De Lima a Limón

Crítica – cítrica


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Un Kebab auténtico en Madrid

En De Lima a Limón no sólo buscamos lugares frescos, nuevos, con comida innovadora de emprendedores gastronómicos, también tenemos debilidad por los viejunos y hoy hablamos de uno de ellos, un local pequeño, que cuando se llena no hay quien entre y que merece mucho la pena.

Kebab House está en la calle Menéndez Valdés (a un tiro de piedra del mítico Donoso, del que hablaremos)  casi haciendo esquina con Princesa, a cinco minutos del Intercambiador.  Importante, porque si esperas un autobús con más de 15 minutos y hambre te dará tiempo a pasarte a probar el mejor Kebab que yo he probado en Madrid.

¿Puede ser un kebab considerado comida limonera? Todos no, sin duda. Yo no me fío de los que sirven la carne de esos rollos precongelados de carne triturada, que cortan con el esquilador de ovejas eléctrico.

En Kebab House, su dueño explica como hace su pincho de carne, poniendo capas de falda de ternera uniéndolos con trozos de grasa de cordero, tal y como el aprendió de joven en Turquía. El secreto, el aliño de la carne y dejar que se haga lentamente dando vueltas y vueltas. Serio y con un bigote bizantino, es un tipo peculiar que cuando lo vas conociendo a lo largo de los años descubres que es un bromista escondido tras un mostacho.

El Kebab está hecho en pan de pita fino cortado como un saco y enrollado estilo durum, nada de pan con miga, propio de otro tipo de comida. La carne cortada a cuchillo en lascas crujientes, te recuerda a la carne a la barbacoa mientras lo comes. Poco más, lechuga, tomate y la salsa de yogur. El picante opcional, pero recomendable para probarlo lo más auténtico posible.

Por 2,80€ podrás cenar rápido, el Kebab simple, y si tienes más hambre y tiempo, el doble por 5,40€. Ahora que hace buen tiempo y siendo el local tan pequeño, mi consejo es que os los llevéis al parque del Oeste y penséis que estáis en Estambul, con el Cuerno del Oro del sol oriente en vuestra imaginación.

Ni dos limas, pero más que una lima y media. Limones, ninguno, porque ya os aviso de como es el lugar, apto para viajeros, pero no para quien ponga pegas por todo.

Kebab House: Calle Menéndez Valdés 67


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FOLLAS NOVAS… De la literatura a la cocina (Vigo)

En 1880 se publicó un poemario de Rosalía de Castro cuyo título era Follas Novas, más de 100 años después y, en la calle de Vigo que lleva su nombre, De Lima a Limón se acerca a un pequeño restaurante conocido por sus brochetas.

Pedimos pulpo a la brasa que, aunque menos típico que el pulpo a feira y quizá precisamente por menos explotado, cada día me gusta más. He de confesar que es el más rico que he probado hasta ahora y no es fácil porque… Con esta receta puede encontrar todas las combinaciones posibles… Desde el pulpo que nada en aceite, a que de tanto ajo que lleva se convierte en un remedio contra los vampiros… O que lleva tanto limón que consigue el milagro de que se te caigan los dientes.

Además de los rabitos, probamos los famosos saquitos de solomillo con setas, puerro y bechamel y …premio para el Follas Novas! Cuando todos esperábamos la clásica fritanga de masa filo… Aparecieron unos sacos de tamaño serio hechos con filloas gallegas y atados con un hilo de puerro, muy potentes pero que estaban buenísimos.

Y por último, la especialidad de la casa, brochetas… Las había de carne y de pescado, yo elegí una de rape y langostinos que con sus verduritas a la plancha costaba 14€. En su punto y abundante, más que suficiente como plato único y perfecto para quienes estén a dieta.

Como detalle curioso y que contrastaba con lo mono que es el local era la primera página de la carta… Donde un arsenal de post-its de colores te indicaban las sugerencias del día, supongo que era su pequeño homenaje a las .. Follas novas.

En resumen, un sitio agradable, carta reducida pero lograda y un personal atento por algo más de 20 euros por persona. Un lugar perfecto para quedar bien con un compromiso que se lleva dos limas.

Calle de Serafín Avendaño, 10  (Cerca del Puerto Marítimo, Rua Areal y Avenída Rosalía de Castro)

http://follasnovas.atagalicia.com/


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El otro Jerezano (Madrid)

Los jueves son el «día sin tartera» en mi trabajo así que cambiamos la duda… Del qué me llevo yo para comer mañana al… Y hoy dónde comemos. Aprovechamos para poder hablar tranquilamente y comer algo distinto pero sin necesidad de dedicarle a la tradición la paga extra. Esto, nos ha llevado a conocer la zona de Las Tablas (norte de Madrid) al dedillo.

