De Lima a Limón

Crítica – cítrica


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EL ESTRAGÓN… una terraza que le da la vida. (Madrid)

Hace mucho tiempo que no vamos a un restaurante vegetariano, prácticamente, desde octubre del año pasado cuando fuimos al Granero de Lavapiés. Así que ya iba siendo hora de volver… El elegido es el Estragón en la Plaza de la Paja de Latina, justo enfrente del Cosaco.

Esta plaza tiene algo mágico, daría igual que nos dieran alfalfa para comer, sólo por estar sentados al solecito, refugiados del viento y sin coches pasando por el costado, comer vale la pena. Lo difícil de esa Plaza es levantarse… id a comer con tiempo o acabaréis con cara de pena pidiendo «cinco minutos más, cinco minutos más». Por dentro es una taberna «riquiña», de esas con manteles de cuadros y luz tenue que hacen que las fotos de la comida salgan horribles y que te entren ganas de agarrarle la mano a la persona que tienes enfrente.

Habíamos estado en el Estragón alguna vez comiendo de plato y recuerdo que los canelones nos habían gustado mucho, el pimiento relleno no, era una «arrozada» cargada de especias que no se acababa nunca. Eso sí, todo bien regado de queso y nata para darle contundencia. Las verduras no engordan, los restaurantes vegetarianos sí.

Esta vez probamos el menú del día que en terraza cuesta  12 euros, primero, segundo, bebida y postre. Ese solecito de primavera, sin necesidad de más, ya les vale una lima. Los primeros eran ensaladas y una crema caliente, que, la verdad es que no apetecía un pimiento y los segundos eran contundentes y a lo vegetariano. Esto de «a lo vegetariano» merece una explicación, es algo así como la capacidad de un cocinero vegetariano de incluir en cada plato todas las verduras que había en el mercado, sólo así puedes llegar a creaciones que incluyan en un mismo plato aros de cebolla, lombarda, calabacín rallado, zanahoria cruda y ensalada de legumbres… Es como el mal del buffet libre donde se combina de todo y nada encaja bien.

el estragon de lima

De primeros pedimos la ensalada Niza con eneldo que recordaba a Grecia, con queso feta y huevo cocido bastante sabrosa y rica si no fuera porque estaba hecha con lechuga iceberg… mucha verdura, mucha verdura y acaban haciendo ensalada con un balón de balonmano. Y la Ensalada Napolitana con salsa chantillí (a.k.a. mayonesa porque de la nata no se veía el rastro) con más lechuga iceberg… y sin nada de gracia.

De segundos había escalope de berenjena y pisto. Que era un bocadito de berenjena relleno de queso y empanado, rico y con queso infinito, de ese que si te descuidas llegas al otro lado de la plaza  con el trozo en la boca y el hilo no se ha roto acompañado de: 1 pisto, 2 pimientos del piquillo (seguimos sin estar en temporada), 3 lombarda cruda y 4. patatas fritas revenidas. Lease, un plato «a la vegetariana.» y un Arroz con verduras al curry, dulzón pero rico, con bastantes verduras, salsita y un arroz integral de ese que ejercita mandíbulas. Estoy convencida de que el arroz integral es uno de esos alimentos con calorías negativas, gastas más en masticarlo que lo que te comes.

De postre probamos el yogur casero con miel, y la verdad es que valía la pena. La mujer que nos atendió era simpática y la comida era… pues lo que os hemos contado, comestible e incluso algunas cosas, rica. De plato se lleva lima y media, de menú… se queda con la lima que le da la terraza y la vida.


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LA OTRA CASA… menú de autor en Lavapiés. (Madrid)

Coged vuestras agendas limoneras y haced hueco, porque hoy os traemos un sitio que, realmente, vale la pena visitar. Se llama La Otra Casa y se esconde en la calle Olivar, en pleno barrio de Lavapiés. Un local de productos de temporada, muy buena calidad, bien trabajados y, encima, a buen precio. Para qué queremos más.

La calle Olivar es pura cuesta, siempre es una ventaja, si vienes con hambre te apeas en Tirso de Molina y sólo hay que bajar y si has desayunado demasiado, todo es cuestión de bajarte en Lavapiés y subir la cuesta. Lo importante es llegar a La Otra Casa con ganas de comer, todo tiene tan buena pinta y está tan rico que una vez que empiezas te entran ganas de probarlo todo.

