De Lima a Limón

Crítica – cítrica


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GUMBO… Un viaje a Nueva Orleans (Madrid)

Hoy en De Lima a Limón nos vamos a un lugar totalmente diferente, cambiamos el registro y viajamos a Lousiana, concretamente, a Nueva Orleans o (Niú orlíns que dicen los locales). La fama de hamburgueseros ha hecho mucho daño a la gastronomía estadounidense… Pero lugares como este ayudan romper el mito.

El Gumbo está en la calle Pez, en la parte baja de Malasaña. Es un local pintado de azul con una barra que parece sacada de la cocina de una peli americana. Es un restaurante auténtico, no una de esas versiones enlatadas de los «diners» que poquito a poco van apareciendo como setas en todas las ciudades. Eso sí, las mesas están un poco juntas de más y, a veces, parece que en vez de en tu plato vas a meter el tenedor en el del vecino.

Las especialidades, en las que es experto y sobre las que nos habla el limonero Carlos Hidalgo tienen una pinta increíble y algún plato que vimos pasar daban ganas de robarlo… pero esta vez nos resignamos a la versión económica y probamos el menú del día por 10,75€.

Mientras esperas a la comida te ponen unas nueces, dulces, saladas y picantes todo a la vez tremendamente adictivas, no llegamos a saber si las hacían allí o las traían de algún sitio pero era para llevarse un saco para casa.

Pedimos de primero la ensaladilla americana, que no defraudó… Una especie de ensalada de patata con mayonesa, un punto de mostaza y el toque fresco del apio y el cebollino. Y el Gumbo de pollo una mezcla entre sopa y potaje típica de la zona servida con arroz blanco riquísima… Tenía un sabor super intenso, entre seco, amargo, picante… Muy diferente y muy recomendable.

Los segundos eran platos estándar pero con un toque, servidos siempre con arroz blanco o puré de patata. El pollo estofado estaba muy bueno, y era ración muy abundante. El mero en salsa criolla estaba muy bien hecho, la salsa tipo pisto le quedaba fenomenal pero, le fallaba el pescado. No es que estuviera malo… Supongo que es que nací en la costa gallega y eso tiene sus consecuencias.

En el postre nos lanzamos a la tarta de zanahoria con nueces, que es una receta básica capaz de sacar lo mejor y lo peor de cada uno… Y en este caso sacó el lado bueno siempre que obviemos que las nueces estaban un pelín rancias.

A la hora de cenar, sin embargo, es cuando Gumbo da su do de pecho y uno puede sumergirse de lleno en la gastronomía «Cajún«, que viene a ser la comida mediterránea adaptada por los criollos franco-canadienses de Louisiana. Para empezar una buena cena de dos, nada como unos peliculeros tomates verdes fritos (8,50€) para compartir, rebozados y jugosos, vienen acompañados de una riquísima salsa remoulade (una especie de mayonesa especiada) con gambas. Si hay hambre, podéis acompañarlo con el tradicional jamabalaya (12€); un plato de arroz muy especiado (¡ojo, pica!) acompañado de langostinos y andouille (un riquísimo embutido).

En los segundos, no somos imparciales y nombramos un claro favorito: el lomo de buey bronceado con patatas machacadas al ajo (18,50€). El buey viene churruscadito por fuera y jugoso por dentro; sabroso y tierno. Y las patatas machacadas no engañan con su nombre: un puré de patatas hecho en casa, con la dosis justa de ajo para que a uno se le haga la boca agua. Si queremos decantarnos por algo menos convencional y más creóle aún, podemos optar por los mejillones gratinados (8,50€), el cangrejo de caparazón blando con salsa meuniere (16€) o los langostinos al ajillo con pimienta negra (15,50€). Aunque nunca tenemos que olvidar que provienen de una gastronomía acostumbrada al marisco del Golfo de México y el delta del Río Mississippi: mucho más grande, pero también mucho más insípido que el marisco al que estamos acostumbrados.

Echamos de menos el cocodrilo de la página web que siempre le hubiera dado un toque de distinción a la comida pero agradecimos el jazz que sonaba de fondo. El menú no es el mejor del mundo pero no tiene nada que envidiar a la media y tiene un toque diferente que ayuda a salir de la rutina, cenar es caro, con bebida y postre unos 35€ por cabeza pero es una experiencia que realmente merece la pena, por todo eso los cocodrilos se ganan dos limas.

