De Lima a Limón

Crítica – cítrica


5 comentarios

LOBO DO MAR… del mercado a la mesa (Vigo)

El Casco Vello de Vigo ha vivido momentos complicados, la mala vida de los 80 pegó fuerte y durante algún tiempo sus calles parecían el escenario de la serie «The Walking Dead», sin embargo, después de años, de mucho trabajo y de muchas rehabilitaciones, el barrio ha vuelto a ganar vida y encanto. Hoy nos perdemos en una de sus calles de piedra empicadas y buscamos un clásico, O lobo de mar.

En su momento, esta taberna, atrajo a lo mejor de cada casa con la excusa de tomar unha cunca de viño do país acompañada del mejor pescado fresco. A día de hoy las cosas han cambiado, cuando abres la puerta ya no aparece aquel antro de piedra con bustos de marineros colgados por las paredes sino una sala pequeñita rehabilitada, recién pintada y decorada con algunas de las piezas que el encargado de obrar el milagro indultó.

La carta cambia todos los días en función de lo que haya en el mercado, sirven raciones y medias raciones y los precios varían entre 4,50€ y 7,50€. Vista la diferencia de precio (poco más de un euro) y lo buenísimo que está todo, os recomendaría que pidierais raciones enteras.

Después de mucho pensarlo y de descartar la carne por motivos obvios decidimos compartir dos raciones: Una castañeta guisada y unos chipirones. De guarnición siempre puedes elegir entre patata cocida, frita o arroz… los guisos siempre me tiran del cachelo y los chipirones del arroz así que no hubo que pensar mucho.

La castañeta, palometa, zapatera o japuta bien guisada es una locura… o en fideuá… o a la plancha con ajo y perejil… o rebozada… la verdad es que este pez con cara de enfadado es de lo más versátil. El guiso que nos pusieron era simple, cebolla, pimiento verde y poco más pero estaba super sabroso. El pan mojado en aquella salsa era puro vicio.

Los chipirones no se quedaban atrás, salteados con cebolla, ajo y pimiento verde muy rustido y contrastando con el arroz blanco. Ricos, ricos, ricos.

De postre nos ofrecieron Requesón das Neves con miel, se nos cerraron los oídos y ya no supimos escuchar más… este requesón es algo especial, no se parece en nada a cualquier subproducto que compréis en un supermercado. Es de fabricación artesanal, se venden en unas bolitas y se sirve tal cual, con un poco de miel y si se está inspirado con un par de nueces. Pero es que no necesita más. Tiene un punto agrio, ácido y muchísimo sabor.

La cuenta nos salió a 11 euros por persona precio de menú con elección a la carta… productos fresquísimos y de la tierra, una perfecta comida casera y sin florituras, un local acogedor que todavía destila cierta solera y que ha sabido resistir y adaptarse a los tiempos sin traicionar a sus orígenes se gana, por primera vez en este blog, dos limas y media.

LOBO DO MAR: Rúa Anguía, 2, Vigo


Deja un comentario

CON DOS FOGONES… Y un montón de sabores (Madrid)

Para hablar de este sitio hay que ponerse en situación: es lunes, de noche, las farolas están a medio gas, tienes un hambre que te mueres y todos los sitios a los que quieres ir… Uno detrás de otro están cerrados. La moral se mina, el tiempo va pasando y al fin ves luz en un local y entras. Se llama Con dos fogones y aunque la imagen corporativa parece copiada del «Cumple guay» la verdad es que la decoración es bonita.

Es un local pensado para el picoteo, tienen una carta inmensa donde tocan todos los palos… Carnes, pescados y mucha cosa hecha con verdura. Del menú del día al menú degustación de tapas por 35 euros con botella de vino para cada dos incluida.

Era un día especial, nos merecíamos un homenaje y el estómago rugía con ganas de probarlo todo… Pero la camarera, con muy buen criterio, nos quitó la idea del menú de tapas de la cabeza, viendo el tamaño de las raciones nos hubiéramos quedado sin probar la mitad de las cosas y habríamos salido rodando de allí.


