De Lima a Limón

Crítica – cítrica


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Algo más que comida… cinco restaurantes peculiares.

Ahora que la cebolla caramelizada nos ha invadido, que la «burrata» o su prima lejana aparece en las cartas como setas y que la carne de Kobe no es un secreto ni para el bar Manolo esto de diferenciarse está más complicado que nunca.

Los locales compiten por ser el más «cool«, el más «Kitsch» y el más «vintage«… atraer a hipsters, gastrohunters y demás fauna tiene su intrínguilis. Mi abuela siempre decía aquello de «si es que ya no tienen qué inventar» pero ya sabemos que es mentira, igual que todo puede ir a peor, Oh Señor Murphy ten piedad de nosotros, también sabemos que la capacidad de inventar y reinventar del ser humano es infinita.

Buena prueba de ello son los nuevos restaurantes que están surgiendo en el mundo mundial, incluso algunos de ellas ya han llegado hasta la Capitol City Española. Aquí va una lista de los cinco más peculiares… no están todos los que son pero sí son todos los que están.

Empezamos por los restaurantes en silencioEl primero que se ha dado a conocer está en Nueva York, la zona cero de la mayoría de estos experimentos. Se trata de un restaurante normal que una vez al mes organiza una comida en silencio, por 40 dólares el chef te sirve un menú cerrado de cuatro platos que espera que disfrutes con los cinco sentidos… nada de andar comentando con el compañero de mesa, como mucho… gestos.

La idea se le ocurrió al hombrecillo tras pasar una etapa con unos monjes budistas que tenían voto de silencio. Hay que reconocerle que tienen papeletas para que organicemos allí la próxima comida de navidad, os imagináis una reunión familiar sin gritos entre los cuñados?

Y en la línea del silencio surge este restaurante en Ámsterdam, donde sólo encuentras mesas de uno. Al parecer, la dueña estaba cansada de comer sola en restaurantes y sentirse un bicho raro… eso que los angloparlantes definen como la diferencia entre estar «alone» y sentirse «lonely» y lo solucionó tirando por el camino de en medio, creando un restaurante donde sólo hay mesas individuales.

Aquí comer cuesta 35 euros, y también te dan cuatro platos… lo que no nos queda claro es si está permitido hablar con el de la mesa de al lado. Yo ya me lo imagino, encuentras al amor de tu vida en la mesa de enfrente y nunca podréis hacer eso tan peliculero de volver al restaurante de la primera cita, al menos, no sentándoos en la misma mesa.

Otro de los restaurante peculiares son los nudistas, claro está que habiendo pueblos nudistas, tendría que haber restaurantes. Estos no tienen menú cerrado y los hay de todo tipo, lo único importante es que debes acordarte de llevar un pañuelo de seda para poder sentarte sobre él… la higiene ante todo. Eso y que, por el mismo motivo, los camareros son los únicos que tienen permitido ir vestidos.

Y como restaurantes curiosos tenemos los relacionados con las mascotas… desde los pet friendlys donde Boby es más que bienvenido e incluso recibe una galleta al nivel superior… los restaurantes para perros. El Belly Rub Cafe está en Kinston y fue montado por un veterinario que nunca llegó a ejercer porque después de haber terminado la carrera descubrió que tenía ailurofobia, que en cristiano viene a ser, tener un miedo irracional a los gatos. Muy lógico todo.

Pero lo importante, aquí los perros se sienten como reyes, camareros humanos les sirven e incluso beben en copas, lo mejor de todo es la programación de la tele del restaurante, desde Lassie a Rex pasando por Rin Tin Tin, héroes caninos de primer nivel.

Y rematamos con el nuevo furor japonés, que se extendió a las américas y ha llegado hasta Madrid, las Gatotecas, o los Cat Café. Un lugar donde pagas entrada y tienes derecho a una consumición y a adoptar a un gato un ratito… acariciarlo y darle de comer.

La idea viene de que en japón lo de tener mascotas en casa no es tan sencillo así que crearon estos lugares donde podías compartir un animalillo… Qué queréis que os diga, la idea de esos pobres bichos sobados y cebados a mí, me da que pensar. Todo sea por copar un nicho de mercado… y arañar unos clientes. Mau!

Delima


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CABERNET… Vino y empanada. (Vigo)

Hoy en De Lima a Limón volvemos a una de nuestras minas de oro, el Casco Vello de Vigo. Nos vamos hasta a Calle Teófilo Llorente, atravesamos una pasarela de madera y llegamos a una puerta de hierro forjado verde. Dentro nos espera una terraza inmensa, cubierta por una parra y perfecta para el verano.

