De Lima a Limón

Crítica – cítrica


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EL PIMIENTO VERDE… una ocasión especial a la vasca (Madrid)

Aunque, en cierto modo, el Pimiento Verde se escapa de nuestro presupuesto el otro día acabé allí y estaba todo tan buenísimo que no pude resistirme a hacerles una crítica.

Hay tres Pimientos Verdes en Madrid, uno en Argüelles (que fue el que visitamos) otro en Chamberí y otro en el barrio de Salamanca. Son locales muy coquetos con una decoración que le hubiera encantado al Comidista, las paredes están llenas de alcachofas, rústico pero con mucho estilo. Y con un detalle que nos chifla, la cocina está a la vista.

La carta está llena de especialidades vascas, todo con una pinta fantástica. Su plato estrella son las Flores de Alcachofas (13,90€), es raro ver una mesa que no las esté comiendo y roza lo imposible que si las ves comer no sientas una necesidad imperiosa de probarlas. Al final va a ser verdad que comemos con los ojos, pero es que son unas alcachofas de concurso, suaves y sabrosas.. Ahora que lo pienso, creo que podría alimentarme sólo a base de eso.

Para completar los primeros comimos una tortilla de bacalao, con un punto aceitosillo pero tan suave, salada por el bacalao y dulce por la cebolla que haca que en el primer bocado se te olvide la tontería de la operación bikini.

De segundos nos tiramos a la merluza a razón de 20 euros la ración, una salsaparrilla con cachelitos con ese punto de ajito por arriba y otra en salsa negra de chipirón con gulas al ajillo (sí, sí, confieso que me gustan las gulas), que estaba de muerte. Dos platos muy sencillos y una apuesta fuerte de esas que sólo puedes hacer cuando tienes asegurada una merluza de extrema calidad.

Al postre ya no llegamos, quizá porque con las flores de alcachofa hubiera sido suficiente y nos perdió la gula al pedir la tortilla. Esto hubiera redondeado la cuenta a algo más de 30 euros por cabeza.

Una opción deliciosa, sana, de calidad pero a un precio un poquito alto. Rozaría la tres limas si apostasen por un menú del día premium (de esos que suben de 15€ pero que comes como un marqués). En todo caso se llevan nuestras dos limas verdes como su pimiento.

Quintana, 1 Madrid
Www.elpimientoverde.com


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MANO A MANO… Sabores en Lavapiés (Madrid)

Hoy en De Lima a Limón visitamos uno de mis sitios favoritos de Lavapiés, el Mano a Mano. Un restaurante muy pequeñito con una terraza irresistible para las noches de verano. Ideal para un picoteo a precios razonables.

Lo descubrí por casualidad hace ya unos años y, en todo este tiempo, apenas ha cambiado… Por no cambiar, ni siquiera han incluido en la carta su especialidad (pese a que siempre que he ido lo tienen), los mejillones en leche de coco.


Hay tres cosas que no te debes perder: primero los famosos mejillones (10,5€) , aunque si eres de los que el coco te da miedo, quizá no sea una buena opción. A mí, me encantan, vienen en una cazuelita de barro, con un poquito de pimiento y cebolla y sería capaz de comerme una barra de pan entera mojada en aquella salsa.

Segundo, las bolsitas tailandesas (9,5€) Unos saquitos de masa brick rellenos de carne picada con especias y que sirven acompañados de una salsa agripicante deliciosa… Tengo la teoría de que tienen algo adictivo, cada vez que llevo a alguien allí se pasan meses pensando en ellos.

Y tercero la lasaña de frutas, un postre espectacular hecho a base de crema pastelera casera, frutas (kiwi, mango, frambuesas…) unas finísimas capas crujientes y azúcar caramelizado en la superficie. Da igual lo llenos que estéis, es algo que no os podéis perder.

Además de esto, el pulpo a la portuguesa es super recomendable, o las verduras en tempura… Y si preferís una comida contundente en vez del picoteo, los arroces que hacen son un espectáculo.

Con las bebidas y algo más que podáis pedir la cuenta se quedará entorno a los 15 euros por persona. Una opción de picoteo sabrosa, diferente y a buen precio bien se merece una lima y media y una canción.

Calle Lavapiés, 16 Madrid.

http://www.restaurantemanoamano.es/


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EL SUPPO… y el no sé (Vigo)

Pese a que en Galicia nos gusta la «fartura», esto es… raciones inmensas, de lo que sea, pero inmensas, cada vez aparecen más locales de comida elaborada y con un punto de fusión. Es el caso del Suppo, un local blanco, moderno, con un fantástico reservado y una espectacular terraza veraniega en la Alameda .