Después de darle mil vueltas a la carta pedimos unas hamburguesas vegetales con alioli de pistacho (7,50€) que estaban tan buenas que entraban ganas de secuestrar a la cocinera para ver cual era la fórmula mágica.

Un pollo Indio… Macerado en yogur y tandoori y servido con un arroz basmati con anacardos. Menos auténtico que el que puedes comer en un restaurante hindú pero más suave también… Y muy rico.

Y una Tabla de crujiente que no me gustó nada… Prometían una tempura de queso brie que traía unos trozos demasiado grandes, unas croquetas de jamón horribles hechas a base de harina y más harina, y samosas de verduras con una pasta casera relativamente buenas si obviamos el relleno de «ensaladilla findus»… De las cuatro salsas que traía me quedo con la salsa de soja dulce pero con la cantidad de cosas ricas que tienen en la carta sería lo último que recomendaría.

La verdad es que lo descubrimos por casualidad pero es un sitio muy céntrico, detrás de plaza de España, con una carta muy variada y llena de cosas ricas a un precio de poco más de 15€ por cabeza que se gana una lima generosa.

CON DOS FOGONES: Calle San Bernardino, 9 Madrid

http://www.condosfogones.com/


2 comentarios

GUMBO… Un viaje a Nueva Orleans (Madrid)

Hoy en De Lima a Limón nos vamos a un lugar totalmente diferente, cambiamos el registro y viajamos a Lousiana, concretamente, a Nueva Orleans o (Niú orlíns que dicen los locales). La fama de hamburgueseros ha hecho mucho daño a la gastronomía estadounidense… Pero lugares como este ayudan romper el mito.

El Gumbo está en la calle Pez, en la parte baja de Malasaña. Es un local pintado de azul con una barra que parece sacada de la cocina de una peli americana. Es un restaurante auténtico, no una de esas versiones enlatadas de los «diners» que poquito a poco van apareciendo como setas en todas las ciudades. Eso sí, las mesas están un poco juntas de más y, a veces, parece que en vez de en tu plato vas a meter el tenedor en el del vecino.

Las especialidades, en las que es experto y sobre las que nos habla el limonero Carlos Hidalgo tienen una pinta increíble y algún plato que vimos pasar daban ganas de robarlo… pero esta vez nos resignamos a la versión económica y probamos el menú del día por 10,75€.

Mientras esperas a la comida te ponen unas nueces, dulces, saladas y picantes todo a la vez tremendamente adictivas, no llegamos a saber si las hacían allí o las traían de algún sitio pero era para llevarse un saco para casa.

Pedimos de primero la ensaladilla americana, que no defraudó… Una especie de ensalada de patata con mayonesa, un punto de mostaza y el toque fresco del apio y el cebollino. Y el Gumbo de pollo una mezcla entre sopa y potaje típica de la zona servida con arroz blanco riquísima… Tenía un sabor super intenso, entre seco, amargo, picante… Muy diferente y muy recomendable.

Los segundos eran platos estándar pero con un toque, servidos siempre con arroz blanco o puré de patata. El pollo estofado estaba muy bueno, y era ración muy abundante. El mero en salsa criolla estaba muy bien hecho, la salsa tipo pisto le quedaba fenomenal pero, le fallaba el pescado. No es que estuviera malo… Supongo que es que nací en la costa gallega y eso tiene sus consecuencias.

En el postre nos lanzamos a la tarta de zanahoria con nueces, que es una receta básica capaz de sacar lo mejor y lo peor de cada uno… Y en este caso sacó el lado bueno siempre que obviemos que las nueces estaban un pelín rancias.

A la hora de cenar, sin embargo, es cuando Gumbo da su do de pecho y uno puede sumergirse de lleno en la gastronomía «Cajún«, que viene a ser la comida mediterránea adaptada por los criollos franco-canadienses de Louisiana. Para empezar una buena cena de dos, nada como unos peliculeros tomates verdes fritos (8,50€) para compartir, rebozados y jugosos, vienen acompañados de una riquísima salsa remoulade (una especie de mayonesa especiada) con gambas. Si hay hambre, podéis acompañarlo con el tradicional jamabalaya (12€); un plato de arroz muy especiado (¡ojo, pica!) acompañado de langostinos y andouille (un riquísimo embutido).