El local es mono, tiene las paredes llenas de cuadros, tan llenas que no cabría ni una foto carnet más. Los manteles son de tela, de esos que hacen que te sientas un poco como en casa, y de fondo suena Jazz. Es un sitio tranquilo, donde se puede hablar y con las mesas suficientemente separadas como para que el de al lado no participe de tu conversación.

La carta tiene unos veinte platos que van desde los cuatro euros a los 15. Los dividen en aperitivos, primeros, principales y postres y para hacernos la vida más fácil tienen una opción donde por tres platos por 16,50€ (o 19,50€ con postre) tú te configuras el menú a tu gusto. Y eso fue lo que hicimos.

De aperitivos probamos el Cebiche mixto, de pulpo, chipirón y piña que estaba riquísimo. Es un plato sin demasiada buena pinta, (no estamos acostumbrados a comer cosas blancuchas y rosas), pero que bien hecho es una delicia. y las Papas rellenas de morcilla, pasas, ají y alioli, muy curiosas y muy ricas. No os diremos más para no estropearos la sorpresa.

De primeros optamos por la menestra de verduras, que no defraudó, verduras de temporada, frescas, al dente y guisadas con pimentón… muy muy buenas. Y la Ensalada burratina con frutos rojos,  no llegaba a burrata, pero tampoco lo prometían, una versión de la ensalada caprese sin tomates cherrys y con fresas, original y muy buena.

Y por último los principales, la hamburguesa de rabo de buey estaba deliciosa. Era contundente y aún así hubiera sido capaz de comerme otras dos de pura gula. No os vayáis de este sitio sin probarla. Y el fish and chips de bacalao donde llegó la única pega de la comida… el bacalao estaba perfecto, bien desalado, se deshojaba, frito como en tempura… maravilloso, pero las patatas debían de llevar fritas desde las 8 de la mañana. Cómo puedes estropear una comida tan, tan, tan, tan rica con esas patatas!!!!

Religión patatera al margen, la comida por calidad y precio es de dos limas y media, el local es super agradable, la camarera es muy maja, el servicio es rápido, todo está rico y logran hacer con los productos de siempre algo diferente. Sin embargo, la patata revenida les cuesta medio limón.

LA OTRA CASA: Calle del Olivar, 6. Madrid.


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Los mejores Mexicanos del año limonero.

En De Lima a Limón, seguimos buscando el #MMM, el Mejor Mexicano de Madrid, (una de nuestras secciones con más seguidores) y, aunque todavía no hemos encontrado uno que merezca el título, va siendo hora de hacer un recopilatorio de los mejores mexicanos del año limonero. La cosa no es fácil, cada uno tiene sus peculiaridades, sus ventajas y sus inconvenientes pero… como lo nuestro son los retos, aquí va un resumen.

El primer puesto va para LA TAQUERÍA DEL ALAMILLO, probablemente, uno de los mexicanos más auténticos de todo Madrid. Un lugar donde todo está rico, los platos saben diferente unos de otros y, además, tiene una maravillosa terracita para el verano. Ya vayas al clásico, o al nuevo que han abierto un par de manzanas y un cuestón más arriba, siempre está lleno, así que reservar es una obligación. Para que no os llevéis un fiasco, ya os lo anticipamos, el servicio es un desastre, pero las tostadas de tinga y, sobre todo, los mojalcates lo compensan.

Plaza del Alamillo, 8. Madrid

El segundo puesto y muy reñido con el primero va para TEPIC. Un mexicano modernillo y mono en medio de Chueca, quizá el más caro de toda la lista pero sin llegar a ser una ruina (unos 25 euros por cabeza).  Es perfecto para un día pijo… la comida mexicana no tiene por qué ir acompañada de fotos del Comandante Pancho Villa. Su especialidad son los tacos pastor aunque todo está rico… las milhojas con helado de vanilla son dignas de un marco.

C/Pelayo, 4

tepicdelima

El tercer puesto se lo gana la HERRADURA, con su menú del día de 10 euros. Probablemente, el mejor menú del día mexicano de Madrid y por sólo 10 euros. Escondido en una callejuela de Conde Duque el único truco que tiene es no ir un lunes, porque el menú es muy flojito. La cochinita pibil es deliciosa y las flautas suizas no se quedan atrás.