El interior del local tampoco se queda atrás, es grande y con paredes de piedra, las mesas son de madera y las tienes altas y bajas que no es lo mismo el momento taburete alto que el momento silla. Llevaos una chaqueta es un local donde prácticamente nunca hace calor, es más, la dueña siempre lleva un chaleco plumífero y eso que se está moviendo, con esto queda todo dicho.

El Cabernet es una vinoteca, tiene una carta de vinos amplia pero que tampoco marea, entre cuatro y cinco vinos de cada denominación de origen. Nosotros optamos por uno de Castilla La Mancha, el Pago Florentino (21 euros la botella), un tinto suave con bastante sabor a barrica entraba la mar de bien.

La carta de tapas es cortita y no le vendría mal un cambio de aires, al final los años van pasando y renovarse es una de las claves para no aburrir al personal. Lo que nunca, nunca deberían cambiar es la empanada de grelos y chorizo (5,20€) es espectacular! Y, la verdad es que encontrar una empanada buena en Galicia, por paradójico que parezca, no es cosa fácil. Siempre pecan de algo, o están muy aceitosas, o la masa parece bolla de pan, o está dura… o está reseca. Algún día haremos una entrada monográfica de empanadas, pero por ahora tomad nota, esta está buenísima.

Cabernet

Otra cosa que está buenísima es el pulpo a la brasa, si amiguitos, hay vida más allá del pulpo á feira y del pimentón y aquí lo bordan. Compran pulpos de 5 kilos con unos tentáculos que parecen los brazos del «chuachenager» y que sin embargo, no están nada duros. Ricos, ricos.

A parte de eso probamos el provolone con pisto, que estaba muy rico aunque nadaba en una cantidad de aceite exagerada. Que sí, que todo es cuestión de no comérselo pero… estarán en una competición para ver quién gasta más aceite en la ciudad o coleccionarán botellas de aceite vacías? Otra explicación no se nos ocurre.

Y por último el entrecot de buey a la plancha, viene fileteado y con un cachelo. Es perfecto para compartir y, quizá la opción más saludable de todas. Tiene días mejores y peores, a veces está más sabroso y otras está más nervioso pero siempre es una buena opción.

Los postres sí que no son nada recomendables, pedimos unas cañitas rellenas de crema de queso y naranja que sonaban de maravilla pero que estaban rellenas de sabor a sugus y una tarta de queso y arándanos, natosa e insípida. Si el cuerpo os pide algo dulce, terminad la comida con un chupito de crema de orujo y olvidáos de los postres. Por no tener, no tienen ni té y el café es un brebaje imbebible.

Habiendo tomado una botella de vino, café y postre la cuenta no llegó a 20 euros por cabeza. Bebiendo una copa y compartiendo unas tapas la cosa saldrá por unos 13 euros. Una opción muy asequible, rica y agradable que consigue que te olvides de lo desastres que son sirviendo, lo lentos que son para traer el postre y lo duro que es que siendo una de las tres únicas mesas que tienen llenas tarden veinte minutos en traerte la cuenta. La comida se lleva lima y media, el frío y lo demás le dan medio limón.

PD. Los woks no son una opción, a menos que por alguna razón seas adicto a los brotes de soja avinagrados que venden en botes.

 

http://www.vinotecacabernet.es/

Dirección: Rúa Teófilo Llorente, 29. Vigo

Teléfono:986 22 74 29


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EL ESTRAGÓN… una terraza que le da la vida. (Madrid)

Hace mucho tiempo que no vamos a un restaurante vegetariano, prácticamente, desde octubre del año pasado cuando fuimos al Granero de Lavapiés. Así que ya iba siendo hora de volver… El elegido es el Estragón en la Plaza de la Paja de Latina, justo enfrente del Cosaco.

Esta plaza tiene algo mágico, daría igual que nos dieran alfalfa para comer, sólo por estar sentados al solecito, refugiados del viento y sin coches pasando por el costado, comer vale la pena. Lo difícil de esa Plaza es levantarse… id a comer con tiempo o acabaréis con cara de pena pidiendo «cinco minutos más, cinco minutos más». Por dentro es una taberna «riquiña», de esas con manteles de cuadros y luz tenue que hacen que las fotos de la comida salgan horribles y que te entren ganas de agarrarle la mano a la persona que tienes enfrente.

Habíamos estado en el Estragón alguna vez comiendo de plato y recuerdo que los canelones nos habían gustado mucho, el pimiento relleno no, era una «arrozada» cargada de especias que no se acababa nunca. Eso sí, todo bien regado de queso y nata para darle contundencia. Las verduras no engordan, los restaurantes vegetarianos sí.

