De Lima a Limón

Crítica – cítrica


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A LA NAVARRA… sabe mejor.

La semana pasada apareció un mensajero por casa, traía una caja de folios requetenvuelta  en cinta de embalar. No tenía ni idea de qué podía contener, ni siquiera de quién lo podía enviar… Tanto bite y afterbite está muy bien, pero hay pocas cosas que molen más en estos tiempos que recibir un buen paquete al estilo clásico.

Lo cierto es que si ya estaba contenta, mi cara al ver lo que había dentro debió ser un espectáculo… El paquete venía de Navarra y nuestro amigo nos mandaba lo mejor de su tierra: espárragos blancos, txistorra y queso idiazabal. Además en formato previsor, envasado al vacío… Como si no conociera a las limas que iba destinadas.

Una de productos navarros

Si los paquetes son guays, los paquetes con comida son lo mejor del mundo… Preguntadle a quien hizo la mili qué sentía cuando su madre le mandaba los chorizos o a quienes se fueron del país y temían que el paquete no pasase la frontera y se lo zampasen los de aduanas.

Pero vayamos al tema que nos perdemos contando batallitas… los espárragos blancos frescos son una pasada, cocerlos tiene un punto de engorro y lograr el equilibrio perfecto entre sal y azúcar puede rozar el malabarismo pero en el primer mordisco todos los problemas se olvidan. Estamos ya a finales de temporada, según los entendidos, el mejor tiempo para comerlos va de marzo a abril aunque con este año de locos todo se ha trastocado. Son bichos curiosos, se empiezan a recoger a las 6 de la mañana, para que de tiempo a envasarlos en el mismo día y no pierdan el agua, supongo que secos no habrá quien se los coma.

El queso Idiazabal es otra pequeña joya, se produce en Euskadi y en Navarra con la leche de unas ovejas un tanto peculiares, las latxas. Cuentan que este queso es todo tradición, fijaos si lo tienen conseguido que llevan la friolera de 8.000 años haciéndolo. Como todo queso tienen mogollón de cosas buenas obvias, el calcio para los huesos, etc, etc, etc, pero este tiene algo especial, tiene propiedades anticaries, los ratones navarros deben tener los mejores dientes del mundo.

Cada zona tiene sus tesoros, la mejor cecina está en León, no hay mojama como la de Barbate, las anchoas son de Santoña… Pero es verdad que hay zonas que destacan y si hay una que compite por las tres limas, esa es Navarra.

Eskerrik asko Oier y Joanna!!


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II Escapada limonera… Destino Valladolid

Hace unas semanas en De Lima a Limón nos escapábamos a Salamanca. Hoy nos vamos un poquito al noreste, justo hasta Valladolid. Tierra de buenos vinos y mejores carnes.

Valladolid, con sus más de 300.000 habitantes, es una clásica ciudad castellana: tiene su plaza mayor, su catedral, su festival de iglesias, sus patios donde a uno le entran ganas de hacerse el espontáneo y empezar a recitar a Lope de Vega… Pero sobre todo, es una ciudad para comérsela y volver, volver todas las veces que haga falta.

Nuestro amigo tuitero @mediotic nos hizo un par de recomendaciones que no nos debíamos perder, y como somos limoneros bien mandados no fallamos. El primero de ellos era el Campero, un lugar famoso por sus montados, pinchos morunos (2,50€) que los locales embadurnan en mostaza al estragón y las salchichas castellanas… Todo un paraíso de gastronomía colesterolera en un bar peculiar estilo patio andaluz, pequeñito, con el techo cubierto de parra y hasta un pozo!

La segunda parada fue en el Postal, otro local chiquinino, reformado, que se esconde tras el mercado y está lleno de productos leoneses, desde un queso de pollos (4€) delicioso, a una cecina recién cortada (4,40€) que quitaba el sentido. Nos quedamos con pena de no probar la torta Cañarejal, un queso parecido a la torta del Casar que debe tener bastante éxito porque cuando llegamos ya no quedaba. El local lo regentan dos hombrecillos ataviados con mandil y escoba, rápidos, limpios y secos a partes iguales y que si llevasen gorra serían la viva imagen de los Mario Brós.

