De Lima a Limón

Crítica – cítrica


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LA TAQUERÍA DEL ALAMILLO…en busca del #MMM (Madrid)

En de Lima a Limón seguimos con la búsqueda del #MMM (mejor mexicano de Madrid) por eso y porque en realidad nos molan un montón, nos vamos hasta La Taquería del Alamillo en pleno corazón del madrileño barrio de la Latina. Había estado en la taquería hacía unos tres años y, en aquel momento, me pareció el lugar más maravilloso del mundo, desde aquellas las cosas han cambiado y, tampoco vamos a mentir, a base de probar y probar el paladar de una se ha hecho algo más exquisito.

En esos tres años intenté volver unas cuantas veces… pero, o era agosto (y cierran todo el mes) o era el día de descanso… o, simplemente, no había sitio… Como dice el refrán, el que la sigue la consigue y, finalmente, conseguí reservar una mesa. En verano se puede reservar en la terraza aunque no siempre te hacen caso.

Empezamos mal, cuando llegué no había mesa, estaban todas ocupadas y la solución fue, después de tenerme esperando un buen rato poner una mesa extra, a grandes males… remedios chapuza. Después la cosa no mejoró demasiado, se liaron con la comida, con los platos, las cervezas sin alcohol eran minis y la salsa roja que te ponían con los nachos era de tomate triturado de bote… con su ácido característico. Sin embargo, la comida sigue valiendo mucho la pena.

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Los precios no son especialmente baratos, pero las raciones son muy abundantes y eso siempre compensa. Cuando llegas, para que vayas abriendo boca te ponen una bandeja con nachos y las clásicas salsas roja y verde. La verde estaba muy rica, tenía un montón de lima y un punto perfecto de picante… de la roja ya he hablado antes y tampoco quiero hacer sangre.

Para comer pedimos una tostada de tinga que estaba de morirse!!! Mezclando un montón de sabores con la tortilla crujiente en la base. Unas enchiladas de pollo en salsa verde (otra vez esta simple y descriptiva manera de llamarle a las cosas) que no se quedaron atrás, 3 tortillas servida en una bandeja tamaño platillo volante, con salsurria, queso fundido y unos aros de cebolla crudos que le daban el contraste perfecto.

Y, por último, el plato estrella, el Molcajete sabana con queso, salsa y frijoles. Un molcajete es una especie de mortero hecho con piedra, generalmente volcánica, en su variante gastronómica es un mortero relleno de los guisotes más insolitos y deliciosos. En este caso, carne de ternera cortada en trocitos, con un montón de salsas y una barbaridad de sabores diferentes que venía acompañado de unas tortillas de maíz.

Lo mejor de este mexicano es que todos los platos tienen un montón de sabor y, lo que es más importante, todos saben distinto… (aunque parezca de perogrullo, por desgracia no lo es). Se come por algo más de 20 euros por persona, con el chupito de tequila y Sprite al que invita la casa incluído. Los margaritas de tamarindo siguen siendo su especialidad, pero en este caso no tocó probarlos.

En resumen, la comida se lleva dos limas, tres años después sigue siendo fantástica, el servicio y todas las eventualidades que lo siguieron se gana el medio limón. Muy recomendable… pero sigue sin ser el Mejor Mexicano de Madrid 😉

TAQUERÍA DEL ALAMILLO: Plaza del Alamillo, 8. Madrid.


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CAFETERÍA HD… Hamburguesas con sonido sesentero (Madrid)

En 1962 en la Calle Guzman el Bueno, justo enfrente de donde hoy está el Tierra de Burritos, se abrió una cafetería. De aquellas era normalita, tenía sus mesas de formica, sus sillas de cocina, su barra con espejos tintados… Y pasó el tiempo y los dueños tuvieron paciencia (No olvidemos que todo lo vintage pasa una época donde está horrorosamente anticuado) pero gracias a eso hoy tenemos un Diner a la española perfectamente conservado donde por no cambiar, no ha cambiado ni la música.