En los segundos, no somos imparciales y nombramos un claro favorito: el lomo de buey bronceado con patatas machacadas al ajo (18,50€). El buey viene churruscadito por fuera y jugoso por dentro; sabroso y tierno. Y las patatas machacadas no engañan con su nombre: un puré de patatas hecho en casa, con la dosis justa de ajo para que a uno se le haga la boca agua. Si queremos decantarnos por algo menos convencional y más creóle aún, podemos optar por los mejillones gratinados (8,50€), el cangrejo de caparazón blando con salsa meuniere (16€) o los langostinos al ajillo con pimienta negra (15,50€). Aunque nunca tenemos que olvidar que provienen de una gastronomía acostumbrada al marisco del Golfo de México y el delta del Río Mississippi: mucho más grande, pero también mucho más insípido que el marisco al que estamos acostumbrados.

Echamos de menos el cocodrilo de la página web que siempre le hubiera dado un toque de distinción a la comida pero agradecimos el jazz que sonaba de fondo. El menú no es el mejor del mundo pero no tiene nada que envidiar a la media y tiene un toque diferente que ayuda a salir de la rutina, cenar es caro, con bebida y postre unos 35€ por cabeza pero es una experiencia que realmente merece la pena, por todo eso los cocodrilos se ganan dos limas.

GUMBO: Calle Pez, 15, Madrid

www.gumbo.es


5 comentarios

BETA… Con b de bonito y barato (Vigo)

Hoy en De Lima a Limón visitamos el Beta, un nuevo restaurante que han abierto en la Plaza de Compostela de Vigo, muy cerquita del Suppo . Un sitio con una carta amplia y la posibilidad de por 12 euros convertir los dos platos de la carta que prefieras en menú (junto con postre y bebida).

La primera característica de este sitio, y no ni es poco ni demasiado frecuente, es que es barato… Sí, no es económico… Ni razonable… Es directamente, barato. Tan barato como que puedes comerte un plato de pollo Kara Age por 2,50€. Eso explica, 1. Que esté siempre a tope y 2. Que la edad media de los clientes sea muy baja.

El lugar es moderno, decorado en tonos lilas y blancos…bonito y hortera a partes iguales. Bastante grande y perfecto para organizar saraos de picoteo con muy bajo presupuesto…

Nosotros pedimos unas minihamburguesas con reducción de Pedro Ximénez y espuma de mostaza en las que demostraron algo muy bueno… Que aunque la carta ponían que la ración eran tres vieron que éramos cuatro y sumaron una más… Y algo malo que se repitió en todos los platos, las aspiraciones de la carta… Allí no se notaba reducción alguna y la espuma era un brochazo de mostaza normal y corriente. Lo cual, no es imprescindible ni mucho menos, es más, estaban ricas… Pero te deja con unas expectativas insatisfechas.

De ahí al huevo de corral sobre carbonara de san Simón, jamón ibérico y picatostes… (un huevo que nadaba en nata a la pimienta). Una de pollo frito Kare Age, en una versión occidentalizada del plato japonés pero decente y una ensalada de bacalao ahumado algo regulera.

El variado especial merece, como su propio nombre indica, una mención especial, un horror y encima era de lo más caro de la carta, 15 € por unas tostas en pan malo (pecado mortal estando en Galicia) y dos croquetas inmundas a las que se les pelaba el empanado como si se hubieran pasado con el sol en las Cíes.

Los postres son decentes… Excepto el semifrío de queso que sabía más a nata montada que a ninguna otra cosa. Habiendo bebido vino la cuenta salió en unos 16€ por cabeza.