Lo primero que debo decir es que yo con este sitio no tengo suerte, eso significa dos cosas, la primera, y buena, es que hay platos ricos y siempre termino obligada a meter el tenedor en el plato de los demás… Y la segunda, y mala, es que hay platos que realmente consiguen que te plantees no volver nunca más (los que yo elijo). Aunque por alguna razón, siempre vuelvo.

Esta vez pedimos para picar una Ensalada Cebreiro, unos espárragos y unos langostinos con masa brie y mayonesa de cítricos… De segundo hubo quien se inclinó por el rodaballo al horno, por un lomo de vaca y yo caí en la tentación de pedir atún rojo… Todo ello acompañado de una botella de Ribeiro.

La ensalada esta muy rica, el toque del requesón y las almendras era perfecto y, aunque digan aquello de «estás más pasado de moda que la reducción del vinagre de Módena» yo confieso que a mi me sigue gustando. Los espárragos eran de cine, nos los recomendaron y tenían sus buenos motivos, gorditos, jugosos, fantásticos… Y los langostinos, la verdad es que aspiraban a más (y a menos tiempo en la freidora, sobre todo la pobre y mustia albahaca) eran una masa seca y aceitosa a partes iguales.

Los del rodaballo triunfaron, hay que pedirlo para un mínimo de dos personas y el punto lo tienen cogido, aunque en honor a la verdad, también hay que decir que el bichito encoge desde que te lo enseñan en la bandeja hasta que te lo sirven en el plato. El lomo era una carne sabrosa pero lo perdía lo fibroso que era más que comerlo había que rumiarlo cual vaca. Y por último, mi atún… Decir que venía frío es poco, venía congelado y aunque fueron súper amables y pidieron perdón mil docenas de veces… En la segunda vuelta volvió seco como la mojama y eso es un pecado mortal!

Todo esto, con una mousse de mango sabrosa y una copa de cheesecake bastante mejorable algo mas de 35 euros por cabeza… a precio de ocasión especial.

Hay a quien le encanta, yo le reconozco su mérito, la buena pinta de su carta, su buena ubicación y servicio … pero por mucho que lo pienso, yo no sé darle más de una lima y medio limón.

Plaza de Compostela, 29. Vigo

http://www.suppobar.com


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LA ISLA DEL TESORO… Una versión vegetariana de Stevenson (Madrid)

En plena calle Atocha y muy cerquita de la Plaza Mayor hay un tesoro escondido, probablemente no sea como Stevenson lo imaginó en 1883, pero por tener tiene hasta sirenas.

Se trata de la Isla del Tesoro un vegetariano de esos que prometen comida sana (lo cual hace que te preguntes sobre qué rayos te ofrecen los demás), con una decoración preciosa y un ambiente muy agradable, en el que puedes tapear o comer a la carta (incluso de menú). Hoy nosotros hablamos de la versión picoteo.

La tabla de tapas está colgada de la pared y es chiquitita, son cosas muy apetitosas al precio de 3 euros, excepto la pizza de vegetales y queso de cabra que cuesta 9. Las raciones son abundantes y con tres pueden cenar perfectamente dos personas.

Nosotras probramos las croquetas de cereales, que eran dos bolitas de cereales, fritas y servidas con una salsa de tomate verde y lima que nos encantó. Los rollitos de verduras, que eran una versión casera y con tofú del clásico rollito de primavera, ricas pero no deliciosas y unos garbanzos a la tofunesa deliciosos! El plato más simple del mundo pero de esos que demuestran que cuando las cosas están hechas con cariño sobran muchos ingredientes. La tofunesa nos sorprendió, una especie de alioli hecho con leche de soja.. Les quedaban de maravilla.

Unos 7 euros por persona, menús por 8 euros, una ubicación perfecta y un lugar encantador bien se merecen el tesoro de una lima y media.

Atocha 12. Madrid

http://www.isladeltesoro.net


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LA HERRADURA… posiblemente el mejor menú mexicano de Madrid

Cada uno tenemos nuestras debilidades y, he de confesar, que la comida mexicana forma parte de las mías. Es algo que roza lo irracional y que me ha llevado a probar buena parte de todos los mexicanos de Madrid.