La música es, muy probablemente, lo que más me gusta del local. Una hamburguesa sabe mejor cuando suena Downtown de Petula Clark, o los Beach Boys, o Tom Jones… mover la cabeza mientras masticas, mola. Así que como la música es una fantástica compañía un punto positivo del HD es que es un lugar perfecto para comer sólo. Su plato estrella son las hamburguesas, tienen menú pero… comer menú en el HD, da penita.

El encargado del local es un fenómeno, además de una de esas personas competentes a las que les dices que tienes prisa, se lo toman en serio y cumplen con su palabra. Elegir hamburguesa no es cosa fácil, hay muchas con buena pinta, tardamos «tanto» que el encargado acabó diciéndonos que no hacía falta que nos aprendiéramos la carta de memoria, que tenía trabajadores que no se la sabían. Siempre se puede considerar una oportunidad de empleo 😉

Optamos por una ración de patatas fritas en aceite de oliva, que venían en un cartucho de papel, peladas pero poco, naturales y ricas(2,50€) una Eggburguer (8,80€) y una Grandburguer. Las hamburguesas son de dos tipos, normales, con su carne de buey, lechuga, tomate, cebolla y mahonesa más adiciones y las «world»  con guacamole, foie, pesto… Las world valen más (unos 10€) pero es cierto que tienen patatas incluídas con lo cual, la cuenta va a salir más o menos igual (carilla).

Estos chicos presumen de pan, cuentan que es artesanal y lo hacen con cerveza negra, nos lo creemos y la verdad es que está rico, aunque si hay que ponerle pegas, quizá sería que es un poco dulzón. Por la carne te preguntan como la quieres… y hasta cumplen!

La verdad es que están muy ricas, la cebolla crujiente mola y el cheddar crujiente (que viene a ser una loncha de queso que han dejado que se funda y refunda en el horno) es un inventazo. Embadurnar la hamburguesa en salsurrias es una pena y eso siempre es buena señal.

El problema es que una cocacola, más media de patatas, más la hamburguesa superó los 13€ y qué queréis que os diga… no deja de ser un bocadillo con 150 gramos de carne. Así que se llevan lima y media por el producto y medio limón por el precio.

Pd. si es la hora de merendar no os perdáis las tortitas, son buenísimas y sólo por 1,90€.


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LOS CHUCHIS… rompiendo mitos de gastronomía inglesa (Madrid)

Hay gastronomías malogradas, muy malogradas y luego está la británica. De esta elegante estirpe se escucha decir muchas cosas, del mito de los «gentelmenes» a sus famosas cerocerosieteanas bebidas, sus decoradas cestas de picnic y sus elaborados sombreros pero nunca ,nunca, nunca he oído hablar bien de su gastronomía. Hoy rompemos una lanza en su favor y, sin que sirva de precedente, hablamos bien de un restaurante anglófono.

La excepción en cuestión se llama Los Chuchis (sí, no hacer bromas con este nombre es complicado y hacer bromas que no sean demasiado ridículas es imposible, hay que asumirlo). Esta en pleno barrio de Lavapiés pero escondido en la parte baja de la calle Amparo. Es un local chiquitujo, donde la barra tiene forma cuadrada y ocupa la mitad del local, tiene espejos, maderitas en colores azulillos y cuatro mesas (1, 2, 3 y 4).

Efectivamente, aunque la barra siempre es una opción, es mejor reservar, en la cena tienen dos turnos de 9 y de 10.30, pero aunque elijas el turno de 9 no es uno de esos sitios donde te metan una prisa excesiva para que te largues. Cosa que se agradece. La carta es mínima y tierna, escrita a mano, con sus corazones… Vaya, que es una fotocopia en folio, pero consiguen que mole. Los platos andan entre los 7 y los 15 euros y las raciones son para compartir.

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Hubo dos cosas que nada más ver la carta tuvimos claro que había que pedir. Las pieles de patatas fritas con crema agria y salsa picante y el queso Cambembert fundido con romero y ajos al horno. Si os quedáis con más hambre pedid algo más, pero no os vayáis del local sin haber probado estas dos cosas salvo causa de muerte.