Calle Montserrat 32

El cuarto lugar va para la TAQUERÍA MI CIUDAD, dos locales chiquititos cerca de Ópera que sirven tacos en versión comida callejera al más puro estilo Mexicano. Son la alternativa perfecta a cualquier comida rápida, olvidaos de kebabs y hamburguesas de burrikin, pedid una michelada y un par de tacos por persona y saldréis felices. El de chicharrones con salsa verde es mi favorito y los frijoles refritos están buenísimos. En cuanto al precio, los tacos cuestan son baratos, 1,50€ pero las cervezas son de oro, una Coronita 4€… algo malo tenían que tener.

Calle Fuentes, 11. Madrid.

taqueria-mi-ciudad

El quinto puesto se lo lleva EL TIO TACO, un local pequeñito cerquita de Marqués de Viana por el que no se daría un duro y que al final resulta sorprendente. El ceviche mexicano les sale buenísimo y los tacos «mexicanos» no se quedan atrás, rellenos de pollo y chorizo con tortilla de trigo tostadita. No es el mejor mexicano de Madrid, ni mucho menos, pero si andáis por la zona es una opción perfecta para quitaros el antojo y que se llevaría lima y media.

Calle Azucena, 53.

El tio taco

El último puesto va para DON EMILIANO… y el ejército de Pancho Villa. Nuestra visita fue un poco desilusionante, hay platos con mucho sabor y otros que no saben a nada. Sin embargo, hay que reconocerles su punto fuerte, la coctelería nocturna. Si estáis por la zona de Huertas y buscáis una opción no invadida por turisteo un par de margaritas y unos tacos aquí pueden ser una muy buena opción.

 C/ Santa María, 39. Madrid.

Y como bonus-track LA MALQUERIDA, en la calle Ferraz. Daikiris y margaritas, unas raciones de nachos de lo más decentes, buena música y un sorprendente y permanente buen ambiente que le valieron dos limas en su momento. Otro de esos locales que siempre, siempre está lleno y un clásico para la celebración de cumpleaños.

Calle de Luisa Fernanda, 27.


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Tres tabernas de toda la vida: Quesos, navajas y tortilla. (Madrid)

Hoy visitamos tres sitios muy distintos pero con muchas cosas importantes en común. Los tres son «Casas» y te hacen sentir como tal, son tres tabernas de toda la vida capaces de transportarte a otra época. Los tres basan su éxito en el producto, carta cortita, especialidad muy definida y de muy muy buena calidad. Y, la más importante y consecuencia de las anteriores, poseen el secreto de la eterna juventud. Una vez que los has visitado, entiendes por qué.

Arrancamos ruta en el Casa Gerardo, un almacén de vinos y quesos en la» zona pobre» del barrio de la Latina. Abrió allá por el 1920 y lleva regentado por la misma familia desde los años 50, así que algo de experiencia se les presupone. El rótulo de la entrada incita a cualquier cosa menos a entrar, no le hagáis caso a vuestros instintos, pese a que lo parezca, no es un bar de mala muerte con vino malo y bebedores asiduos con palillo en los dientes.

En Casa Gerardo hay que beber vino y comer queso, o en raciones o en tostas. Si tenéis suerte, como nosotros tuvimos, y os pillan las Jornadas del queso artesanal que montan de vez en cuando la Casa se convierte en el Paraíso. Si eres un apasionado quesero habla con el dueño,  te recomendará unos quesos buenísimos, te contará su historia, de dónde los ha traído y, si te descuidas, cómo se llamaban las ovejas. Un lugar con encanto, con una variedad de quesos maravillosa, vinos buenos y por unos diez euros por cabeza se llevan dos limas.

Calle Calatrava, 21.

Casa Gerardo de lima

Nos subimos al barrio del Rastro y vamos hasta la Casa de las Navajas, un clásico de la Plaza del Cascorro y los domingos. También conocido por Bar Cruz. Un bar sesentero, con barra de acero inoxidable, camareros de camisa blanca, gente, gente y más gente y gritos, gritos y más gritos. El lugar es rápido y se pide como toda la vida… UNA DE NAVAJAAAAAAS, UNA DE BERBERECHOOOOOOOS, UNA DE BRAVAAAAAAS. (Aaaay las bravas, si es que tienen un nombre que incita a ser berreado).