Hoy os traigo mi restaurante mexicano favorito, en pleno centro de la ciudad, muy cerquita de la famosa Calle Limón y con un increíble menú del día por sólo 10 euros. La Herradura.

Es un mexicano acogedor, con luz tenue, poca cobertura, diez mil cosas colgadas por las paredes, música agradable y comida súper casera aunque no muy vistosa… Una delicia en comparación con las franquicias de comida texmex precocinada que últimamente nos invaden.

El menú incluye nachos con salsas (roja y verde… Con un mínimo toque picante pero totalmente soportable), primero, segundo, bebida y postre… Tanto en los primeros como en los segundos tienes cuatro opciones a elegir… Mi consejo es que pidáis cosas variadas y probéis de todos los platos. Cada día de la semana hay un menú diferente, pero que siempre se repite…lo cual hace que los lunes no sea tan recomendable (es un poco flojo) y los jueves sean una maravilla.

Esta vez era martes… De los primeros descartamos la ensalada y los frijoles y nos fuimos directamente a las calorías en vena… Quesadillas, ricas pero sin más secreto y espaguetis poblanos, algo que había visto mil veces, que nunca había probado y que, probablemente nunca dejaré de pedir… Qué ricos! Parecían el alimento de Hulk… Con ese manto de salsa verde (de chile poblano) y el pollo por abajo pero es que eran una explosión de sabor.

De segundo elegimos carnitas de cerdo… Muy razonables, con guacamole por encima y unas enchiladas suizas a las que llegamos sin pizca de hambre, pese a que siempre me encantan… La tarta de chocolate prometieron guardárnosla para el próximo día.

He perdido la cuenta de cuántas veces habré ido y de a cuánta gente diferente habré llevado, lo que sí sé es que vuelven… Así que por su comida casera, su ambiente y su buen precio se merecen una lima y media.

http://www.la-herradura-madrid.com/
Calle Montserrat 32


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IL PASTAIO…Un italiano de menú en Chamberí (Madrid)

Estamos viviendo en directo la «invasión de las franquicias». Seguro que hay estadísticas espeluznantes, que desconozco, pero dirán.. Cada hora se cierra en España un bar de toda la vida y se abre un SuperFriedPollo.

Esto, es especialmente grave en Madrid y, más aún, en el gremio de los italianos donde los Ginos y Diboccas nacen como setas. Sin embargo, hay una pequeña zona de Madrid que resiste, algo así como la «little italy» madrileña, la zona por la que se mueven los que trabajan en el Consulado Italiano o los que llevan a sus hijos a la Scuola Statale Italiana di Madrid.

Ahí es donde se encuentra nuestra víctima del día, Il Pastaio del Vecchio Mulino, para los amigos, Il Pastaio, un viejo conocido de los trabajadores de la zona de Nuevos Ministerios.

 

Tienen una carta a precios muy razonables y un menú diario de 10,90€. Además del restaurante de Ríos Rosas, los dueños tienen dos tiendas donde venden su propia pasta fresca (una auténtica perdición a una media de 11 euros el kilo).

El lugar es sencillo y, aunque tienen muchas mesas, es mejor reservar si no quieres quedarte sin comer. Los camareros son italianos, correctos… Pero se bloquean un poco cuando les preguntas qué te recomiendan, probablemente, porque siempre están a tope.

El menú es suficiente, suele haber una ensalada de primero y pastas variadas de segundo. En este caso había: insalata tre fromaggi con queso de Burgos, Gouda, Pecorino y un aliño dulzón, y un Crocchette de patata que no pedimos aunque tenía buena pinta.

De segundo un Duetto al forno (una combinación de dos trozos de lasaña con muy buen aspecto) unos Linguine dello chef, con nata, puerro y pavo muy sabrosos, con una pasta exquisita y al dente, pero con ese toque de la pechuga de pavo que me recordaba a esos arroces a la nevera del día en que no hay nada más que echarle. Por último, yo pedí unos Tortiglioni a la Trapanese, una receta sencilla con tomate natural en trocitos, pimiento, ajo y perejil, dentro de un mes con los tomates de temporada estará de escándalo, pero hoy le faltaba un poco de sabor y una cucharada más de macarrones, se quedaron un poco cortos.

De postre había profiteroles con chocolate o pera escondida en nata. Digo lo de escondida porque hasta que despejé aquella copa fue difícil clavarle el tenedor a la pobre fruta en almíbar.