El Otro Jerezano es nuestra opción cuando queremos darnos un pequeño lujo. El menú, 13,70€, un pelín carillo, es sin duda es un reclamo para que se conozca mejor la carta para las cenas y fines de semana. Una buena política de marca que le da bastantes buenos frutos.

 

Esta última vez de primero elegimos algunos migas (muy castellanas) y otros unos rollitos de espárragos trigueros que lucían en el plato como si no quisiéramos que lo desmontáramos. Llevaban gulas pero no sobraban (moda noventera, que si se puede evitar mejor, sumada por ejemplo a la moda a la de la reducción de Módena) De segundo nos recomendaron un steak de buey con tomates secos fritos en una base de mollete. Preguntamos si sería una hamburguesa y nos dijeron que mejor probáramos, que no era esa la intención. Efectivamente, dos tacos de carne picada una sola vez y no apelmazada, aliñada, vuelta y vuelta, con los sabores dulces y amargos de los tomates y la rúcula frita crujiente que tenía por encima. Un detalle tonto, pero limonero, las patatas recién fritas en rodajas finísimas. A los postres caseros no llegamos, así que tomamos café.

Quizás la excesiva abundancia y lo dice un limonero hambriento, es exagerada. Por ese motivo, voy a dejar la puntuación en una lima y media, y también un gajo de limón, estaría bien que midieran bien las cantidades (sin bajar la intención de calidad e innovación) y así poder moderar el precio a la media, que son tiempos de aportar entre todos una mejora entre la calidad y lo que nos cuesta.

Paseo de San Millán de la Cogolla, 26, 28050 Madrid

http://www.otrojerezano.com/


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LA LAMPREA, una monstruosa tradición milenaria.

En muchas, pero muchas muchas ocasiones me he preguntado cuánto hambre tenían que pasar nuestros antepasados para acabar probando según qué cosas… Es claro que esto de la comida es cuestión de usos y costumbres, pero no me digáis que un centollo, que es la versión marina de una araña mutante, de primeras os resulta apetitoso o un brocoli que es lo más parecido a la reminiscencia de un yo oveja pasado, o los caracoles, o los callos o mil y una cosas más en las que sólo reparamos cuando las vemos en los documentales de viajes y pensamos aquello de… ¿cómo pueden comer gusanos? aarrgg.

Una de esas cosas es la lamprea, un bicho del jurásico, con forma de serpiente y, zoológicamente hablando, más similar al pez que a otra cosa, nace en los ríos, llega hasta el mar… y vuelve a los ríos. Un simpático animalito que vive de chuparle la sangre a otros peces como el bacalao, el salmón o el majo tiburón. Esto lo consigue con una boca llena de ventosas, dientecillos y una lengua que podría provocaros pesadillas durante los próximos diez años. Razón por la cual no pienso poner aquí una foto de su boca… al final soy una tía considerada.

Se pesca, y se come, tanto en Galicia como en el norte de Portugal e incluso en alguna zona de Francia, pero os garantizo que nunca he visto tal devoción como la que le procuran en el Sur de Galicia. Durante su temporada, desde enero al primer canto del cuco (allá por finales de abril) los aficionados peregrinan al epicentro de la fiebre de la lamprea, los ayuntamientos ribereños del Miño.

Pescarla es todo un arte… desde la lanza a mil y un aparejos de captura, incluso algunos de ellos instalados en los propios ríos con piedra y provinientes de sus primeros degustadores, los romanos. Tanta historia porque el bicho es conveniente atraparlo vivo, conservarlo en pilones y matarlo y dejar que se desangre en la propia cazuela… muy romántico todo, ¿no creéis?

Se puede comer de muchas maneras… rellena, con chocolate, frita, pero la más tradicional y habitual es a la Bordelesa (o como ya os contaba antes… en su propio desangre, con vino y cebollita) acompañada de arroz blanco y picatostes. Una ración cuesta entre los 30 y los 70 euros por persona, una ocasión especial claramente. La cuenta todavía sube aún más ya que lo habitual es acompañarlo de una mini ración de angulas (producto que se cotiza a unos 600 euros el kilo).

Su sabor es extraño, muy intenso y extremo… puede apasionarte o puedes odiarlo, pero es difícil que te deje indiferente y, al menos una vez en la vida hay que probarla.

