De Lima a Limón

Crítica – cítrica


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Calçots… de Cataluña a Madrid.

En el capítulo de hoy empezamos con una sección titulada: #yoconfiesoque, inaugurandola yo ya que nunca antes había comido calçots y no tiene perdón. La semana pasada junto con las chicas de A salvo del Olvido, nos acercamos a Hoyo de Manzanares a remediarlo.

 Calsot es un restaurante en la sierra madrileña, a 30 minutos de la capital que bien merece una visita. El restaurante fue ampliado hace poco y allí incluyeron una terraza cerrada donde nos ubicaron, concretamente, en unas mesas largas con bancos que la recorre entera.

Tiene una carta variada, pero nosotros habíamos reservado con una Calsotada ( para 2 personas) que traía para empezar una Ensalada Calsot (vamos una ensalada mixta de toda la vida que nos entusiasmó mucho) y una Tostada de pan con tomate y embutidos que nos entretuvo hasta que llegaron los protagonistas de nuestro almuerzo:  la Ración de calçots.

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La ración contenía 12 unidades y realizamos el ritual como manda la tradición: nos pusimos el babero, pelamos los calçots con las manos, lo pringamos en la salsa romesco y… a comer!riquísimos!

Yo era la primera vez que los comía pero las chicas de A salvo del Olvido, comentaban que estaban bien hechos y ricos, bien carbonizados por fuera y blanditos por dentro, presentados sobre una teja y envueltos en papel de periódico para que no perdieran calor.  A mi me parecieron una delicia, es una mezcla de sabores entre el puerro y la cebolla pero más delicado. Todo un descubrimiento.

El menú tenia después un combinado de carnes que incluían butifarra blanca, butifarra negra, conejo a la brasa, chuletas de cordero y Pollo Calsot, que estaban bien, pero que no superaban a los calçots ni en broma.

Y para terminar cerrar este almuerzo al más puro estilo catalán, nos tomamos uno de sus postres tradicionales: la crema catalana, muy buena por cierto.

La Calsotada costaba 19,50€ por persona pero no incluía ni las bebidas ni los postres, por lo que al final nos salió un poco más caro, 30€ por persona.

En resumen, un gran descubrimiento de temporada, que bien merece las 2 limas.

Calsot:  Avda. de la Paloma 36. Hoyo de Manzanares (Madrid)

Telefono: 91 856 95 75

www.calsot.com


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STREETXO… Tres limas de comida callejera en ocasión especial.

Hay tipos que caen bien a primera vista, David Muñoz es uno de ellos. Meterse en el mundo de las pijérrimas estrellas Michelín con cresta, pendientes y echando la lengua tiene su mérito y hacerlo tres veces ni os cuento. Su energía, sus ganas de trabajar, de romper moldes, de disfrutar, de comerse el mundo se notan a leguas y sobre todo y lo más importante, se transmiten. Hoy limoneamos el hermano callejero del DiverXo, el StreetXo y no podemos estar más exultantes.

La primera vez que escuché que estaba en la 9ª planta del Corte Inglés de Callao (el universo de la tienda viejuna y los techos bajos) no daba crédito y la verdad es que por muchas fotos que te enseñen, hasta que lo ves en persona, no te haces a la idea de lo que allí se esconde. El Espacio Gourmet es un lugar que vale la pena visitar, incluso de turismo o para tomar un café, las vistas nocturnas de Callao y la Gran Vía enamoran a cualquiera y la oferta gastronómica es espectacular.

StreetXo es una barra roja con forma cuadrada, en el centro seis cocineros, elegidos a la imagen y semejanza de David, crean arte en tiempo real. Imaginaos cómo será la comida para que no te importe que se sirva en papel encerado, los cubiertos sean de plástico (algo bastante inasumible), la música esté a todo volumen y se coma, en la mayoría de los casos, de pie entre codazos.

StreetXo

Pese a las prisas nada impide que los cocineros, encantadores se giren y te cuenten a una velocidad supersónica qué es lo que vas a comer, cómo va cocinado y cómo se come… generalmente con la manos y chupándose los dedos.