GUMBO: Calle Pez, 15, Madrid

www.gumbo.es


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De camino a Villarijo (Soria)

Esta semana me tocó viajar a un pueblecito abandonado en la provincia de Soria, casi en la Rioja, Villarijo. Intenté planificar a conciencia la ruta para no jugármela con el azaroso método de ver si hay muchos camiones en el aparcamiento pero sobre todo, para evitar a toda costa la maldición del viajero por carretera: los infames Autogrill y sus tapadillos como el “Asador el Enebro”. He comido demasiados bocatas de jamón insípido, croissants elásticos como un pulpo crudo y lonchas de bizcocho casi transparentes a precio de oro, como para picar de nuevo en esa trampa.

Después de unos cuantos kilómetros toca la primera parada a media mañana en el Casa Goyo (Saúca). Un restaurante pequeño, a dos kilómetros de la autovía, con estufa de leña en el centro y una carta honesta, breve y contundente.

En Castilla el cerdo es el rey y, en Casa Goyo, su mejor representante es el torrezno. Así que pido dos aunque con haber pedido uno hubiese bastado (Refresco y dos torreznos 3 euros). Salgo de allí con el firme propósito de volver para probar el contundente menú de 9 euros y pensando que tal vez haya probado los mejores torreznos de mi vida.

Casi tres horas después llego a San Pedro Manrique, la población más cercana a nuestro pueblo abandonado. Por el camino veo varios restaurantes cerrados, de esos que sólo abren los fines de semana, y me entra mala espina, es miércoles, se acerca la hora de comer, San Pedro no llega a los 600 habitantes y San Google no ayuda mucho en entornos rurales. Por lo que tuvimos que recurrir a la sabiduría popular y como “preguntando se llega a Roma” descubrimos que también se llega a la Pensión Pili que para más datos castizos está entre el colegio y el cuartel de la Guardia Civil.

No es un sitio lujoso, se trata de una pensión que tendrá unos 60 años pero con un restaurante limpio, pequeño y bien reformado. El servicio es un poco lento, pero tampoco había prisa y son encantadores y muy familiares. Se impone el menú del día (9 euros), así que arranco con una sopa castellana ideal para el día lluvioso, abundante, muy sabrosa y con huevo de auténtica gallina y jamón como los de antes.

De segundo, secreto ibérico, con su sal gorda, unas finísimas patatas fritas caseras que parecían de bolsa a primera vista y resultaron una maravilla al probarlas y un pimiento rojo. El secreto estaba sabrosísimo, jugoso y tierno, muy lejos de ese cerdo con sabor a pollo al que nos estamos acostumbrando. Como el resto de comensales ya habían dado cuenta de los postres elaborados por la casa, me conformé con un café.

De ahí al pueblo abandonado y vuelta a Madrid, breve pero suficiente para disfrutar de sus bonitos paisajes incluso en un día lluvioso pero sobre todo, para darnos cuenta de que aunque haya ida y vuelta en el día, es posible salir de la rutina prefabricada de las cadenas de estaciones de servicio y convertir los traslados en viajes de lima y media.


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LA HERRADURA… posiblemente el mejor menú mexicano de Madrid

Cada uno tenemos nuestras debilidades y, he de confesar, que la comida mexicana forma parte de las mías. Es algo que roza lo irracional y que me ha llevado a probar buena parte de todos los mexicanos de Madrid.

Hoy os traigo mi restaurante mexicano favorito, en pleno centro de la ciudad, muy cerquita de la famosa Calle Limón y con un increíble menú del día por sólo 10 euros. La Herradura.

Es un mexicano acogedor, con luz tenue, poca cobertura, diez mil cosas colgadas por las paredes, música agradable y comida súper casera aunque no muy vistosa… Una delicia en comparación con las franquicias de comida texmex precocinada que últimamente nos invaden.

El menú incluye nachos con salsas (roja y verde… Con un mínimo toque picante pero totalmente soportable), primero, segundo, bebida y postre… Tanto en los primeros como en los segundos tienes cuatro opciones a elegir… Mi consejo es que pidáis cosas variadas y probéis de todos los platos. Cada día de la semana hay un menú diferente, pero que siempre se repite…lo cual hace que los lunes no sea tan recomendable (es un poco flojo) y los jueves sean una maravilla.

Esta vez era martes… De los primeros descartamos la ensalada y los frijoles y nos fuimos directamente a las calorías en vena… Quesadillas, ricas pero sin más secreto y espaguetis poblanos, algo que había visto mil veces, que nunca había probado y que, probablemente nunca dejaré de pedir… Qué ricos! Parecían el alimento de Hulk… Con ese manto de salsa verde (de chile poblano) y el pollo por abajo pero es que eran una explosión de sabor.

