De Lima a Limón

Crítica – cítrica


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CARLOS TARTIERE… Una de las mejores fabadas de Madrid, incluso en verano

Tras el fracaso de La Cantina hoy volvemos al gremio de los Asturianos de Madrid apostando sobre seguro. Vamos al Carlos Tartiere en la Calle Menorca donde sirven una de las mejores fabadas de Madrid y alrededores.

Es cierto que no es la mejor época del año para hablar de fabadas, aunque quien escribe sería capaz de comerla en medio del desierto a 70 grados, pero también es cierto que si hay un verano de cuchara… es este. Así que Oh amantes del calor del mundo, hagamos de la necesidad virtud y aprovechemos estos bajones repentinos de temperatura para saciar nuestra hambre cucharera.

Los dueños del local tienen dos restaurantes en la misma calle, uno más pijín el Couzapín con su mantel blanco y otro más de batalla, el Carlos Tartiere, con manteles de cuadros. Nosotras optamos por el segundo.

La carta es pequeña, con bastantes especialidades del día y por lo que vimos en los platos de los vecinos… con muy buen material fresco (mariscos y pescados) pero del segundo no había duda, habíamos ido a por la fabada y nadie nos iba a sacar de nuestro empeño.

Para abrir boca pedimos unos mejillones a la sidra, ricos, pequeñitos (algo bastante común este año después de tanta lluvia) y con una salsa bastante correcta. Mientras esperábamos nos pusieron un bollito preñao buenísimo y un muslillo de codorniz en tempura que no estaba mal.

Y llegó lo importante, la reina de las digestiones complicadas, la fabada (14€) que te sirven en fuente y con cucharón, con su morcilla, su chorizo y su buen tozo de panceta. Pese a ser una bomba, estaban super suaves… y tenían tanto sabor que explicaba la buena fama del lugar.

Para beber pedimos sidra natural. Los camareros son quienes se encargan de escarcearla utilizando un simpático aparejo que evitaba que todos nos pusiéramos perdidos, una especie de tubo de metro y pico de alto y ruedas que movían por todo el local.

Al postre no llegamos y salimos a unos 22 euros por cabeza, no es realmente económico, pero es un sitio que vale la pena. Lima y media para ellos.

http://www.restaurantecarlostartiere.com/

CARLOS TARTIERE: Calle Menorca 35, Madrid


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LUME DE CAROZO… un punto diferente en el Casco Vello (Vigo)

En De Lima a Limón seguimos con nuestra saga casi semanal de visitas al Casco Vello de Vigo. Esta vez aparecemos en el Lume de Carozo un lugar rehabilitado, con paredes de piedra y un techo tan alto que dio para poner unas escaleritas y crear un piso arriba.

La comida que ofrecen es una mezcla, entre tradicional de toda la vida (el raxo) y la cocina creativa de fusión, algo que, por suerte, va más allá de rociar el plato con reducción de vinagre de módena. Es un sitio perfecto para un picoteo en grupo, las raciones son abundantes, te da opción a probar muchas más cosas y la cuenta sale muy económica. Pero hoy probamos el menú.

El menú cuesta 9,50€, de lunes a jueves son dos primeros y dos segundos, los viernes es especial.. hacen un menú maridaje de cuatro platos con sus respectivos cuatro vinos donde la calidad de la comida baja un poco con respecto al resto de la semana pero no por ello deja de ser un plan perfecto para un viernes.

Juanjo, el dueño podría haber sido el protagonista de Shakespeare in love, es un tipo encantador, un pelín despistado pero de esos que pese a que el local lleva abierto poco tiempo tiene controlada a toda la clientela. Cuando te habla de los vinos se nota que le gusta.. y eso nos gusta. Por eso es mejor ponerse en la parte de abajo, aunque las mesas altas sean más incómodas. Por eso y porque a la parte de arriba es mejor ir sin prisa.

Este día había tosta de salmón ahumado, en pan bueno y rica, pero una tosta al fin y al cabo y revuelto de raxo, muy sabroso pero un pelín frío. Y de segundo, alitas de pollo con patatas, sabrosas, picantitas pero faltaba al menos una en el plato para ser una ración y solomillo Mr. Corn con ensalada y salsa de curry, que tenía un punto diferente y estaba muy muy rico.