Después de darle muchas vueltas a la carta donde nada tiene especial buena pinta pero todo esta megabuenísimo, probamos la caballa a la brasa Yozu-Miso (12€). Bonito ahumado y cebolla encurtida. Los lomos estaban hechos en el fuego del wok y la mezcla con las huevas de trucha, el ácido-agrio del Yozu-Miso y el toque de la cebolla encurtida era explosivamente buena. El Bonito ahumado servido en lascas finísimas cual si fuera boniato merece mención aparte.

Probamos un Ramen agripicante de pata negra, yema de corral y pimentón de la vera (13€). Una montañita de noodles con yema de huevo forrada con cabeza de jabalí, con cilantro y bañada en un caldito de pata negra con un toque de kimchi que había que deshacer y comer en modo sopa con tropezones como buenamente se pudiera. Quizá lo que menos nos gustó y lo que no recomendaría pero delicioso en todo caso.

La Navajas al humo de aceite de oliva y carbón. Ponzu de shiso y crema de coco (6€) eran lo más rico que he probado nunca, esa noche soñé con ellas y no descarto pedirles matrimonio.

Y por último quizá lo mejor, los Dumpling pekinés. Oreja confitada y hoisín de fresas. Alioli y pepinillo (10,50€) . Madre de dios! Menos mal que no me gusta demasiado la oreja porque sino aún no habría salido de aquel lugar. Lo malo de los dumplings es que crean adicción ya os lo advierto.

Habiendo bebido vino (4€ la copa) la cuenta salió a 28 euros por cabeza.  No es barato pero tampoco es ninguna locura, los platos dan para comer, los sabores son muy intensos y lo más importante es que no sólo comes sino que disfrutas de un espectáculo gastronómico sin comparación. Ese día el plan es ir a cenar y el show es de tres limas.

Consejo limonero: Allí no se reserva así que id pronto y a ser posible, entre semana. La oreja sí pero los codos no le quedan de todo bien a los dumplings pekineses.


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TAQUERÍA MI CIUDAD… comida callejera mexicana en Madrid.

La búsqueda del #MMM no nos da nada más que alegrías, en breve nos quedaremos sin excusa, sacaremos conclusiones y escribiremos un post en formato de lista de esos que tantísimo se llevan ahora, entremedias seguiremos informando sufridamente entre tacos, enchiladas y micheladas.

Hoy nos escapamos hasta la Taquería Mi Ciudad, a un paso de la Plaza Mayor y del frecuentado Mercado de San Miguel. En concreto, a su local en Hileras que aunque tiene un poquito menos de encanto que el de Fuentes pero que tiene mesas y a la hora de comer es una ventaja reseñable.

Las taquerías son los puestos de comida callejera por excelencia en México. Algo así como las tiendas de bocatas mexicanas, comida rápida pero de calidad, variada y llenísima de sabor. Si en algún momento estás por el centro de Madrid y estás tentado de acabar en el 100 Montaditos, dale una oportunidad a esta taquería gastarás lo mismo y descubrirás un mundo nuevo.

La carta es sugerente, todos apetecen. Los precios de la comida son muy asequibles, hay un montón de tacos por 1,50€ eso sí, con el precio de la cerveza se pasan un poco 4 euros por una Coronita roza la usura. Nada más llegar te traen un cuenco con cebolla morada con lima picantita, el acompañamiento perfecto para los tacos, pero no caigáis en la tentación de probarla sola, os beberéis la cerveza de un trago y está a precio de oro. Las dos salsas rojas que ponen son caseras y están muy buenas, sobre todo, la de cilantro.

Taqueria mi ciudad

Es verdad que tienen menú por 11 euros, incluso en fin de semana pero… en una taquería, hay que comer tacos. Y eso hicimos, de entrada uno de cochinita pibil, bueno, pero nada comparable con la Cochinita de La Herradura , uno de chicharrón en salsa verde, muy típico y rico rico y un taco placero de corteza de cerdo guacamole y nopales picantito pero rico. Y un pollo con mole poblano bueno pero algo irrelevante.

La quesadilla poblana en tortilla de trigo no la recomiendo, del montón tirando a malilla. Los frijoles refritos con tacos dorados fueron una sorpresa… buscábamos un acompañamiento y acabaron siendo un plato delicioso. Y por último la Gringa (5,50€) de pastor, piña, cebolla, cilantro y queso fundido, quizá lo más rico de todo… aunque el precio volvía a ser un poco mucho. La Michelada estaba muy buena, aunque no hacía el calor que requiere ese cóctel de cerveza helada y picante.