La docena de navajas cuesta diez euros y están buenísimas, palabra de gallega. Salen raciones como churros así que os garantizo que frescas son. Las bravas no están nada mal y los berberechos están bien buenos. Una alternativa a la fritanga en el formato vermut /picoteo/comida que se lleva lima y media.

Calle Maldonadas, 2.

LaCasadelasNavajas

Y por último nos vamos subimos hacia Argüelles, cambiamos de barrio pero no de concepto y llegamos hasta el Casa Paco, un bar de tooooda la vida especializado en tortillas y flanes (cosas con huevo), bueno, y croquetoncios.

Hay tortilla de casi todo (que no rellena de casi todo), por encargo hasta te la hacen de nocilla. Los pinchos cuestan 2,50€, son grandes y están a cual más rica, la de solomillo, cebolla y parmesano está deliciosa y la de salmón ahumado no se queda atrás. Las croquetas tienen sus días, pero la de cocido no suele fallar, enormes, rellenas y cremosas. El flan de queso está delicioso. Habiendo comido, probado de todo e incluso con postre, el tema sale a unos 8 euros por cabeza. Ideal para ir en grupo y arrasar con todas las especialidades. Otra lima y media.

Calle Altamirano, 38.


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Baobab… de Senegal a Madrid.

«Es cuestión de disciplina, me decía más tarde el principito. Después de terminar la higiene matinal, hay que hacer con cuidado la limpieza del planeta. Hay que obligarse regularmente a arrancar los baobabs en cuanto se los distingue de los rosales, a los que se parecen mucho cuando son muy jóvenes. Es un trabajo muy fastidioso, pero muy fácil.« El Principito – Antoine de Saint-Exupéry.

baobabs-principito

 

Los Baobabs son unos árboles inmensos que crecen en Áfica, parte de Australia y en el asteroide B612, que como es mundialmente conocido, es el asteroide donde vive el Principito. Dicen que pueden llegar a vivir hasta 4.000 años, sólo tienen hojas en verano y no dan grandes frutos pero tienen una cualidad que les hace muy valiosos, son depósitos de agua naturales. Dentro de un buen baobab puedes llegar a encontrar más de seis mil litros de agua. Esto, en África, os podéis imaginar lo que significa.

Senegal es tierra de Baobabs, tanto es así que es su símbolo y un árbol sagrado. Quizá por eso, sea el nombre más apropiado para un restaurante senegalés en Madrid.

El Baobab está en Lavapiés y tiene, sin exagerar, una de las mejores terrazas de todo Madrid: enorme, soleada, tranquila y con precios económicos. El restaurante en sí es extremadamente cutre, está al nivel de un chamizo de cuadrilla: una barra, unas mesas y una escoba pero la comida es sorprendente y vale la pena probarla.

Senegal es un país de mayoría islámica y eso en la comida se nota. No verás cerdo y la comida tiene un punto arabesco (cuscus, la forma de tratar las verduras…). Es un país con mar, lo que hace que se lleven bien con el pescado, por lo demás, mucho arroz y muchas especias.

El restaurante está muy cerca del Rastro por lo que su día fuerte es el domingo. Si hace bueno, todavía peor. Id muy pronto, las colas que se montan para coger mesa superan, fácilmente, la hora y media. Cuando fuimos nosotros eran las dos y nos tocó paparnos 5o minutos de cola y lo peor no es eso… lo peor es que los platos se van acabando y te quedas sin probar un montón de cosas ricas.

Baobabdelima

En la carta tienen unos zumos naturales de ibisco y de baobab con muy muy buena pinta, que no les quedaban y de los diez platos (entre 7 y 8 euros) que tienen, sólo había disponibles cuatro y ni el pescado ni el cuscus estaba dentro de ellos. Así que optamos por un Thiebu Vegetal, que es arroz senegales (con un grano muy chiquitito y muy aromático) con verduras (que venían en formato tahine) Calabaza, berenjena y col muy pochadita. Resulta ser un plato rojizo, aceitosillo y con ese picante sutil que se acaba acumulando cuando te has terminado el plato. Y un Yassa, arroz blanco con pollo en salsa de cebolla. Un guisote ácido, dulce y agrio a partes iguales, con unos buenos trozos de pollo, aceitunas, pepinillos y mucha cebolla. Sorprendente y rico.