De postre había una tarta de chocolate blanco con frutos rojos y fresas (tres) con chocolate. Las tartas del menú siempre son caseras y sorprendentes.. no siempre están deliciosas, pero hay que reconocerles el mérito de probar miles de recetas.

No les perdonaré nunca que sacaran de la carta los tacos de ternera deshebrada, eran sin duda lo más cítrico y mejor que tenían. Es cierto que creo que han bajado un poquito la calidad, pero aún con todo sigue siendo uno de mis sitios favoritos. Una apuesta que se merece la lima y media.

LUME DE CAROZO: Joaquín Yañez, 5 Vigo

http://www.lumedecarozo.com/


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NON SOLO CAFFE…un italiano de primera (Madrid)

Hace un tiempecillo hablábamos de Il Pastaio y la particular pequeña Italia que se esconde en Chamberí… hoy volvemos subiendo un poco el nivel (y también el precio) y nos metemos de lleno en el Nonsolocaffe.

He estado dos veces en este sitio, una cenando y otra probando su menú del día y no me arrepiento de ninguna de las dos… las   (o lo que viene siendo comer a la carta) rondan los 30 euros por persona y el menú se acerca a los 15€. Lo que decimos siempre, no, no es para todos los días, pero de vez en cuando hay que quererse un poco y este es un sitio que realmente vale la pena.

El sitio está muy chulo, sin ser inmenso se adapta a todos los ambientes que quieras, hay terraza, mesas altas y mesas bajas, ellos lo definen como: Il lounge-bar, Il corridoio, Il salottino y la Terrazza. No sólo es un restaurante, organizan eventos, «after works«, tienen mil promociones y todo suficientemente bien gestionado como para no dar la impresión de que es un mercadillo.

Suelen tener especialidades fuera de carta y y el día que cenamos me hicieron feliz.. tenían Burrata, (una delicia escasa porque sólo se conserva durante un par de días). y aquí va un consejo… si alguna vez tenéis oportunidad de probarla, por favor, no digáis que no, os garantizo que no hay nada comparable. Yo la probé por primera vez en Casa Marco y no miento si digo que me tiré tres semanas pensando en ella.

Además probamos los tagliatelle mar e monti, con gamberoni, porcini e funghi di bosco,  que estaban increíblemente buenos y los Ravioli di Capesante e Gamberi saltati in padella e scalogno «bisque» con gamberoni flambé al brandy riserva. (14,90€) que eran para desmayarse aunque el hecho de que fueran cuatro (en sentido literal) le restaba puntos al plato. Los nombres de los platos, como os habréis dado cuenta, tienen todos algo en común, son sencillos, cortos y fáciles de recordar… Maremía.

En el menú comimos de primero Zuchinni alla parmigiana, una especie de lasaña de calabacín, tomate y mozzarela delicioso, y de segundo unos gnocchetti cuatro fromagio y unos tagliatelle con gambas vino y rúcula, el título de 4 quesos me espanta bastante pero he de confesar que eran los mejores cuatro quesos que he probado en mi vida, supongo que hasta el ketchup se puede hacer bueno. Los tagliatelle estaban de carta.

Los postres están buenos… el tiramisú es rico, la macedonia de frutas naturales está bien y la panna cotta es defendible. Pero lo mejor que tienen, como buenos italianos, es el café. Quizá por eso a media mañana medio Nuevos Ministerios asoma la cabeza por allí.

Resumiendo, un dos limas de libro. Buen sitio, muy buen ambiente, comida deliciosa (aunque algún plato algo escaso), camareros encantadores que te explican la región de Italia a la que pertenece el plato que has pedido y platos que se salen del clásico italiano. Un italiano de primera al que volver.

NON SOLO CAFFE: Rios Rosas, 52 Madrid

http://www.nonsolocaffe.es/index.htm


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GAUDEAMUS… un restaurante en una iglesia del XVIII (Madrid)

Llevaba demasiado tiempo con ganas de comer en el Gaudeamus de Escuelas Pías en el barrio de Lavapiés y, por fin, llegó el momento. La verdad es que el sitio, tal y como parecía merece la pena, las vistas son maravillosas, el local es una obra de arte y la comida es sorprendente.