La conclusión que saco de este sitio es mixta, no me ha encantado y probablemente no vuelva, prohibiría ese variado especial y agradecería que olvidasen el gran daño que ha hecho la alta cocina y simplificasen los nombres… Pero, un lugar en el que bien elegidos los platos puedes cenar por 8 euros comiendo bien y sano, en el centro de la ciudad y para todos los públicos…por muchos limones que tenga la tentación de darle, objetivamente, se merece una lima.

http://www.restaurantebetavigo.com/

BETA: Plaza de Compostela, 13 Vigo


Deja un comentario

BOBO… Y como contentar a ocho bocas hambrientas (Madrid)

El entorno de Conde Duque además de ser una zona que merece la pena visitar es una mina gastronómicamente hablando. Uno puede llegar a perder la cuenta de la cantidad de sitios con buena pinta que encuentra. Los menús oscilan entre los 8,50€ y los 13€ y puedes probar, prácticamente todos los tipos de comidas del mundo.

Esta vez no nos vamos de menú, es de noche y salimos de picoteo en grupo, 8 personas para ser más exactos… Comienzan las dudas sobre qué cenamos, las quejas porque es caro, el problema de que a ver dónde cabemos… Y al final terminamos en el Bobo. Sorprendentemente, salimos todos contentos, sólo por eso ya se merece una crítica.

El Bobo es un restaurante muy mono en la Plaza de las Comendadoras, la carta está llena de cosas ricas y los precios no son excesivos. Además los camareros son encantadores.

Pese a que se nos antojaba todo lo que ponía en la carta optamos por probar las croquetas (de chipirón y de cabrales) que estaban de muerte y eso es mucho… Una ensalada de espinacas con queso brie frito y salsa de frutos rojos que estaba buena pero no apasionante… Un chop-suey con queso de cabra muy sabroso donde le quedaban bien hasta los cacahuetes (algún día debería escribir una entrada dedicada a los cacahuetes).

Y un plato que no había visto en mi vida y que apunta maneras… Unas empanadillas de carne donde la oblea era una rodaja de berenjena. Una versión mucho más avanzada de los bocaditos de calabacín, jamón «dulce» y tranchete rebozados que me hacía mi abuela para cenar tiempo ha.

De postre probamos la sopa de cheescake que de sabor estaba buenísima pero que era imposible de comer con la minicucharilla que nos pusieron y unas empanadillas de Nutella y mascarpone templadas que volvían goloso a cualquiera.

Con cerveza y un par de botellas de vino 15€ por cabeza. Un sitio diferente, con una carta inspiradora, raciones abundantes y preparadas con cariño que además consigue que ocho personas salgan contentas se gana con creces las dos limas.

http://bobobar.es/

BOBO: C/ Amaniel, nº 23


Deja un comentario

LA IMPERIAL.. un vermouth de menú (Vigo)

Hace unas semanas hablábamos del Cata e Come un vermouth para luego no comer, hoy cambiamos de barrio pero mantenemos la esencia, La imperial es otro de esos lugares que nunca debes visitar si has quedado a comer en casa de tu/su madre.

Se trata de un pequeño local, a modo de tapería, decorado en formato clásico pero con gusto que se esconde detrás de la calle Pizarro, muy cerquita del Casa Pepe famoso por su cocido y del que algún día hablaremos.

Tienen un menú del día por 9,90€ que suele ser apetecible y hace unos años tenían una camarera que cortaba unos trozos de tartas caseras tan grandes y tan buenos que el menú valía la pena aunque sólo fuera por aquel postre. Sin embargo, lo mejor que puedes hacer en ese local es tomar el aperitivo, sales igual de comido y por muy poco dinero.

Quizá penséis que lo de igual es una exageración, pero considerando que las tapas que te ponen son pequeñas raciones de los platos del menú… Empieza a no ser tanto. Y si os cuento que la última vez que estuvimos por una Estrella (1,90€) nos pusieron, dos jureles fritos, un trozo de empanada de cuatro dedos de ancho, una minihamburguesa, dos trozos de tortilla y unas cuantas aceitunas y cacahuetes igual ya termináis de creerme. Y no os digo nada si os tomáis dos cañas.

Lo mejor de este local es precisamente eso, que la tapa pueda ser una fideuá, un guiso de carne o unos pescaditos y es que, aunque a veces parezca mentira, no solo de hidratos y grasilla vive el hombre.