Como italiano de menú es uno de los mejores, su pasta es excelente y el precio es muy razonable por eso se llevan lima y media, sin embargo, se suelen quedar un poco cortos en las raciones del menú y los primeros suelen ser bastante flojos y eso les cuesta medio limón, recomendable en todo caso.


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Ochenta Grados (Madrid)

Me gusta divertirme comiendo, lo voy a repetir una y otra vez hasta que todos nos enteremos, principalmente, quienes aspiren a nuestras tres limas. Hoy me he divertido – a ratos – mientras comía en 80º (Ochenta grados) el local más original de menú del día de Las Tablas.

Desde su nombre (temperatura a la que hacen muchos platos para que se hagan poquito a poco) hasta cómo tienen configurado el menú, así como el local, son originales lo cual, en un barrio con tantos restaurantes y variedad tiene su mérito. En vez de hartarte a comer, en 80º tienen la intención de que pruebes más platos, más texturas y que mezcles sabores. De ahí que el menú se componga de tres mini-platos o tapas grandes y un postre, con el cual terminas saciado pero no a reventar.

De primero probé una ensalada de pasta con gulas, tomates cherry y una vinagreta de tomate seco. Fresco, amargo por la rúcula y dulce por los tomates. Se agradece ahora que viene el buen tiempo. De segundo unos calamares fritos, en rodajas finísimas, crujientes y poco aceitosas y con una mousse de all-i-oli que no ha repetido mientras escribía la entrada ni una sola vez. De tercero, opté por un plato más construido, un trocito de solomillo de cerdo, que se anunciaba con costra de romescu y puré dulce de patatas. Otra vez, mezcla de texturas y sabores.

Lo más recomendable es ir con compañía y probar el resto de las opciones, ya sabéis que no está bien visto meter el tenedor en los platos de las mesas de al lado.El salmorejo con helado de parmesano y las croquetas de gambas eran para no perdérselas.

Los postres suelen ser a base de cremas con helado y galleta, ya sea en versión tarta de queso o tarta de «oreo». Pero esta vez nos sorprendió, entre la mousse de chocolate había peta-zetas que explotaban mientras lo tomabas, otro punto divertido.

La calificación no pasará de la lima y media y medio limón ya que el menú no cambia demasiado desde que lo abrieron, aunque van incluyendo un plato de cuchara diario. Salvo el dueño (que debe ser el que cuida del negocio) el resto de personal va con prisas – sirven tres platos en vez de dos – lo que hace que haya algún descontrol y vuelen las cucharas. En definitiva, una original manera de pasar un rato gastronómico por 12,5€, que si cambiaran más la carta y descendieran un par de euros el menú, podría convertirse en un referente de la tapa moderna en la zona norte.

Ochenta Grados: Calle Mirallos, 4


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ARABIA, el Madrid de las mil y una noches

Hoy en De Lima A Limón traemos un restaurante diferente y lleno de encanto, el Arabia, en pleno barrio de Chueca de Madrid. El sitio se define como «cocina árabe» y, aunque esto vendría a ser un poco como hablar de «comida europea» tiene excusa y es que mezclan lo mejor de cada región centrándose, principalmente, en la cocina egipcia y marroquí.

Para aquellos que no estéis acostumbrados a estos sabores, no os asustéis. Igual que no toda la comida mexicana pica hasta dejarte ciego, no toda la comida árabe abusa de especias, del picante o del sanbenito que en su momento le haya tocado. Es una cocina sabrosa, llena de vegetales y, en muchos casos, muy fresca… En resumen, muy recomendable.

Aunque sólo sea por el restaurante vale la pena ir, está decorado hasta en el último detalle. Desde el porche hasta los baños… Con deciros que dentro del local hay palmeras… Puedes comer en mesa normal o sentado en el suelo, lo cual, no nos engañemos, es un poco incomodo pero encanto tiene.

La carta es pequeñita, los precios de los primeros rondan los 5 euros y ningún segundo sube de los 10. Las raciones son abundantes, para que os hagáis a la idea, con dos primeros y un segundo es suficiente para que cenen dos personas.

Nosotras éramos tres y pedimos… puré de garbanzos al sésamo, o lo que solemos llamar Humus, que junto con el pan de pita calentito estaba de fábula. El detalle de llevar ajo muy picado por encima fue una novedad pero se va a convertir en un habitual.