De segundo elegimos carnitas de cerdo… Muy razonables, con guacamole por encima y unas enchiladas suizas a las que llegamos sin pizca de hambre, pese a que siempre me encantan… La tarta de chocolate prometieron guardárnosla para el próximo día.

He perdido la cuenta de cuántas veces habré ido y de a cuánta gente diferente habré llevado, lo que sí sé es que vuelven… Así que por su comida casera, su ambiente y su buen precio se merecen una lima y media.

http://www.la-herradura-madrid.com/
Calle Montserrat 32


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IL PASTAIO…Un italiano de menú en Chamberí (Madrid)

Estamos viviendo en directo la «invasión de las franquicias». Seguro que hay estadísticas espeluznantes, que desconozco, pero dirán.. Cada hora se cierra en España un bar de toda la vida y se abre un SuperFriedPollo.

Esto, es especialmente grave en Madrid y, más aún, en el gremio de los italianos donde los Ginos y Diboccas nacen como setas. Sin embargo, hay una pequeña zona de Madrid que resiste, algo así como la «little italy» madrileña, la zona por la que se mueven los que trabajan en el Consulado Italiano o los que llevan a sus hijos a la Scuola Statale Italiana di Madrid.

Ahí es donde se encuentra nuestra víctima del día, Il Pastaio del Vecchio Mulino, para los amigos, Il Pastaio, un viejo conocido de los trabajadores de la zona de Nuevos Ministerios.

 

Tienen una carta a precios muy razonables y un menú diario de 10,90€. Además del restaurante de Ríos Rosas, los dueños tienen dos tiendas donde venden su propia pasta fresca (una auténtica perdición a una media de 11 euros el kilo).

El lugar es sencillo y, aunque tienen muchas mesas, es mejor reservar si no quieres quedarte sin comer. Los camareros son italianos, correctos… Pero se bloquean un poco cuando les preguntas qué te recomiendan, probablemente, porque siempre están a tope.

El menú es suficiente, suele haber una ensalada de primero y pastas variadas de segundo. En este caso había: insalata tre fromaggi con queso de Burgos, Gouda, Pecorino y un aliño dulzón, y un Crocchette de patata que no pedimos aunque tenía buena pinta.

De segundo un Duetto al forno (una combinación de dos trozos de lasaña con muy buen aspecto) unos Linguine dello chef, con nata, puerro y pavo muy sabrosos, con una pasta exquisita y al dente, pero con ese toque de la pechuga de pavo que me recordaba a esos arroces a la nevera del día en que no hay nada más que echarle. Por último, yo pedí unos Tortiglioni a la Trapanese, una receta sencilla con tomate natural en trocitos, pimiento, ajo y perejil, dentro de un mes con los tomates de temporada estará de escándalo, pero hoy le faltaba un poco de sabor y una cucharada más de macarrones, se quedaron un poco cortos.

De postre había profiteroles con chocolate o pera escondida en nata. Digo lo de escondida porque hasta que despejé aquella copa fue difícil clavarle el tenedor a la pobre fruta en almíbar.

Como italiano de menú es uno de los mejores, su pasta es excelente y el precio es muy razonable por eso se llevan lima y media, sin embargo, se suelen quedar un poco cortos en las raciones del menú y los primeros suelen ser bastante flojos y eso les cuesta medio limón, recomendable en todo caso.


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Ochenta Grados (Madrid)

Me gusta divertirme comiendo, lo voy a repetir una y otra vez hasta que todos nos enteremos, principalmente, quienes aspiren a nuestras tres limas. Hoy me he divertido – a ratos – mientras comía en 80º (Ochenta grados) el local más original de menú del día de Las Tablas.

Desde su nombre (temperatura a la que hacen muchos platos para que se hagan poquito a poco) hasta cómo tienen configurado el menú, así como el local, son originales lo cual, en un barrio con tantos restaurantes y variedad tiene su mérito. En vez de hartarte a comer, en 80º tienen la intención de que pruebes más platos, más texturas y que mezcles sabores. De ahí que el menú se componga de tres mini-platos o tapas grandes y un postre, con el cual terminas saciado pero no a reventar.