Las pieles de patata son crujientes, sorprendentes, infinitamente más ricas que la gran mayoría de las patatas fritas que puedes encontrar en este mundo. Se comen solas, tienen muchísimo sabor y la crema agria, bueno la verdad es que no conozco nada a lo que la crema agria le quede mal. Buenísimas! y el queso con ajos no se queda atrás para nada,   la ración trae dos cabezas de ajos asadas, una bandeja de pan recién tostado y un queso hermoso entero. El ritual es sencillo, coges el pan, un ajo lo untas como si fuera mantequilla y mojas ese pan en el queso. El ajo se vuelve suave y la mezcla es maravillosa! Puede que no sea el mejor plato si luego tienes una cita pero como si os sirve de consuelo os diré que el ajo una vez asado se vuelve prácticamente inofensivo.

La verdad es que con esto hubiéramos cenado, pero… nos pudo la gula, así que pedimos un pastel de pastor, una versión british del empadao portugués. Un guisito de carne por abajo con salsa perrins y con puré de patata por arriba. Rico y contundente.

Dependiendo de los glotones que seáis la cuenta queda entre 15 y 20 euros por persona. Razonable, rico y diferente. Por cierto, entre semana tienen menú del día por 10 euros muy recomendable. Los chicos son majos, Scott el alma británica del asunto es un personaje encantador, el local es agradable y la comida es muy sorprendente. Por todo eso se llevan 2 limas.


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LA MALQUERIDA… nachos y daikiris (Madrid)

Muy probablemente la Malquerida no gane nuestra categoría #MMM de Mejor Mexicano de Madrid pero es un clásico, que si no conocéis, debéis apuntar en vuestra lista de pendientes. La Malquerida juega en otra liga, la del copeteo con algo al medio para picar y ahí es invencible.

Está en una esquina de Ferraz y, aunque, abre todos los días de 7 de la tarde a 2 de la mañana, si pasáis por la puerta nunca parece que esté abierto. Las ventanas opacas, la puerta cerrada camuflan el ambientazo que siempre hay dentro.  Id pronto y, si podéis, reservad… desde que los martes son los nuevos viernes las mesas están imposibles.

Ya no recuerdo cuándo fue la primera vez que estuve en este lugar, sólo sé que llevaba poco en Madrid, y que nunca dejé de volver. La música es fantástica, el ambiente siempre es bueno y aunque hay mucha gente no es un lugar ruidoso, no sabéis cuántos puntos le da esto… pero sobre todo, lo más importante son los cócteles que hacen y los nachos!

Es verdad que no sólo hacen nachos, los martes hacen carnitas, los tacos tienen muy buena pinta… pero qué queréis que os diga, cuando una coge tradiciones, las tradiciones son sagradas. Y nuestra tradición consiste en tomar margaritas, daikiris de fresa y nachos.

Los cócteles son buenísimos, de esto debería hablaros Carlos Hidalgo, los sirven en vaso ancho grandote y no escatiman. Cuestan 6,50€ cada uno. Los daikiris los hacen con fruta de verdad, coco, maracuyá, fresas… y están fastidiadamente ricos. Los margaritas también tienen sabores, aunque si queréis una recomendación, iros al clásico de limón y tened cuidado, los margaritas los carga el diablo.

Los nachos cuestan menos de 7 euros y con una ración da para que dos personas cenen, sólo son aptos para queseros, tienen una cantidad de queso enorme, además, puedes elegir dos ingredientes más: champiñones, jamón, mole, guacamole, frijoles… o, para los más brutos, la versión con todo. Además de los agregados la ración trae pico de gallo.

Es un lugar para desconectar, entre otras cosas, porque apenas tiene cobertura. Con la pega de que no se puede pagar con tarjeta y con la ventaja de ser un mexicano lleno de mexicanos. Plan de tarde-noche perfecto, apto para citas, celebración de cumpleaños… y para los limoneros que no necesitamos excusas. Dos limas que se llevan.