Esta vez probamos el menú del día que en terraza cuesta  12 euros, primero, segundo, bebida y postre. Ese solecito de primavera, sin necesidad de más, ya les vale una lima. Los primeros eran ensaladas y una crema caliente, que, la verdad es que no apetecía un pimiento y los segundos eran contundentes y a lo vegetariano. Esto de «a lo vegetariano» merece una explicación, es algo así como la capacidad de un cocinero vegetariano de incluir en cada plato todas las verduras que había en el mercado, sólo así puedes llegar a creaciones que incluyan en un mismo plato aros de cebolla, lombarda, calabacín rallado, zanahoria cruda y ensalada de legumbres… Es como el mal del buffet libre donde se combina de todo y nada encaja bien.

el estragon de lima

De primeros pedimos la ensalada Niza con eneldo que recordaba a Grecia, con queso feta y huevo cocido bastante sabrosa y rica si no fuera porque estaba hecha con lechuga iceberg… mucha verdura, mucha verdura y acaban haciendo ensalada con un balón de balonmano. Y la Ensalada Napolitana con salsa chantillí (a.k.a. mayonesa porque de la nata no se veía el rastro) con más lechuga iceberg… y sin nada de gracia.

De segundos había escalope de berenjena y pisto. Que era un bocadito de berenjena relleno de queso y empanado, rico y con queso infinito, de ese que si te descuidas llegas al otro lado de la plaza  con el trozo en la boca y el hilo no se ha roto acompañado de: 1 pisto, 2 pimientos del piquillo (seguimos sin estar en temporada), 3 lombarda cruda y 4. patatas fritas revenidas. Lease, un plato «a la vegetariana.» y un Arroz con verduras al curry, dulzón pero rico, con bastantes verduras, salsita y un arroz integral de ese que ejercita mandíbulas. Estoy convencida de que el arroz integral es uno de esos alimentos con calorías negativas, gastas más en masticarlo que lo que te comes.

De postre probamos el yogur casero con miel, y la verdad es que valía la pena. La mujer que nos atendió era simpática y la comida era… pues lo que os hemos contado, comestible e incluso algunas cosas, rica. De plato se lleva lima y media, de menú… se queda con la lima que le da la terraza y la vida.


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LA OTRA CASA… menú de autor en Lavapiés. (Madrid)

Coged vuestras agendas limoneras y haced hueco, porque hoy os traemos un sitio que, realmente, vale la pena visitar. Se llama La Otra Casa y se esconde en la calle Olivar, en pleno barrio de Lavapiés. Un local de productos de temporada, muy buena calidad, bien trabajados y, encima, a buen precio. Para qué queremos más.

La calle Olivar es pura cuesta, siempre es una ventaja, si vienes con hambre te apeas en Tirso de Molina y sólo hay que bajar y si has desayunado demasiado, todo es cuestión de bajarte en Lavapiés y subir la cuesta. Lo importante es llegar a La Otra Casa con ganas de comer, todo tiene tan buena pinta y está tan rico que una vez que empiezas te entran ganas de probarlo todo.

El local es mono, tiene las paredes llenas de cuadros, tan llenas que no cabría ni una foto carnet más. Los manteles son de tela, de esos que hacen que te sientas un poco como en casa, y de fondo suena Jazz. Es un sitio tranquilo, donde se puede hablar y con las mesas suficientemente separadas como para que el de al lado no participe de tu conversación.

La carta tiene unos veinte platos que van desde los cuatro euros a los 15. Los dividen en aperitivos, primeros, principales y postres y para hacernos la vida más fácil tienen una opción donde por tres platos por 16,50€ (o 19,50€ con postre) tú te configuras el menú a tu gusto. Y eso fue lo que hicimos.

De aperitivos probamos el Cebiche mixto, de pulpo, chipirón y piña que estaba riquísimo. Es un plato sin demasiada buena pinta, (no estamos acostumbrados a comer cosas blancuchas y rosas), pero que bien hecho es una delicia. y las Papas rellenas de morcilla, pasas, ají y alioli, muy curiosas y muy ricas. No os diremos más para no estropearos la sorpresa.

De primeros optamos por la menestra de verduras, que no defraudó, verduras de temporada, frescas, al dente y guisadas con pimentón… muy muy buenas. Y la Ensalada burratina con frutos rojos,  no llegaba a burrata, pero tampoco lo prometían, una versión de la ensalada caprese sin tomates cherrys y con fresas, original y muy buena.

