De Lima a Limón

Crítica – cítrica


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EL CALIFA… un rincón escondido en el centro de Madrid.

El huevo de hoy es mejor que la gallina de mañana, refrán popular árabe.

Hoy no nos movemos del centro de Madrid y nos vamos al restaurante de comida árabe El Califa. La comida árabe es más que conocida por los limoneros. El restaurante El Califa es un pequeño restaurante-tetería árabe muy cerca de la Puerta del Sol en una bocacalle del Arenal, muy curioso. Decorado con cuadros y espejos árabes tiene  muchas mesas pequeñas redondas apiñadas, donde puedes disfrutar perfectamente de la conversación de la mesa de al lado, salvo que esté lleno y haya un murmullo permanente. Además permite fumar en cachimba (pipa de agua) tabaco de fruta mientras se cena o se toma el café o el té de después. Con todo, los techos son altos y el ambiente no está muy cargado. Música no hay, y se echa de menos, pero se ven familias magrebíes completas cenando juntos, junto a turistas guiris de todo pelaje y la fusión tiene su gracia.

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Con respecto a la comida no arriesgamos mucho y pedimos  como entrantesun hummus (Crema de garbanzos) y un tabulé (Ensalada de sémola y perejil al que le faltaba limón y sémola pero qu eno estaba malo) . Las raciones un pelín escasas, podían ser mayores. Era la primera vez que veía el hummus con tomate natural como acompañamiento. También nos pusieron como tapa un pequeño platillo de babaganush (Crema de berenjena) y el pan árabe calentito para mojar.

De segundo pedimos una pastela de pollo, que estaba francamente bien, mezcla de dulce y salado, salvo que tenía excesiva guarnición de lechuga iceberg (casus belis) y mucha cebolla en su interior, no es que tenga nada personal contra la cebolla pero… por muy pochada que esté la pastela corre el riesgo de acabar pareciéndose más a una empanada gallega. De precio, dos primeros, un segundo para compartir, dos cervezas y dos tés morunos, 15 euros por cabeza.

Lo gracioso es que presentó la tarjeta de crédito mi acompañante femenina, pero me dieron a mí el lector para poner el pin. En la mayoría de sitios se sigue haciendo raro que una señora invite a un caballero.

Consejo Embidioso: No seas celoso. Los adolescentes magrebíes de la mesa de al lado que fumaban en cachimba con bebidas energéticas, hambre no tendrían, pero se comían con los ojos a mi acompañante femenina.

¿Qué nota le ponemos entonces? Por la buena comida y el ambiente una lima, por la escasez de los platos y el precio, un limón como el del jugo del Hummus.

Restaurante El Califa, calle Trujillos 3 28013 Madrid <M> Sol y Opera.

http://www.califamadrid.com/


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LA TABERNA DE DANIELA… en busca del mejor cocido de Madrid I

El invierno tiene una herramienta culinaria por excelencia: la cuchara. En esta liga compiten los potajes de cualquier variedad de legumbre, los guisotes contundentes, las sopas de verdad (que no el simple agua de haber cocido algo bautizada con unos cuantos fideos y una pastilla de caldo Starlux) y, por supuesto, los cocidos.

Del cocido hay casi tantas versiones como del gazpacho, todas por regiones y cada una con su fiel escudero… confieso que en estos temas soy una mercenaria apátrida, a todos les reconozco sus virtudes, del gallego al montañés pasando por un buen cocido madrileño. Es más, es uno de esos pocos platos que, como en los bares hacen cantidades industriales, incluso están más ricos fuera de casa que en casa.

Así que continuando con nuestra búsqueda de la excelencia limonera abrimos nueva categoría: #MCM, buscamos el Mejor Cocido de Madrid. Visitamos clásicos, bares de postín y cutre bares, cocido de menú y menú de cocido. Hoy inauguramos la sección con una visita a la Taberna de Daniela.

La Taberna de Daniela es uno de esos lugares con éxito, con tanto éxito que tienen cuatro sucursales, una en Cuchilleros (lo que viene a ser Latina), otra en Medinaceli (sí, enfrente de ese lugar tan sacrosanto donde las colas pueden llegar a batir el record de la Manolita en pleno diciembre), otra en Goya y la última cerquita del Santiago Bernabeu. Pese a que por falta de opciones parece no ser… conseguir una mesa en fin de semana es tarea complicada.