La última parada del día fue el Corcho, famoso por sus croquetas y torreznos y fácil de reconocer, sólo hay que buscar al camarero de la competencia que enfurruñado merodea al único local lleno preguntándose cual ex marido abandonado que tendrá el otro que no tenga él.

En Valladolid siempre coincide bien porque vayas cuando vayas… siempre hay algo. En este caso, un Festival de teatro callejero que hacía que te perdieras donde te perdieras aparecieras en una plaza llena de actuaciones, música y danza.

Al día siguiente cogimos el coche y nos plantamos en Simancas, un precioso pueblo a unos 10 minutos de la capital. Uno de esos sitios donde han hecho las cosas bien y hasta los carteles de Cocacola guardan la esencia del lugar. Después de visitar el Castillo, la iglesia y la muralla buscamos donde comer… El hecho de que en Las Tercias oliera a brasa eliminó de un plumazo a toda la competencia… Y acertamos. Hacía mucho que no me encontraba con unos camareros tan sumamente encantadores!

Incluso siendo domingo tenían menú del día… Alcachofas con jamón y entrecot 15€, cuando veo que me hicieron caso cuando lo pedí casi crudo se me saltaron las lágrimas. Eso sí, no podíamos irnos sin probar la especialidad local, el lechazo al horno (18€) nos pusieron el costillar y nos avisaron que sólo lo habíamos comido bien si el perro les miraba mal cuando le dieran los huesos… Creo que cumplimos con la misión.

En resumen, limas , limas y más limas… Unos precios algo generosos de más en algunas ocasiones y un ambiente peculiar donde se confunden las cantidades industriales de almidón de las camisas con los pinchos de acero y las coletas. En todo caso, un lugar recomendable para ir e imprescindible para volver.


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D´TONHO… una visita al país vecino (Porto, Portugal)

Este fin de semana, aprovechando el buen tiempo hemos hecho una escapada en familia al país vecino, Portugal y no me he resistido a hacer la primera, espero que de muchas, crítica cítrica internacional.

Para un gallego del sur ir a Portugal viene a ser como para un madrileño ir a Segovia. Un plan muy habitual aunque no por ello menos apetecible y es que… Al igual que pocos se resisten a un buen cochinillo no hay quien se pueda resistir a un buen bacalhau o a algo tan sencillo como un frango no churrasco. Esta vez era una ocasión algo especial, así que en vez de ir a nuestros sencillos habituales de Valença tiramos de autopista y nos fuimos hasta Porto a visitar uno de sus restaurantes más famosos en plena Ribeira el D’tonho.

Si buscáis comer con las vistas maravillosas del Duero, su página web puede llevaros a un cierto engaño, las fotos parecen hechas por esos profesionales de las páginas de pisos de alquiler donde todo es inmenso y súper luminoso, pese a que los ventanales no son como prometen, el sitio es bonito y acogedor.

 

Nada más llegar te colocan una mesa auxiliar con el couvert, en cristiano, todos los entrantes disponibles, entre el hambre con el que llegas y la buena pinta que tiene todo decidir es un gran esfuerzo. Nosotros nos decantamos por unas Zanahorias aliñadas, con su buena dosis de cilantro, conejito a la brasa, queso de oveja y las clásicas pataniscas de bacalao que vienen a ser una especie de buñuelo. De segundo pedimos bacalao, dos raciones para cuatro ya que suelen, y digo suelen, ser abundantes y de beber dos botellas de tinto una de Dão y una de Douro.

