De Lima a Limón

Crítica – cítrica


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LUOS… comida oriental elaborada en menú del día. (Madrid)

Creo que el mundo es una gran familia, y tenemos que ayudarnos unos a otros, Jet Li, actor chino y repartidor.

De pequeño cuando me hablaban de Oriente pensaba en los reyes magos, en las películas con gran reparto y en el oro, el incienso y la mirra. En gastronomía no tiene nada que ver. Cuando un restaurante es oriental, suele ser un refrito de comida china, vietnamita, filipina y japonesa, donde cabe el sushi de salmón, los rollitos vietnamitas y el cerdo agridulce. Es un concepto aglutinador-fusión donde lo único en común es el arroz.

La semana pasada fui al Restaurante Luos en el barrio de Argüelles, muy cerca de la Calle Princesa. Tuve suerte porque fui al día siguiente de su inauguración y estaba todo nuevo. Decoración elegante, más de restaurante de sushi que del chino con dragones dorados y faroles rojos de toda la vida. Muchas plantas y cuadros de HongKong, palillos y mesas elegantes y platos cuadrados muy elaborados.

Pedí un menú del día que constaba de un primero, un segundo, una guarnición del segundo, bebida y postre. Aparte de aperitivo al sentarme antes de pedir sacaron un aperitivo de cacahuetes garrapiñados. Había cuatro primeros y cuatro segundos en la carta. Todos de nombres muy sugerentes.

Luos delimaalimon

De primero pedí una tempura de berenjenas con queso gouda. Basicamente eran una especie de sanjacobos enormes de berenjena frita deliciosos, con una zanahoria hilada de decoración. En el consejo de hoy explico lo que no hay que hacer en este caso.

De segundo pedí tiras de buey con verduras y curry. Estaba simplemente espectacular. De lo mejor que he comido nunca. Un plato generoso de ternera con pimientos, cebolla, ajo, limón, piña y un fuerte toque de tomillo y romero que combinaba genial. Me gustó especialmente el uso de fruta cocinada en el wok, todo en trocitos pequeños muy atrapables con los palillos. De guarnición un bol de arroz Luos, que era igual que el arroz tres delicias de los restaurantes chinos de toda la vida, pero con piñones en cuenta de guisantes. Delicioso.

Si el segundo no había sido suficientemente bueno, los postres no se quedaron atrás y pedí un helado de pistacho. Me gusta que cuando se ofrece helado haya de sabores raros más allá de los tradicionales: vainilla, fresa y chocolate. Al terminar le pregunté al camarero que significaba Luos y me dijo que era un acrónimo de Luis y Óscar que es como se llamaban. Es mejor pasarse de cuzo y preguntar lo que no sabes.

De precio: 11 euros, el menú del día. Imagino que por las noches y a la carta suba bastante, pero el menú del día de mediodía está fenomenal y le doy dos limas y media porque honestamente, no había probado ninguna combinación tan buena de comida china y mediterránea. Vale que era su primer día, pero repetiré a ver si siguen manteniendo el nivel.

Restaurante Luos, C/Andrés Mellado 5, Madrid <M> Argüelles

Consejo Embidioso: Cuando pedí los platos, la camarera me dijo que si me traía cubiertos en lugar de los palillos de la mesa. Como soy un poco listillo le dije que no. Trajo las berenjenas en tempura de 10 cms de largo y no había forma de cómo cogerla con los palillos ni como cortarlas, para poder mojarlas, en la salsa de soja que venía aparte. Así que al final, con las manos como un campeón y con el queso fundente escurriendo entre loncha y loncha. Conoce tus limitaciones. No hagas el capullo. Gobierno de España.


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EL CALIFA… un rincón escondido en el centro de Madrid.

El huevo de hoy es mejor que la gallina de mañana, refrán popular árabe.