Por 15 euros por persona, comimos muy bien, de hecho casi ni cenamos, la comida mexicana es sana pero contundente, pero cometían un pecado habitual en ciertos mexicanos… prácticamente todo sabe igual y con los ojos cerrados cuesta distinguir qué es lo que estás comiendo.

La Taquería de Mi Ciudad no es el Mejor Mexicano de Madrid pero tiene su punto y como opción de picoteo se queda muy cerca de las dos limas, si moderasen un poco los precios de las bebidas las conseguirían, por ahora no pasan de la lima y media.

Inicio

TAQUERÍA MI CIUDAD: Calle Fuentes, 11. Madrid.


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DON LAY… Un chino, chino en el Paseo de Extremadura. (Madrid)

El mundo de los restaurantes chinos es un universo a explorar. Referentes limoneros como El Comidista  han hablado de la diferencia entre los chinos y los chinos chinos (la versión auténtica donde se comen cosas que va más allá del rollito de primavera y muchos de los comensales tienen los ojos rasgados y no comparten suegra con el de la cocina). Hoy limoneamos un chino chino de los más famosos de Madrid, el Don Lay.

Don Lay está al otro lado del Río, suena lejos pero está a menos de 15 minutos paseando de Príncipe Pío y en una de esas escasas zonas de resistencia de Madrid donde el aparcamiento todavía es libre y a la hora de la sobremesa no tienes que preocuparte por salir a alimentar el parquímetro.

Es un local inmenso, cuentan que unos 1.000 m2, sobrio (sin leones dorados en la puerta), con un ligero olor a rancio y sembrado de mesas de todos los tamaños, entre ellas redondas giratorias, ya sabéis, el sueño de los grupos de gente que nos gusta picotear de todos los platos. Los manteles son de tela y las inmensas servilletas también… un derroche de elegancia sólo a la altura de su autodefinición como Alta Cocina Cantonesa. Cuentan que es uno de los restaurantes chinos favoritos del Estrellado David Muñoz, es más, alguna vez celebraron aquí su cena de navidad, así que algo tendrá el agua cuando la bendicen.

A la hora de la comida tienen buffet libre por unos 11 euros. En De Lima a Limón nos somos muy «flanes» de los buffets libres… pero hay que reconocer que parece una opción interesante. Nosotros fuimos a la hora de cenar y aunque el menú degustación de 20€ por cabeza nos parecía muy buena opción porque pruebas casi todos los platos, optamos por la opción responsable y por evitar las pesadillas en forma de din sum mutante y elegimos un par de platos de la carta para probar sin atiborrarnos.

Los dumplings de este sitio tienen fama, por ser caseros y por estar bien rellenos, así que pedimos unas empanadillas de carne vaporizadas y a la plancha que se les habían agotado, como sustituto optamos por las de gamba sin planchar (4,80€). Venían en su cestita de bambú, humeantes sobre una plancha de papel albal algo prescindible. Estaban deliciosas y efectivamente, super rellenas. Eso sí, la salsa de soja para mojarlas hubo que pedírsela.

El Fideo de arroz frito con curry (8€) tampoco se quedaba atrás, estaban duritos y bastante acompañados, gambones, setas, tortilla, trozos de panceta carbonizada… la ración era abundante. Y por último unas costillas asadas con salsa de ajo agripicante que fueron un poco decepción, eran fritas y grasosas y la salsa era, realmente, un adobo. Si nos hubieran vendido zorza china hubieran clavado la descripción.

De postre pedimos una leche de coco con tapioca que resultó ser una especie de sopa fría clarita con bolitas blancas gomosas. Suave y fresquita, perfecta para desengrasar las costillas.

La cena para dos más que suficiente, con un agua con gas la cuenta subió a 15€ por persona. Aunque más que para ir en pareja es un sitio ideal para ir en grupo, coger una de esas mesas redondas y probar absolutamente todo lo probable. En ese caso, se convertiría en un dos limas.

DON LAY: Paseo de Extremadura, 30. Madrid.


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Furanchos e meigas, habelas, hainas.