El camarero, muy atento (cosa no tan frecuente en sus convecinos) nos fue trayendo todos  los platos y, no os voy a engañar… Era mucho mas feliz viendo para ellos que una vez que los estaba comiendo. Las materias primas eran excelentes, la posta de bacalao era un sueño, la presentación era fantástica pero en cuanto le metían la cuchara de palo al asunto la fastidiaban. El bacalao a moda de Julio Gouveira estaba helado y por mucho que lo intentamos no logramos adivinar de qué era aquella salsa que llevaba, las raciones eran el equivalente a méia dose aunque el precio (cerca de 20€) parecía presagiar que seria para dos personas y el postre no mejoró en absoluto nuestra percepción.

En resumen, unos 35€ por cabeza, unas expectativas demasiado altas, un precio, una presentación y una ubicación maravillosa que, desafortunadamente, no se corresponden con lo que te llevas a la boca. Por todo ello, nuestra calificacion es de una lima y un limón y medio. Quiza vuelvan los tiempos que le trajeron la fama pero lo que esta claro es que el D’tonho ya ha vivido tiempos mejores.


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LOBO DO MAR… del mercado a la mesa (Vigo)

El Casco Vello de Vigo ha vivido momentos complicados, la mala vida de los 80 pegó fuerte y durante algún tiempo sus calles parecían el escenario de la serie «The Walking Dead», sin embargo, después de años, de mucho trabajo y de muchas rehabilitaciones, el barrio ha vuelto a ganar vida y encanto. Hoy nos perdemos en una de sus calles de piedra empicadas y buscamos un clásico, O lobo de mar.

En su momento, esta taberna, atrajo a lo mejor de cada casa con la excusa de tomar unha cunca de viño do país acompañada del mejor pescado fresco. A día de hoy las cosas han cambiado, cuando abres la puerta ya no aparece aquel antro de piedra con bustos de marineros colgados por las paredes sino una sala pequeñita rehabilitada, recién pintada y decorada con algunas de las piezas que el encargado de obrar el milagro indultó.

La carta cambia todos los días en función de lo que haya en el mercado, sirven raciones y medias raciones y los precios varían entre 4,50€ y 7,50€. Vista la diferencia de precio (poco más de un euro) y lo buenísimo que está todo, os recomendaría que pidierais raciones enteras.

Después de mucho pensarlo y de descartar la carne por motivos obvios decidimos compartir dos raciones: Una castañeta guisada y unos chipirones. De guarnición siempre puedes elegir entre patata cocida, frita o arroz… los guisos siempre me tiran del cachelo y los chipirones del arroz así que no hubo que pensar mucho.

La castañeta, palometa, zapatera o japuta bien guisada es una locura… o en fideuá… o a la plancha con ajo y perejil… o rebozada… la verdad es que este pez con cara de enfadado es de lo más versátil. El guiso que nos pusieron era simple, cebolla, pimiento verde y poco más pero estaba super sabroso. El pan mojado en aquella salsa era puro vicio.

Los chipirones no se quedaban atrás, salteados con cebolla, ajo y pimiento verde muy rustido y contrastando con el arroz blanco. Ricos, ricos, ricos.

De postre nos ofrecieron Requesón das Neves con miel, se nos cerraron los oídos y ya no supimos escuchar más… este requesón es algo especial, no se parece en nada a cualquier subproducto que compréis en un supermercado. Es de fabricación artesanal, se venden en unas bolitas y se sirve tal cual, con un poco de miel y si se está inspirado con un par de nueces. Pero es que no necesita más. Tiene un punto agrio, ácido y muchísimo sabor.

La cuenta nos salió a 11 euros por persona precio de menú con elección a la carta… productos fresquísimos y de la tierra, una perfecta comida casera y sin florituras, un local acogedor que todavía destila cierta solera y que ha sabido resistir y adaptarse a los tiempos sin traicionar a sus orígenes se gana, por primera vez en este blog, dos limas y media.