Escuelas Pías en su día fue una iglesia y un colegio que de tan exitoso que era se acabó quedando pequeño, tras eso vinieron los malos tiempo, las ruinas, los ocupas… y la UNED y el milagro de la rehabilitación. Recuerdo que cuando llegué a Madrid sólo podías acceder si eras alumno o ibas con un alumno… o le echabas mucha cara y el conserje estaba despistado. Por suerte, ahora lo han abierto al público general  y todos podemos disfrutar de esta maravilla 🙂

Tienen un menú del día que cuesta 12,80€ (un poquito menos si eres alumno) puedes elegir entre tres primeros y tres segundos y hay que reconocerles que tienen una imaginación desmedida, los platos varían muchísimo y las cosas siempre tienen muy buena pinta. Mucho vegetal, comida sana y muchos platos donde aparece la fruta como artista invitado.

En verano, por definición se come en la terraza, no hay dudas, ni extras, ni sobreprecios y eso es un punto para ellos. Los limoneros son de exteriores. Como punto malo… se han rendido a la plaga de la Cocacola de chupito (20 cl), si necesitan subir un poco el precio, que lo dejen en 13€ pero que no nos maten de sed.

Al tema, de menú. De primero había ensalada de verano (que tenía toda la cara de una ensalada mixta un poco xeitosa), calabacines y berenjenas… que eran unos bastones gigantescos en «tempura» que no debían estar muy allá porque marchaban de vuelta en los platos y tomates rellenos de verduritas, nos los recomendó el camarero y nos encantaron, era un tomate relleno de una ensalada picadita, con cilantro y zumo de lima. Muy cítrico y muy muy rico.

De segundo había albóndigas con calabaza, salmón a la plancha con verduritas y salsa de maracuyá que venía servido con unos fideos de arroz y hacían una mezcla deliciosa y rissoto de verduritas (sic) que pintaba fenomenal.. pero que tanta zanahoria lo estropeó, era bastante más dulce que las fresas con yogur que pedimos de postre.

La verdad es que el sitio vale muchísimo la pena, en el menú siempre hay platos realmente ricos y sorprendentes, el precio del menú es asumible y aunque la comida no es perfecta, la lima y media se la ganan.

GAUDEAMUS: Calle Tribulete, 14 Madrid.

http://www.gaucafe.com/#!gaucafe/c1sln


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MACEIRAS… un rinconcito de Galicia en Madrid

Con permiso de la gallega fundadora de este blog y para los que no podemos viajar tanto a Galicia como quisiéramos, hoy os presento mi rinconcito de Galicia en Madrid.

El Maceiras es un pequeño local situado en el céntrico barrio de las Letras, concretamente, en la calle Huertas 66 en el que se pueden encontrar una gran variedad de tapas gallegas con las que calmaros cuando os invade la morriña.

La carta es una original tabla de madera, cual paleta de pintor, escrita a mano con boli. Con el gran número de tapas (incluido marisquito) que tienen cuesta decidir pero al estar en una taberna- pulpería no podíamos dejar de pedir una Ración de pulpo ( ½ ración 7€), no es lo mismo que comerlo en alguna de las callejuelas de Ourense o Melide donde las pulpeiras salen y realizan el ritual en plena calle, pero hay que probarlo.

También elegimos una ración de chorizo criollo (5€) y mi especialidad, una tabla de quesos de Galicia (7€) con una selección de quesos ricos con denominación de origen que hay en Galicia: O´Cebreiro, Tetilla, San Simón y Arzúa Ulloa.

Para acompañar estos manjares, tienen botellas de vino Albariño o Ribeiro servidos en las tradicionales tazas (cuncas) pero nosotros en esta ocasión lo acompañamos con una tercio de “Estrella Galicia” (2,5€) que también es muy de la tierra. 😉

Para terminar, os recomiendo un toque dulce con unas filloas (una versión gallega de la crepe francesa) , un trozo de tarta de Santiago o un poco de queso.