Queridos limoneros, se hace saber que en Galicia ha comenzado la temporada de Furanchos! Y muchos diréis… qué carallo es un «furancho«? Pues aquí va la respuesta a todas vuestras dudas.

Un furancho es un local de temporada donde «en teoría» se venden los excedentes del vino de las casas particulares. Sí, incluso a día de hoy, en el rural de Galicia es muy habitual que se produzca vino para autoconsumo, la época de la vendimia es temida porque todos los familiares (por muy lejanos que sean) son llamados a filas para deslomarse durante un fin de semana recogiendo las uvas antes de que la lluvia acabe con ellas. Incluso algunas familias han hecho de la necesidad virtud y han conseguido convertir la vendimia en una fiesta… pero eso es otra película.

La cuestión es que muchas veces se producía más de lo que se podía consumir y buena parte de ese vino, acababa convertido en vinagre. De ahí nacieron los «loureiros» unas casas particulares donde los amigos llevaban algo de comer y acababan con las reservas existentes. Para señalar la casa colocaban ramas de laurel (loureiro en gallego) y de ahí les vino su primer nombre.

Pero como todo en la vida, la cosa fue evolucionando, los que primero eran amigos, acabaron siendo los amigos de los amigos de los amigos y finalmente, fueron unos señores que «pasaban por allí». Y lo que al principio era que los amigos llevaban las viandas, se acabó convirtiendo en que los propietarios del vino acababan vendiendo los «excedentes» de los huevos de las gallinas de casa o de la matanza del cerdo. Ahí nacieron los furanchos.

En general los furanchos se esconden en los garajes, las paredes son de bloque de hormigón y el suelo suele ser de tierra, todo de lo más «enxebre» (una mezcla entre auténtico, cutre y castizo a partes iguales). Puede que comas en la mesa de formica de la cocina jubilada y que esté la ropa tendida a tu lado… pero lejos de espantar, la cosa tiene su encanto.

Supongo que a estas alturas ya os estaréis imaginando que esto de legal tiene poco. En realidad es alegal, por supuesto, Hacienda en casa de estos señores no ha entrado nunca y Sanidad.. quizá tampoco, pero lo compensan con aquello de que es «como en casa«. Esta competencia desleal a los hosteleros no les ha hecho nunca ninguna gracia, eso llevó a un intento de regulación por parte de la Xunta, que acabó siendo derogado en 2010. Son ciudad sin ley.

Eso sí, no penséis que todos son iguales, aquí también hay clases. Están los auténticos de toda la vida cutres hasta morir pero donde los huevos aún son de casa, la cocinera se confunde con tu abuela y los chorizos fritos son ma-ra-vi-llo-sos (aunque puedan estar repitiendote durante una semana) y los más profesionalizados que han perdido encanto, ya no venden su vino sino que le compran a todo el vecindario y el menú se amplía al churrasco, bacalao, calamares… y se ha llegado a ver incluso cupcakes. (verídico).

Lo que es común a todos ellos es el vino en cunca, la posibilidad de ponerte ciego por menos de 10 euros y el acabar cantando con señores de las mesas de al lado a los que no conoces de nada. Principalmente, esta canción.

Las principales zonas furancheiras están en las Rías Baixas y Redondela es su zona cero. La zona de Betanzos en A Coruña tampoco se queda atrás. Lo más difícil es localizarlos, suelen estar escondidos en medio de canicouvas (callejuelas estrechujis en medio de la nada) y las indicaciones que te pueden dar son poco menos complejas que las de un mapa del tesoro cifrado pero llegar tiene su recompensa. No conozco a nadie que haya ido un furancho y no haya disfrutado como un enano.

Si buscáis un turismo gastronómico auténtico, empezad a planificarlo, la temporada dura hasta junio.

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MyVeg… verduras frescas en Madrid

El placer de las verduras” con este eslogan te recibe el restaurante: myVeg. Y ese es su máxima, las verduras son las protagonistas de sus recetas y las acompañan con mar y campo. No pudimos resistir la tentación y allí nos presentamos.

MyVeg está en la Calle Valverde, 28 del Madrileño Barrio de Maravillas o ahora llamado Malasaña, cuando nada más entrar te encuentras un famoso comiendo allí gritas: este sitio esta de moda! En realidad todo Malasaña lo está. Tiene una decoración escasa y un ambiente minimalista que crea una atmósfera limpia, amplia y tranquila y eso me gusta. 