La comida está muy buena, pero sacia y las raciones son inmensas… con dos platos comen tres sin ningún apuro. No es para ir todos los domingos aunque es perfecto para ir un par de veces al año. Una opción diferente, rica y barata (unos diez euros por persona) perfecta para ir en grupo y en terraza se merece una lima y media. El hecho de que se les hubieran acabado tantos platos y, sobre todo, los zumos, les cuesta medio limón.

BAOBAB: Calle de los Cabestreros, 1. Madrid

Teléfono: 915 27 27 32

 

 


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Cinco restaurantes italianos del primer año limonero.

Hoy en De Lima a Limón empezamos con una ronda recopilatoria de entradas y de restaurantes limoneados que, por algún motivo, no llegaron a tener su espacio propio. Estrenamos sección con uno de nuestros favoritos, el gremio de los restaurantes italianos… Aquí van nuestros cinco italianos del primer año limonero.

El primer puesto se lo lleva el NON SOLO CAFFE... En su día le dimos dos limas y, unas cuantas visitas después, no se las quitamos. Las materias primas que utilizan son de primera calidad y las recetas que preparan son super elaboradas y, sobre todo y más importante, están tremendamente ricas. Su menú del día, aunque un poco caro, es uno de nuestros favoritos. Para no perdérselo!

C/ Ríos Rosas, 52. Madrid.

nonsolocafedelima

En el segundo puesto y compitiendo muy mucho con el primero está la ACCADEMIA DEL GUSTO… Otro italiano de dos limas. Su punto fuerte son los quesos y nuestra parte favorita el buffet de entrantes que te ponen como primero en su menú del día. Es un sitio original, con personalidad y con un buen proyecto detrás pero el hecho de que sólo haya un único plato de pasta cada día lo relega a la segunda posición. Muy visitable en todo caso.

C/ Cristobal Bordiú, 55. Madrid.

accademiadelima

En tercer lugar se sitúa IL PASTAIO... Un restaurante con un magnífico menú del día que también tiene tienda. Su pasta es de las mejores de Madrid pero, al contrario que el Non solo Caffe, apuestan por recetas sencillas en las que incluyen cosas tan horrendas como fiambre de pechuga de pavo. En su momento se llevaron lima y media más medio limón porque no es normal que a la hora y media de haber comido allí el cuerpo te pida merendar. No os olvidéis de reservar… se pone de bote en bote.

C/ Ríos Rosas, 49. Madrid.

ilPastaiodeLima

El cuarto lugar es para LA NONNA… Un italiano chiquitillo y familiar por la zona de Cuzco. La Mamma ronda por las mesas y toma nota, hay que estar vivo… como te descuides elige ella por ti. Tanto las pastas como las pizzas son caseras y están muy ricas, aunque suelen abusar un poco de la sal. Se cotizan bien, la cuenta sale a unos 30 euros por barba y aunque rico y casero… un menú del día no les vendría mal.

C/ Profesor Waksman, 8. Madrid

LaNonnadelima

 

Y el quinto lugar es para el ANEMA E CORE… un restaurante muy mono escondido en una callejuela cerca de Ópera. La comida (con excepción de la pizza de boletus que estaba muy aguada) está rica. Tienen menú del día aunque suele ser poco apetecible… No porque no vaya a estar rico, sino porque no es lo que esperas de un italiano. En todo caso, en el centro de Madrid en una de las mejores opciones italianeras.

C/ de los Donados, 2. Madrid.

AnemaeCoredelima


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Buscando el #Mejor Cocido de Madrid (2ª parte)

Esto de buscar cocidos tiene su complejidad, es uno de esos mundos donde el universo se divide en dos: los cocidos en menú del día y los menús de cocidos. En los primeros la broma ronda los 10 euros (excepto en el Por fin que está en 7) y en los menús de cocido (como en la Taberna de Daniela) donde es difícil que el plato, sólo el plato, baje de 25 euros. Confieso que esa diferencia me duele, es verdad que la materia prima es mejor, que el servicio será más remilgado, que hay más cabezas de toros en las paredes… pero, me cuesta.

