De Lima a Limón

Crítica – cítrica


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CASA GAZPARAGA… el que tuvo, retuvo pero poco (Vigo)

Hace unas cuantas semanas visitábamos El Turista, hoy seguimos en la misma línea y nos vamos a otro clásico de la ciudad forjado a base de resistir y resistir… El Casa Gazparaga en el arco de la Plaza de la Princesa de Vigo.

Estos locales tienen la capacidad de hacerte viajar en el tiempo, nada, excepto el uniforme del policía nacional que se comía un bocata de calamares en la barra, ha cambiado en los últimos 40 años. Bueno, eso, y los pobres dueños que han ido envejeciendo y, probablemente, perdiendo facultades.

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Las botellas de brandy siguen igual, la barra, las mesas con manteles azules… El dominio absoluto de la señora que obliga al marido a quedarse atrapado en los dos metros de barra… El trato familiar donde por un momento te parece que la señora que te convence para que te comas un cocido es tu abuela. Todo sigue igual pero las cosas ya no saben igual.

Todos los días hay pescado fresco, unas almejas a la marinera que tienen fama y unas navajas que, probablemente quiten el sentido, además, pese a la zona en la que está sigue siendo realmente barato, las raciones no pasan de 8 euros.


Tras la insistencia de la buena mujer pedimos una ración de cocido y una de bacalao cocido y a ambas cosas le pasó lo mismo, venían como lavadas, les faltaba sabor. El cocido era abundante, con mucha verdura (cosa que agradezco y que, en general, escasea) pero ya os digo que con todo lo que tenía (costilla, chorizo de cebolla, carnes variadas) debería ser una explosión de sabor que no fue. Para más inri, los garbanzos eran de bote.

Al bacalao le pasó tres cuartas de lo mismo, le sobró un día de desalado y, la verdad es que los dos trozos no eran de los mejores (demasiado finos) y, por tanto, harinososo… Eso si, el detalle del huevo cocido me llegó al alma y me hizo pensar que, realmente, estaba en casa.

Del postre mejor no hablar nos vendió tan bien la tarta de queso casera que hubo que probarla… Alguien debería sacar una ISO que dijera que aunque las tartas royal manchen cazuelas… Eso no las convierte en caseras.

En resumen, un buen sitio para comer si os pilla de camino, pero acordaos de nosotros y comed almejas y un pescado del día frito… Una experiencia de viaje al pasado, auténtico y de calidad pero donde el tiempo ha hecho que las manos de la cocinera no sean las mismas se mece una lima medio limón.

CASA GAZPARAGA: Plaza de la Princesa. 4 Vigo.

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EL GALLO DE CANILLEJAS… y medio limón. (Madrid)

De todos los pescados, el mejor es el jamón”. Proverbio aragonés.

Hoy nos desplazamos a la periferia noreste de Madrid, al barrio de Canillejas, uno de tantos pueblos absorbidos por la reordenación municipal de 1949, que hizo que Madrid tuviera más habitantes que Barcelona y que configuró lo que sería la estructura administrativa actual.

Sin embargo Canillejas ya existía desde mucho antes, concretamente desde el siglo XII. Por aquel entonces era famoso por su moscatel,hoy en día pocas (o ninguna) vides se pueden encontrar entre los bloques de pisos, las autovías y el Estado Olímpico que nunca tuvo olimpiadas, pero donde sí podrían pedirse relaxings cafés con leche. El barrio fue absorbido municipalmente por el vecino distrito de San Blas y no fue hasta el año pasado que adquirió su denominación oficial de distrito de San Blas-Canillejas.

En la rotonda donde se unen el final de la Calle Alcalá con Avenida América para dar lugar al inicio de la A2, no muy lejos de la vecina M40, se encuentra el Bar El Gallo, típico bar de menús del día delante del Metro. Las vistas no son las mejores y el ruido es tremendo, ya que es uno de los nudos de comunicaciones con más tránsito de la capital, sin embargo el bar ofrecía cuatro primeros y cuatro segundos, pan, bebida (vino con casera como no) y postre por unos razonables 8,50.