Y por último los principales, la hamburguesa de rabo de buey estaba deliciosa. Era contundente y aún así hubiera sido capaz de comerme otras dos de pura gula. No os vayáis de este sitio sin probarla. Y el fish and chips de bacalao donde llegó la única pega de la comida… el bacalao estaba perfecto, bien desalado, se deshojaba, frito como en tempura… maravilloso, pero las patatas debían de llevar fritas desde las 8 de la mañana. Cómo puedes estropear una comida tan, tan, tan, tan rica con esas patatas!!!!

Religión patatera al margen, la comida por calidad y precio es de dos limas y media, el local es super agradable, la camarera es muy maja, el servicio es rápido, todo está rico y logran hacer con los productos de siempre algo diferente. Sin embargo, la patata revenida les cuesta medio limón.

LA OTRA CASA: Calle del Olivar, 6. Madrid.


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Los mejores Mexicanos del año limonero.

En De Lima a Limón, seguimos buscando el #MMM, el Mejor Mexicano de Madrid, (una de nuestras secciones con más seguidores) y, aunque todavía no hemos encontrado uno que merezca el título, va siendo hora de hacer un recopilatorio de los mejores mexicanos del año limonero. La cosa no es fácil, cada uno tiene sus peculiaridades, sus ventajas y sus inconvenientes pero… como lo nuestro son los retos, aquí va un resumen.

El primer puesto va para LA TAQUERÍA DEL ALAMILLO, probablemente, uno de los mexicanos más auténticos de todo Madrid. Un lugar donde todo está rico, los platos saben diferente unos de otros y, además, tiene una maravillosa terracita para el verano. Ya vayas al clásico, o al nuevo que han abierto un par de manzanas y un cuestón más arriba, siempre está lleno, así que reservar es una obligación. Para que no os llevéis un fiasco, ya os lo anticipamos, el servicio es un desastre, pero las tostadas de tinga y, sobre todo, los mojalcates lo compensan.

Plaza del Alamillo, 8. Madrid

El segundo puesto y muy reñido con el primero va para TEPIC. Un mexicano modernillo y mono en medio de Chueca, quizá el más caro de toda la lista pero sin llegar a ser una ruina (unos 25 euros por cabeza).  Es perfecto para un día pijo… la comida mexicana no tiene por qué ir acompañada de fotos del Comandante Pancho Villa. Su especialidad son los tacos pastor aunque todo está rico… las milhojas con helado de vanilla son dignas de un marco.

C/Pelayo, 4

tepicdelima

El tercer puesto se lo gana la HERRADURA, con su menú del día de 10 euros. Probablemente, el mejor menú del día mexicano de Madrid y por sólo 10 euros. Escondido en una callejuela de Conde Duque el único truco que tiene es no ir un lunes, porque el menú es muy flojito. La cochinita pibil es deliciosa y las flautas suizas no se quedan atrás.

Calle Montserrat 32

El cuarto lugar va para la TAQUERÍA MI CIUDAD, dos locales chiquititos cerca de Ópera que sirven tacos en versión comida callejera al más puro estilo Mexicano. Son la alternativa perfecta a cualquier comida rápida, olvidaos de kebabs y hamburguesas de burrikin, pedid una michelada y un par de tacos por persona y saldréis felices. El de chicharrones con salsa verde es mi favorito y los frijoles refritos están buenísimos. En cuanto al precio, los tacos cuestan son baratos, 1,50€ pero las cervezas son de oro, una Coronita 4€… algo malo tenían que tener.

Calle Fuentes, 11. Madrid.

taqueria-mi-ciudad

El quinto puesto se lo lleva EL TIO TACO, un local pequeñito cerquita de Marqués de Viana por el que no se daría un duro y que al final resulta sorprendente. El ceviche mexicano les sale buenísimo y los tacos «mexicanos» no se quedan atrás, rellenos de pollo y chorizo con tortilla de trigo tostadita. No es el mejor mexicano de Madrid, ni mucho menos, pero si andáis por la zona es una opción perfecta para quitaros el antojo y que se llevaría lima y media.

Calle Azucena, 53.

El tio taco

El último puesto va para DON EMILIANO… y el ejército de Pancho Villa. Nuestra visita fue un poco desilusionante, hay platos con mucho sabor y otros que no saben a nada. Sin embargo, hay que reconocerles su punto fuerte, la coctelería nocturna. Si estáis por la zona de Huertas y buscáis una opción no invadida por turisteo un par de margaritas y unos tacos aquí pueden ser una muy buena opción.

 C/ Santa María, 39. Madrid.

Y como bonus-track LA MALQUERIDA, en la calle Ferraz. Daikiris y margaritas, unas raciones de nachos de lo más decentes, buena música y un sorprendente y permanente buen ambiente que le valieron dos limas en su momento. Otro de esos locales que siempre, siempre está lleno y un clásico para la celebración de cumpleaños.