Si hay que poner algún pero a la visita no es a la comida, sino al intento de modernidad que quieren dar. Las comandas que toman las amables camareras se hacen en pda pero luego ni se pude pagar con tarjeta ni te dan la clave de una red wifi que tienen visible en el local.

En resumen, un restaurante donde recordar algo de Galicia, donde cenar por menos de 15€ por persona, que no quita las ganas de volver a la tierra, pero que ayuda a sobrellevar la morriña. Por eso, le doy una lima y medio limón.


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A LA NAVARRA… sabe mejor.

La semana pasada apareció un mensajero por casa, traía una caja de folios requetenvuelta  en cinta de embalar. No tenía ni idea de qué podía contener, ni siquiera de quién lo podía enviar… Tanto bite y afterbite está muy bien, pero hay pocas cosas que molen más en estos tiempos que recibir un buen paquete al estilo clásico.

Lo cierto es que si ya estaba contenta, mi cara al ver lo que había dentro debió ser un espectáculo… El paquete venía de Navarra y nuestro amigo nos mandaba lo mejor de su tierra: espárragos blancos, txistorra y queso idiazabal. Además en formato previsor, envasado al vacío… Como si no conociera a las limas que iba destinadas.

Una de productos navarros

Si los paquetes son guays, los paquetes con comida son lo mejor del mundo… Preguntadle a quien hizo la mili qué sentía cuando su madre le mandaba los chorizos o a quienes se fueron del país y temían que el paquete no pasase la frontera y se lo zampasen los de aduanas.

Pero vayamos al tema que nos perdemos contando batallitas… los espárragos blancos frescos son una pasada, cocerlos tiene un punto de engorro y lograr el equilibrio perfecto entre sal y azúcar puede rozar el malabarismo pero en el primer mordisco todos los problemas se olvidan. Estamos ya a finales de temporada, según los entendidos, el mejor tiempo para comerlos va de marzo a abril aunque con este año de locos todo se ha trastocado. Son bichos curiosos, se empiezan a recoger a las 6 de la mañana, para que de tiempo a envasarlos en el mismo día y no pierdan el agua, supongo que secos no habrá quien se los coma.

El queso Idiazabal es otra pequeña joya, se produce en Euskadi y en Navarra con la leche de unas ovejas un tanto peculiares, las latxas. Cuentan que este queso es todo tradición, fijaos si lo tienen conseguido que llevan la friolera de 8.000 años haciéndolo. Como todo queso tienen mogollón de cosas buenas obvias, el calcio para los huesos, etc, etc, etc, pero este tiene algo especial, tiene propiedades anticaries, los ratones navarros deben tener los mejores dientes del mundo.

Cada zona tiene sus tesoros, la mejor cecina está en León, no hay mojama como la de Barbate, las anchoas son de Santoña… Pero es verdad que hay zonas que destacan y si hay una que compite por las tres limas, esa es Navarra.

Eskerrik asko Oier y Joanna!!


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Hay vida más allá del Gin-Tonic

No sólo de gin-tonic vive el hombre. Aunque lleva ya demasiado tiempo siendo la bebida de moda (¿por qué?), como bebedor responsable sigo sin verle demasiada gracia. No digo que esté mal, pero creo que se han sacado las cosas de quicio: botellas numeradas que valen más que el líquido que contienen, tónicas de nombres impronunciables, frutas, pepinos, semillas. Hasta te lo llegan a servir en una copa de coñac a la que rocían con hidrógeno líquido, como si te fueran a transplantar un riñón.

Lo bueno de los cócteles es que, además de saber ricos, evoquen algo bueno o interesante, no que contemples con mezcla de fascinación y terror cómo el camarero se mueve como el Dr. Frankenstein por su laboratorio. He ahí el humilde Destornillador, producto del aburrimiento de unos marineros rusos, que transportando naranjas y vodka a Cuba, embarrancaron y mezclaban zumo y vodka con sus destornilladores, esperando al rescate. O, como dicen otras fuentes, invento de los aguerridos obreros estadounidenses del petróleo, que dejaban un destornillador en los vasos con bebidas alcohólicas para no beberlos en horas de trabajo.