Quizá no sea la mejor comida del mundo pero, por lo majos que son en el local, el cariño que le ponen a los pinchos que te dan, la apuesta por la tapa de verdad y su buen precio se merecen una lima y media.


4 comentarios

LA CANTINA… Y la ambición mata (Madrid)

Por mucho que diga nuestro nombre, en realidad somos unos idealistas en busca de limas y más limas… Es jodido poner limones y más cuando se los pones a un sitio al que te han llevado con todo el cariño del mundo pero juramos decir la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad… Y a ello vamos.

Pese a lo que su nombre pueda suscitar, la Cantina no es un mexicano… Sino un asturiano de tamaño inmenso en la zona de Cuzco donde puedes comer en dos zonas, una más formato cantina campestre con mesas de madera y bancos y otra más formal con sus mesas con mantel de tela. Como la cabra tira al monte nos quedamos en la versión maderera del lugar.

La carta es inmensa y aunque suelo desconfiar de este detalle, la verdad es que todo tiene buena pinta. Para facilitar el asunto tienen un plato diario que suele rondar los 13 euros y que se repite todas las semanas. Fuimos un jueves y prometían salpicón de pulpo y rosbif de ternera roxa, aunque resultó que rosbif ya no les quedaba.

De entrantes pedimos unos fritos de Pixín (rape) que costaban 14,60€, y que lo cierto es que estaban buenos, suaves y jugosos y Cabrales «auténtico» con tostaditas que estaba picantito y… Aceptable. Hasta aquí todo iba más o menos bien, tardaban en servir, se volvían un poco locos pero razonable, el problema vino con los segundos.

Ante mi frustrado intento de probar el rosbif acabé pidiendo un Cachopo de Oviedo que resultó ser un cordón bleu en versión fritanga de lo más gasolinero. El hecho de que lo sirvieran en una bandeja de acero inoxidable cual cama de quirófano, probablemente, tampoco ayudó.

El salpicón de pulpo (especialidad del día) no era más que un pulpo blandurrio a la vinagreta… Algo que si hubiera estado rico, quizá hubiera servido como primero pero jamás como plato principal.

Misteriosamente aún nos quedaron ganas de probar el helado de turrón y este sí estaba bueno.

Resumen de la jugada, 35 euros por persona, una comida propia de un menú del día de no más de 9 euros y de un lugar perdido de la Mancha, lento, caro y con unas inmensas aspiraciones insatisfechas se ganan con todo el dolor de corazón limonero un limón y medio. Quizá es simplemente que no era su día pero, lo cierto es que se nos quitaron las ganas de volver.


Deja un comentario

SHUKRAN… gracias, pero no. (Madrid)

Una de las mejores cosas de ser crítico cítrico es que todo el mundo te recomienda lugares y, muchas veces, como en el caso del Arabia descubres sitios maravillosos que no conocías. Otras veces, tiene un punto frustrantes y piensas aquello de… No he debido tener suerte con lo que he pedido…

Es el caso del Shukran un restaurante de comida mediterránea especializado en Libanesa al que fuimos hace unos días los dos socios limoneros con toda la ilusión del mundo y del que salimos con cierta cara de consternación.

El restaurante está en un lugar difícilmente mejorable, la Casa Árabe (en un lateral del parque del Retiro). Sólo llegar hasta allí aprovechando para dar una vueltecita antes por el parque ya te abre el apetito y llegas con ganas de probarlo todo.

El restaurante es moderno, en tonos blancos y verdes y muy diáfano. El personal tiene un poco de follón, te preguntan cinco veces si has pedido bebida, toman nota de memoria y aspiran a servir tan tan rápido que, a veces, se lían.