LOBO DO MAR: Rúa Anguía, 2, Vigo


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CON DOS FOGONES… Y un montón de sabores (Madrid)

Para hablar de este sitio hay que ponerse en situación: es lunes, de noche, las farolas están a medio gas, tienes un hambre que te mueres y todos los sitios a los que quieres ir… Uno detrás de otro están cerrados. La moral se mina, el tiempo va pasando y al fin ves luz en un local y entras. Se llama Con dos fogones y aunque la imagen corporativa parece copiada del «Cumple guay» la verdad es que la decoración es bonita.

Es un local pensado para el picoteo, tienen una carta inmensa donde tocan todos los palos… Carnes, pescados y mucha cosa hecha con verdura. Del menú del día al menú degustación de tapas por 35 euros con botella de vino para cada dos incluida.

Era un día especial, nos merecíamos un homenaje y el estómago rugía con ganas de probarlo todo… Pero la camarera, con muy buen criterio, nos quitó la idea del menú de tapas de la cabeza, viendo el tamaño de las raciones nos hubiéramos quedado sin probar la mitad de las cosas y habríamos salido rodando de allí.


Después de darle mil vueltas a la carta pedimos unas hamburguesas vegetales con alioli de pistacho (7,50€) que estaban tan buenas que entraban ganas de secuestrar a la cocinera para ver cual era la fórmula mágica.

Un pollo Indio… Macerado en yogur y tandoori y servido con un arroz basmati con anacardos. Menos auténtico que el que puedes comer en un restaurante hindú pero más suave también… Y muy rico.

Y una Tabla de crujiente que no me gustó nada… Prometían una tempura de queso brie que traía unos trozos demasiado grandes, unas croquetas de jamón horribles hechas a base de harina y más harina, y samosas de verduras con una pasta casera relativamente buenas si obviamos el relleno de «ensaladilla findus»… De las cuatro salsas que traía me quedo con la salsa de soja dulce pero con la cantidad de cosas ricas que tienen en la carta sería lo último que recomendaría.

La verdad es que lo descubrimos por casualidad pero es un sitio muy céntrico, detrás de plaza de España, con una carta muy variada y llena de cosas ricas a un precio de poco más de 15€ por cabeza que se gana una lima generosa.

CON DOS FOGONES: Calle San Bernardino, 9 Madrid

http://www.condosfogones.com/


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GUMBO… Un viaje a Nueva Orleans (Madrid)

Hoy en De Lima a Limón nos vamos a un lugar totalmente diferente, cambiamos el registro y viajamos a Lousiana, concretamente, a Nueva Orleans o (Niú orlíns que dicen los locales). La fama de hamburgueseros ha hecho mucho daño a la gastronomía estadounidense… Pero lugares como este ayudan romper el mito.

El Gumbo está en la calle Pez, en la parte baja de Malasaña. Es un local pintado de azul con una barra que parece sacada de la cocina de una peli americana. Es un restaurante auténtico, no una de esas versiones enlatadas de los «diners» que poquito a poco van apareciendo como setas en todas las ciudades. Eso sí, las mesas están un poco juntas de más y, a veces, parece que en vez de en tu plato vas a meter el tenedor en el del vecino.

Las especialidades, en las que es experto y sobre las que nos habla el limonero Carlos Hidalgo tienen una pinta increíble y algún plato que vimos pasar daban ganas de robarlo… pero esta vez nos resignamos a la versión económica y probamos el menú del día por 10,75€.

Mientras esperas a la comida te ponen unas nueces, dulces, saladas y picantes todo a la vez tremendamente adictivas, no llegamos a saber si las hacían allí o las traían de algún sitio pero era para llevarse un saco para casa.

Pedimos de primero la ensaladilla americana, que no defraudó… Una especie de ensalada de patata con mayonesa, un punto de mostaza y el toque fresco del apio y el cebollino. Y el Gumbo de pollo una mezcla entre sopa y potaje típica de la zona servida con arroz blanco riquísima… Tenía un sabor super intenso, entre seco, amargo, picante… Muy diferente y muy recomendable.