Cuando por fin la conseguimos resulta que hay turnos, puedes elegir comer a las 14 (toc, toc, señores que esto es España), a las 15:30 (antes de un cocido tomar el aperitivo no es buena idea…) e incluso si les apuras a las 16:30 ( cocido de merienda, una nueva versión). Nos lo pusieron fácil, sólo les quedaba mesa a las 14 en el restaurante de Medinaceli.

El local se les queda muy pequeño y mira que lo tienen aprovechado. Eso hace que las mesas estén extremadamente juntas, que si te descuidas puedas robarle el chorizo al vecino de enfrente y, sobre todo, que los camareros se tropiecen contigo cada vez que pasan. Para colmo las mesas son mínimas, y señores, el cocido servido en bandejas ocupa.

El cocido en sí es rico, por los 25€ (sin bebida ni na de ná) que cuesta ya puede estarlo. La sopa te la sirven en sopera para que te despaches a placer y se ofrecen a traerte más de lo que quieras. Aunque en la web dicen que lo sirven en tres vuelcos, sota, caballo, rey, el caballo (repollo, garbanzos, patata, zanahoria y bola) viene junto al rey (lo que en Andalucía llamarían la «pringá»).

La sopa está rica, tiene un punto saladito, los fideos están en su punto y el punto grasosillo existe pero no es excesivo. El repollo con los garbanzos y todo eso está bien, lo sirven con un par de salsas de tomate (con comino y con ajo y perejil) que recuerdan al salmorejo… cuando se lo echas por encima está rico, pero para mí deja de ser cocido así que mejor usar la salsa para remojar el pan y dejar los garbanzos solos. Y la pringá, bien, morcillo de ternera, choricillo, tocinito, pollo y tuétano. Nada delicioso pero tampoco nada que objetar.

Problema, tienen tanta prisa en sacarte de delante que no has terminado el plato de sopa y ya te lo han quitado, aunque tengas la cuchara en la mano, y te han puesto delante el segundo y el tercer vuelco… sí, te ofrecen más, pero no te dan tiempo apenas a terminarte lo que tienes en el plato y, lo siento mucho, pero por mucho que se empeñen el cocido no es fast food.

Los postres tienen buena pinta, el tatín de manzana con nata líquida está muy rico, pero tomarlo es una prueba para los más fuertes. Comer cocido en hora y cuarto con postre y café incluído roza un record que sólo esos concursos de americanos redondos pueden superar y así, el cocido no sienta bien. Eso sí, en su sincronización perfecta les da tiempo, incluso, para venderte lotería.

Una experiencia de lo más completa. Conclusión, el cocido bien, el agobio excesivamente mal y el precio bastante por las nubes. Ese local debe de ser una mina de oro cuando consiguen sacarle tres servicios a una mesa en un mismo mediodía. Vamos… que una lima obvia al cocido y un limón y medio a todo lo demás. El Mejor Cocido de Madrid sigue buscando dueño.

http://www.tabernadeladaniela.com/


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LA TAQUERÍA DEL ALAMILLO…en busca del #MMM (Madrid)

En de Lima a Limón seguimos con la búsqueda del #MMM (mejor mexicano de Madrid) por eso y porque en realidad nos molan un montón, nos vamos hasta La Taquería del Alamillo en pleno corazón del madrileño barrio de la Latina. Había estado en la taquería hacía unos tres años y, en aquel momento, me pareció el lugar más maravilloso del mundo, desde aquellas las cosas han cambiado y, tampoco vamos a mentir, a base de probar y probar el paladar de una se ha hecho algo más exquisito.

En esos tres años intenté volver unas cuantas veces… pero, o era agosto (y cierran todo el mes) o era el día de descanso… o, simplemente, no había sitio… Como dice el refrán, el que la sigue la consigue y, finalmente, conseguí reservar una mesa. En verano se puede reservar en la terraza aunque no siempre te hacen caso.

Empezamos mal, cuando llegué no había mesa, estaban todas ocupadas y la solución fue, después de tenerme esperando un buen rato poner una mesa extra, a grandes males… remedios chapuza. Después la cosa no mejoró demasiado, se liaron con la comida, con los platos, las cervezas sin alcohol eran minis y la salsa roja que te ponían con los nachos era de tomate triturado de bote… con su ácido característico. Sin embargo, la comida sigue valiendo mucho la pena.