Para salir un poco del Humus probamos el Mutabal, que es un puré de berenjena que con el pan de pita estaba exquisito… Nos encantó y, aunque sólo habíamos pedido media ración fue suficiente… Aquello apuntaba bien pero…

Pedimos Sambusas de queso, samosas en indú lavapiesino y especie de empanadilla triangular frita en cañí. En resumen, una masa que venía casi cruda rellena de un queso totalmente insípido. Lo peor no era eso.. lo peor era la salsa que lo acompañaba, ni cortos ni perezosos acompañaban aquello de lo que en la carta llamaban salsa roja y que resultó ser ketchup con tomillo.. Ketchup y tienen el valor de ponerlo en la carta!!

También probamos el Tabbuleh, una ensalada a base de perejil picadito, cebolla, tomate y zumo de limón que había probado en otras ocasiones y me había parecido sorprendentemente rica. La ración que trajeron nos pareció escasa aunque después lo agradecimos, el perejil era duro como una piedra y aquella ensalada no se comía, se mascaba!

Para rematar la jugada pedimos un rollo de ternera… Que terminó siendo un dürum kebab en versión sana, con un pan de pita crujiente y rico pero con una ternera insípida que parecía que la hubieran hecho al vapor, cebolla tomate y mi queridísima lechuga iceberg… No me considero una experta en comida libanesa, pero confieso que es la primera vez que pruebo su carne sin una mínima especia. Entre eso, y las patatas congeladas nos entraron ganas de salir de ahí e irnos a comer un auténtico kebab.

El hambre estaba suficientemente saciada y, aunque podíamos haber pedido algo más dijimos muchas Shukran, pero no… El jefe del cotarro debió ver nuestra cara y nos invitó a unos Backlawa de bocado a los que no les miraremos el diente.

Los precios son económicos (unos 15 euros por persona), pero la verdad es que las raciones son bastante pequeñas y las materias primas de lo más baratas que hay en el mercado. Los platos estaban muy bien presentados, pero no estaban cuidados, no puedes poner un perejil abuelo como ingrediente principal, las masas no pueden quedar crudas, los rellenos tienen que saber a algo, igual que las carnes y no… No puedes poner una salsa que sea ketchup con una hierba.

Les salva la media lima la maravillosa ubicación que tiene y lo cuidado que está el local… Pero la comida se merece un limón y medio.

Casa Árabe, calle Alcalá 62

Www.shukran.es


2 comentarios

De camino a Villarijo (Soria)

Esta semana me tocó viajar a un pueblecito abandonado en la provincia de Soria, casi en la Rioja, Villarijo. Intenté planificar a conciencia la ruta para no jugármela con el azaroso método de ver si hay muchos camiones en el aparcamiento pero sobre todo, para evitar a toda costa la maldición del viajero por carretera: los infames Autogrill y sus tapadillos como el “Asador el Enebro”. He comido demasiados bocatas de jamón insípido, croissants elásticos como un pulpo crudo y lonchas de bizcocho casi transparentes a precio de oro, como para picar de nuevo en esa trampa.

Después de unos cuantos kilómetros toca la primera parada a media mañana en el Casa Goyo (Saúca). Un restaurante pequeño, a dos kilómetros de la autovía, con estufa de leña en el centro y una carta honesta, breve y contundente.

En Castilla el cerdo es el rey y, en Casa Goyo, su mejor representante es el torrezno. Así que pido dos aunque con haber pedido uno hubiese bastado (Refresco y dos torreznos 3 euros). Salgo de allí con el firme propósito de volver para probar el contundente menú de 9 euros y pensando que tal vez haya probado los mejores torreznos de mi vida.

Casi tres horas después llego a San Pedro Manrique, la población más cercana a nuestro pueblo abandonado. Por el camino veo varios restaurantes cerrados, de esos que sólo abren los fines de semana, y me entra mala espina, es miércoles, se acerca la hora de comer, San Pedro no llega a los 600 habitantes y San Google no ayuda mucho en entornos rurales. Por lo que tuvimos que recurrir a la sabiduría popular y como “preguntando se llega a Roma” descubrimos que también se llega a la Pensión Pili que para más datos castizos está entre el colegio y el cuartel de la Guardia Civil.