 

LA MALQUERIDA: Calle Luisa Fernanda 27. Madrid.


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BICHOBOLA… y su versión del cocido. (Madrid)

Es viernes, no sabes dónde comer pero te sientes rumboso, te sientes perdido, tus acompañantes se desesperan y empiezan a amenazar con ir a un Vips… No pienses más tenemos la solución perfecta, ir al Bichobola.

De este sitio ya hemos hablado y, no hace mucho, es más, es la primera vez que hacemos dos entradas de un mismo local, pero la verdad, es que su versión del cocido (por 16 euros) merece una entrada especial. Como ya os contamos, este animalillo se esconde en Ríos Rosas, cerquita de Nuevos Ministerios. Y habitualmente, tiene un menú por 13 euros, el viernes también, pero además tiene el menú especial.

De primero hay Sopa de cocido-miso una sopa de cocido, con fideos de arroz y brotes de soja, mezclada con miso (que es una masa aromatizante fermentada japonesa) cuando menos era sorprendente, estaba calentita, lo cual sienta bien a estas alturas del año y, la verdad es que pese a ser un mix peculiar estaba bien buena.

El segundo era un timbal de garbanzos,  solo que en vez de estar en puré (como suele ser costumbre en los timbales) los garbanzos estaban enteros, mezclados con repollo picadito y salteados. Por encima llevaba una salsa de tomate casera con tropezones. Nunca os olvidéis que la gente que no come salsa de tomate con tropezones no es de fiar. (consejo limonero). Esto estaba buenísimo!

Y de tercero el plato fuerte, Los raviolis de pringá al px o traducido al idioma de toda la vida, de Pedro Ximénez. Un espectáculo. Los raviolis eran del tamaño de una placa de lasaña, eso sí, con una masa suuuuuper fina, rellenas de la carne del cocido demenuzadita y bailando en una salsa gelatinosilla, sabrosa y fantabulosa. Sólo hay dos cosas que se pueden decir con respecto a estos raviolis, echamos de menos el ravioli de chorizo y morcillita y dos… un cuarto ravioli no hubiera matado.

Resumiendo un sitio de dos limas en una versión original, lograda, rica y sin desmadrarse de precio (el menú incluye la bebida, el postre o el café) hace que los viernes llegue a las dos limas y media. Clap, clap, clap!


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SEGÚN EMMA… según Enma. (Madrid)

Muy cerquita de la plaza de San Miguel y de su archifamosísimo mercado, Emma Sánchez Cánovas cocina. En dos versiones, nada menos, en formato restaurante y en la que hoy visitamos, la taberna. Sea cual sea la versión que elijáis son dos lugares muy recomendables.

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Según Emma es una tabernilla alargada, mesas de madera y mucha barra. La carta está escrita a mano, tienen poquitos platos, bastantes tostas y todo resulta apetecible. Entre semana tienen menú del día, por unos 12 euros puedes comer un primero y un segundo mucho más rico y más elaborado de lo habitual. Es más, si estás de turismo no te lo pienses, es mucho mejor que un relaxing café con leche en la cercana Plaza Mayor y como te descuides te va a costar lo mismo.

Elegir no fue tarea fácil.. pero al final conseguimos seleccionar tres platos de la carta (Que fueron más que suficientes) una Tosta de parmesano con tomates secos sicilianos en su punto, con aceitito de oliva, lascas de queso, la inevitable y omnipresente reducción de vinagre de módena y unas perfectas lonchas de tomate seco. El pan estaba crujiente, pero no asesinaba la boca.., y eso se agradece.

Siguiendo con los quesos nos tiramos a unos tomates verdes con queso de cabra, una mezcla muy sorprendente. El tomate verde es una cosa ácida que combina super bien con el queso de cabra y un toque de mermelada. Cinco hermosas rebanadas gratinadas. Casi mejor para tres que para dos.