Uno de mis favoritos es un cóctel con mucha historia, el Long Island Ice Tea, un cóctel de bebidas blancas con un chorrito de Coca-Cola, que aparentaba ser té helado para poder beberlo en tu porche durante los tiempos de la Prohibición en los EEUU. Pese a parecer una bomba al conocer los ingredientes, es sorprendentemente suave y fresco. Ideal para una noche en buena compañía y de largas conversaciones.

Otros cócteles nos evocan ambientes de novela policiaca, como el Gimlet: ginebra y lima que han bebido novelescas mujeres fatales y decadentes hombres sin pasado. Aparte de que sentimos una lógica debilidad por las limas en este blog.

Uno de los más famosos es el “Vesper” o “Dry Martini” de James Bond, reflejo de la afición de Ian Fleming por las bebidas fuertes. La receta, puesta al día, sería: una medida de vodka Stolichnaya, tres de ginebra Tanqueray, media de vermouth Cocchi Americano (en el original eran ginebra Gordon’s y Kina Lillet, pero cambiaron su receta hace años). Se agita enérgicamente en una coctelera helada (se supone que para “oxigenar” la bebida) y se sirve en una copa de cóctel o de champán con una fina corteza de limón retorcida, para que suelte poco a poco su sabor amargo. ¡Nada de removerlo con la varilla! Pese a las malas traducciones, Bond siempre lo pide agitado en coctelera, no revuelto con varilla. Es un “pelotazo” en toda regla, así que se aconseja beberlo despacito y a pequeños sorbos.

Si lo que te gusta del actual “hype” del Gin-tonic es precisamente que se añaden un montón de ingredientes poco habituales, he aquí algo que no puedes dejar pasar: el Bullshot. Un cóctel de consomé de ternera con vodka, pimienta, perejil, salsas tabasco y Worcestershire. Ideado por los vaqueros más duros.

Si quieres una bebida con más leyenda, ¿qué mejor que un Margarita? Puedes sorber la mezcla de tequila, limón y triple seco tratando de averiguar si la Margarita a la cual está dedicada es Margarita Henkel, hija del embajador alemán, Margarita Carmen Cansino (luego conocida como Rita Hayworth), la actriz Marjorie King o la dama de la alta sociedad Margaret Sames. Tal vez nunca sepamos la verdad, porque los publicistas de las casas de licores reescriben a su gusto las historia de los cócteles.

Así que ya sea por historia, potencia de la bebida, ingredientes poco habituales, elaboración o sabor, hay alternativas al sobrevalorado gin-tonic actual. Todos cócteles de tres limas de las nuestras.  Y si os interesa, otro día volvemos a abordar la fauna coctelera ¡siempre con moderación!


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A CURUXA… o cómo sentirse como en casa (Vigo)

Elegí esta taberna para hacer mi presentación inaugural en este blog por sus originales propuestas culinarias, la buena relación calidad-precio de su carta, su trato cordial hacia el cliente pero sobre todo, por su innata facilidad de hacerme sentir como en mi propia casa.

Lo podéis encontrar en Cesteiros nº 7, una de las calles más emblemáticas del Casco Vello de Vigo. El nombre de este callejón, rinde homenaje a los artesanos que en la década de los 40 se establecieron allí para abastecer de cestas, cestones y cestillos a todos los vendedores y pescantinas que rondaban el barrio vendiendo sus productos. Ellos eran quienes elaboraban las famosas patelas ( unas cestas amplias, planas, con forma cuadrada y con la base protegida con hojas de repollo para trasladar y, normalmente exponer, el pescado menudo: xoubiñas, chinchos, cariocas…)

A Taverna da Curuxa es un local tranquilo, con paredes de piedra vista, céntimos en sus juntas y una decoración muy sencilla. Cuando llegué, sutilmente, se escuchaba jazz. Por el mobiliario que tienen, en concreto las sillas, te da la sensación de estar en un tablao andaluz en lugar de una tasca gallega pero a fin de cuentas, eso, tan sólo es una impresión.