También pedimos pepino con crema de yogur a la menta, con ese toque fresquito y cítrico que os decía antes y un falafel relleno de cilantro y cebolla que venía sobre una especie de salsa de tomate que, os prometo, que no podía estar más rico. Aunque sólo sea por probarlo vale la pena que asoméis la cabeza por allí.

De segundos pedimos, cuscus de pollo con verduras y albóndigas que acompañan del caldito para echar por encima, muy muy rico y, el mejor descubrimiento del mundo, pollo cubierto de fideos al vapor. Un plato aparentemente insípido que probablemente, jamás hubiera probado, pero que ha sido toda una revelación. Un pollo especiado medio guisado cubierto de fideos cabello de ángel, pasas, azúcar glas y canela, una combinación de dulce y salado deliciosa.

De postre comimos un pastelito de hojaldre con pistachos y té frío con limón y hierbabuena. Confieso que casi reventamos pero de lo rico que estaba nos costaba dejar algo en el plato.

En resumen, un sitio precioso, perfecto para un momento romántico, con una comida diferente y deliciosa por unos 15 euros por persona en el centro de Madrid se merecen dos buenas limas.

Arabia. Calle del Piamonte, 12

 


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I ESCAPADA LIMONERA… destino Salamanca

Hoy inauguramos una categoría que tiene grandes papeletas para convertirse en nuestra favorita… Escapadas Limoneras. Una maravillosa excusa para encontrarnos con amigos limoneros de todo el mundo mundial, hacer turismo y conocer los encantos gastronómicos locales de los que tanto presumimos y que tanto echamos de menos cuando salimos del terruño.

Barajábamos muchos destinos pero la buena fama del sherpa local que allí nos esperaba, la gran fama de la ciudad en cuestión y, no lo voy a negar, el hecho de que a mis años aún no la hubiera visitado nos llevaron inequívocamente a Salamanca.

Salimos de La Sierra de Madrid a las 9 de la mañana y a eso de las 11 ya teníamos puesto el pie en tierras charras. Es un camino agradable y que cuando empieza a cansar ya se ha terminado.. Lo más sorprendente fue ver todos aquellos prados verdes cual Cantabria, se ve que este año lluvioso no ha perdonado ni en Castilla.

Arrancamos el recorrido rumbo a la plaza Mayor pero justo antes de llegar, nos encontramos con el Mercado y no pudimos resistirnos a su visita obligada. De ahí pasamos a la plaza Mayor, la Catedral, la Casa de las Conchas, subimos a la torre de la Clerecía donde alucinamos con las vistas de todo Salamanca y volvimos junto a nuestra guía al punto de partida, donde nos esperaba Chamo dispuesto a demostrarnos punto por punto las riquezas gastronómicas de su ciudad, desde los bares de toda la vida, a los famosos pinchos del Van Dick pasando por los gastrobares más modernos e innovadores…

Es cierto que los pinchos de Salamanca están más pensados para cenar que para comer y además nos consta que tienen unos muy buenos restaurantes, pero nuestra idea era probar el mayor número de cosas posibles y aguantamos el tipo.

La primera visita fue al Cervantes, uno de los lugares de toda la vida, donde quizá los pinchos no sean los mejores del mundo, pero la decoración y sus vistas lo convierten en una primera caña imprescindible.

De ahí fuimos al iPan iVino (pronunciado a la española según la camarera) un «gastro bar» que lleva poquito tiempo abierto, con unos pinchos con nombres muy sugerente que rondan el precio de 3 euros .. Muy mono, muy rico el vino de garnacha y una carrillera al Martini deliciosa pero unas micro alcachofas y un secreto ibérico demasiado frío que decían a gritos que aquello era un buen comienzo, pero que tal y como rezaba el cartel del local, todavía estaba en prácticas.

La tercera estación fue en un clásico, el Bambú, aunque visto por primera vez nunca lo diríamos, digamos que son los riesgos de dejarle tu bar cotrañoso a un decorador. Entre que parecía un congreso de Despedidas de soltero y que el chorizo prometía repetir los tres días siguientes escapamos a la cuarta estación.

Para artículo - los decoradores del futuro

El Cuzco, de la sesión matinal mi favorito, otro gastrobar pero con más experiencia que el primero al que fuimos, por lo visto los dueños son los hijos de una familia del gremio de toda la vida y quisieron darle su toque 2.0. , lo importante, la hamburguesa de morcilla con cebolla caramelizada estaba de muerte igual que el foie y los precios eran razonables, unos 3,50€ por persona bebida y pincho.