Calle de Luisa Fernanda, 27.


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Tres tabernas de toda la vida: Quesos, navajas y tortilla. (Madrid)

Hoy visitamos tres sitios muy distintos pero con muchas cosas importantes en común. Los tres son «Casas» y te hacen sentir como tal, son tres tabernas de toda la vida capaces de transportarte a otra época. Los tres basan su éxito en el producto, carta cortita, especialidad muy definida y de muy muy buena calidad. Y, la más importante y consecuencia de las anteriores, poseen el secreto de la eterna juventud. Una vez que los has visitado, entiendes por qué.

Arrancamos ruta en el Casa Gerardo, un almacén de vinos y quesos en la» zona pobre» del barrio de la Latina. Abrió allá por el 1920 y lleva regentado por la misma familia desde los años 50, así que algo de experiencia se les presupone. El rótulo de la entrada incita a cualquier cosa menos a entrar, no le hagáis caso a vuestros instintos, pese a que lo parezca, no es un bar de mala muerte con vino malo y bebedores asiduos con palillo en los dientes.

En Casa Gerardo hay que beber vino y comer queso, o en raciones o en tostas. Si tenéis suerte, como nosotros tuvimos, y os pillan las Jornadas del queso artesanal que montan de vez en cuando la Casa se convierte en el Paraíso. Si eres un apasionado quesero habla con el dueño,  te recomendará unos quesos buenísimos, te contará su historia, de dónde los ha traído y, si te descuidas, cómo se llamaban las ovejas. Un lugar con encanto, con una variedad de quesos maravillosa, vinos buenos y por unos diez euros por cabeza se llevan dos limas.

Calle Calatrava, 21.

Casa Gerardo de lima

Nos subimos al barrio del Rastro y vamos hasta la Casa de las Navajas, un clásico de la Plaza del Cascorro y los domingos. También conocido por Bar Cruz. Un bar sesentero, con barra de acero inoxidable, camareros de camisa blanca, gente, gente y más gente y gritos, gritos y más gritos. El lugar es rápido y se pide como toda la vida… UNA DE NAVAJAAAAAAS, UNA DE BERBERECHOOOOOOOS, UNA DE BRAVAAAAAAS. (Aaaay las bravas, si es que tienen un nombre que incita a ser berreado).

La docena de navajas cuesta diez euros y están buenísimas, palabra de gallega. Salen raciones como churros así que os garantizo que frescas son. Las bravas no están nada mal y los berberechos están bien buenos. Una alternativa a la fritanga en el formato vermut /picoteo/comida que se lleva lima y media.

Calle Maldonadas, 2.

LaCasadelasNavajas

Y por último nos vamos subimos hacia Argüelles, cambiamos de barrio pero no de concepto y llegamos hasta el Casa Paco, un bar de tooooda la vida especializado en tortillas y flanes (cosas con huevo), bueno, y croquetoncios.

Hay tortilla de casi todo (que no rellena de casi todo), por encargo hasta te la hacen de nocilla. Los pinchos cuestan 2,50€, son grandes y están a cual más rica, la de solomillo, cebolla y parmesano está deliciosa y la de salmón ahumado no se queda atrás. Las croquetas tienen sus días, pero la de cocido no suele fallar, enormes, rellenas y cremosas. El flan de queso está delicioso. Habiendo comido, probado de todo e incluso con postre, el tema sale a unos 8 euros por cabeza. Ideal para ir en grupo y arrasar con todas las especialidades. Otra lima y media.

Calle Altamirano, 38.


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Baobab… de Senegal a Madrid.

«Es cuestión de disciplina, me decía más tarde el principito. Después de terminar la higiene matinal, hay que hacer con cuidado la limpieza del planeta. Hay que obligarse regularmente a arrancar los baobabs en cuanto se los distingue de los rosales, a los que se parecen mucho cuando son muy jóvenes. Es un trabajo muy fastidioso, pero muy fácil.« El Principito – Antoine de Saint-Exupéry.

baobabs-principito

 

Los Baobabs son unos árboles inmensos que crecen en Áfica, parte de Australia y en el asteroide B612, que como es mundialmente conocido, es el asteroide donde vive el Principito. Dicen que pueden llegar a vivir hasta 4.000 años, sólo tienen hojas en verano y no dan grandes frutos pero tienen una cualidad que les hace muy valiosos, son depósitos de agua naturales. Dentro de un buen baobab puedes llegar a encontrar más de seis mil litros de agua. Esto, en África, os podéis imaginar lo que significa.