Y por último, los Raviolis de calabaza con pesto siciliano, una de las cosas que había comido la primera vez que visité a este lugar y que desde entonces no pude olvidar. Otra vez, mezcla de dulce y se salado y picantito, con quizá algo de aceite de más pero… buenísimos, sin más, buenísimos.

Todo esto más un par de refrescos 13€ por persona, poquito más que el menú del día. En pleno corazón de Madrid, en una zona donde una caña puede llegar a costar 5 euros (y no es exageración), donde la comida esta riquísima, los platos son variados, distintos y originales… se merecen dos limas hermosotas.

SEGÚN EMMA: Plaza Conde de Miranda, 4. Madrid

http://emmacocina.com/


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EL ATENEO… menú gourmet con toque cultural (Madrid)

El Ateneo se fundó en 1835 aspirando a ser un punto de encuentro donde reinase la libre discusión y las animadas tertulias. Sus fundadores se definían como románticos-liberales, y no sabemos muy bien si discutían o no, pero la verdad es que por allí pasaba la gente más influyente del lugar, desde el Presidente Azaña a Unamuno pasando por todos y cada uno de los premios Nobel que tiene nuestro país.

Hoy vamos hasta su restaurante para probar el menú de otoño. Hay dos formas de entrar, bien y mal… Desde aquí os recomendamos que entréis mal y os perdáis. Si queréis ir directos entrad por la calle Santa Catalina 10, llegaréis a un lugar moderno, bien decorado, con luz íntima y un encargado de buena planta que os guiará hasta vuestra mesa. Si entráis mal accederéis por la puerta del Ateneo, subiréis unas escaleras maravillosas, probablemente acabaréis perdidos en la biblioteca (que junto con la del Senado es de mis favoritas) y después, tras haberos perdido y maravillado a partes iguales, bajaréis unas escaleras y llegaréis a la planta alta del restaurante.

El restaurante lo lleva la gente de la Alpargatería, quienes han dejado su momento italiano al margen y se han dado a la comida más tradicional con un toque. Tienen un menú cada temporada, vale 14,90€ y como opción aparente en caso de compromiso es más que recomendable. En la opción de menú puedes elegir entre 5 primeros y 7 segundos, por falta de opciones no va a ser.

De primero elegimos una ensalada capresse en espejo de tomate… donde la mozzarela estaba muy rica, las aceitunas negras estaban bien… pero el espejo de tomate era de las cosas más insípidas que hemos probado. Y un Carpaccio de Buey que estaba super rico, la vinagreta con tomate seco que llevaba por arriba le daba un toque fantástico.

De segundo elegimos una Hamburguesa con provolone y patatas fritas, donde las patatas fritas del cucurucho estaban regulerillas pero la hamburguesa era para enamorarse, qué carne más rica! Qué bien tratada! qué buena! y el Bacalao Confitado con compota de tomate, hijo mío si no le haces algo al tomate no eres nadie en el mundillo gastronómico.  Bromas a parte el bacalao estaba espectacular, aunque la ración se les quedó un pelín escasita.

Los postres no defraudaron, igual que tampoco lo hizo el pan, la Crême Brûlée o la versión francesa de la crema catalana, estaba de morirse y el carpaccio de piña no se quedó atrás.

El local tiene un problema, es demasiado ruidoso, y corres el riesgo de acabar hasta el gorro de las chapas unamunianas y de los debates profundos que tienen los de la mesa de al lado. O quizá no, y tal y como querían los fundadores, te acabes sumando a la animada tertulia romantico-librepensadora.

En todo caso, con sus luces y sus sombras (de Bohemia) se llevan una lima y media.

ATENEO: Santa Catalina, 10. Madrid

http://www.ateneomadrid.es


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MUI… tapas de siempre como nunca (Madrid)

Os imagináis lo que es estar dos años intentando ir a un local y que siempre cuadre en el lunes que es el único día de la semana que cierran? Pues, exactamente esa, es mi relación con el Mui. Hasta que hace unos días los astros se alinearon y, por fin, pude visitarlo.