De primero pedí unas alcachofas con jamón y es que el jamón pega con todo. Podrías tomar helado de chocolate con jamón y mejoraría su sabor. El jamón prácticamente mejora cualquier plato y no hace falta que sea cebo, recebo o bellota, para que sepa bueno. De segundo pedí trucha asada y no estaba mal, aunque la guarnición un poco pobre, medio limón, medio tomate y un poco de lechuga. Si hubiese sido una trucha a la navarra, rellena de jamón, el plato hubiera sido delicioso. El postre sólo había plátano, yogur y flan, ambos del supermercado, nada de caseros.

A pesar del precio aceptable le voy a dar medio limón como el que acompaña a la trucha. Hay que cuidar más los postres en los menús y no cuesta tanto tener más variedad de fruta o hacer natillas o flanes caseros. En el plato principal la guarnición es tan importante como la comida.
Consejo EmbiDioso: Salvo que seas un fumador empedernido y el Ducados sea parte esencial de tu dieta, no te recomiendo la terraza. Te alimentarás del humo de coches y autobuses.
BAR EL GALLO, Calle Alcalá 656 Metro Canillejas


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ESCAPADA LIMONERA: Destino Illa de Ons.

Una de las cosas que hay que hacer, al menos una vez en la vida, es visitar el Parque Nacional de Illas Atlánticas, un paraíso escondido en la Costa Gallega. Su estandarte son las islas Cíes, todo lo que pueda decir sobre ellas es poco y, además, va a sonar a amor de hija pero las fotos hablan por sí solas y creedme cuando os digo que su grandeza va mucho más allá de tener la mejor playa del mundo según The Guardian. Pero el Parque no se acaba ahí, Cortegada y Sálvora son dos muy buenas opciones, quizá algo menos espectaculares pero también menos concurridas.

Ons

Hoy nos acercamos hasta la cuarta isla en cuestión, Ons, en la Ría de Pontevedra. Una isla peculiar porque a diferencia de las Cies está habitada, ahora viven unas 80 personas, pero han llegado a vivir allí más de 500 personas, un pueblo en toda regla, vaya. Sus habitantes tuvieron algún que otro problema cuando declararon a su Isla Parque Nacional, pero después de unas cuantas luchas, lograron que se les reconociera como autóctonos y se les permitiera vivir allí. Esto ha hecho que la oferta gastronómica sea mucho mayor que en otras islas y que exista una muy buena alternativa al bocata y la maldición de cargar con la nevera de playa y la ensaladilla.

Llegar a la Isla es fácil aunque no demasiado barato, el barco cuesta unos 14€ por persona ida y vuelta, se puede ir desde Vigo, Bueu y, en algunos casos, desde Portonovo y hay varias navieras que lo hacen, con lo cual los horarios son bastante amplios. Los barcos son estables así que, en principio y biodraminas mediante, nadie tendrá problema con marearse.

Una vez en la isla, lo suyo es hacer alguna de las rutas de senderismo que nos proponen, están super bien señalizadas y se adaptan a todos los estilos. Las vistas son espectaculares.. y aquí viene la maldición de la nevera. Nada como la comida casera pero cargar con la nevera durante toda la excursión puede acabar con los brazos de los más forzudos y hacer que la excursión no se disfrute como es debido.

A la hora de comer tenemos unas cuantas opciones, lo más típico es el pulpo, en esta zona se hace, además de «a feira» en caldeirada, que es un guisillo con ajada realmente recomendable. Sólo tiene una pega, un verano en Galicia puede lograr que te acaben por salir tentáculos.

Después de hacer nuestras investigaciones, ver los menús que ofrecían y los platos que se comía la gente seguimos la recomendación que nos hicieron y fuimos al Chencho. Un restaurante enorme, con una inmensa terraza con unas vistas de infarto, muchísimas mesas, una cocina a la vista más grande aún, una cola respetable y unos camareros tremendamente sobrepasados pero que al final valía la pena.