Senegal es tierra de Baobabs, tanto es así que es su símbolo y un árbol sagrado. Quizá por eso, sea el nombre más apropiado para un restaurante senegalés en Madrid.

El Baobab está en Lavapiés y tiene, sin exagerar, una de las mejores terrazas de todo Madrid: enorme, soleada, tranquila y con precios económicos. El restaurante en sí es extremadamente cutre, está al nivel de un chamizo de cuadrilla: una barra, unas mesas y una escoba pero la comida es sorprendente y vale la pena probarla.

Senegal es un país de mayoría islámica y eso en la comida se nota. No verás cerdo y la comida tiene un punto arabesco (cuscus, la forma de tratar las verduras…). Es un país con mar, lo que hace que se lleven bien con el pescado, por lo demás, mucho arroz y muchas especias.

El restaurante está muy cerca del Rastro por lo que su día fuerte es el domingo. Si hace bueno, todavía peor. Id muy pronto, las colas que se montan para coger mesa superan, fácilmente, la hora y media. Cuando fuimos nosotros eran las dos y nos tocó paparnos 5o minutos de cola y lo peor no es eso… lo peor es que los platos se van acabando y te quedas sin probar un montón de cosas ricas.

Baobabdelima

En la carta tienen unos zumos naturales de ibisco y de baobab con muy muy buena pinta, que no les quedaban y de los diez platos (entre 7 y 8 euros) que tienen, sólo había disponibles cuatro y ni el pescado ni el cuscus estaba dentro de ellos. Así que optamos por un Thiebu Vegetal, que es arroz senegales (con un grano muy chiquitito y muy aromático) con verduras (que venían en formato tahine) Calabaza, berenjena y col muy pochadita. Resulta ser un plato rojizo, aceitosillo y con ese picante sutil que se acaba acumulando cuando te has terminado el plato. Y un Yassa, arroz blanco con pollo en salsa de cebolla. Un guisote ácido, dulce y agrio a partes iguales, con unos buenos trozos de pollo, aceitunas, pepinillos y mucha cebolla. Sorprendente y rico.

La comida está muy buena, pero sacia y las raciones son inmensas… con dos platos comen tres sin ningún apuro. No es para ir todos los domingos aunque es perfecto para ir un par de veces al año. Una opción diferente, rica y barata (unos diez euros por persona) perfecta para ir en grupo y en terraza se merece una lima y media. El hecho de que se les hubieran acabado tantos platos y, sobre todo, los zumos, les cuesta medio limón.

BAOBAB: Calle de los Cabestreros, 1. Madrid

Teléfono: 915 27 27 32

 

 


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Cinco restaurantes italianos del primer año limonero.

Hoy en De Lima a Limón empezamos con una ronda recopilatoria de entradas y de restaurantes limoneados que, por algún motivo, no llegaron a tener su espacio propio. Estrenamos sección con uno de nuestros favoritos, el gremio de los restaurantes italianos… Aquí van nuestros cinco italianos del primer año limonero.

El primer puesto se lo lleva el NON SOLO CAFFE... En su día le dimos dos limas y, unas cuantas visitas después, no se las quitamos. Las materias primas que utilizan son de primera calidad y las recetas que preparan son super elaboradas y, sobre todo y más importante, están tremendamente ricas. Su menú del día, aunque un poco caro, es uno de nuestros favoritos. Para no perdérselo!

C/ Ríos Rosas, 52. Madrid.

nonsolocafedelima

En el segundo puesto y compitiendo muy mucho con el primero está la ACCADEMIA DEL GUSTO… Otro italiano de dos limas. Su punto fuerte son los quesos y nuestra parte favorita el buffet de entrantes que te ponen como primero en su menú del día. Es un sitio original, con personalidad y con un buen proyecto detrás pero el hecho de que sólo haya un único plato de pasta cada día lo relega a la segunda posición. Muy visitable en todo caso.

C/ Cristobal Bordiú, 55. Madrid.

accademiadelima

En tercer lugar se sitúa IL PASTAIO... Un restaurante con un magnífico menú del día que también tiene tienda. Su pasta es de las mejores de Madrid pero, al contrario que el Non solo Caffe, apuestan por recetas sencillas en las que incluyen cosas tan horrendas como fiambre de pechuga de pavo. En su momento se llevaron lima y media más medio limón porque no es normal que a la hora y media de haber comido allí el cuerpo te pida merendar. No os olvidéis de reservar… se pone de bote en bote.