De primero probé una ensalada de pasta con gulas, tomates cherry y una vinagreta de tomate seco. Fresco, amargo por la rúcula y dulce por los tomates. Se agradece ahora que viene el buen tiempo. De segundo unos calamares fritos, en rodajas finísimas, crujientes y poco aceitosas y con una mousse de all-i-oli que no ha repetido mientras escribía la entrada ni una sola vez. De tercero, opté por un plato más construido, un trocito de solomillo de cerdo, que se anunciaba con costra de romescu y puré dulce de patatas. Otra vez, mezcla de texturas y sabores.

Lo más recomendable es ir con compañía y probar el resto de las opciones, ya sabéis que no está bien visto meter el tenedor en los platos de las mesas de al lado.El salmorejo con helado de parmesano y las croquetas de gambas eran para no perdérselas.

Los postres suelen ser a base de cremas con helado y galleta, ya sea en versión tarta de queso o tarta de «oreo». Pero esta vez nos sorprendió, entre la mousse de chocolate había peta-zetas que explotaban mientras lo tomabas, otro punto divertido.

La calificación no pasará de la lima y media y medio limón ya que el menú no cambia demasiado desde que lo abrieron, aunque van incluyendo un plato de cuchara diario. Salvo el dueño (que debe ser el que cuida del negocio) el resto de personal va con prisas – sirven tres platos en vez de dos – lo que hace que haya algún descontrol y vuelen las cucharas. En definitiva, una original manera de pasar un rato gastronómico por 12,5€, que si cambiaran más la carta y descendieran un par de euros el menú, podría convertirse en un referente de la tapa moderna en la zona norte.

Ochenta Grados: Calle Mirallos, 4


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ALBATROS… Un menú con las mejores vistas de Vigo

Hace unos años el piso de arriba de la Estación Marítima de Vigo se convirtió en un «lounge bar«. Tenía unas vistas tan buenas que conseguía que olvidases todo lo demás y acabases volviendo, pero a aquello le faltaba algo para poder sobrevivir… años después y, concretamente, a primeros de abril llegó a nuestros oídos limoneros que Mauro Durán se había sumado al proyecto y entre eso, y que tienen menú del día, fue razón más que suficiente para darles otra oportunidad.

Gaviota

El menú del día cuesta 15,50€ lo cual, lo limita para el día a día, pero puede ser una muy buena opción para un día especial donde no tengas mucha prisa.

Los primeros nos dejaron un poco fríos, y nunca mejor dicho, hoy había pote marinero de alubiasun potajillo con bastantes mejillones, alubias suaves y hermosas pero con un punto salado y a laurel de más, además vino frío y no es plato de gusto tener que pedir que te lo recalienten. Además probamos la tosta de huevo con cebolla caramelizada que era eso… un trozo de pan, con cebolla castellana pochada, un huevo y cuatro finas lonchas de lomo embuchado.

Los segundos, sin embargo, nos gustaron muchísimo, había pluma ibérica con patata asada y salsa criolla, con una carne buena hecha al punto y en una ración abundante y taco de atún con Soja y ajoblanco. riquísimo, un taco de atún marinado enorme, sobre una berenjena suave como la mantequilla, la patata asada y el ajoblanco en formato espeso que le daba un punto increíble sin necesidad de estar repitiendo tres horas más tarde.

De postre había Brownie de chocolate rico y Daikiri de frutas exóticas que no debían estar en temporada porque recordaban más a un potito de pera que al mar Caribe… otro punto positivo es que el café estaba incluído.

En resumen, una comida muy bien presentada, con una carta trabajada donde todo lo que ves pasar tiene muy buena pinta, unos segundos abundantes pero no empachosos y un lugar inigualable se merecen ampliamente la lima y media, sin embargo, se nota que están arrancando en esta nueva temporada, a algún plato le falta temperatura, tardan algo más de lo que debieran en servir y los primeros… todavía parece que hay que pulirlos así que se llevan medio limón provisional. En unos meses volveremos y estoy segura de que no sólo se quitarán ese medio limón sino que llegarán a las dos limas.

ALBATROSMuelle de Transatlánticos S/N, “Estación Marítima”

http://albatros-vigo.com/


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El otro Jerezano (Madrid)

Los jueves son el «día sin tartera» en mi trabajo así que cambiamos la duda… Del qué me llevo yo para comer mañana al… Y hoy dónde comemos. Aprovechamos para poder hablar tranquilamente y comer algo distinto pero sin necesidad de dedicarle a la tradición la paga extra. Esto, nos ha llevado a conocer la zona de Las Tablas (norte de Madrid) al dedillo.

