nuestros lectores habituales nos recomendó un restaurante de comida mexicana, el Don Emiliano. Así que firmes y obedientes nos pusimos manos a la obra, reservamos y nos acercamos hasta allí con todo nuestro espíritu cítrico, he aquí el resultado con el que inauguramos la sección de entradas a demanda:

El Don Emiliano es un lugar chiquitillo escondido en una de las calles del madrileño barrio de Huertas, tiene una barra con algunas mesas y un pequeño comedor apto para los más egoístas, era viernes y estábamos nosotros solos. Dada la zona y la gran variedad de cócteles presuponemos que la noche es su punto fuerte.

Nada más llegar te recibe un camarero de lo más dicharachero, uno de esos que antes de que hayas logrado sentarte en la mesa ya te ha cantado todas las especialidades con alcohol de la carta… y logre que te preguntes por qué demonios quiere emborracharte.

La carta está llena de cosas ricas y pese a no tener un listado infinito de platos, hay que reconocerles que variedad no les falta. Tienen desde huarache hasta alambres pasando por tacos y tacos dorados (que en realidad eran flautas). La comida no pica, lo que pican son las salsas que te ponen nada más sentarte en la mesa.

Pedimos unos tacos dorados de tinga, queso fundido con huitlacoche y alambre pastor… mientras esperábamos y probablemente incitados por la música de Luis Miguel de fondo probamos las salsas y, cuando nos dijeron que picaban no exageraron, iban de más a menos.. el problema viene cuando empiezas por la más picante… tus ojos empiezan a llorar, buscas desesperadamente el pan y en ese momento te das cuenta de que no hay pan porque estás en un mexicano. Por suerte, su picante es más intenso pero menos duradero que el de nuestros queridos pimientos de padrón.

Lo primero que nos trajeron fue el queso con huitlacoche. Estaba buenísimo, supersabroso y acompañado de tortillas caseras de maíz. De hecho estaba tan, tan bueno, que lo siguiente que nos trajeron no nos supo a nada, nunca sabremos si aquellos tacos dorados de tinga realmente tenían sabor, pero el hecho es que no se lo encontramos.

Por último comimos un alambre pastor, un plato de carne picadita con cebolla y pimiento a la que le eché de menos la piña pero que estaba rico.

Cuando íbamos a pedir el postre, el camarero que parecía haberse aplicado las mismas técnicas que a los clientes nos dijo mientras se partía de la risa que «se les habían quemado las tartas» quizá por eso bebían para olvidar. La cuenta fue económica, con un descuento que tenían la comida con un par de cervezas menos de 12 euros por cabeza .

La calificación es otra historia, se nota que el sitio tiene potencial, la comida (que tenía sabor) estaba buena, pero más que para comer es un lugar para tomarse unas cuantas margaritas y mojarlas en unos buenos tacos, probablemente en ese registro se merezcan una lima.. hoy no puedo darle más de media lima y medio limón.

DON EMILIANO: C/ Santa María, 39. Madrid.

http://www.donemiliano.es/


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LAVAPIÉS… el paraíso madrileño de la comida india

Hablar de comida india en Madrid, es hablar de Lavapiés. No exageramos si decimos que debe de ser uno de los lugares de Europa con más restaurantes de este tipo por metro cuadrado, de hecho, hay tantos y está todo tan bueno que lo mejor es escribir sobre la zona y no sobre un sitio en concreto. Es cierto que todos los asiduos tienen uno favorito… supongo que es como cuando te mudas a una nueva ciudad con dos equipos de fútbol y algo en el ambiente te obliga a elegir.

Comida india

Vivir en la zona tiene sus sus curiosidades… como que los cajeros huelan a curry, te repitan la palabra vecina como papagayos o se pongan celosos cuando no vas a su restaurante pero, por suerte eso no os va a pasar… Lo que os encontraréis serán unos fantásticos menús del día por poco más de 7 euros que podréis comer en una terraza la mar de agradable… o la opción de comer a la carta por menos de 10€.

Para quienes no estén familiarizados con la comida india y tengan miedo a probarla… que lo pierdan, aunque los colores tan intensos asusten un poco y la comida sea bastante especiada es una experiencia que realmente vale la pena. Los platos son variados pero hay unos básicos que hay que probar… En primer lugar, las samosas (preferiblemente de pollo) son una especie de empanadillas triangulares, las hacen vegetales pero el relleno suele ser preparado congelado de ensaladilla con curry y no le termino de coger el punto. Otra opción imprescindible son las pakoras, un amasijo de verduras fritas con harina de garbanzo crujientes y supersabrosas.

De segundos mi favorito con diferencia es el Chana Masala, una especie de guisote de garbanzos que mezclado con el arroz basmati está de muerte! El pollo masala no se queda atrás… Generalmente son comidas con salsa que sirven en cazuelitas.. salvo el Tandoori que es una receta espectacular que debe llegar humeando a la mesa como si acabase de salir de un volcán.

No podéis iros sin probar un nan (que es su pan) lo hacen solo y relleno de queso o frutos secos, todos ellos están buenísimos y son perfectos para mojar y remojar en las salsas. Y ya que estamos.. o mientras se come (como hacen en el norte de Europa) o de postre un Mango Lacchi… yogur batido frío con mango. Delicioso!

Todos los años, por el mes de junio montan BollyMadrid, un festival de Bollywood muy interesante con una propuesta gastronómica para no perderse. Se hace una feria en la plaza de Lavapiés donde los restaurantes montan chiringuitos y venden especialidades por 1Euro. Una excusa perfecta para probar un montón de delicias de la india por muy poco dinero.

En definitiva, una comida diferente, rica, en el centro de Madrid y muy económica es una apuesta que se merece las dos limas y una recomendación… mejor para comer que para cenar, es más, para comer y luego no cenar.

Calle de Lavapiés. Madrid.