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Los precios no son especialmente baratos, pero las raciones son muy abundantes y eso siempre compensa. Cuando llegas, para que vayas abriendo boca te ponen una bandeja con nachos y las clásicas salsas roja y verde. La verde estaba muy rica, tenía un montón de lima y un punto perfecto de picante… de la roja ya he hablado antes y tampoco quiero hacer sangre.

Para comer pedimos una tostada de tinga que estaba de morirse!!! Mezclando un montón de sabores con la tortilla crujiente en la base. Unas enchiladas de pollo en salsa verde (otra vez esta simple y descriptiva manera de llamarle a las cosas) que no se quedaron atrás, 3 tortillas servida en una bandeja tamaño platillo volante, con salsurria, queso fundido y unos aros de cebolla crudos que le daban el contraste perfecto.

Y, por último, el plato estrella, el Molcajete sabana con queso, salsa y frijoles. Un molcajete es una especie de mortero hecho con piedra, generalmente volcánica, en su variante gastronómica es un mortero relleno de los guisotes más insolitos y deliciosos. En este caso, carne de ternera cortada en trocitos, con un montón de salsas y una barbaridad de sabores diferentes que venía acompañado de unas tortillas de maíz.

Lo mejor de este mexicano es que todos los platos tienen un montón de sabor y, lo que es más importante, todos saben distinto… (aunque parezca de perogrullo, por desgracia no lo es). Se come por algo más de 20 euros por persona, con el chupito de tequila y Sprite al que invita la casa incluído. Los margaritas de tamarindo siguen siendo su especialidad, pero en este caso no tocó probarlos.

En resumen, la comida se lleva dos limas, tres años después sigue siendo fantástica, el servicio y todas las eventualidades que lo siguieron se gana el medio limón. Muy recomendable… pero sigue sin ser el Mejor Mexicano de Madrid 😉

TAQUERÍA DEL ALAMILLO: Plaza del Alamillo, 8. Madrid.


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CAFETERÍA HD… Hamburguesas con sonido sesentero (Madrid)

En 1962 en la Calle Guzman el Bueno, justo enfrente de donde hoy está el Tierra de Burritos, se abrió una cafetería. De aquellas era normalita, tenía sus mesas de formica, sus sillas de cocina, su barra con espejos tintados… Y pasó el tiempo y los dueños tuvieron paciencia (No olvidemos que todo lo vintage pasa una época donde está horrorosamente anticuado) pero gracias a eso hoy tenemos un Diner a la española perfectamente conservado donde por no cambiar, no ha cambiado ni la música.

La música es, muy probablemente, lo que más me gusta del local. Una hamburguesa sabe mejor cuando suena Downtown de Petula Clark, o los Beach Boys, o Tom Jones… mover la cabeza mientras masticas, mola. Así que como la música es una fantástica compañía un punto positivo del HD es que es un lugar perfecto para comer sólo. Su plato estrella son las hamburguesas, tienen menú pero… comer menú en el HD, da penita.

El encargado del local es un fenómeno, además de una de esas personas competentes a las que les dices que tienes prisa, se lo toman en serio y cumplen con su palabra. Elegir hamburguesa no es cosa fácil, hay muchas con buena pinta, tardamos «tanto» que el encargado acabó diciéndonos que no hacía falta que nos aprendiéramos la carta de memoria, que tenía trabajadores que no se la sabían. Siempre se puede considerar una oportunidad de empleo 😉

Optamos por una ración de patatas fritas en aceite de oliva, que venían en un cartucho de papel, peladas pero poco, naturales y ricas(2,50€) una Eggburguer (8,80€) y una Grandburguer. Las hamburguesas son de dos tipos, normales, con su carne de buey, lechuga, tomate, cebolla y mahonesa más adiciones y las «world»  con guacamole, foie, pesto… Las world valen más (unos 10€) pero es cierto que tienen patatas incluídas con lo cual, la cuenta va a salir más o menos igual (carilla).