No es un sitio lujoso, se trata de una pensión que tendrá unos 60 años pero con un restaurante limpio, pequeño y bien reformado. El servicio es un poco lento, pero tampoco había prisa y son encantadores y muy familiares. Se impone el menú del día (9 euros), así que arranco con una sopa castellana ideal para el día lluvioso, abundante, muy sabrosa y con huevo de auténtica gallina y jamón como los de antes.

De segundo, secreto ibérico, con su sal gorda, unas finísimas patatas fritas caseras que parecían de bolsa a primera vista y resultaron una maravilla al probarlas y un pimiento rojo. El secreto estaba sabrosísimo, jugoso y tierno, muy lejos de ese cerdo con sabor a pollo al que nos estamos acostumbrando. Como el resto de comensales ya habían dado cuenta de los postres elaborados por la casa, me conformé con un café.

De ahí al pueblo abandonado y vuelta a Madrid, breve pero suficiente para disfrutar de sus bonitos paisajes incluso en un día lluvioso pero sobre todo, para darnos cuenta de que aunque haya ida y vuelta en el día, es posible salir de la rutina prefabricada de las cadenas de estaciones de servicio y convertir los traslados en viajes de lima y media.


1 comentario

EL GAZPACHO, un producto de tres limas

Ahora que llega el verano y los mapas del tiempo tienden a ser amarillos es la época en la que por arte de magia el gazpacho invade las pizarras de los menús del día. Desde el norte hasta el sur de la geografía española los propietarios de millones de restaurantes tienen un plato menos en el que pensar, junto con los espaguetis boloñesa (dicho sea con todo el respeto hacia los de mi madre) y el revuelto de lo que haya en la nevera, el gazpacho siempre es una buena opción.

Por eso, dentro de la categoría de productos de temporada hoy hablamos de esta sopa fría que ha sufrido más variaciones que el mismísimo Yesterday de los Beatles.

Imagen de Cadena Ser

Se dice que el Gazpacho tiene su origen en unas papas que comían los campesinos del sur hechas a base de pan, aceite de oliva y vinagre, sólo así se puede explicar que consideren al ajoblanco que es una crema de almendra, pan, aceite y ajo un primo del gazpacho. Con los años (y en función de la zona y de la abundancia de hortalizas) se le han ido sumando ingredientes, el tomate, el pepino, la cebolla.. y de ahí a la codorniz, el huevo o el pimiento.

Cada región ha hecho su aportación a esta sopa… y luego han estado los Manchegos que más que aportación le han dado un giro de 180 grados, si un día de calor asfixiante os sentáis en una terraza y pedís un gazpacho manchego, sentimos comunicaros que os vais a encontrar un fantástico guisote caliente que bien hecho es una delicia pero que no va a satisfacer vuestra aspiración de un trago refrescante. Pero hasta el propio Don Quijote lo comía!

Dentro de la escala con más pan y más calorías aparece el Salmorejo inicialmente propio de Córdoba, la porra antequerana e incluso el arranque roteño (que en cierto modo podría sustituir al bocata de la merienda).

Hace unos años, no muchos, llegó la última moda de los gazpachos que todavía colea… los gazpachos de frutas  y veíamos en los restaurantes más modernos que servían gazpacho de melón o de sandía… o de cereza o de fresa. Muchas veces deliciosos y otras muchos tan empalagosos que con que lo sirvieran en vaso de chupito hubiera sido suficiente.

La verdad es que es un plato socorrido, puedes hacer hectolitros, guardarlos en la nevera e ir sirviéndolo poco a poco, tiene poco secreto y más barato imposible… sin embargo, pese a tener todas las condiciones para el éxito en demasiadas ocasiones es un horror, las proporciones no son un asunto fácil y puedes correr el riesgo de que el Gazpacho se te repita durante 36 años como al de la noticia.

Internet está lleno de recetas, de trucos como el de espesar el gazpacho con una cucharada de mayonesa o de tropezones que le darán el toque especial, sea lo que sea, por favor, hacedlo a pocos, no nos salvéis de los vampiros porque no creemos en ellos y no hagáis que el salmorejo sea una salsa que cubre los huevos cocidos con jamón, superado este requisito tendréis un producto de tres limas.