La carta era mínima y los precios bastante razonables considerando que se enfrentaban a un público cautivo… Después de más de 40 minutos esperando y viendo pasar raciones de empanada nos olvidamos del hambre y lo único que queríamos era poder sentarnos antes de que se les acabasen las raciones… Era una empanada de zamburiñas con pan de maíz, un manjar de dioses que nunca ha trascendido de las fronteras gallega. Según nos contó la dueña la hacen allí mismo y cada día sacan unas 15 empanadas del tamaño de la mesa donde comíamos.. unos 20 m2 de empanada y sin necesidad de un juez de Guinness por allí correteando!

Las almejas a la marinera estaban buenísimas, una ración muy abundante de almeja fina por 10€. Los pimientos de padrón nunca llegaron pero tampoco los echamos de menos… Lo que no se hubiera echado de más sería un camarero extra, al menos para las horas puntas hubo momentos donde aquello era una maratón de paciencia.

Y por último pedimos una ración de lubina salvaje, error, era un bicho espectacular con rodajas del tamaño de un salmón pero al que no supieron sacarle todo su partido, a esos pescados no les hace falta ajo y no se les puede carbonizar la carne, es pecado!… Pero fue fallo nuestro, con unas navajas o una buena ración de pulpo habríamos comido como unos marqueses y por mucho que la ofrecieran, no era un restaurante de delicatessen.

Todo ello con botella de vino tintorro bendecido con gaseosa y empanada de manzana de postre 20€ por cabeza un precio más que razonable. Faltó un poco la atención y sobró un buen rato de espera eso les resta medio limón, pero lo cierto es que, se ganan las dos limas.

Es verdad que hay que sumar el barco y es dinero, pero también creo que es algo que, junto con las Cíes (Estas sí que con bocata) hay que visitar al menos una vez en la vida. Vivimos rodeados de sitios increíbles pero, por alguna razón siempre le damos más valor a las cosas de fuera. Va siendo hora de que abramos los ojos, aunque sea con palillos!


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DON EMILIANO… y el ejército de Pancho Villa (Madrid)

Hace unas semanas, uno de nuestros lectores habituales nos recomendó un restaurante de comida mexicana, el Don Emiliano. Así que firmes y obedientes nos pusimos manos a la obra, reservamos y nos acercamos hasta allí con todo nuestro espíritu cítrico, he aquí el resultado con el que inauguramos la sección de entradas a demanda:

El Don Emiliano es un lugar chiquitillo escondido en una de las calles del madrileño barrio de Huertas, tiene una barra con algunas mesas y un pequeño comedor apto para los más egoístas, era viernes y estábamos nosotros solos. Dada la zona y la gran variedad de cócteles presuponemos que la noche es su punto fuerte.

Nada más llegar te recibe un camarero de lo más dicharachero, uno de esos que antes de que hayas logrado sentarte en la mesa ya te ha cantado todas las especialidades con alcohol de la carta… y logre que te preguntes por qué demonios quiere emborracharte.

La carta está llena de cosas ricas y pese a no tener un listado infinito de platos, hay que reconocerles que variedad no les falta. Tienen desde huarache hasta alambres pasando por tacos y tacos dorados (que en realidad eran flautas). La comida no pica, lo que pican son las salsas que te ponen nada más sentarte en la mesa.

Pedimos unos tacos dorados de tinga, queso fundido con huitlacoche y alambre pastor… mientras esperábamos y probablemente incitados por la música de Luis Miguel de fondo probamos las salsas y, cuando nos dijeron que picaban no exageraron, iban de más a menos.. el problema viene cuando empiezas por la más picante… tus ojos empiezan a llorar, buscas desesperadamente el pan y en ese momento te das cuenta de que no hay pan porque estás en un mexicano. Por suerte, su picante es más intenso pero menos duradero que el de nuestros queridos pimientos de padrón.