El Mui es de los creadores de la Tasquita de Enfrente, un local de lo más castizo de Madrid en la calle Ballesta, bueno, en el Triball que se dice ahora (el Triángulo de Ballesta). Una zona super moderna llena de tiendas «vintage» de «Cupcakes» y de camisas de cuadros con gafas de pasta. Pero no os asustéis si el gafapastismo no es lo vuestro… Los no-modernos también tenemos nuestra oportunidad.

Abrió en el año 2011, desafiando el temporal, y triunfó, todos los días se llenaba, por desgracia el empujé no dura eternamente y, aunque era jueves, el día que fuimos estaba vacío. Y este local vacío es una tristura, fue diseñado para el bullicio. Esa barra de nosecuántos metros así lo indica. En todo caso, un local vacío tiene sus ventajas, que la encantadora camarera esté para vosotros solos, es una de ellas.

Aunque la carta es larga, decidir es difícil, los precios no superan los 8€ y las raciones son generosas. Finalmente, con la ayuda de la camarera nos decidimos… Por unas croquetas de jamón, inmensas y maravillosas. Es verdad que con los 2,20€ que cuesta cada una ya pueden ser grandes. Pero valen la pena, qué cremosas… qué rellenas.. qué buenas!

El tartar de salmón con Tzatziki era glorioso! (Hablando de Tzatziki os debo una entrada sobre la gastronomía griega). Super picadito… simple, picantito, perfecto. Y los torreznos (5,90€) … aaaah los torreznos mojados en yema de huevo (otro clásico que no os podéis perder). Una ración gigantesca, crujientes.. aceitosillos, ñam!

Por último (y aunque casi no hubiera ni hecho falta) muy recomendados probamos la berenjenas con salsa de mostaza y miel y… qué queréis que os diga, muy ricas, con unos bastones de berenjena de tamaño serio. Pero con una salsa formato Mercadona que no decía demasiado y una berenjena… que no era tan maravillosa como prometía. Una chafada porque, con lo bien que íbamos!

El postre fue una tarta de queso Idiazabal que no era la del Mollete, pero tenía su gracia. Esto con un par de copas de vino por cabeza muy poquito más de 15€ por cabeza. Muy buen precio, tapas de toda la vida en su punto perfecto, una camarera auténtica y encantadora… un puntazo de lugar que se llevan dos limas y un poquito.

MUI: Calle Ballesta 4, Madrid


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INSTITUTO FRANCÉS… un bistrot de citrones (Madrid)

Últimamente los limoneros estamos muy agradecidos… no hacemos más que ir a sitios que nos tienen buena pinta y nos acaban encantando, o peor aún, a sitios que ya conocemos y que de antemano sabemos que nos van a encantar (y entendemos que a vosotros también). Hoy no, hoy damos limones.

Cuando en una misma semana dos personas diferentes te hablan del mismo lugar parece una señal inequívoca de que tenemos que ir a probarlo y allí que nos fuimos. El sitio en cuestión es el Bistrot del Instituto Francés de Madrid. Escondido justo enfrente del Tribunal Supremo y al ladito del Consejo General del Poder Judicial… con tanta judicatura de por medio no podíamos hacer una crítica injusta ni dejar de hacer justicia.

El edificio es de casita de muñecas, pintado de blanco roto, con los pasamanos de las escaleritas en azul añil, coqueto, cuidado y… pijo. El ambiente es una mezcla de estudiantes de los múltiples cursos del lugar, gafapastas y abogados con cierto estilo.

La cafetería restaurante está en la planta baja y tiene una terraza interior para el verano maravillosa. En esta época del año ya está cerrada pero para tomar un café en verano es una opción socorrida y aparente. El problema es que nosotras fuimos a comer… Hay dos opciones, elegir uno de los platos de la carta, super reducida con humus, hamburguesas, un par de ensaladas y poco más (no muy francés que digamos) o el menú del día de 12,50€ que venden como un menú de comida internacional.