El Otro Jerezano es nuestra opción cuando queremos darnos un pequeño lujo. El menú, 13,70€, un pelín carillo, es sin duda es un reclamo para que se conozca mejor la carta para las cenas y fines de semana. Una buena política de marca que le da bastantes buenos frutos.

 

Esta última vez de primero elegimos algunos migas (muy castellanas) y otros unos rollitos de espárragos trigueros que lucían en el plato como si no quisiéramos que lo desmontáramos. Llevaban gulas pero no sobraban (moda noventera, que si se puede evitar mejor, sumada por ejemplo a la moda a la de la reducción de Módena) De segundo nos recomendaron un steak de buey con tomates secos fritos en una base de mollete. Preguntamos si sería una hamburguesa y nos dijeron que mejor probáramos, que no era esa la intención. Efectivamente, dos tacos de carne picada una sola vez y no apelmazada, aliñada, vuelta y vuelta, con los sabores dulces y amargos de los tomates y la rúcula frita crujiente que tenía por encima. Un detalle tonto, pero limonero, las patatas recién fritas en rodajas finísimas. A los postres caseros no llegamos, así que tomamos café.

Quizás la excesiva abundancia y lo dice un limonero hambriento, es exagerada. Por ese motivo, voy a dejar la puntuación en una lima y media, y también un gajo de limón, estaría bien que midieran bien las cantidades (sin bajar la intención de calidad e innovación) y así poder moderar el precio a la media, que son tiempos de aportar entre todos una mejora entre la calidad y lo que nos cuesta.

Paseo de San Millán de la Cogolla, 26, 28050 Madrid

http://www.otrojerezano.com/


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A PUNTO… un Restaurante en su punto

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En febrero de este año abrió sus puertas un nuevo restaurante en Pontevedra y atraídos por su olor a nuevo y por la recomendación de una amiga con reconocido buen gusto… Nos acercamos a probarlo, el resultado fue fantástico!

El sitio es mono, bastante amplio, con una decoración entre lo nórdico, lo frío y lo fácil de limpiar y con un detalle que me apasiona, comes delante de la cocina donde Oscar Abal y Adriàn Fuentes bailan entre cazos, cucharas y fogones. Otro detalle simpático es que la comida te la sirven en una bandeja de Ikea, lo cual hace que te sientas como si te trajeran el desayuno a la cama.

Tienen una carta pequeñita, llena de tapas de productos de temporada a precios muy razonables (como el sashimi de jurel por 7 euros) y además tienen menú, entre semana a 10 euros y en el fin de semana uno más amplio en formato degustación por un poquito más… Una de las cosas buenas es que no hay sorpresas, en su página de Facebook cuelgan el menú a diario.

Hoy nos tocó huevo con bechamel y crujiente de chorizo… Algo sencillo pero hecho con tanto cariño que el primer trocito de pan mojado en aquello supo… A gloria bendita que hubiera dicho mi abuela. Era para profesionales porque la clara todavía conservaba su textura, eso sí la suavidad y el sabor de aquello era difícilmente mejorable.

De segundo había unos garbanzos con espinacas (frescas) y un bacalao muy suave, poquito hecho… En su punto de picante y sin ese sabor cargante de muchos potajes de mar y montaña.

El tercero me enamoró, una croca – cadera de ternera gallega – con tirabeques casi crudos (lejos de aquel recuerdo del plato de tirabeques recocidos con aceite y vinagre que me obligaban a comer de pequeña bajo la terrible excusa de las vitaminas)… Riquísima, eso sí, prácticamente cruda.. Y no apta para los amantes de la suela de zapato carbonizada.

Las natillas del postre (que habitualmente valen 3 euros) son… Increíbles, llevan por arriba unas perlitas de hojaldre caramelizado que riete tú de las galletas maría. La camarera nos las recomendó y tenía toda la razón del mundo.

En resumen, un menú de autor de calidad, con raciones justas pero en conjunto suficientes, una apuesta por la calidad, el cariño y el buen gusto a tan buen precio se merecen sobradamente dos limas.

https://www.facebook.com/apuntotapas?group_id=0
Rúa Nova de Arriba, 7 Pontevedra


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WEI un chino diferente, para oficinistas de Las Tablas (Madrid)

La comida china, por lo general, no es más que una adaptación de la comida oriental a los gustos del país donde se asientan. No hay nada más viejuno y castizo que el pollo con almendras de un restaurante chino de Lavapiés, receta que tiene mucho más abolengo que la moda de estas últimas décadas de comer «presa ibérica» o aliñar con reducción de vinagre de Módena.