Hoy no nos movemos del centro de Madrid y nos vamos al restaurante de comida árabe El Califa. La comida árabe es más que conocida por los limoneros. El restaurante El Califa es un pequeño restaurante-tetería árabe muy cerca de la Puerta del Sol en una bocacalle del Arenal, muy curioso. Decorado con cuadros y espejos árabes tiene  muchas mesas pequeñas redondas apiñadas, donde puedes disfrutar perfectamente de la conversación de la mesa de al lado, salvo que esté lleno y haya un murmullo permanente. Además permite fumar en cachimba (pipa de agua) tabaco de fruta mientras se cena o se toma el café o el té de después. Con todo, los techos son altos y el ambiente no está muy cargado. Música no hay, y se echa de menos, pero se ven familias magrebíes completas cenando juntos, junto a turistas guiris de todo pelaje y la fusión tiene su gracia.

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Con respecto a la comida no arriesgamos mucho y pedimos  como entrantesun hummus (Crema de garbanzos) y un tabulé (Ensalada de sémola y perejil al que le faltaba limón y sémola pero qu eno estaba malo) . Las raciones un pelín escasas, podían ser mayores. Era la primera vez que veía el hummus con tomate natural como acompañamiento. También nos pusieron como tapa un pequeño platillo de babaganush (Crema de berenjena) y el pan árabe calentito para mojar.

De segundo pedimos una pastela de pollo, que estaba francamente bien, mezcla de dulce y salado, salvo que tenía excesiva guarnición de lechuga iceberg (casus belis) y mucha cebolla en su interior, no es que tenga nada personal contra la cebolla pero… por muy pochada que esté la pastela corre el riesgo de acabar pareciéndose más a una empanada gallega. De precio, dos primeros, un segundo para compartir, dos cervezas y dos tés morunos, 15 euros por cabeza.

Lo gracioso es que presentó la tarjeta de crédito mi acompañante femenina, pero me dieron a mí el lector para poner el pin. En la mayoría de sitios se sigue haciendo raro que una señora invite a un caballero.

Consejo Embidioso: No seas celoso. Los adolescentes magrebíes de la mesa de al lado que fumaban en cachimba con bebidas energéticas, hambre no tendrían, pero se comían con los ojos a mi acompañante femenina.

¿Qué nota le ponemos entonces? Por la buena comida y el ambiente una lima, por la escasez de los platos y el precio, un limón como el del jugo del Hummus.

Restaurante El Califa, calle Trujillos 3 28013 Madrid <M> Sol y Opera.

http://www.califamadrid.com/


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A CURUXA II … en versión menú (Vigo)

Hace unos meses os contábamos cual era la calle Cesteiros y de dónde venía su nombre, hoy, aprovechando que el Lagares pasa por Vigo volvemos A Curuxa para probar su menú del día y así os contamos un poco más sobre este bonito pajarraco.

Una Curuxa es una lechuza en gallego, un ave rapaz que podemos ver por las noches, famoso por su canto que teóricamente avisa de un mal presagio y, probablemente por ello, muy presente en toda la mitología gallega, entre ella en el famoso Conxuro de la Queimada.

Conxuro da Queimada

Dicho esto, y una vez libres de todos los malos espíritus, entramos en harina. Como ya os contamos, A Curuxa es un local reformado, con paredes de piedra y cuadros de arte moderno colgados de las paredes. En la carta tienen un poco de todo, arroces, carnes, pescados y, entre semana tienen menú del día por 9€ con versión reducida en la que puedes comer sólo un plato por 6€.

Hoy tenían de primero Provolone con tomate y picatostes que tenía buena pinta pero que no pedimos, Salpicón de bonito con o sin mayonesa… Que, al pedirla con mayonesa, resultó ser una especie de ensaladilla con bastante lechuga, correcta y una brocheta de langostinos y champiñones fantástica, las verduras (tomate y berenjena) estaban al dente y llevaba un toque de salsa de soja perfecto.

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De segundos había: Filete de jamón a la plancha, almejas con fideos (sic) y pastel de shiitake con arroz y salsa de piquillos. Los fideos vinieron servidos en una cazuela de barro, y ahí todo sabe mejor, además el plato estaba cargado de almejas y tenían el punto picante justo.