Elegimos el menú, en ningún lugar te lo anticipan, te lo cuenta el camarero cuando ya estás sentado en la mesa y no hay marcha atrás… lo cual si fuera bueno, tampoco tendría mayor problema, todo hay que decirlo. De primeros nos ofreció una ensalada, un consomé de pollo o tabulé de segundos sólo nos dejaron elegir entre pastel de cabracho y raviolis de queso azul.

Ni el consomé ni la ensalada nos parecieron suficientemente aparentes así que nos tiramos de cabeza al tabulé, aspirante a rico, pero salado y sin demasiada gracia. De segundos (que más bien eran primeros) hemos de reconocer que el pastel de cabracho estaba bueno… aunque la manía de abusar del tomate solis no tiene gracia, que se nota! Los raviolis estaban ricos, fuertes, un poco cocidos de más y otra vez, salados.

Las raciones eran escasas, las natillas y el yogur con miel mala de postre eran excesivamente dulces, el menú sería aceptable si fuera barato y 12,50€ no se puede considerar barato (con agua del grifo y sin café), y lo peor de todo, las expectativas, cuando uno va a un Bistrot espera algo francés y esto sólo era un local modernillo con aspiraciones de más, con camareros bordes y donde sólo faltaba la reducción de vinagre de módena para completar el cuadro. Por todo eso, un limón y medio.

http://www.institutfrancais.es/madrid/cafe-bistrot/cafe-bistrot1


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CASA GAZPARAGA… el que tuvo, retuvo pero poco (Vigo)

Hace unas cuantas semanas visitábamos El Turista, hoy seguimos en la misma línea y nos vamos a otro clásico de la ciudad forjado a base de resistir y resistir… El Casa Gazparaga en el arco de la Plaza de la Princesa de Vigo.

Estos locales tienen la capacidad de hacerte viajar en el tiempo, nada, excepto el uniforme del policía nacional que se comía un bocata de calamares en la barra, ha cambiado en los últimos 40 años. Bueno, eso, y los pobres dueños que han ido envejeciendo y, probablemente, perdiendo facultades.

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Las botellas de brandy siguen igual, la barra, las mesas con manteles azules… El dominio absoluto de la señora que obliga al marido a quedarse atrapado en los dos metros de barra… El trato familiar donde por un momento te parece que la señora que te convence para que te comas un cocido es tu abuela. Todo sigue igual pero las cosas ya no saben igual.

Todos los días hay pescado fresco, unas almejas a la marinera que tienen fama y unas navajas que, probablemente quiten el sentido, además, pese a la zona en la que está sigue siendo realmente barato, las raciones no pasan de 8 euros.


Tras la insistencia de la buena mujer pedimos una ración de cocido y una de bacalao cocido y a ambas cosas le pasó lo mismo, venían como lavadas, les faltaba sabor. El cocido era abundante, con mucha verdura (cosa que agradezco y que, en general, escasea) pero ya os digo que con todo lo que tenía (costilla, chorizo de cebolla, carnes variadas) debería ser una explosión de sabor que no fue. Para más inri, los garbanzos eran de bote.

Al bacalao le pasó tres cuartas de lo mismo, le sobró un día de desalado y, la verdad es que los dos trozos no eran de los mejores (demasiado finos) y, por tanto, harinososo… Eso si, el detalle del huevo cocido me llegó al alma y me hizo pensar que, realmente, estaba en casa.

Del postre mejor no hablar nos vendió tan bien la tarta de queso casera que hubo que probarla… Alguien debería sacar una ISO que dijera que aunque las tartas royal manchen cazuelas… Eso no las convierte en caseras.

En resumen, un buen sitio para comer si os pilla de camino, pero acordaos de nosotros y comed almejas y un pescado del día frito… Una experiencia de viaje al pasado, auténtico y de calidad pero donde el tiempo ha hecho que las manos de la cocinera no sean las mismas se mece una lima medio limón.

CASA GAZPARAGA: Plaza de la Princesa. 4 Vigo.