Los segundos eran platos estándar pero con un toque, servidos siempre con arroz blanco o puré de patata. El pollo estofado estaba muy bueno, y era ración muy abundante. El mero en salsa criolla estaba muy bien hecho, la salsa tipo pisto le quedaba fenomenal pero, le fallaba el pescado. No es que estuviera malo… Supongo que es que nací en la costa gallega y eso tiene sus consecuencias.

En el postre nos lanzamos a la tarta de zanahoria con nueces, que es una receta básica capaz de sacar lo mejor y lo peor de cada uno… Y en este caso sacó el lado bueno siempre que obviemos que las nueces estaban un pelín rancias.

A la hora de cenar, sin embargo, es cuando Gumbo da su do de pecho y uno puede sumergirse de lleno en la gastronomía «Cajún«, que viene a ser la comida mediterránea adaptada por los criollos franco-canadienses de Louisiana. Para empezar una buena cena de dos, nada como unos peliculeros tomates verdes fritos (8,50€) para compartir, rebozados y jugosos, vienen acompañados de una riquísima salsa remoulade (una especie de mayonesa especiada) con gambas. Si hay hambre, podéis acompañarlo con el tradicional jamabalaya (12€); un plato de arroz muy especiado (¡ojo, pica!) acompañado de langostinos y andouille (un riquísimo embutido).

En los segundos, no somos imparciales y nombramos un claro favorito: el lomo de buey bronceado con patatas machacadas al ajo (18,50€). El buey viene churruscadito por fuera y jugoso por dentro; sabroso y tierno. Y las patatas machacadas no engañan con su nombre: un puré de patatas hecho en casa, con la dosis justa de ajo para que a uno se le haga la boca agua. Si queremos decantarnos por algo menos convencional y más creóle aún, podemos optar por los mejillones gratinados (8,50€), el cangrejo de caparazón blando con salsa meuniere (16€) o los langostinos al ajillo con pimienta negra (15,50€). Aunque nunca tenemos que olvidar que provienen de una gastronomía acostumbrada al marisco del Golfo de México y el delta del Río Mississippi: mucho más grande, pero también mucho más insípido que el marisco al que estamos acostumbrados.

Echamos de menos el cocodrilo de la página web que siempre le hubiera dado un toque de distinción a la comida pero agradecimos el jazz que sonaba de fondo. El menú no es el mejor del mundo pero no tiene nada que envidiar a la media y tiene un toque diferente que ayuda a salir de la rutina, cenar es caro, con bebida y postre unos 35€ por cabeza pero es una experiencia que realmente merece la pena, por todo eso los cocodrilos se ganan dos limas.

GUMBO: Calle Pez, 15, Madrid

www.gumbo.es


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BETA… Con b de bonito y barato (Vigo)

Hoy en De Lima a Limón visitamos el Beta, un nuevo restaurante que han abierto en la Plaza de Compostela de Vigo, muy cerquita del Suppo . Un sitio con una carta amplia y la posibilidad de por 12 euros convertir los dos platos de la carta que prefieras en menú (junto con postre y bebida).

La primera característica de este sitio, y no ni es poco ni demasiado frecuente, es que es barato… Sí, no es económico… Ni razonable… Es directamente, barato. Tan barato como que puedes comerte un plato de pollo Kara Age por 2,50€. Eso explica, 1. Que esté siempre a tope y 2. Que la edad media de los clientes sea muy baja.

El lugar es moderno, decorado en tonos lilas y blancos…bonito y hortera a partes iguales. Bastante grande y perfecto para organizar saraos de picoteo con muy bajo presupuesto…

Nosotros pedimos unas minihamburguesas con reducción de Pedro Ximénez y espuma de mostaza en las que demostraron algo muy bueno… Que aunque la carta ponían que la ración eran tres vieron que éramos cuatro y sumaron una más… Y algo malo que se repitió en todos los platos, las aspiraciones de la carta… Allí no se notaba reducción alguna y la espuma era un brochazo de mostaza normal y corriente. Lo cual, no es imprescindible ni mucho menos, es más, estaban ricas… Pero te deja con unas expectativas insatisfechas.