Nos sirven la carta de una manera peculiar, fijada a un cartón con una pinza, al principio piensas que es un poco cutre, pero que queréis que os diga, cuando le das la vuelta y ves que ese cartón es el de las cajas de vino que sirven, yo el reciclaje y las buenas ideas las premio.

Lo teníamos claro, veníamos a ”Limonear” y lo queríamos probar todo: El menú consta de 2 entrantes, 4 «verduras» que son como los primeros , 4 segundos y 2 postres en carta éramos dos y casi probamos el menú entero.

Empezamos pidiendo la bebida. Tienen una interesante la carta de vinos jóvenes, no muy comunes a buenos precios, pero que no están incluidos en el menú del día: error. Hecho que no impidió que pidiéramos para amenizar la comida un Jumilla de Syrah y Monastrel muy aromático y equilibrado, que apuntaremos para próximas comidas o por qué no, para alguna velada en casa: se trata de Las Hermanas de Bodegas Luzón.

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Ya preparados para el almuerzo llega la siguiente sorpresa: el pan. Viene envuelto en papel reciclado y trae dos porciones de pan blanco y pan integral. Mientras seguíamos comentando la sorpresa del pan llegó el aperitivo: un chupito de crema de puerro y los 2 entrantes: Pisto, pan y huevo y la Quiché de Setas y bacón que para ir abriendo boca no estaba mal.

Las verduras de primero no decepcionaron: la ensalada de setas, queso, tomate secos y cebolla frita me encantó por el contraste de sabores y texturas y la Escalibada de verduras asadas también demostraba la calidad de la materia prima y una excelente cocina.

Llegaron los segundos y a una enamorada del guacamole le tienes que hacer muy bien el aguacate y os puedo asegurar que el Tartar de aguacate, cebolleta y tomate que acompañaban a los Chipirones estaba espectacular. Sí y tampoco se quedaba atrás las Manitas de cerdo rellenas de berza e ibericos con salsa con Almendras. Aunque la textura cartilaginosa no puede gustar a todo el mundo, las manitas estaban deshuesadas y apenas se notaba esa textura.

Y para rematar 2 postres, una carrot cake con helado de chocolate blanco, nada fuera de lo normal y una crema casera de yogur con fresas en almíbar que me sorprendió por la suavidad de la crema, una delicia.

En fin, para resumir, fue un buen almuerzo, con comida de calidad y sabores auténticos, pero con porciones en los platos algo escasas y con un precio que para ser menú del día es algo caro: 15€. Por eso MyVeg se lleva 1 lima y media por la calidad de los alimentos y medio limón por el precio y la escasez en las raciones.

http://www.myveg.es/


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EL CIRCO DE LAS TAPAS… al que le crecieron los enanos (Madrid)

Coged vuestras gafas de pasta,  los pantalones más ajustados y coloridos que tengáis en el armario y una buena camisa de cuadros porque hoy volvemos a Malasaña, la zona cero del hipsterismo madrileño. Nos vamos a comer de menú (10,9€) hasta el Circo de las Tapas.

El Circo de las Tapas es un local con nombre sugerente y decoración vistosa escondido en el Tribal, concretamente en la Corredera Baja de San Pablo, una calle que resiste estoicamente los envites de la crisis, donde los locales están a reventar y el reservar una mesa aún tiene sentido. Por la noche las tapas tienen fama y nada hacía augurar la catástrofe limonera que se avecinaba al comer de menú. El local tiene varias salitas, una de ellas con forma de terraza interior, cómoda y perfecta para un té bullicioso.

La ambientación es de eso que han venido llamando kitch, vease, mesas de madera malpintadas de colores claritos, alacenas antiguas donde guardan los cubiertos, colorines y cosas (en genérico) colgadas de las paredes. El servicio es simpático, sobre todo la encargada una chica de peto vaquero y sonrisa resplandeciente que apaña como puede los desaguisados que van surgiendo. delimacirco De menú teníamos champiñones rellenos de jamón, que no nos llamaron la atención. Fajitas de ternera al Chili que no estaban malas, no aptas para poco amantes del pimiento, un poco frías y envueltas en unas tortillas de trigo tan artificiales que les hacían perder muchos puntos. Y un potaje de vigilia con bacalao de espanto, los garbanzos eran de bote insípidos, el bacalao debía de ser en esencia porque no nos tocó ni un triste pedacito y aquello de potaje no tenía nada… más que de cuaresma aquello parecía de régimen. Para los segundos tuvimos que armarnos de paciencia, cuarenta minutos de reloj esperando por ellos.