El pastel de hongos estaba muy rico, perfectamente hecho y cuajado, la salsa estaba muy lograda… Conseguía aplacar el afán de protagonismo de los pimientos sin quitarle sabor… Pero como segundo plato era excesivo y llegaba un momento en que empalagaba. Como primero hubiera sido sensacional.

De postre pedimos unas cañitas  un postre típico gallego que consiste en una masa frita rellena de crema, deliciosa que no nos defraudaron. La camarera(que cambia entre semana) fue super amable, la comida la sirvieron rápido, todo estaba rico, el local es muy “xeitoso” y aunque la comida tuvo alguna sombra mantienen en versión menú la lima y media que les dio nuestra colaboradora cítrica, Ana de Francisco.

A CURUXA: Rúa Cesteiros, 7, 36202 Vigo, Pontevedra


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LA TAQUERÍA DEL ALAMILLO…en busca del #MMM (Madrid)

En de Lima a Limón seguimos con la búsqueda del #MMM (mejor mexicano de Madrid) por eso y porque en realidad nos molan un montón, nos vamos hasta La Taquería del Alamillo en pleno corazón del madrileño barrio de la Latina. Había estado en la taquería hacía unos tres años y, en aquel momento, me pareció el lugar más maravilloso del mundo, desde aquellas las cosas han cambiado y, tampoco vamos a mentir, a base de probar y probar el paladar de una se ha hecho algo más exquisito.

En esos tres años intenté volver unas cuantas veces… pero, o era agosto (y cierran todo el mes) o era el día de descanso… o, simplemente, no había sitio… Como dice el refrán, el que la sigue la consigue y, finalmente, conseguí reservar una mesa. En verano se puede reservar en la terraza aunque no siempre te hacen caso.

Empezamos mal, cuando llegué no había mesa, estaban todas ocupadas y la solución fue, después de tenerme esperando un buen rato poner una mesa extra, a grandes males… remedios chapuza. Después la cosa no mejoró demasiado, se liaron con la comida, con los platos, las cervezas sin alcohol eran minis y la salsa roja que te ponían con los nachos era de tomate triturado de bote… con su ácido característico. Sin embargo, la comida sigue valiendo mucho la pena.

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Los precios no son especialmente baratos, pero las raciones son muy abundantes y eso siempre compensa. Cuando llegas, para que vayas abriendo boca te ponen una bandeja con nachos y las clásicas salsas roja y verde. La verde estaba muy rica, tenía un montón de lima y un punto perfecto de picante… de la roja ya he hablado antes y tampoco quiero hacer sangre.

Para comer pedimos una tostada de tinga que estaba de morirse!!! Mezclando un montón de sabores con la tortilla crujiente en la base. Unas enchiladas de pollo en salsa verde (otra vez esta simple y descriptiva manera de llamarle a las cosas) que no se quedaron atrás, 3 tortillas servida en una bandeja tamaño platillo volante, con salsurria, queso fundido y unos aros de cebolla crudos que le daban el contraste perfecto.

Y, por último, el plato estrella, el Molcajete sabana con queso, salsa y frijoles. Un molcajete es una especie de mortero hecho con piedra, generalmente volcánica, en su variante gastronómica es un mortero relleno de los guisotes más insolitos y deliciosos. En este caso, carne de ternera cortada en trocitos, con un montón de salsas y una barbaridad de sabores diferentes que venía acompañado de unas tortillas de maíz.

Lo mejor de este mexicano es que todos los platos tienen un montón de sabor y, lo que es más importante, todos saben distinto… (aunque parezca de perogrullo, por desgracia no lo es). Se come por algo más de 20 euros por persona, con el chupito de tequila y Sprite al que invita la casa incluído. Los margaritas de tamarindo siguen siendo su especialidad, pero en este caso no tocó probarlos.

En resumen, la comida se lleva dos limas, tres años después sigue siendo fantástica, el servicio y todas las eventualidades que lo siguieron se gana el medio limón. Muy recomendable… pero sigue sin ser el Mejor Mexicano de Madrid 😉

TAQUERÍA DEL ALAMILLO: Plaza del Alamillo, 8. Madrid.