Lo primero que nos trajeron fue el queso con huitlacoche. Estaba buenísimo, supersabroso y acompañado de tortillas caseras de maíz. De hecho estaba tan, tan bueno, que lo siguiente que nos trajeron no nos supo a nada, nunca sabremos si aquellos tacos dorados de tinga realmente tenían sabor, pero el hecho es que no se lo encontramos.

Por último comimos un alambre pastor, un plato de carne picadita con cebolla y pimiento a la que le eché de menos la piña pero que estaba rico.

Cuando íbamos a pedir el postre, el camarero que parecía haberse aplicado las mismas técnicas que a los clientes nos dijo mientras se partía de la risa que «se les habían quemado las tartas» quizá por eso bebían para olvidar. La cuenta fue económica, con un descuento que tenían la comida con un par de cervezas menos de 12 euros por cabeza .

La calificación es otra historia, se nota que el sitio tiene potencial, la comida (que tenía sabor) estaba buena, pero más que para comer es un lugar para tomarse unas cuantas margaritas y mojarlas en unos buenos tacos, probablemente en ese registro se merezcan una lima.. hoy no puedo darle más de media lima y medio limón.

DON EMILIANO: C/ Santa María, 39. Madrid.

http://www.donemiliano.es/


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LA SULTANA… reina de noche, bella durmiente de día (Madrid)

Una de las razones por las cuales está tan bien escribir en “De Lima A Limón” es que la oportunidad de revisitar sitios que han sido importantes en ciertos momentos de la vida, pero desde un nuevo punto de vista; que es el de críticos cítricos. “La Sultana”, es uno de ellos.

Es un sitio donde puedes escuchar rock del de verdad sin que éste interfiera en las conversaciones y donde por las noches puedes pedir unas pizzas artesanales en la barra de comidas, mientras compartes unas jarras de cerveza con los amigos. Recordábamos haber comido allí en alguna ocasión. Así que nos animamos a hacer una visita a mediodía, primer error… aunque los padres digan aquella famosa frase de “no hay nada que hagas de noche que no puedas hacer de día”… hay cosas que es mejor hacerlas de noche, como por ejemplo…visitar La Sultana.

Para empezar éramos los únicos clientes de una pizzería antro de paredes verdes y mesa de billar en el medio, un local con una barra detrás de la cual uno sólo podía esperar un melenudo pero que, sin embargo, ocultaba a una criaturilla sorprendentemente joven que atendía la barra y las mesas con más voluntad y simpatía que oficio, mientras el cocinero mataba el tiempo apoyado en la barra. La vivaracha señora que yo recordaba -capaz de servir 5 mesas a la vez mientras nos contaba su vida- ya no estaba.

Descartamos el menú del día (que incluía ensalada, un plato que no les pegaba ni con cola) por las famosas pizzas del local y empezamos a esperar… Si bien el servicio en La Sultana nunca ha sido gran cosa, en esta ocasión ponía a prueba al cliente más bienhumorado (tened presente que éramos la única mesa). Las bebidas se retrasaban, el mantelillo llegó después de las pizzas (de atún y cebolla y con calabacín y berenjena) y el postre (un helado de mandarina) llegó mientras los enormes platos para pizza y el Homer que se veía en el fondo del plato esperaban con cara de pena a ser recogidos.

He de decir que sufrimos un pequeño desencanto, la pizza con cebolla y atún estaba rica, la masa era bastante fina y el queso era bueno… a la pizza con calabacín, berenjena y tomates cherry le faltaba sal… no un poco, sino toda la sal del mundo y, será más sana, no lo vamos a discutir, pero que nos gusten los vegetales no significa que tengamos problemas de salud, si queremos comida de régimen… la pediremos.