Los camareros no daban a basto, se quedaban sin cubiertos… a este circo le crecían los enanos. Nos ahorramos la carne mechada con patatas y pedimos una dorada a la espalda con verduritas que olía a ajito y venía con la espina crujiente, tenía buena pinta  pero aquello no sabía a nada. Si en vez de dorada hubiera sido corchopan no hubiéramos notado la diferencia.

El pollo a la parmesana eran unos cutres filetes de pechuga empanados con patatas de verdad que no venían fríos, venían congelados, la idea de llamar a algún camarero para que al menos lo calentase, viendo el tiempo que tardaron en llegar lo descartamos de entrada, más valía pollo frío que salir de allí con hambre.

Los postres no eran malos pero buenos tampoco, el tatín de manzana (golden) era excesivamente dulce, de esos que sientes que se te caen los dientes y la tarta de queso era pura nata montada con galleta. Es verdad que no fue excesivamente caro, pero por ese dinero se pueden comer muy buenos menús. Los primeros eran malos y los segundos se llevaban la palma. El caos que tenían no les ayudó… y la buena fama tampoco. Comimos mal y lento… eso les cuesta un limón y medio.

http://www.circodelastapas.com/


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Cinco burbujas gastronómicas que acabarán explotando.

Con todas las tontadas… el mes que viene cumplimos un añito. Esto dará para celebraciones, twits homenaje e incluso alguna sorpresa en forma de concurso,  pero sobre todo, nos ha dado para bucear en el apasionante mundillo gastronómico. Un año entero sin repetir restaurante da para visitar mucho antro de dios y, también, para sacar mucha conclusión. Hoy os traemos algunas de ellas, cinco burbujas gastronómicas que acabarán explotando.

1. La cebolla caramelizada y el queso de cabra.

Es verdad que estos dos ingredientes se pueden encontrar por separado pero el efecto «total» lo hacen juntos y a ser posible en tosta. (aaaay las tostas, otra pequeña burbuja). Juro que nunca creí que diría esto, probablemente, porque en otra vida he debido de ser ratón, pero creo que estoy empezando a aburrir el queso de cabra. Me salen por las orejas esas ensaladas con el mazacote de queso mal caramelizado, las tostas, la combinación con la rúcula, con los tomates verdes… pero sobre todo, con la manida cebolla caramelizada.

La pobre cebolla que ya está mareada de dar vueltas en la sartén o peor, que ya viene en bote cual confitura chunga. Nos hemos vendido a nosotros mismos que todo está más rico con cebolla caramelizada, los calamares, la tortilla… y sí, no le negaremos sus encantos pero, creednos, hay vida más allá.

2. Las reducciones.

De p.x. (a.k.a. Pedro Ximénez) y de vinagre de módena. Esa cosa dulzona que convierte cualquier producto en digno del McDonalds, que sirve par decorar los platos, para convertir el agua en vino y para poder cobrar dos euros más por el mismo producto. Atentos porque la salsa miel y mostaza va por el mismo camino.

3. Los carpaccios.

Los carpaccios son la versión moderna del milagro de los panes y los peces. Una forma de multiplicar la comida y sacarle el triple de provecho. Si los treinta gramos de carne que te ponen en un carpaccio que cuesta más de diez euros te los dieran a la plancha se lo mandarías de vuelta preguntando por Ferrán Adriá.

No hablemos de los carpaccios de verduras… ese calabacín a cincuenta céntimos el kilo cortado con cortafiambres y salpicado por tres lascas de parmesano no puede durar mucho en las cartas.

4. El buey de Kobe y los boletus.

Esos alimentos premium, caros y selectos que de la noche a la mañana empiezan a aparecer debajo de las piedras…  Ya lo decía aquel, se puede engañar a poca gente todo el tiempo, a mucha gente poco tiempo… pero no se puede engañar a todo el mundo todo el tiempo.