Estos chicos presumen de pan, cuentan que es artesanal y lo hacen con cerveza negra, nos lo creemos y la verdad es que está rico, aunque si hay que ponerle pegas, quizá sería que es un poco dulzón. Por la carne te preguntan como la quieres… y hasta cumplen!

La verdad es que están muy ricas, la cebolla crujiente mola y el cheddar crujiente (que viene a ser una loncha de queso que han dejado que se funda y refunda en el horno) es un inventazo. Embadurnar la hamburguesa en salsurrias es una pena y eso siempre es buena señal.

El problema es que una cocacola, más media de patatas, más la hamburguesa superó los 13€ y qué queréis que os diga… no deja de ser un bocadillo con 150 gramos de carne. Así que se llevan lima y media por el producto y medio limón por el precio.

Pd. si es la hora de merendar no os perdáis las tortitas, son buenísimas y sólo por 1,90€.


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Comida filipina en El Cavvalen (Madrid)

“Cuando me ven sosteniendo un pescado, pueden ver que me siento cómoda con los reyes, así como con los pobres” Imelda Marcos, cleptómana dictadora consorte de Filipinas entre 1965 y 1986

Últimamente ha salido mucha información sobre las Islas Filipinas en la prensa por el desgraciado tifón Yolanda sucedido este mes. Sin embargo la historia de Filipinas es mucho más larga y durante tres siglos y pico padeció la ocupación colonial española, que unió en una misma nación las 7.000 islas del archipiélago bajo una administración común y a cambio les dejó el catolicismo como religión mayoritaria, un gazpacho de idiomas (doce) y una gastronomía mixta hispano-asiática con múltiples palabras en castellano.

Tras tantos años de presencia española, los filipinos adoptaron las paellas, lechones, chorizos, escabeches y adobos y que tienen esta denominación en los distintos idiomas que se hablan en las islas. Como en la mayoría de países asiáticos la base de la comida filipina es el arroz, aunque la influencia china se nota en sopas y noodles, sin embargo el peso del pescado es muy superior a la de otros países del entorno.

En Madrid hay un pequeño restaurante filipino cercano a la Puerta del Sol donde la decoración deja bastante que desear, (dos bufandas futboleras: del mejor equipo de la ciudad y de los llorones, un gato dorado sindicalista y una tele enorme), pero donde la comida es francamente sabrosa.

El menú del día cuesta 7 euros y se compone de un aperitivo, un plato de arroz con comida y una bebida. Lo pedí con pork barbecue o lo que es lo mismo pincho moruno. El aperitivo era un pincho de tortilla de patata con cebolla caramelizada y estaba muy bien, y el pincho estupendo, pero sin embargo te quedas con ganas. El postre no viene incluido pero pregunté y me dijeron que había flan filipino lo cual fue una sorpresa positiva, espeso y muy bien presentado. Con flan y café, subió a 11 euros.

La nota le vamos a poner una lima, porque aunque la comida era buena y las camareras filipinas muy amables, sin postre, se me hizo escasa.

Consejo embidioso: Es un rollo pero pide que te traduzcan toda la carta. Por los nombres no te vas a enterar de lo que pides.

El Cavvalen, calle Bordadores 2 (Madrid) <M> Sol, Opera


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LOS CHUCHIS… rompiendo mitos de gastronomía inglesa (Madrid)

Hay gastronomías malogradas, muy malogradas y luego está la británica. De esta elegante estirpe se escucha decir muchas cosas, del mito de los «gentelmenes» a sus famosas cerocerosieteanas bebidas, sus decoradas cestas de picnic y sus elaborados sombreros pero nunca ,nunca, nunca he oído hablar bien de su gastronomía. Hoy rompemos una lanza en su favor y, sin que sirva de precedente, hablamos bien de un restaurante anglófono.

La excepción en cuestión se llama Los Chuchis (sí, no hacer bromas con este nombre es complicado y hacer bromas que no sean demasiado ridículas es imposible, hay que asumirlo). Esta en pleno barrio de Lavapiés pero escondido en la parte baja de la calle Amparo. Es un local chiquitujo, donde la barra tiene forma cuadrada y ocupa la mitad del local, tiene espejos, maderitas en colores azulillos y cuatro mesas (1, 2, 3 y 4).