Seguramente el local siga conservando su atractivo por las noches, donde se pueden perdonar pequeñas faltas y hay más margen para la informalidad, pero a mediodía te vas con la impresión de que pasan bastante de ti.  Las pizzas siguen estando ricas, pero no se disfrutan tanto cuando tienes la sensación de estorbar al personal que se entretiene jugando al billar mientras tú, infructuosamente, lloras por una cocacola más (maldita manía de los clientes de consumir… supongo). La cuenta fueron unos 11 euros por persona.

Mantenemos la recomendación como punto de encuentro nocturno y lugar agradable para celebraciones informales, eso vale media lima, pero a mediodía nos desprendemos de viejos recuerdos y le damos medio limón. Quizá Sabina tenía razón cuando cantaba aquello de “al lugar donde has sido feliz no debieras tratar de volver.”

LA SULTANA: c/ Meléndez Valdes, 51. Madrid


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MACEIRAS… un rinconcito de Galicia en Madrid

Con permiso de la gallega fundadora de este blog y para los que no podemos viajar tanto a Galicia como quisiéramos, hoy os presento mi rinconcito de Galicia en Madrid.

El Maceiras es un pequeño local situado en el céntrico barrio de las Letras, concretamente, en la calle Huertas 66 en el que se pueden encontrar una gran variedad de tapas gallegas con las que calmaros cuando os invade la morriña.

La carta es una original tabla de madera, cual paleta de pintor, escrita a mano con boli. Con el gran número de tapas (incluido marisquito) que tienen cuesta decidir pero al estar en una taberna- pulpería no podíamos dejar de pedir una Ración de pulpo ( ½ ración 7€), no es lo mismo que comerlo en alguna de las callejuelas de Ourense o Melide donde las pulpeiras salen y realizan el ritual en plena calle, pero hay que probarlo.

También elegimos una ración de chorizo criollo (5€) y mi especialidad, una tabla de quesos de Galicia (7€) con una selección de quesos ricos con denominación de origen que hay en Galicia: O´Cebreiro, Tetilla, San Simón y Arzúa Ulloa.

Para acompañar estos manjares, tienen botellas de vino Albariño o Ribeiro servidos en las tradicionales tazas (cuncas) pero nosotros en esta ocasión lo acompañamos con una tercio de “Estrella Galicia” (2,5€) que también es muy de la tierra. 😉

Para terminar, os recomiendo un toque dulce con unas filloas (una versión gallega de la crepe francesa) , un trozo de tarta de Santiago o un poco de queso.

Si hay que poner algún pero a la visita no es a la comida, sino al intento de modernidad que quieren dar. Las comandas que toman las amables camareras se hacen en pda pero luego ni se pude pagar con tarjeta ni te dan la clave de una red wifi que tienen visible en el local.

En resumen, un restaurante donde recordar algo de Galicia, donde cenar por menos de 15€ por persona, que no quita las ganas de volver a la tierra, pero que ayuda a sobrellevar la morriña. Por eso, le doy una lima y medio limón.


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EL SUPPO… y el no sé (Vigo)

Pese a que en Galicia nos gusta la «fartura», esto es… raciones inmensas, de lo que sea, pero inmensas, cada vez aparecen más locales de comida elaborada y con un punto de fusión. Es el caso del Suppo, un local blanco, moderno, con un fantástico reservado y una espectacular terraza veraniega en la Alameda .

Lo primero que debo decir es que yo con este sitio no tengo suerte, eso significa dos cosas, la primera, y buena, es que hay platos ricos y siempre termino obligada a meter el tenedor en el plato de los demás… Y la segunda, y mala, es que hay platos que realmente consiguen que te plantees no volver nunca más (los que yo elijo). Aunque por alguna razón, siempre vuelvo.

Esta vez pedimos para picar una Ensalada Cebreiro, unos espárragos y unos langostinos con masa brie y mayonesa de cítricos… De segundo hubo quien se inclinó por el rodaballo al horno, por un lomo de vaca y yo caí en la tentación de pedir atún rojo… Todo ello acompañado de una botella de Ribeiro.