Hoy hacemos una entrada conjunta y hablamos de dos sitios de cocido madrileño clásicos: Los Galayos y la Gran Tasca.

Los Galayos está en un lateral de la Plaza Mayor, probablemente, si no fuera porque está dentro de La Ruta del Cocido ( que acabó el 31 de marzo) nunca hubiéramos llegado a él. Ya sabéis lo que pasa con estas ubicaciones tan céntricas, muchas veces no se sabe si suman o restan…

El local es inmenso, con un toque clásico pero sin ser demasiado rancio. Tienen una terraza cubierta con una lona, una barra generosa y un par de salones aún más grandes. Hacerte con la cara de los camareros roza lo imposible, son un montón y están tan bien coordinados que uno se lleva el plato, medio minuto después tienes uno limpio sobre el mantel y no sabes si ha sido el mismo u otro.

El cocido estaba rico, pero era escaso… y que un cocido sea escaso es un pecado mortal,cuando uno va a comer este plato, inevitablemente, se ve poseído por el espíritu de Obelix… La sopa viene servida en un cuenco, está muy rica, pero echas de menos la sopera en el centro, la carne y los garbanzos los sirven en una olla de barro, perfecta para mantener el calor y subir la expectación… el fiasco viene cuando la abres y ves que hay un minitrocito de cada cosa para cada uno. Esto de que el chorizo tenga el grosor de un dedo me mata.

El servicio, las aceitunas y las guindillas, el orujo con albaricoques del final y la buenísima pinta que tenía el menú especial de cochinillo (30€) de la mesa de al lado les vale una lima, el cocido se lleva un limón.

Los Galayos

La Gran Tasca es otro de los clásicos, está muy cerquita de Cuatro Caminos y es un local rancio a más no poder. Las paredes están llenas de cabezas de toro, banderillas, y fotos de famosos firmadas entre los que destaca Alfredo Landa. Eso sí, permiten sobremesas tranquilas hasta las 6 de la tarde, lo cual es un punto. El Cocido (25€) es infinitamente mejor que el de los Galayos, de hecho, si no fuera porque vino frío y los fideos de la sopa estaban blandurrios sería realmente espectacular.

Cuando el camarero trajo la bandeja del cocido (75 cm de largo para tres personas) lo definió a la perfección, «aquí lo único que hay pequeño soy yo, hasta cuando traemos el chupito dejamos la botella.» Esta gente sí que ha entendido bien el Momento Obelix.

El plato trae de todo, costilla, morcilla, morcilla de cebolla, un buen trozo de chorizo, jarrete, gallina… Buena dosis de garbanzos, patatas buenas y zanahoria en su punto… ya os digo que la única pena es que venía templado y al segundo trozo, el tema estaba más frío de lo que nos gustaría. Un cocido de dos limas y una siesta que se queda en lima y media. Irremediablemente… habrá que seguir buscando.

La Gran Tasca


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El timo de la comida en los aeropuertos… de tres limones.

Recuerdo que hace unos años, no muchos, antes de que Ryanair y el concepto low-cost aterrizase en nuestras vidas viajar en avión era un lujo al alcance de unos pocos. Después la cosa se fue popularizando y, la verdad, es que cada vez es más difícil encontrar a quien no ha volado nunca.

Pero los lujos voladores siguen existiendo… antes venían en forma de vuelo y ahora vienen en forma de bocata malo de chorizo de Pamplona a precio de caviar con trufa negra. De hecho, cada vez es más normal ver como el viajero abre su mochila y saca su bocata de pan artesano hecho en casa diez, veces más rico y quinientas veces más barato.

Un aeropuerto es el lugar perfecto para sablear al pobre comensal. Estás encerrado entre cuatro paredes acristaladas, generalmente tienes hambre y si no tienes hambre, tienes horas muertas que acabas matando buscando algo para comer. El hecho de que el McDonnalds sea, prácticamente siempre, la mejor opción calidad precio es el indicador perfecto de que en los Aeropuertos la cosa no va bien.

En casi todos los aeropuertos del mundo la cantinela se repite, los precios se triplican, la calidad se ve enlatada (cuando no desaparece), en muchos de ellos la moneda local no circula (Marruecos, Túnez…) y el agua se convierte en un bien de lujo. Esto explica por qué los duty-free tienen tantísimo interés en la seguridad de los pasajeros.