Efectivamente, aunque la barra siempre es una opción, es mejor reservar, en la cena tienen dos turnos de 9 y de 10.30, pero aunque elijas el turno de 9 no es uno de esos sitios donde te metan una prisa excesiva para que te largues. Cosa que se agradece. La carta es mínima y tierna, escrita a mano, con sus corazones… Vaya, que es una fotocopia en folio, pero consiguen que mole. Los platos andan entre los 7 y los 15 euros y las raciones son para compartir.

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Hubo dos cosas que nada más ver la carta tuvimos claro que había que pedir. Las pieles de patatas fritas con crema agria y salsa picante y el queso Cambembert fundido con romero y ajos al horno. Si os quedáis con más hambre pedid algo más, pero no os vayáis del local sin haber probado estas dos cosas salvo causa de muerte.

Las pieles de patata son crujientes, sorprendentes, infinitamente más ricas que la gran mayoría de las patatas fritas que puedes encontrar en este mundo. Se comen solas, tienen muchísimo sabor y la crema agria, bueno la verdad es que no conozco nada a lo que la crema agria le quede mal. Buenísimas! y el queso con ajos no se queda atrás para nada,   la ración trae dos cabezas de ajos asadas, una bandeja de pan recién tostado y un queso hermoso entero. El ritual es sencillo, coges el pan, un ajo lo untas como si fuera mantequilla y mojas ese pan en el queso. El ajo se vuelve suave y la mezcla es maravillosa! Puede que no sea el mejor plato si luego tienes una cita pero como si os sirve de consuelo os diré que el ajo una vez asado se vuelve prácticamente inofensivo.

La verdad es que con esto hubiéramos cenado, pero… nos pudo la gula, así que pedimos un pastel de pastor, una versión british del empadao portugués. Un guisito de carne por abajo con salsa perrins y con puré de patata por arriba. Rico y contundente.

Dependiendo de los glotones que seáis la cuenta queda entre 15 y 20 euros por persona. Razonable, rico y diferente. Por cierto, entre semana tienen menú del día por 10 euros muy recomendable. Los chicos son majos, Scott el alma británica del asunto es un personaje encantador, el local es agradable y la comida es muy sorprendente. Por todo eso se llevan 2 limas.


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LA MALQUERIDA… nachos y daikiris (Madrid)

Muy probablemente la Malquerida no gane nuestra categoría #MMM de Mejor Mexicano de Madrid pero es un clásico, que si no conocéis, debéis apuntar en vuestra lista de pendientes. La Malquerida juega en otra liga, la del copeteo con algo al medio para picar y ahí es invencible.

Está en una esquina de Ferraz y, aunque, abre todos los días de 7 de la tarde a 2 de la mañana, si pasáis por la puerta nunca parece que esté abierto. Las ventanas opacas, la puerta cerrada camuflan el ambientazo que siempre hay dentro.  Id pronto y, si podéis, reservad… desde que los martes son los nuevos viernes las mesas están imposibles.

Ya no recuerdo cuándo fue la primera vez que estuve en este lugar, sólo sé que llevaba poco en Madrid, y que nunca dejé de volver. La música es fantástica, el ambiente siempre es bueno y aunque hay mucha gente no es un lugar ruidoso, no sabéis cuántos puntos le da esto… pero sobre todo, lo más importante son los cócteles que hacen y los nachos!

Es verdad que no sólo hacen nachos, los martes hacen carnitas, los tacos tienen muy buena pinta… pero qué queréis que os diga, cuando una coge tradiciones, las tradiciones son sagradas. Y nuestra tradición consiste en tomar margaritas, daikiris de fresa y nachos.

Los cócteles son buenísimos, de esto debería hablaros Carlos Hidalgo, los sirven en vaso ancho grandote y no escatiman. Cuestan 6,50€ cada uno. Los daikiris los hacen con fruta de verdad, coco, maracuyá, fresas… y están fastidiadamente ricos. Los margaritas también tienen sabores, aunque si queréis una recomendación, iros al clásico de limón y tened cuidado, los margaritas los carga el diablo.

Los nachos cuestan menos de 7 euros y con una ración da para que dos personas cenen, sólo son aptos para queseros, tienen una cantidad de queso enorme, además, puedes elegir dos ingredientes más: champiñones, jamón, mole, guacamole, frijoles… o, para los más brutos, la versión con todo. Además de los agregados la ración trae pico de gallo.