De ahí al huevo de corral sobre carbonara de san Simón, jamón ibérico y picatostes… (un huevo que nadaba en nata a la pimienta). Una de pollo frito Kare Age, en una versión occidentalizada del plato japonés pero decente y una ensalada de bacalao ahumado algo regulera.

El variado especial merece, como su propio nombre indica, una mención especial, un horror y encima era de lo más caro de la carta, 15 € por unas tostas en pan malo (pecado mortal estando en Galicia) y dos croquetas inmundas a las que se les pelaba el empanado como si se hubieran pasado con el sol en las Cíes.

Los postres son decentes… Excepto el semifrío de queso que sabía más a nata montada que a ninguna otra cosa. Habiendo bebido vino la cuenta salió en unos 16€ por cabeza.

La conclusión que saco de este sitio es mixta, no me ha encantado y probablemente no vuelva, prohibiría ese variado especial y agradecería que olvidasen el gran daño que ha hecho la alta cocina y simplificasen los nombres… Pero, un lugar en el que bien elegidos los platos puedes cenar por 8 euros comiendo bien y sano, en el centro de la ciudad y para todos los públicos…por muchos limones que tenga la tentación de darle, objetivamente, se merece una lima.

http://www.restaurantebetavigo.com/

BETA: Plaza de Compostela, 13 Vigo


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BOBO… Y como contentar a ocho bocas hambrientas (Madrid)

El entorno de Conde Duque además de ser una zona que merece la pena visitar es una mina gastronómicamente hablando. Uno puede llegar a perder la cuenta de la cantidad de sitios con buena pinta que encuentra. Los menús oscilan entre los 8,50€ y los 13€ y puedes probar, prácticamente todos los tipos de comidas del mundo.

Esta vez no nos vamos de menú, es de noche y salimos de picoteo en grupo, 8 personas para ser más exactos… Comienzan las dudas sobre qué cenamos, las quejas porque es caro, el problema de que a ver dónde cabemos… Y al final terminamos en el Bobo. Sorprendentemente, salimos todos contentos, sólo por eso ya se merece una crítica.

El Bobo es un restaurante muy mono en la Plaza de las Comendadoras, la carta está llena de cosas ricas y los precios no son excesivos. Además los camareros son encantadores.

Pese a que se nos antojaba todo lo que ponía en la carta optamos por probar las croquetas (de chipirón y de cabrales) que estaban de muerte y eso es mucho… Una ensalada de espinacas con queso brie frito y salsa de frutos rojos que estaba buena pero no apasionante… Un chop-suey con queso de cabra muy sabroso donde le quedaban bien hasta los cacahuetes (algún día debería escribir una entrada dedicada a los cacahuetes).

Y un plato que no había visto en mi vida y que apunta maneras… Unas empanadillas de carne donde la oblea era una rodaja de berenjena. Una versión mucho más avanzada de los bocaditos de calabacín, jamón «dulce» y tranchete rebozados que me hacía mi abuela para cenar tiempo ha.

De postre probamos la sopa de cheescake que de sabor estaba buenísima pero que era imposible de comer con la minicucharilla que nos pusieron y unas empanadillas de Nutella y mascarpone templadas que volvían goloso a cualquiera.

Con cerveza y un par de botellas de vino 15€ por cabeza. Un sitio diferente, con una carta inspiradora, raciones abundantes y preparadas con cariño que además consigue que ocho personas salgan contentas se gana con creces las dos limas.

http://bobobar.es/

BOBO: C/ Amaniel, nº 23


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LA IMPERIAL.. un vermouth de menú (Vigo)

Hace unas semanas hablábamos del Cata e Come un vermouth para luego no comer, hoy cambiamos de barrio pero mantenemos la esencia, La imperial es otro de esos lugares que nunca debes visitar si has quedado a comer en casa de tu/su madre.