C/ Ríos Rosas, 49. Madrid.

ilPastaiodeLima

El cuarto lugar es para LA NONNA… Un italiano chiquitillo y familiar por la zona de Cuzco. La Mamma ronda por las mesas y toma nota, hay que estar vivo… como te descuides elige ella por ti. Tanto las pastas como las pizzas son caseras y están muy ricas, aunque suelen abusar un poco de la sal. Se cotizan bien, la cuenta sale a unos 30 euros por barba y aunque rico y casero… un menú del día no les vendría mal.

C/ Profesor Waksman, 8. Madrid

LaNonnadelima

 

Y el quinto lugar es para el ANEMA E CORE… un restaurante muy mono escondido en una callejuela cerca de Ópera. La comida (con excepción de la pizza de boletus que estaba muy aguada) está rica. Tienen menú del día aunque suele ser poco apetecible… No porque no vaya a estar rico, sino porque no es lo que esperas de un italiano. En todo caso, en el centro de Madrid en una de las mejores opciones italianeras.

C/ de los Donados, 2. Madrid.

AnemaeCoredelima


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Buscando el #Mejor Cocido de Madrid (2ª parte)

Esto de buscar cocidos tiene su complejidad, es uno de esos mundos donde el universo se divide en dos: los cocidos en menú del día y los menús de cocidos. En los primeros la broma ronda los 10 euros (excepto en el Por fin que está en 7) y en los menús de cocido (como en la Taberna de Daniela) donde es difícil que el plato, sólo el plato, baje de 25 euros. Confieso que esa diferencia me duele, es verdad que la materia prima es mejor, que el servicio será más remilgado, que hay más cabezas de toros en las paredes… pero, me cuesta.

Hoy hacemos una entrada conjunta y hablamos de dos sitios de cocido madrileño clásicos: Los Galayos y la Gran Tasca.

Los Galayos está en un lateral de la Plaza Mayor, probablemente, si no fuera porque está dentro de La Ruta del Cocido ( que acabó el 31 de marzo) nunca hubiéramos llegado a él. Ya sabéis lo que pasa con estas ubicaciones tan céntricas, muchas veces no se sabe si suman o restan…

El local es inmenso, con un toque clásico pero sin ser demasiado rancio. Tienen una terraza cubierta con una lona, una barra generosa y un par de salones aún más grandes. Hacerte con la cara de los camareros roza lo imposible, son un montón y están tan bien coordinados que uno se lleva el plato, medio minuto después tienes uno limpio sobre el mantel y no sabes si ha sido el mismo u otro.

El cocido estaba rico, pero era escaso… y que un cocido sea escaso es un pecado mortal,cuando uno va a comer este plato, inevitablemente, se ve poseído por el espíritu de Obelix… La sopa viene servida en un cuenco, está muy rica, pero echas de menos la sopera en el centro, la carne y los garbanzos los sirven en una olla de barro, perfecta para mantener el calor y subir la expectación… el fiasco viene cuando la abres y ves que hay un minitrocito de cada cosa para cada uno. Esto de que el chorizo tenga el grosor de un dedo me mata.

El servicio, las aceitunas y las guindillas, el orujo con albaricoques del final y la buenísima pinta que tenía el menú especial de cochinillo (30€) de la mesa de al lado les vale una lima, el cocido se lleva un limón.

Los Galayos

La Gran Tasca es otro de los clásicos, está muy cerquita de Cuatro Caminos y es un local rancio a más no poder. Las paredes están llenas de cabezas de toro, banderillas, y fotos de famosos firmadas entre los que destaca Alfredo Landa. Eso sí, permiten sobremesas tranquilas hasta las 6 de la tarde, lo cual es un punto. El Cocido (25€) es infinitamente mejor que el de los Galayos, de hecho, si no fuera porque vino frío y los fideos de la sopa estaban blandurrios sería realmente espectacular.

Cuando el camarero trajo la bandeja del cocido (75 cm de largo para tres personas) lo definió a la perfección, «aquí lo único que hay pequeño soy yo, hasta cuando traemos el chupito dejamos la botella.» Esta gente sí que ha entendido bien el Momento Obelix.

El plato trae de todo, costilla, morcilla, morcilla de cebolla, un buen trozo de chorizo, jarrete, gallina… Buena dosis de garbanzos, patatas buenas y zanahoria en su punto… ya os digo que la única pena es que venía templado y al segundo trozo, el tema estaba más frío de lo que nos gustaría. Un cocido de dos limas y una siesta que se queda en lima y media. Irremediablemente… habrá que seguir buscando.

La Gran Tasca


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Escapada limonera… destino Olite.