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BICHOBOLA… y su versión del cocido. (Madrid)

Es viernes, no sabes dónde comer pero te sientes rumboso, te sientes perdido, tus acompañantes se desesperan y empiezan a amenazar con ir a un Vips… No pienses más tenemos la solución perfecta, ir al Bichobola.

De este sitio ya hemos hablado y, no hace mucho, es más, es la primera vez que hacemos dos entradas de un mismo local, pero la verdad, es que su versión del cocido (por 16 euros) merece una entrada especial. Como ya os contamos, este animalillo se esconde en Ríos Rosas, cerquita de Nuevos Ministerios. Y habitualmente, tiene un menú por 13 euros, el viernes también, pero además tiene el menú especial.

De primero hay Sopa de cocido-miso una sopa de cocido, con fideos de arroz y brotes de soja, mezclada con miso (que es una masa aromatizante fermentada japonesa) cuando menos era sorprendente, estaba calentita, lo cual sienta bien a estas alturas del año y, la verdad es que pese a ser un mix peculiar estaba bien buena.

El segundo era un timbal de garbanzos,  solo que en vez de estar en puré (como suele ser costumbre en los timbales) los garbanzos estaban enteros, mezclados con repollo picadito y salteados. Por encima llevaba una salsa de tomate casera con tropezones. Nunca os olvidéis que la gente que no come salsa de tomate con tropezones no es de fiar. (consejo limonero). Esto estaba buenísimo!

Y de tercero el plato fuerte, Los raviolis de pringá al px o traducido al idioma de toda la vida, de Pedro Ximénez. Un espectáculo. Los raviolis eran del tamaño de una placa de lasaña, eso sí, con una masa suuuuuper fina, rellenas de la carne del cocido demenuzadita y bailando en una salsa gelatinosilla, sabrosa y fantabulosa. Sólo hay dos cosas que se pueden decir con respecto a estos raviolis, echamos de menos el ravioli de chorizo y morcillita y dos… un cuarto ravioli no hubiera matado.

Resumiendo un sitio de dos limas en una versión original, lograda, rica y sin desmadrarse de precio (el menú incluye la bebida, el postre o el café) hace que los viernes llegue a las dos limas y media. Clap, clap, clap!


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La mejor carbonara del mundo… I Concurso limonero.

¿Qué tienen en común la tortilla de patata, las carbonaras y merluza en salsa verde?

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Además estar riquísimos, son tres platos que todo el mundo dice que borda. Es más, hay mucha gente que dice que su tortilla, su carbonara o su merluza es la mejor del mundo. Y, a mí no me salen las cuentas, que tanta gente haga el mejor plato del mundo, no puede ser.

Con una excepción: la tortilla de patata. Doy fe de que hay mucha gente que hace la hace realmente buena, incluso la que hago yo es la favorita de algunas personas (O_O) Por tanto, aquí me rindo y puedo decir que mucha gente hace una tortilla de primera, no la mejor del mundo… pero sí de primera. En honor a la verdad, también he de decir que las he comido malas, pero al menos quien las hizo no fanfarroneaba con que la suya fuera la mejor. (Bueno, alguno sí)

Luego están las carbonaras y la merluza en salsa verde… Así que se me ha ocurrido una solución, esto se merece un concurso porque no puede ser que tanta gente sea la mejor haciendo dichos platos y yo aún no haya probado unos buenos de verdad.

Para salir de dudas propongo un concurso de estos platos y, altruistamente y en un alarde de generosidad, me ofrezco como juez-probador, claro que en la zona de Barcelona –Aunque algo que dice que no van a faltar voluntarios para otras zonas. ¿Me equivoco? Se admiten, fotos, videos, recetas, envíos por Seur 10… Tres limas están en juego.


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Viaje al mundo de las especias orientales en el sur de Londres

La sociedad está dividida en dos grandes clases: la de los que tienen más comida que apetito y la de los que tienen más apetito que comida. Nicolás de Chamfort, escritor francés.