La carne del buey de Kobe se alimenta, entre otras cosas, de cerveza… se les dan masajes con sake templado, se les susurra a la oreja. En serio nos creemos que en el bar de abajo han sustituído las rabas congeladas por la hamburguesa de esta carne? No, queridos limoneros, el precio no siempre es un indicador.

Lo mismo pasa con los boletus, de plancha a croqueta, pasando por pan y por carpaccio. Serán setas… pero no hay tanto campo para producir tanto boletus.

5. Gastrobares.

Igual que las magdalenas se extinguieron, salvo en casa de las abuelas, y se convirtieron en cupcakes. Los bares de tapas están en peligro de extinción. El marketing ha hecho su trabajo… eso de gastrobar suena mucho más elaborado, más refinado, mucha más glamuroso. Es uno de esos lugares donde puedes encontrar todo lo anterior, el reino del queso de cabra, de la cebolla caramelizada, las reducciones y los carpaccios…

Eso sí, la mona aunque se vista de seda, mona se queda. El marketing puede hacer milagros, pero no quitarle el palillo de los dientes al camarero y al final, la naturaleza es sabia y siempre vuelve las cosas a su estado original.

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LUOS… comida oriental elaborada en menú del día. (Madrid)

Creo que el mundo es una gran familia, y tenemos que ayudarnos unos a otros, Jet Li, actor chino y repartidor.

De pequeño cuando me hablaban de Oriente pensaba en los reyes magos, en las películas con gran reparto y en el oro, el incienso y la mirra. En gastronomía no tiene nada que ver. Cuando un restaurante es oriental, suele ser un refrito de comida china, vietnamita, filipina y japonesa, donde cabe el sushi de salmón, los rollitos vietnamitas y el cerdo agridulce. Es un concepto aglutinador-fusión donde lo único en común es el arroz.

La semana pasada fui al Restaurante Luos en el barrio de Argüelles, muy cerca de la Calle Princesa. Tuve suerte porque fui al día siguiente de su inauguración y estaba todo nuevo. Decoración elegante, más de restaurante de sushi que del chino con dragones dorados y faroles rojos de toda la vida. Muchas plantas y cuadros de HongKong, palillos y mesas elegantes y platos cuadrados muy elaborados.

Pedí un menú del día que constaba de un primero, un segundo, una guarnición del segundo, bebida y postre. Aparte de aperitivo al sentarme antes de pedir sacaron un aperitivo de cacahuetes garrapiñados. Había cuatro primeros y cuatro segundos en la carta. Todos de nombres muy sugerentes.

Luos delimaalimon

De primero pedí una tempura de berenjenas con queso gouda. Basicamente eran una especie de sanjacobos enormes de berenjena frita deliciosos, con una zanahoria hilada de decoración. En el consejo de hoy explico lo que no hay que hacer en este caso.

De segundo pedí tiras de buey con verduras y curry. Estaba simplemente espectacular. De lo mejor que he comido nunca. Un plato generoso de ternera con pimientos, cebolla, ajo, limón, piña y un fuerte toque de tomillo y romero que combinaba genial. Me gustó especialmente el uso de fruta cocinada en el wok, todo en trocitos pequeños muy atrapables con los palillos. De guarnición un bol de arroz Luos, que era igual que el arroz tres delicias de los restaurantes chinos de toda la vida, pero con piñones en cuenta de guisantes. Delicioso.

Si el segundo no había sido suficientemente bueno, los postres no se quedaron atrás y pedí un helado de pistacho. Me gusta que cuando se ofrece helado haya de sabores raros más allá de los tradicionales: vainilla, fresa y chocolate. Al terminar le pregunté al camarero que significaba Luos y me dijo que era un acrónimo de Luis y Óscar que es como se llamaban. Es mejor pasarse de cuzo y preguntar lo que no sabes.

De precio: 11 euros, el menú del día. Imagino que por las noches y a la carta suba bastante, pero el menú del día de mediodía está fenomenal y le doy dos limas y media porque honestamente, no había probado ninguna combinación tan buena de comida china y mediterránea. Vale que era su primer día, pero repetiré a ver si siguen manteniendo el nivel.