Es un lugar para desconectar, entre otras cosas, porque apenas tiene cobertura. Con la pega de que no se puede pagar con tarjeta y con la ventaja de ser un mexicano lleno de mexicanos. Plan de tarde-noche perfecto, apto para citas, celebración de cumpleaños… y para los limoneros que no necesitamos excusas. Dos limas que se llevan.

 

LA MALQUERIDA: Calle Luisa Fernanda 27. Madrid.


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SEGÚN EMMA… según Enma. (Madrid)

Muy cerquita de la plaza de San Miguel y de su archifamosísimo mercado, Emma Sánchez Cánovas cocina. En dos versiones, nada menos, en formato restaurante y en la que hoy visitamos, la taberna. Sea cual sea la versión que elijáis son dos lugares muy recomendables.

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Según Emma es una tabernilla alargada, mesas de madera y mucha barra. La carta está escrita a mano, tienen poquitos platos, bastantes tostas y todo resulta apetecible. Entre semana tienen menú del día, por unos 12 euros puedes comer un primero y un segundo mucho más rico y más elaborado de lo habitual. Es más, si estás de turismo no te lo pienses, es mucho mejor que un relaxing café con leche en la cercana Plaza Mayor y como te descuides te va a costar lo mismo.

Elegir no fue tarea fácil.. pero al final conseguimos seleccionar tres platos de la carta (Que fueron más que suficientes) una Tosta de parmesano con tomates secos sicilianos en su punto, con aceitito de oliva, lascas de queso, la inevitable y omnipresente reducción de vinagre de módena y unas perfectas lonchas de tomate seco. El pan estaba crujiente, pero no asesinaba la boca.., y eso se agradece.

Siguiendo con los quesos nos tiramos a unos tomates verdes con queso de cabra, una mezcla muy sorprendente. El tomate verde es una cosa ácida que combina super bien con el queso de cabra y un toque de mermelada. Cinco hermosas rebanadas gratinadas. Casi mejor para tres que para dos.

Y por último, los Raviolis de calabaza con pesto siciliano, una de las cosas que había comido la primera vez que visité a este lugar y que desde entonces no pude olvidar. Otra vez, mezcla de dulce y se salado y picantito, con quizá algo de aceite de más pero… buenísimos, sin más, buenísimos.

Todo esto más un par de refrescos 13€ por persona, poquito más que el menú del día. En pleno corazón de Madrid, en una zona donde una caña puede llegar a costar 5 euros (y no es exageración), donde la comida esta riquísima, los platos son variados, distintos y originales… se merecen dos limas hermosotas.

SEGÚN EMMA: Plaza Conde de Miranda, 4. Madrid

http://emmacocina.com/


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EL ATENEO… menú gourmet con toque cultural (Madrid)

El Ateneo se fundó en 1835 aspirando a ser un punto de encuentro donde reinase la libre discusión y las animadas tertulias. Sus fundadores se definían como románticos-liberales, y no sabemos muy bien si discutían o no, pero la verdad es que por allí pasaba la gente más influyente del lugar, desde el Presidente Azaña a Unamuno pasando por todos y cada uno de los premios Nobel que tiene nuestro país.

Hoy vamos hasta su restaurante para probar el menú de otoño. Hay dos formas de entrar, bien y mal… Desde aquí os recomendamos que entréis mal y os perdáis. Si queréis ir directos entrad por la calle Santa Catalina 10, llegaréis a un lugar moderno, bien decorado, con luz íntima y un encargado de buena planta que os guiará hasta vuestra mesa. Si entráis mal accederéis por la puerta del Ateneo, subiréis unas escaleras maravillosas, probablemente acabaréis perdidos en la biblioteca (que junto con la del Senado es de mis favoritas) y después, tras haberos perdido y maravillado a partes iguales, bajaréis unas escaleras y llegaréis a la planta alta del restaurante.

El restaurante lo lleva la gente de la Alpargatería, quienes han dejado su momento italiano al margen y se han dado a la comida más tradicional con un toque. Tienen un menú cada temporada, vale 14,90€ y como opción aparente en caso de compromiso es más que recomendable. En la opción de menú puedes elegir entre 5 primeros y 7 segundos, por falta de opciones no va a ser.