Su carta es pequeña pero variada. Incluyen originales ensaladas, arroces perfectos, carnes, pescados y buenos postres. También te ofrecen, por si quieres ir abriendo boca, una pequeña lista con sus petiscos (aperitivos).
Después de sopesar todos los platos (os puedo asegurar que fue una tarea un poco peliaguda) y dejarme aconsejar por Noelia, que es encantadora, en lo relativo a la cantidad que sirven, mis elegidos fueron:

 

De entrante: croquetas de portobello, (champiñón portobello) con chips de yuca (4 €)
con una bechamel suave, melosa y sabrosa que contrastaba a la perfección con el ligero y crujiente del rebozado. Las chips de yuca que las acompañan son un acierto. Cortadas con mandolina, son finas como el papel de liar así que ya os podéis imaginar cómo resonarían en el interior de vuestra boca.

De primero: abanico con patatas (5 €): El abanico es la envoltura externa de las costillas del cerdo. Es una carne muy grasa por lo que al hacerla tanto a la plancha como en barbacoa queda impresionante. Y si encima es de cerdo ibérico ya os podéis imaginar el resultado. El que yo comí no era de ibérico pero habían acertado en su preparación. ¿Quién no se rinde ante una carne hecha en su punto, jugosa y tierna por dentro, churruscadita por fuera y con un ligero toque de tabasco verde, acompañada con patatas frescas (las llamo así porque las otras son congeladas) y verduras a la plancha? Que yo sepa, nadie.

Y por último, el postre: bizcocho con salsa de mango y nísperos caramelizados (3,50 €). No, no penséis que le pasa algo a la foto, el bizcocho es así, verde, porque está hecho con calabacín. Tiene una textura compacta y densa, es un placer comprobar lo suave que es. La salsa de mango servida fría es un contraste que sorprende tanto si la acompañas con el bizcocho como con los nísperos. Es un postre muy goloso, quedáis advertidos…

De bebida me tomé una caña (1,80 €) y al café, que disfruté mientras leía el periódico, tuvieron la gentileza de invitarme. Pagué por este pequeño gran homenaje 14,30 € . Teniendo en cuenta que su comida está muy rica, que sirven rápido y que te tratan fenomenal, me parece un precio muy razonable. Por eso les doy lima y media.


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II Escapada limonera… Destino Valladolid

Hace unas semanas en De Lima a Limón nos escapábamos a Salamanca. Hoy nos vamos un poquito al noreste, justo hasta Valladolid. Tierra de buenos vinos y mejores carnes.

Valladolid, con sus más de 300.000 habitantes, es una clásica ciudad castellana: tiene su plaza mayor, su catedral, su festival de iglesias, sus patios donde a uno le entran ganas de hacerse el espontáneo y empezar a recitar a Lope de Vega… Pero sobre todo, es una ciudad para comérsela y volver, volver todas las veces que haga falta.

Nuestro amigo tuitero @mediotic nos hizo un par de recomendaciones que no nos debíamos perder, y como somos limoneros bien mandados no fallamos. El primero de ellos era el Campero, un lugar famoso por sus montados, pinchos morunos (2,50€) que los locales embadurnan en mostaza al estragón y las salchichas castellanas… Todo un paraíso de gastronomía colesterolera en un bar peculiar estilo patio andaluz, pequeñito, con el techo cubierto de parra y hasta un pozo!

La segunda parada fue en el Postal, otro local chiquinino, reformado, que se esconde tras el mercado y está lleno de productos leoneses, desde un queso de pollos (4€) delicioso, a una cecina recién cortada (4,40€) que quitaba el sentido. Nos quedamos con pena de no probar la torta Cañarejal, un queso parecido a la torta del Casar que debe tener bastante éxito porque cuando llegamos ya no quedaba. El local lo regentan dos hombrecillos ataviados con mandil y escoba, rápidos, limpios y secos a partes iguales y que si llevasen gorra serían la viva imagen de los Mario Brós.

La última parada del día fue el Corcho, famoso por sus croquetas y torreznos y fácil de reconocer, sólo hay que buscar al camarero de la competencia que enfurruñado merodea al único local lleno preguntándose cual ex marido abandonado que tendrá el otro que no tenga él.

En Valladolid siempre coincide bien porque vayas cuando vayas… siempre hay algo. En este caso, un Festival de teatro callejero que hacía que te perdieras donde te perdieras aparecieras en una plaza llena de actuaciones, música y danza.