Restaurante Luos, C/Andrés Mellado 5, Madrid <M> Argüelles

Consejo Embidioso: Cuando pedí los platos, la camarera me dijo que si me traía cubiertos en lugar de los palillos de la mesa. Como soy un poco listillo le dije que no. Trajo las berenjenas en tempura de 10 cms de largo y no había forma de cómo cogerla con los palillos ni como cortarlas, para poder mojarlas, en la salsa de soja que venía aparte. Así que al final, con las manos como un campeón y con el queso fundente escurriendo entre loncha y loncha. Conoce tus limitaciones. No hagas el capullo. Gobierno de España.


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Madrid Fusión para novatos.

Llevamos una semana dando la matraca con Madrid Fusión, el twitter de @delimaalimon está que echa humo, Instagram baila al ritmo de #MFM14 y nuestro facebook se ha inundado de fotos mortalmente apetitosas. Quizá hayáis visto cortes en el telediario y noticias sorprendentes en los periódicos pero… Qué es Madrid Fusión? He aquí nuestra crónica cítrica.  

Madrid Fusión es un congreso internacional de gastronomía. Desde el año 2003 y durante tres días, Madrid se convierte en la capital mundial del universo culinario. Allí se reúnen los mejores cocineros, las mejores materias primas, las marcas más boyantes… Hay ponencias, talleres, presentaciones… vaya, lo que viene a ser un congreso pero del papeo.

MFM Delimaalimon

El ambiente es selecto y las entradas cuestan una pasta. Talleres al margen, una entrada de tres días puede superar los 250€ ahí es nada! Eso sí, los contenidos son espectaculares y todos los cocineros de los que has oído hablar y de los que todavía no, están allí aprendiendo, compartiendo, dando charlas o tomando gintonics con los congresistas. Desde Arzak a David Muñoz, pasando por Joan Roca (Sí, el del mejor restaurante del mundo) o los protagonistas de los gastro-reality de Master Chef, Top Chef, Mini Chef y chefichef, otro que  no podía faltar era el bueno de Echanove comiendo pinchos de dos en dos.

Como suele pasar, la tele cuenta lo más vistoso, este año la palma se la llevó Ángel León con sus platos luminiscentes a base de algas y bacterias «fosforitas» pero Madrid Fusión va mucho más allá. Una de las ponencias más interesantes fue la de Joan Roca, venía a hablar de guisos marineros «la raíz cuadrada del pescado» y lo consiguió, media hora que nos tuvo con la boca abierta viendo como poco menos que convertía el agua en vino. Cómo emulsionaba ortiguillas, reducía fumets de espinas a la mínima expresión o congelaba aliolis para poder recortar las formas más insospechadas. Ahí está la genialidad, partir de cosas simples y llegar a otras inexplicables.

Por el medio están los expositores con trufas que se subastan y alcanzan el precio de 5.000€ y que un ratito antes has podido tener en tu mano y oler, con jamones indescriptibles, quesos del mundo, caviar… y sí, prácticamente todo se puede probar… salvo que seas un canapero profesional no te vas a cebar, pero sí vas a probar, probablemente, la mejor materia prima del mundo.

Madrid Fusión en un lugar de encuentro, donde sin querer te zambulles en un ambiente donde de todo se aprende, donde la demostración, aparentemente, más tonta te abre una ventanita. Es cierto que se habla de liofilizados y de cocción en temperatura controlada, pero también de cómo adecentar una insufrible lata de berberechos con un poco de aceite, lima, cilantro y chile y convertirla en un ceviche.

Es un lugar donde se presentan productos nuevos, desde el papel de jamón que en textura se parecía a las ostias de la misa a las microplantas que con una hoja son capaces de evocarte mil sabores, entre ellos el queso y con una millonesima parte de sus calorías. La flor eléctrica merece mención a parte… la mezcla de chupar una pila, un puñado de sal y una bolsa de picapicas en un solo estambre, sólo apta para valientes.

Todo esto, también es Madrid Fusión, un lugar donde se demuestra que hasta la más alta cocina es humana, pone en común, trabaja, comparte trucos, aprende… gasta bromas, se ríe, repite fabada una y mil veces. Podríamos mentir, pero para los amantes de la gastronomía es el paraíso, uno nunca vuelve igual de ese lugar. Ahora sólo queda esperar al año que viene.