Tras un corto periodo colonial portugués y un algo más largo periodo colonial neerlandés, la isla de Ceilán (hoy conocida como Sri Lanka) fue administrada como un cortijo más de la Compañía Británica de las Indias Orientales (British East India Company) convirtiéndola en la mayor finca de té del mundo. El té de Ceylon sigue siendo una de las principales industrias de Sri Lanka. Para evitar problemas con los nativos, los británicos siguieron una política de división y enfrentamiento entre tamiles (hindúes) y cingaleses (budistas) y así seguir tranquilos. Esta división se acentuó tras la independencia del país en 1948 llevando a un permanente conflicto civil armado que se cobró decenas de miles de muertos e hizo que cientos de miles de emigrantes de ambos grupos emigrasen al Reino Unido.

Hoy nos desplazamos al extremo sur del Gran Londres al barrio de Colliers’ Wood, el bosque de los carboneros, en el distrito meridional de Merton. No muy lejos de aquí quedan las pistas pijérrimas de Wimbledon donde se juega el famoso Open de tenis, sin embargo, este el típico barrio obrero de Londres con una calle principal (High Street) llena de tiendas de emigrantes, restaurantes para emigrantes, pubs y fruterías 24 horas y extensísimas bocacalles llenas de viviendas todas iguales y sin locales comerciales.

El Apollo Banana Leaf es uno de tantos restaurantes ceilaneses (no me gusta el gentilicio srilankés, básicamente porque no puedo pronunciarlo) que se pueden encontrar en la periferia londinense. En el Reino Unido viven más de 4 millones de personas de origen asiático, de los cuales más de medio millón vienen de la pequeña y devastada isla de Sri Lanka. La música que acompaña este post no debería ser la típica bollywoodiense de un montón bailando sin ton ni son, sino la de rapera británica-tamil M.I.A. y su Bad Girls, la cual llegó a ser número 5 en las listas de ventas en Estados Unidos.

Con respecto al restaurante nos lo habían recomendado y francamente fue un verdadero acierto. Como somos de buena gana, pedimos tres platazos de arroz (con limón, con verduras y con champiñones) y tres platos principales para tres, un poco de naan y metimos mano todos de todo. Al comensal celtíbero rural el naan (pan) le resulta fundamental porque es incomodo comer con el tenedor en la mano derecha sin nada para acompañar en la mano izquierda, y porque si la salsa está sabrosa, es de buena educación rebañar el plato hasta que brille. Los platos que pedimos fueron el tradicional pollo tikka-masala, el cordero korma (con salsa de coco) y un pollo al chile picante que echaba fuego. Todo por 12 libras por barba, bebidas incluidas.

Le ponemos dos limas-tikka masala por el precio, la calidad la cantidad y el servicio.

Apollo Banana Leaf: 190 Tooting High St, London SW17 <M> Tooting Broadway

Consejo EmbiDioso: No tengas nunca miedo a pedir el plato picante con bien de picante. Eso sí, siempre ten a mano la jarra de agua fresca y el vaso lleno, no siendo empieces a echar fuego por la boca,  te confundan con un dragón y tenga que venir San Jorge, patrón de maños e ingleses, a cortarte la cabeza.


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EL MOLLETE…una taberna para volver y volver (Madrid)

Cantaba Gardel que 20 años no eran nada  así que los 30 que lleva abierta esta taberna tampoco deben ser mucho. En todo caso, sí da para volver y para convertirse en uno de mis lugares favoritos de Madrid. Del Mollete cuentan que fue una carbonería del siglo XVIII que perteneció al Marqués de Florida, por aquellos tiempos fue testigo de todo tipo de conspiraciones, contubernios y, sobre todo partidas de mus… Hoy tienen una de las mejores cocinas de la ciudad.