En Madrid, un sandwich prefabricado vegetal con huevo cuesta 6 euros, un mini tupper de crema de calabaza 5,50€, una ensalada de espinacas mini 7,50€, un cafe con zumo y croissant 7,50€… ya sabéis calidad inmejorable y precios populares. Esto, por no hablar de los magníficos menús, el de la foto de las patata bravas, medio pollo picantón y una Cocacola por 17,95€ prometo que me llegó al alma de limonera.

Los precios

Los precios

Efectivamente, el tema se nos ha ido de las manos y nos hemos vuelto locos, pero es que si al menos estuviera rico… Una de las últimas veces optamos por una pizza con ensalada… tenía buena pinta, costaba un riñón pero había que comer, la sorpresa vino en forma de pizza taglio recalentada con masa chicle y ensalada de lechuga iceberg. Ni rastro de la pizza de leña rellenita que prometían ni de las jugosas hojas verdes…

y el la realidad...

y la realidad…

Con esto de la reforma de la T4 la cosa se ha puesto imposible, lo más duro ha sido ver como los buenos de AENA sacaban esto en nota de prensa: «De esta forma, los visitantes podrán conocer la oferta gastronómica de los aeropuertos caracterizada por la variedad, ya que se adapta a todos los bolsillos y abarca desde el típico concepto de sándwich-bocadillo, hasta el concepto de «cocina de autor», pasando por la clásica tapa, menú del día o ración.»

Bien es cierto que en lo de la variedad no miente, sobre todo desde que el Kabuki (cocina de autor) ha sacado una línea de sushi prefabricado que vende Pescanova en barqueta, ahora, lo de todos los bolsillos sólo tiene una respuesta posible y es darles, sin que nos tiemble el pulso, tres limones.


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Un año de limoneo.

Entretenidos con nuestras limas y nuestros limones y casi sin darnos cuenta acabamos de cumplir un año, parece que fue ayer cuando publicamos Tepic, nuestra primera entrada, pero van ya 121 críticas cítricas… y las que nos quedan. Un año merece una entrada especial y no se nos ocurre nada mejor que una recopilación de lo que supone ser crítico cítrico, los mejores momentos, la limas… su punto malo, los limones y los buenos y malos la lima-limón.

La primera lima es, sin duda, el mundillo gastronómico. El universo de la gastronomía es infinito, la cantidad de buenos profesionales, de currantes y de buena gente que hay en él no se queda atrás. Encuentros como Madrid Fusión hacen que cada minuto de trabajo dedicado a este blog hayan valido la pena.

La segunda lima va para las sorpresas limoneras. Esos sitios a los que nunca hubieras entrado sin el aliciente de escribir una entrada sobre ellos y que acaban resultando un tres limas. El Casa Gerardo y su mes del queso artesanal del que os hablaremos próximamente es uno de ellos.

Y la tercera lima va para El Universo Limonero. Es hora de ser honestos, tener un blog es la excusa perfecta para enredar, para innovar, para explorar nuevos temas: WordPress, la magia de la fotografía, otros tipos de entradas, los cuestionarios limoneros… Hay miles de terrenos por explorar y el el Universo Limonero es la mejor excusa del mundo.

La Lima-limón. Uno siempre está de servicio, sentarse a comer en un restaurante nunca va a volver a ser lo mismo. En cuanto entras en un sitio y te ofrecen mesa en lo primero que piensas es en la luz para las fotos, después el ritual de sacar la cámara, la libreta y el boli a fijarse en todos los detalles… contener a los compañeros de mesa para que no estrenen el plato antes de que haya pasado por el photocall… Es divertido, da conversación y siempre se aprende, pero hay días en los que desearías no estar de servicio, aunque hay algo en tu cerebro que ya no desconecta.

Y los limones

El primero. Nunca vuelves a tu restaurante favorito, con la cantidad de sitios que hay para visitar no puedes permitirte el lujo de repetir restaurante… ni aunque sea tu sitio favorito. Es más, cuando vuelves después de haber probado tanto, muy probablemente haya dejado de parecerte tan bueno.