Cuando improvisas una escapada de cuatro días a Pamplona desde Vigo y teniendo en cuenta que dos de ellos se van en la ida y la vuelta, las cuarenta y ocho horas restantes están organizadas al segundo.
Después de haber escudriñado de arriba a abajo la calle Estafeta y casi todas sus adyacentes en Pamplona, probando pinchos y más pinchos, quisimos visitar alguna localidad cercana que nos permitiera probar la comida navarra más tradicional. Elegimos irnos a Olite, a tan sólo a cuarenta y dos kilómetros de Pamplona y visitar uno de los monumentos nacionales mejor conservados de nuestro gótico español, el Palacio Real de Olite, perteneciente a los Reyes Navarros antes de anexionarse al Reino de Castilla, allá por 1522.
Su buen estado de conservación y las coherentes restauraciones que se han llevado a cabo, hacen que trasladarse al medievo e imaginar cómo era la vida en palacio, no suponga mucho esfuerzo. Sin embargo, y me ha resultado muy curioso, que a pesar del mimo y cuidado que han puesto en las rehabilitaciones de todo el palacio, no hayan dedicado ni una de sus abundantes salas a exponer mobiliario o demás elementos decorativos de la época.
Desde sus torres almenadas se puede disfrutar de impresionantes vistas de los viñedos de toda la localidad y su enorme «nevera» con forma ahuevada en la parte trasera del palacio, construida para almacenar la nieve necesaria para la conservación de los alimentos.
Para visitar el palacio, hay que adentrarse en el interior del recinto amurallado, de origen romano y allí, en la calle Mayor, está el restaurante del que hoy os vamos a hablar.
La carta de este mesón, tranquilo, clásico y familiar, no es muy extensa y nada original, la verdad. Casi una docena de platos combinados, varios tipos de ensaladas, unos bocatas y raciones, que se pueden contar con los dedos de las manos. Pero la recomendación de quienes nos hicieron de guías por tierras navarras nos animó a visitarlo y probar su nada desdeñable menú del día.
Se podía elegir entre cinco primeros, cinco segundos, incluyéndose la bebida (agua o vino de la zona) y postres caseros. Todo ello por 10 € por persona.
Olite delima
De los primeros nos decantamos por probar:
– Unas contundentes lentejas -plato de puchero muy de agradecer dado el frío que hacía- con chorizo, ternera y tocino. Estaban muy sabrosas y bien cocidas, lo que es de agradecer por eso de no encontrar lentejas reventadas de tanta cocción.
Canelones de carne con bechamel (hecha por ellos y no de bote) gratinados con una mezcla de quesos poco habitual (queso cheddar en su gran mayoría) pero que le daba un gustillo y apariencia diferente.
Ensalada tibia de gulas. Si no fuera que la atiborraron de lechuga iceberg en lugar de presentarla en hojas de endibia de la zona y la espolvorearon con cebolla crujiente se llevaría un sobresaliente en toda regla. Una pequeña decepción, sí, pero aún así, ha merecido la pena probarla.
– Y menestra de verduras. La sorpresa llegó cuando nos la sirvieron. ¿Qué hace el crujiente de cebolla otra vez ahí? ¡¿Verduras congeladas?! ¡¿No se supone que Navarra es la huerta de España?! Quién la pidió se esperaba unas verduras de la zona cocidas, acompañadas por unas patatas, cuartos de huevo duro y aderezadas con un poco de aceite de oliva y sal. El chasco fue monumental por que no se esperaba ese guiso de verduras con intenso sabor a tomate.
De los segundos, casi todos elegimos:
Lomos de bonito guisado. Quienes lo probaron coincidieron unánimemente que la textura del pescado era muy jugosa y sabrosa.
– Y carrilleras de ternera guisadas que estaban muy limpias de sus múltiples nervios gelatinosos, suculentas y muy, pero que muy tiernas. Se deshacían en la boca como si fueran agua. Si no estuvieran acompañadas por ese tipo de patatas… ¡ay, ya sabéis que opino de ese tipo de patatas!
Y de los postres destacar:
– El flan de huevo hecho al horno, de sabor suave y sutilmente dulce
– Y el arroz con leche que estaba muy cremoso y con cierta tibieza aún en su interior.
El camarero que nos atendió estuvo muy pendiente de que no les faltase de nada a los tres niños pequeños que nos acompañaban. De hecho fueron a los que primero sirvieron. El servicio fue ejemplar y entre plato y plato apenas tuvimos que esperar.
Teniendo en cuenta que la carta no es muy original pero la amplia variedad que ofrece su menú del día, le concedemos una lima y media y otra media, indudablemente, por estar muy, muy cerquita de un palacio digno de visitar.
Restaurante La Muralla c/ Mayor nº 31, Olite, Navarra