La taberna es mínima, mejor reservar y si se puede, ir pronto. Da igual el día de la semana, el mes… aquí ambiente nunca falta. De hecho ese es uno de los pequeños problemas que tiene este lugar… íntimo, lo que se dice íntimo, no es. Las mesas están bastante juntas y el espacio es reducidillo. Las paredes están llenas de fotos de Tomás (el dueño), muchas veces la cocinera y una retahíla de famosos que van desde Amenabar a  Francis Ford Cóppola. Si tienes un punto mitómano, este lugar te va a encantar.

A nosotros, los limoneros, lo que realmente nos encantan son sus platos. Entre semana tienen menú del día, unos 11 euros, platos ricos, hechos con cariño y con muy buenas materias primas pero si podemos elegir… mejor quedarse con la carta y con las especialidades del día.

Las croquetas de gorgonzola son maravillosas y los saquitos de queso de cabra ni os cuento… Pero hay algo que tengo que comer cada vez que voy por allí el atún rojo con salsa de soja y puerro frito, siempre consiguen que esté en su punto, el puerro crujiente que le ponen por arriba deberían venderlo en bolsas y desbancaría a los chaskis y las espinacas de la base son deliciosas. Vamos, que tenéis que comerlo.

El día que fuimos a comer tenían de especialidad risotto de setas y gambas buenísimo, con un arroz tierno pero al dente y con un sabor a queso inconfundible y un solomillo de ciervo con salsa de frutos rojos buenísimo, tierno, rico, perfecto… pero, he de confesar, que con un sabor muy fuerte para mi gusto.

Dejad algo de hueco para el postre, la tarta de queso (individual) que hacen es de lo mejor que he probado nunca. Las natillas que le ponen de acompañante le restan más de lo que le suman pero es, simplemente, porque es inmejorable.

En definitiva, el trato es maravilloso, el local está lleno de encanto, la comida es deliciosa y diferente y los precios rondan los 15€ por persona picoteando suficiente y compartiendo postre. En pleno centro, escondido pero perfecto para encontrarse dos limas que se van para el Mollete.

http://www.tabernaelmollete.com

C/ La Bola  4, Madrid.


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LA TABERNA DEL CHATO… una excusa para chatear en directo. (Madrid)

Hoy nos vamos de picoteo por el centro de Madrid. El lugar en cuestión se llama la Taberna del Chato y está en la Calle de la Cruz, muy cerquita de la calle Huertas. Hay que tener cuidado de no pasárselo, puede que sea por los andamios de los edificios de al lado o porque la calle es estrechujis y vas más pendiente de no morir atropellado que de otra cosa pero lo cierto es que los dos que fuimos tuvimos que dar la vuelta porque habíamos caminado de más.

El nombre lo dice todo, es un lugar de chatos. Sólo que esta vez, en vez de chatos de vino son vasos de chatos rellenos de unas tapas super ricas y a precios bastante razonables, perfectos para romper la tónica actual y chatear en directo.

El local es muy bonito, maderero pero diáfano y luminoso. En la parte de atrás había bastantes más mesas pero también es más ruidoso… casi mejor opción quedarse cerquita de la barra.

El camarero era una de esas personas que te encandilan, siempre con una sonrisa en los labios, con una recomendación, gracia y chispa en el momento justo y sin abusar. Se le ve acostumbrado a tratar con extranjeros, por la zona, es un local con turistas, pero donde no venden “paela”  y los autóctonos seguimos encontrando nuestro lugar, eso también vale un gajo.

Los chatos: Estábamos embalados y moríamos de hambre así que probamos un montón. Mi favorito con diferencia fue el Nido de langostinos... no descubrieron la pólvora, pero es la primera vez que los como y el pobre langostino no está seco como la mojama. El pollo crujiente con cebolla frita no se quedaba atrás, los trozos de pollo eran generosos y venían con un fondo de salsa agripicante que le quedaba muy bien.

El solomillo teriyaki (4€) estaba sorprendentemente jugoso, traía un fondo de arroz en formato japonés que le quedaba bien, pero la verdad es que no lo recomendaría. Lo que sí recomendaría, si te gustan los sabores marinos, es el tartar de bonito en ensalada de algas.