Tras un paseo por el Tormes con sesión de fotos limoneras incluídas, llegó la hora del café y nos llevaron al sitio más bonito de Salamanca, la Casa Lis, el único museo Art Nouveau y Art Deco  Un precioso palacete restaurado que encontró el museo perfecto.

Vencimos el cansancio tirados en el cesped de la plaza de Anaya, estuvimos en la cueva donde cuenta la leyenda que el Demonio adoctrinaba a sus discípulos, encontramos a la rana, al astronauta y al ciervo, pedimos un deseo en el pozo de Calixto y Melibea pero nos faltaba algo sin lo que no nos podíamos volver para Madrid, la zona de Van Dyck.

Desde el centro andando se tardan unos 20 minutos, nos dicen que fueron unos cines los responsables de aquel asentamiento, nosotros no sabemos qué fue antes, si el huevo o la gallina, lo cierto es que es una zona para perderse, un barrio con pinta residencial donde los bares compiten entre ellos por ofrecerte el mejor pincho con tu consumición. Puedes encontrarte de todo: hamburguesas, huevos rellenos, rabas, el cajón de sastre de la especialidad de la casa e incluso comida mexicana o portuguesa en versión pincho. Una opción barata (unos 2 euros bebida + pincho) que atrae a todos y, especialmente, a los miles de universitarios que ambientan la ciudad.

Por desgracia era tarde y tocaba emprender la vuelta a casa, coger el coche ya no apetecía tanto y quedarse allí, viendo cómo habían volado las horas apetecía mucho más, de ahí nuestro consejo, desde Madrid Salamanca es asumible como excursión de un día pero pide a gritos una escapada de fin de semana.

Doce horas de escapada limonera, un tipo encantador que nos guió de maravilla de pincho en pincho, una ciudad preciosa y cuidada, una gastronomía más que recomendable y un par de tareas pendientes para siempre tener que volver. Dos limas ganadas a pulso.


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ALBATROS… Un menú con las mejores vistas de Vigo

Hace unos años el piso de arriba de la Estación Marítima de Vigo se convirtió en un «lounge bar«. Tenía unas vistas tan buenas que conseguía que olvidases todo lo demás y acabases volviendo, pero a aquello le faltaba algo para poder sobrevivir… años después y, concretamente, a primeros de abril llegó a nuestros oídos limoneros que Mauro Durán se había sumado al proyecto y entre eso, y que tienen menú del día, fue razón más que suficiente para darles otra oportunidad.

Gaviota

El menú del día cuesta 15,50€ lo cual, lo limita para el día a día, pero puede ser una muy buena opción para un día especial donde no tengas mucha prisa.

Los primeros nos dejaron un poco fríos, y nunca mejor dicho, hoy había pote marinero de alubiasun potajillo con bastantes mejillones, alubias suaves y hermosas pero con un punto salado y a laurel de más, además vino frío y no es plato de gusto tener que pedir que te lo recalienten. Además probamos la tosta de huevo con cebolla caramelizada que era eso… un trozo de pan, con cebolla castellana pochada, un huevo y cuatro finas lonchas de lomo embuchado.

Los segundos, sin embargo, nos gustaron muchísimo, había pluma ibérica con patata asada y salsa criolla, con una carne buena hecha al punto y en una ración abundante y taco de atún con Soja y ajoblanco. riquísimo, un taco de atún marinado enorme, sobre una berenjena suave como la mantequilla, la patata asada y el ajoblanco en formato espeso que le daba un punto increíble sin necesidad de estar repitiendo tres horas más tarde.

De postre había Brownie de chocolate rico y Daikiri de frutas exóticas que no debían estar en temporada porque recordaban más a un potito de pera que al mar Caribe… otro punto positivo es que el café estaba incluído.

En resumen, una comida muy bien presentada, con una carta trabajada donde todo lo que ves pasar tiene muy buena pinta, unos segundos abundantes pero no empachosos y un lugar inigualable se merecen ampliamente la lima y media, sin embargo, se nota que están arrancando en esta nueva temporada, a algún plato le falta temperatura, tardan algo más de lo que debieran en servir y los primeros… todavía parece que hay que pulirlos así que se llevan medio limón provisional. En unos meses volveremos y estoy segura de que no sólo se quitarán ese medio limón sino que llegarán a las dos limas.

ALBATROSMuelle de Transatlánticos S/N, “Estación Marítima”

http://albatros-vigo.com/