La ensalada esta muy rica, el toque del requesón y las almendras era perfecto y, aunque digan aquello de «estás más pasado de moda que la reducción del vinagre de Módena» yo confieso que a mi me sigue gustando. Los espárragos eran de cine, nos los recomendaron y tenían sus buenos motivos, gorditos, jugosos, fantásticos… Y los langostinos, la verdad es que aspiraban a más (y a menos tiempo en la freidora, sobre todo la pobre y mustia albahaca) eran una masa seca y aceitosa a partes iguales.

Los del rodaballo triunfaron, hay que pedirlo para un mínimo de dos personas y el punto lo tienen cogido, aunque en honor a la verdad, también hay que decir que el bichito encoge desde que te lo enseñan en la bandeja hasta que te lo sirven en el plato. El lomo era una carne sabrosa pero lo perdía lo fibroso que era más que comerlo había que rumiarlo cual vaca. Y por último, mi atún… Decir que venía frío es poco, venía congelado y aunque fueron súper amables y pidieron perdón mil docenas de veces… En la segunda vuelta volvió seco como la mojama y eso es un pecado mortal!

Todo esto, con una mousse de mango sabrosa y una copa de cheesecake bastante mejorable algo mas de 35 euros por cabeza… a precio de ocasión especial.

Hay a quien le encanta, yo le reconozco su mérito, la buena pinta de su carta, su buena ubicación y servicio … pero por mucho que lo pienso, yo no sé darle más de una lima y medio limón.

Plaza de Compostela, 29. Vigo

http://www.suppobar.com


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ALBATROS… Un menú con las mejores vistas de Vigo

Hace unos años el piso de arriba de la Estación Marítima de Vigo se convirtió en un «lounge bar«. Tenía unas vistas tan buenas que conseguía que olvidases todo lo demás y acabases volviendo, pero a aquello le faltaba algo para poder sobrevivir… años después y, concretamente, a primeros de abril llegó a nuestros oídos limoneros que Mauro Durán se había sumado al proyecto y entre eso, y que tienen menú del día, fue razón más que suficiente para darles otra oportunidad.

Gaviota

El menú del día cuesta 15,50€ lo cual, lo limita para el día a día, pero puede ser una muy buena opción para un día especial donde no tengas mucha prisa.

Los primeros nos dejaron un poco fríos, y nunca mejor dicho, hoy había pote marinero de alubiasun potajillo con bastantes mejillones, alubias suaves y hermosas pero con un punto salado y a laurel de más, además vino frío y no es plato de gusto tener que pedir que te lo recalienten. Además probamos la tosta de huevo con cebolla caramelizada que era eso… un trozo de pan, con cebolla castellana pochada, un huevo y cuatro finas lonchas de lomo embuchado.

Los segundos, sin embargo, nos gustaron muchísimo, había pluma ibérica con patata asada y salsa criolla, con una carne buena hecha al punto y en una ración abundante y taco de atún con Soja y ajoblanco. riquísimo, un taco de atún marinado enorme, sobre una berenjena suave como la mantequilla, la patata asada y el ajoblanco en formato espeso que le daba un punto increíble sin necesidad de estar repitiendo tres horas más tarde.

De postre había Brownie de chocolate rico y Daikiri de frutas exóticas que no debían estar en temporada porque recordaban más a un potito de pera que al mar Caribe… otro punto positivo es que el café estaba incluído.

En resumen, una comida muy bien presentada, con una carta trabajada donde todo lo que ves pasar tiene muy buena pinta, unos segundos abundantes pero no empachosos y un lugar inigualable se merecen ampliamente la lima y media, sin embargo, se nota que están arrancando en esta nueva temporada, a algún plato le falta temperatura, tardan algo más de lo que debieran en servir y los primeros… todavía parece que hay que pulirlos así que se llevan medio limón provisional. En unos meses volveremos y estoy segura de que no sólo se quitarán ese medio limón sino que llegarán a las dos limas.

ALBATROSMuelle de Transatlánticos S/N, “Estación Marítima”

http://albatros-vigo.com/