De primero elegimos una ensalada capresse en espejo de tomate… donde la mozzarela estaba muy rica, las aceitunas negras estaban bien… pero el espejo de tomate era de las cosas más insípidas que hemos probado. Y un Carpaccio de Buey que estaba super rico, la vinagreta con tomate seco que llevaba por arriba le daba un toque fantástico.

De segundo elegimos una Hamburguesa con provolone y patatas fritas, donde las patatas fritas del cucurucho estaban regulerillas pero la hamburguesa era para enamorarse, qué carne más rica! Qué bien tratada! qué buena! y el Bacalao Confitado con compota de tomate, hijo mío si no le haces algo al tomate no eres nadie en el mundillo gastronómico.  Bromas a parte el bacalao estaba espectacular, aunque la ración se les quedó un pelín escasita.

Los postres no defraudaron, igual que tampoco lo hizo el pan, la Crême Brûlée o la versión francesa de la crema catalana, estaba de morirse y el carpaccio de piña no se quedó atrás.

El local tiene un problema, es demasiado ruidoso, y corres el riesgo de acabar hasta el gorro de las chapas unamunianas y de los debates profundos que tienen los de la mesa de al lado. O quizá no, y tal y como querían los fundadores, te acabes sumando a la animada tertulia romantico-librepensadora.

En todo caso, con sus luces y sus sombras (de Bohemia) se llevan una lima y media.

ATENEO: Santa Catalina, 10. Madrid

http://www.ateneomadrid.es


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MUI… tapas de siempre como nunca (Madrid)

Os imagináis lo que es estar dos años intentando ir a un local y que siempre cuadre en el lunes que es el único día de la semana que cierran? Pues, exactamente esa, es mi relación con el Mui. Hasta que hace unos días los astros se alinearon y, por fin, pude visitarlo.

El Mui es de los creadores de la Tasquita de Enfrente, un local de lo más castizo de Madrid en la calle Ballesta, bueno, en el Triball que se dice ahora (el Triángulo de Ballesta). Una zona super moderna llena de tiendas «vintage» de «Cupcakes» y de camisas de cuadros con gafas de pasta. Pero no os asustéis si el gafapastismo no es lo vuestro… Los no-modernos también tenemos nuestra oportunidad.

Abrió en el año 2011, desafiando el temporal, y triunfó, todos los días se llenaba, por desgracia el empujé no dura eternamente y, aunque era jueves, el día que fuimos estaba vacío. Y este local vacío es una tristura, fue diseñado para el bullicio. Esa barra de nosecuántos metros así lo indica. En todo caso, un local vacío tiene sus ventajas, que la encantadora camarera esté para vosotros solos, es una de ellas.

Aunque la carta es larga, decidir es difícil, los precios no superan los 8€ y las raciones son generosas. Finalmente, con la ayuda de la camarera nos decidimos… Por unas croquetas de jamón, inmensas y maravillosas. Es verdad que con los 2,20€ que cuesta cada una ya pueden ser grandes. Pero valen la pena, qué cremosas… qué rellenas.. qué buenas!

El tartar de salmón con Tzatziki era glorioso! (Hablando de Tzatziki os debo una entrada sobre la gastronomía griega). Super picadito… simple, picantito, perfecto. Y los torreznos (5,90€) … aaaah los torreznos mojados en yema de huevo (otro clásico que no os podéis perder). Una ración gigantesca, crujientes.. aceitosillos, ñam!

Por último (y aunque casi no hubiera ni hecho falta) muy recomendados probamos la berenjenas con salsa de mostaza y miel y… qué queréis que os diga, muy ricas, con unos bastones de berenjena de tamaño serio. Pero con una salsa formato Mercadona que no decía demasiado y una berenjena… que no era tan maravillosa como prometía. Una chafada porque, con lo bien que íbamos!

El postre fue una tarta de queso Idiazabal que no era la del Mollete, pero tenía su gracia. Esto con un par de copas de vino por cabeza muy poquito más de 15€ por cabeza. Muy buen precio, tapas de toda la vida en su punto perfecto, una camarera auténtica y encantadora… un puntazo de lugar que se llevan dos limas y un poquito.

MUI: Calle Ballesta 4, Madrid