Segundo. El momento Sherpa. Da igual que estés en medio de la Zimbaba todo el mundo espera que sepas donde hay un restaurante que vale la pena. Por desgracia, no siempre es así… Y aunque parezca romper con el hechizo, un buen crítico vive de buenos chivatazos.

Y el tercer limónLos compromisos. Esos momentos en que alguno de tus conocidos te lleva a un lugar con toda la ilusión del mundo esperando que le des tres limas y cuando lo pruebas resulta que no merece ni una entrada… Siempre quedaría la opción de convencerlo de que es tan bueno que si lo hiciéramos popular perdería el encanto pero, sería muy poco cítrico.

Con sus limas y sus limones ha sido un año fascinante, el primero de muchos que esperamos compartir con todos vosotros. Muchas gracias por estar siempre ahí!

Aaaah y un aplauso para MariLima Monroe que ha venido a cantarnos el cumpleaños feliz 🙂

Marilima


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ZHOU YULONG… el chino de Plaza de España. (Madrid)

Seguimos con la visita a los clásicos madrileños, hoy nos metemos en los subterráneos del parking de Plaza de España de Madrid para comer uno de los chinos más chinos de todo el país, el Zhou Yulong (para los amigos, el chino de Plaza de España).

Corría el año 2008 cuando escuché hablar por primera vez de este lugar, yo estaba pasando unos días en Nueva York y mi mudanza a Madrid era inminente, una de las madrileñas que allí conocí me hizo un recorrido súper completo de sitios que no me podía perder, por desgracia, cuando llegué a la capital con mis maletas sólo recordaba uno: El Chino de Plaza de España. Pero fui, y vaya si valía la pena.

Este chino es particular para todo… para empezar no se ve, se huele. Cuando uno no lo conoce y pasea por Plaza de España siente un olorcillo, como a fritanga pero más rico y puede entrar en ese bucle de no saber de dónde viene, increíblemente viene del parking, y es nuestro chino. Sí, la gente que come tuppers de fideos en la hierba también le ha hecho una visita a nuestros amigos de hoy.

Decir que el local es cutre es extremadamente generoso, es un bar rancio de mala muerte aunque con luz y sin señores sentados en la barra con palillo en los dientes bebiendo un sol y sombra. Dicen que es el chino de Blade Runner y nos lo creemos, tiene muy poquitas mesas y, aunque tiene mucha rotación, es raro que haya hueco y lo más frecuente es que haya cola. Eso sí, aunque estés en la cola puedes aprovechar para ir pidiendo y poder llevártelo.

La comida no es que sea rápida, es que es inmediata. Tú lo pides y antes de que puedas parpadear tienes el plato echando humo encima de la mesa, palabra de limonera que esto no es exageración. Supongo que tener una carta tan cortita ayuda mucho.

Chino de plaza de españa

Hay que reconocerles que la comida está muy rica, las empanadillas a la plancha son espectaculares y caseras la salsa de soja ácida con la que las acompañan ya no me gustó tanto, por cierto, cuidado con el ansia, vienen muy calientes. Los tallarines fritos están muy pero que muy ricos, no tienen nada especial pero… son diferentes. Los fideos de fécula de batata son una cosa distinta y por tanto, recomendables, os hablamos de ellos en la entrada sobre comida coreana de la semana pasada .

También probamos las costillas de cerdo dulces (5,50€), la verdad es que no sé por qué nos empeñamos en comer costillas en los restaurantes chinos… algún día aprenderemos y las dejaremos para los americanos que son los que tienen  mano con los huesitos.  La ternera con verduras sí que estaba realmente rica, la clave son las verduras, tenía berenjena, tirabeque, ajetes y raíz de loto, hay vida más allá del pimiento verde y la cebolla!!! Al arroz frito le pasa lo mismo (3,95€) la diferencia la marcan las verduras y que está suelto.

No es el mejor chino del mundo, igual que el bar Manolo no hace las mejores bravas del universo, pero el hecho de que sean tan auténticas les da valor. Comer fideos mientras en la tele pasan millones de videoclips chinos con su letra apta para Karaoke, mola. Que tengan porras en la barra no deja de ser gracioso. En cuanto al precio, habiendo comido bien y probado unas cuantas cosas fueron unos 12 euros por cabeza, no es extremadamente barato y menos para estar en un parking, pero la comida y la experiencia valen la pena y una lima y media.