Al día siguiente cogimos el coche y nos plantamos en Simancas, un precioso pueblo a unos 10 minutos de la capital. Uno de esos sitios donde han hecho las cosas bien y hasta los carteles de Cocacola guardan la esencia del lugar. Después de visitar el Castillo, la iglesia y la muralla buscamos donde comer… El hecho de que en Las Tercias oliera a brasa eliminó de un plumazo a toda la competencia… Y acertamos. Hacía mucho que no me encontraba con unos camareros tan sumamente encantadores!

Incluso siendo domingo tenían menú del día… Alcachofas con jamón y entrecot 15€, cuando veo que me hicieron caso cuando lo pedí casi crudo se me saltaron las lágrimas. Eso sí, no podíamos irnos sin probar la especialidad local, el lechazo al horno (18€) nos pusieron el costillar y nos avisaron que sólo lo habíamos comido bien si el perro les miraba mal cuando le dieran los huesos… Creo que cumplimos con la misión.

En resumen, limas , limas y más limas… Unos precios algo generosos de más en algunas ocasiones y un ambiente peculiar donde se confunden las cantidades industriales de almidón de las camisas con los pinchos de acero y las coletas. En todo caso, un lugar recomendable para ir e imprescindible para volver.


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D´TONHO… una visita al país vecino (Porto, Portugal)

Este fin de semana, aprovechando el buen tiempo hemos hecho una escapada en familia al país vecino, Portugal y no me he resistido a hacer la primera, espero que de muchas, crítica cítrica internacional.

Para un gallego del sur ir a Portugal viene a ser como para un madrileño ir a Segovia. Un plan muy habitual aunque no por ello menos apetecible y es que… Al igual que pocos se resisten a un buen cochinillo no hay quien se pueda resistir a un buen bacalhau o a algo tan sencillo como un frango no churrasco. Esta vez era una ocasión algo especial, así que en vez de ir a nuestros sencillos habituales de Valença tiramos de autopista y nos fuimos hasta Porto a visitar uno de sus restaurantes más famosos en plena Ribeira el D’tonho.

Si buscáis comer con las vistas maravillosas del Duero, su página web puede llevaros a un cierto engaño, las fotos parecen hechas por esos profesionales de las páginas de pisos de alquiler donde todo es inmenso y súper luminoso, pese a que los ventanales no son como prometen, el sitio es bonito y acogedor.

 

Nada más llegar te colocan una mesa auxiliar con el couvert, en cristiano, todos los entrantes disponibles, entre el hambre con el que llegas y la buena pinta que tiene todo decidir es un gran esfuerzo. Nosotros nos decantamos por unas Zanahorias aliñadas, con su buena dosis de cilantro, conejito a la brasa, queso de oveja y las clásicas pataniscas de bacalao que vienen a ser una especie de buñuelo. De segundo pedimos bacalao, dos raciones para cuatro ya que suelen, y digo suelen, ser abundantes y de beber dos botellas de tinto una de Dão y una de Douro.

El camarero, muy atento (cosa no tan frecuente en sus convecinos) nos fue trayendo todos  los platos y, no os voy a engañar… Era mucho mas feliz viendo para ellos que una vez que los estaba comiendo. Las materias primas eran excelentes, la posta de bacalao era un sueño, la presentación era fantástica pero en cuanto le metían la cuchara de palo al asunto la fastidiaban. El bacalao a moda de Julio Gouveira estaba helado y por mucho que lo intentamos no logramos adivinar de qué era aquella salsa que llevaba, las raciones eran el equivalente a méia dose aunque el precio (cerca de 20€) parecía presagiar que seria para dos personas y el postre no mejoró en absoluto nuestra percepción.

En resumen, unos 35€ por cabeza, unas expectativas demasiado altas, un precio, una presentación y una ubicación maravillosa que, desafortunadamente, no se corresponden con lo que te llevas a la boca. Por todo ello, nuestra calificacion es de una lima y un limón y medio. Quiza vuelvan los tiempos que le trajeron la fama pero lo que esta claro es que el D’tonho ya ha vivido tiempos mejores.