Dado que los platos se estaban convirtiendo ya en clásicos, la introducción de la comida del sur de Asia y Japón a los restaurantes orientales ha logrado hacer menús del día «premium» Aún así, todavía es posible encontrar restaurantes «multi-asíaticos» donde la comida china ha mejorado sus platos míticos a nuevos sabores y mejores productos. El caso de Wei en las Tablas es ejemplo, de como con una carta con al menos 6 menús diferentes puedes comer desde 9€ hasta 18€ una amplia gama de platos chinos, vietnamitas o japoneses.

En el menú básico chino, tras pasar por los tradicionales rollitos y arroz tres delicias (ambos de elaboración algo más casera que el estándar) y con ingredientes más frescos, me trajeron un «Lomo de cerdo al estilo Yixuan» región china donde usan la guindilla para aderezar todos los platos. La carne estaba buena, el cerdo era reconocible, la salsa y la guindilla, muy sabrosas, y las verduras frescas y crujientes, recién salidas del wok. De postre, acudí al flan con nata.

Quien pidió uno de los menús especiales (12,5€ que en las Tablas es el precio medio) acabó con una bandeja de comida mezcla vietnamita y japonesa que tenía muy buena pinta. El ser crítico cítrico exige ir probando del plato del resto, y las Gambas Teriyakki me resultaron interesantes.

Ya que es un menú del día y por el precio que tiene, Wei se lleva una lima y media, incluso en días populosos como un jueves, que no impide que el trato siempre educado oriental se haga notar, aunque tardaran algo más en traer la cuenta. Es día de compartir sobremesa con los compañeros de trabajo.

WEI Calle de San Julián del Camino, 7 (Las Tablas) Madrid


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O lagharto pintado. Del folk a los fogones (Vigo)

Uno de los lugares objetivo De Lima a Limón son los sitios nuevos… esos lugares que rezuman ilusión y que incluso todavía conservan un poquito de olor a pintura. O lagharto pintado abrió sus puertas a finales de 2012, sus dueños, cinco profesores de música tradicional de la Escuela de Artes y Oficios de Vigo quiseron crear un local que combinase la música con unas buenas tapas a precios económicos y De Lima a Limón ha asomado la cabeza por allí para comprobarlo.

A juzgar por lo lleno que está siempre parece que la iniciativa les ha salido bien, quizá parte de su éxito venga de que ellos son los primeros que comen en su local. Allí estaba el propio Anxo Pintos (alma mater de Berrogüeto) en medio de una animada comida.

De lunes a viernes tienen menú a 9,50€, con bebida, postre, café y opción vegetariana. Cuestión de agradecer ya que el menú consta de 1 primero y 1 segundo y, aún no siendo vegetariano la opción puede abrirte nuevos horizontes… Este miércoles hubo caldito gallego de primero y cocido de segundo, una apuesta contundente que conjuntaba a la perfección con el día lluvioso que estaba y,aunque, nos dejamos llevar por el colesterol el caldo verde y el cous-cous con garbanzos tampoco tenían mala pinta.

El caldito, además de entrar de maravilla, estaba rico rico y tenía un toque a comino que le daba una gracia. Por su parte la fuente de cocido para dos que nos pusieron llamaba la atención… pero más nos llamó la atención cuando los camareros se ofrecieron a traernos más si aquello no era suficiente.

El cocido era supercompleto, tenía todo un arsenal de cerdo salado (oreja, rabo, costilla), cerdo curado (lacón y panceta), cerdo tratado (chorizo), ternera, gallina y, por supuesto, repollo y garbanzos de verdad (nada de bote, dicho sea con el debido respeto a FalsariusChef). Es cierto que cuando terminamos de dar buena cuenta de la fuente parecía que nos había tocado el osario del cocido, pero también es verdad que si queríamos más ya se habían ofrecido a traernos no había nada que objetar.

De postre nos tomamos una tarta de queso y nueces, que aunque bien hecha me resultaba un tanto empalagosa y, en un intento de reconciliarnos con nuestra conciencia y la báscula un par de kiwis.

En definitiva, unos camareros encantadores, un buen menú a un precio muy razonable, un sitio agradable y con contenido cultural bien se merece una lima y media.

O Lagharto Pintado. Rosalía de Castro, 8. Vigo