Y luego la recomendación del camarero, las croquetas caseras de jamón que, efectivamente, eran caseras, estaban hechas con leche y no sólo con harina, llevaban jamón (oh, gran milagro) pero una más… no le hubiera venido mal. Por si queréis algo más contundente también tienen raciones pero.. mi consejo es que chateéis a la clásica probando un poco de todo. Si insistís en la ideas, el bacalao ahumado con salmorejo está delicioso!

Los postres también entran dentro del chateo, dominado por el chocolate, en versión mousse o brownie, natillas y el poste del día… que en este caso era piña colada, un helado de coco con trocitos de piña y chorrito de ron, buenísimo!

En resumen, un local agradable donde puedes cenar sin morir de hambre por algo más de 10€ por persona, perfecto para una sesión vermouth o un picoteo nocturno, con cosas ricas y pinchos del día. Precios razonables, desde 2 a 4€, con tapas que alguna vez podrían ser un poco más generosas, pero con las que te puedes alimentar. Un buen sitio para salir de la rutina se lleva lima y media.

http://www.tabernadelchato.com/

LA TABERNA DEL CHATO:  Calle de la Cruz, 35. Madrid.


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EL GRANERO DE LAVAPIES… uno de los vegetarianos clásicos de Madrid

Cada vez que hablo de comida vegetariana alguien me imagina con orejas de conejo royendo el rabo verde de una zanahoria… Y se olvidan de que el pisto es vegetariano… O el gazpacho.. O las miles de ensaladas que se meten en el cuerpo con la tortura de la operación bikini… Estigmas aparte, lo cierto es que con verduras se pueden hacer un mogollón de cosas y esa es la mejor parte de los restaurantes vegetarianos, la cantidad de ideas que te dan.

Al tema, hoy nos hemos ido al Granero de Lavapiés, uno de los vegetarianos más antiguos de Madrid. Un lugar mini con terraza que siempre está a tope de hecho, uno de sus inconvenientes es que no es fácil adivinar sus horarios, no es la primera vez que quiero ir y me encuentro con la puerta cerrada. Lo cual no mola nada.

Su menú del día cuesta 10€ (11 si de postre eliges tarta), incluye primero, segundo, agua, postre y cafe… Completo y variado… Este día había de primeros: gazpacho, ensalada variada, crema de verduras, puding de hortalizas y alegría de legumbre y cereal. Y de segundos: croquetas de champiñón, tofu ecológico con berenjena, paella de verduras, tofu ecológico a la plancha y plato granero… Por falta de opciones y de tofu no sería.

Nosotros pedimos un pudin de hortalizas, con muchas hortalizas, un poco moreno de más y acompañado de una crema fría de calabaza con un regusto a vinagre que no nos convenció en absoluto… Y una alegría de legumbres y cereales que resultó ser un plato con quinoa (esa cosa que parecen pepitas de pimiento), pesto de perejil y frijoles, sorprendente y muy rico. Eso sí, excesivamente abundante.

Los segundos fueron unas croquetas de champiñón super super ricas y muy rellenas y un plato granero, quizá el momento conejo de la comida, un plato combinado con zanahoria y calabacín crudo rallado, unas lentejas guisadas en el centro del plato, dos aros de cebolla caseros ricos ricos, y un poco de arroz integral. Es cierto que después del hiperabundante primero ya no tenia demasiado hambre pero, en todo caso aquel mix alimentaba, no daba cargo de conciencia pero no tenía encanto ninguno.

El flan de manzana estaba muy rico, sabía bastante a canela lo que para los caneleros, entre los cuales me incluyo es garantía de éxito, y el batido de fruta resultó ser un potito de kiwi servido en esas copas chatas en las que bebían champán nuestras abuelas que solo te lo tomabas bajo la promesa de las vitaminas.

El sitio es correcto, la comida… Si eliges bien tiene cosas muy ricas y si eliges regular te da para comer sano y bastante bien de precio en el centro de Madrid. No es un milagro y la comida vegetariana da para más eso hace que se lleven medio limón pero la lima, no se la quita nadie.