Se trata de un pequeño local, a modo de tapería, decorado en formato clásico pero con gusto que se esconde detrás de la calle Pizarro, muy cerquita del Casa Pepe famoso por su cocido y del que algún día hablaremos.

Tienen un menú del día por 9,90€ que suele ser apetecible y hace unos años tenían una camarera que cortaba unos trozos de tartas caseras tan grandes y tan buenos que el menú valía la pena aunque sólo fuera por aquel postre. Sin embargo, lo mejor que puedes hacer en ese local es tomar el aperitivo, sales igual de comido y por muy poco dinero.

Quizá penséis que lo de igual es una exageración, pero considerando que las tapas que te ponen son pequeñas raciones de los platos del menú… Empieza a no ser tanto. Y si os cuento que la última vez que estuvimos por una Estrella (1,90€) nos pusieron, dos jureles fritos, un trozo de empanada de cuatro dedos de ancho, una minihamburguesa, dos trozos de tortilla y unas cuantas aceitunas y cacahuetes igual ya termináis de creerme. Y no os digo nada si os tomáis dos cañas.

Lo mejor de este local es precisamente eso, que la tapa pueda ser una fideuá, un guiso de carne o unos pescaditos y es que, aunque a veces parezca mentira, no solo de hidratos y grasilla vive el hombre.

Quizá no sea la mejor comida del mundo pero, por lo majos que son en el local, el cariño que le ponen a los pinchos que te dan, la apuesta por la tapa de verdad y su buen precio se merecen una lima y media.


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LA CANTINA… Y la ambición mata (Madrid)

Por mucho que diga nuestro nombre, en realidad somos unos idealistas en busca de limas y más limas… Es jodido poner limones y más cuando se los pones a un sitio al que te han llevado con todo el cariño del mundo pero juramos decir la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad… Y a ello vamos.

Pese a lo que su nombre pueda suscitar, la Cantina no es un mexicano… Sino un asturiano de tamaño inmenso en la zona de Cuzco donde puedes comer en dos zonas, una más formato cantina campestre con mesas de madera y bancos y otra más formal con sus mesas con mantel de tela. Como la cabra tira al monte nos quedamos en la versión maderera del lugar.

La carta es inmensa y aunque suelo desconfiar de este detalle, la verdad es que todo tiene buena pinta. Para facilitar el asunto tienen un plato diario que suele rondar los 13 euros y que se repite todas las semanas. Fuimos un jueves y prometían salpicón de pulpo y rosbif de ternera roxa, aunque resultó que rosbif ya no les quedaba.

De entrantes pedimos unos fritos de Pixín (rape) que costaban 14,60€, y que lo cierto es que estaban buenos, suaves y jugosos y Cabrales «auténtico» con tostaditas que estaba picantito y… Aceptable. Hasta aquí todo iba más o menos bien, tardaban en servir, se volvían un poco locos pero razonable, el problema vino con los segundos.

Ante mi frustrado intento de probar el rosbif acabé pidiendo un Cachopo de Oviedo que resultó ser un cordón bleu en versión fritanga de lo más gasolinero. El hecho de que lo sirvieran en una bandeja de acero inoxidable cual cama de quirófano, probablemente, tampoco ayudó.

El salpicón de pulpo (especialidad del día) no era más que un pulpo blandurrio a la vinagreta… Algo que si hubiera estado rico, quizá hubiera servido como primero pero jamás como plato principal.

Misteriosamente aún nos quedaron ganas de probar el helado de turrón y este sí estaba bueno.

Resumen de la jugada, 35 euros por persona, una comida propia de un menú del día de no más de 9 euros y de un lugar perdido de la Mancha, lento, caro y con unas inmensas aspiraciones insatisfechas se ganan con todo el dolor de corazón limonero un limón y medio. Quizá es simplemente que no era su día pero, lo cierto es que se nos quitaron las ganas de volver.