En cualquier caso es una tradición milenaria que bien merece la atención limonera, un puntazo para los buscadores de emociones fuertes y una excursión muy recomendable para primeros de año por sus verdes y frondosos paisajes. Dos limas bien merecidas.

Lamprea


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A PUNTO… un Restaurante en su punto

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En febrero de este año abrió sus puertas un nuevo restaurante en Pontevedra y atraídos por su olor a nuevo y por la recomendación de una amiga con reconocido buen gusto… Nos acercamos a probarlo, el resultado fue fantástico!

El sitio es mono, bastante amplio, con una decoración entre lo nórdico, lo frío y lo fácil de limpiar y con un detalle que me apasiona, comes delante de la cocina donde Oscar Abal y Adriàn Fuentes bailan entre cazos, cucharas y fogones. Otro detalle simpático es que la comida te la sirven en una bandeja de Ikea, lo cual hace que te sientas como si te trajeran el desayuno a la cama.

Tienen una carta pequeñita, llena de tapas de productos de temporada a precios muy razonables (como el sashimi de jurel por 7 euros) y además tienen menú, entre semana a 10 euros y en el fin de semana uno más amplio en formato degustación por un poquito más… Una de las cosas buenas es que no hay sorpresas, en su página de Facebook cuelgan el menú a diario.

Hoy nos tocó huevo con bechamel y crujiente de chorizo… Algo sencillo pero hecho con tanto cariño que el primer trocito de pan mojado en aquello supo… A gloria bendita que hubiera dicho mi abuela. Era para profesionales porque la clara todavía conservaba su textura, eso sí la suavidad y el sabor de aquello era difícilmente mejorable.

De segundo había unos garbanzos con espinacas (frescas) y un bacalao muy suave, poquito hecho… En su punto de picante y sin ese sabor cargante de muchos potajes de mar y montaña.

El tercero me enamoró, una croca – cadera de ternera gallega – con tirabeques casi crudos (lejos de aquel recuerdo del plato de tirabeques recocidos con aceite y vinagre que me obligaban a comer de pequeña bajo la terrible excusa de las vitaminas)… Riquísima, eso sí, prácticamente cruda.. Y no apta para los amantes de la suela de zapato carbonizada.

Las natillas del postre (que habitualmente valen 3 euros) son… Increíbles, llevan por arriba unas perlitas de hojaldre caramelizado que riete tú de las galletas maría. La camarera nos las recomendó y tenía toda la razón del mundo.

En resumen, un menú de autor de calidad, con raciones justas pero en conjunto suficientes, una apuesta por la calidad, el cariño y el buen gusto a tan buen precio se merecen sobradamente dos limas.

https://www.facebook.com/apuntotapas?group_id=0
Rúa Nova de Arriba, 7 Pontevedra


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Makandé. Triana en Chamberí (Madrid)

Macandé fue un cantaor flamenco gaditano, que vivió entre los siglos XIX y XX del cual cuentan que era un loco vendedor ambulante que iba pregonando canciones por las calles de la ciudad. El gusto por el nombre elegido, deja clara la intención de esta Taberna andaluza en pleno barrio de Chamberí. El local, cuya esencia se repite en el resto de tabernas que tienen por Madrid los Morancos luce renovada ya desde el exterior, siendo burladeros taurinos la decoración, lo que marca la imagen de lo que se encuentra uno dentro.

La carta es perfecta para tomar unas tapitas por la noche, desde embutidos ibéricos, pasando por marisco cocido (gambas de Huelva excelentes) y frituras de pescado entre otras. Auténtico material andaluz, sin apenas preparación, para que se disfrute de lo que comes. Como es la cocina de la costa gaditana y onubense que tan bien supieron adoptar en los bares de Triana por la cercanía.

El local es trianero por la bulla, entre el jaleo de la gente, los sones flamencos, los camareros cantando los pedidos, se forma un ambiente propio que hace olvidar por momentos que estás en Madrid. Quizás la única pega que tiene es que al ser tan nueva la decoración, aún no tiene la solera que debería tener para ser reconocido como autentico. Puede parecer una contradicción que los suelos del bar estén limpios y resbalen, pero en mi memoria de los tablaos de Triana, siempre me viene aquel del principio de la Calle Betis, donde los pies se quedan pegados y así la gente puede bailar sevillanas sin problemas de resbalarse hasta altas horas de la madrugada, hasta que se apagan de nuevo las luces del Puente.

Nos cuentan que entre jueves y sábado, estas juergas flamencas pueden imitarse, pues hay actuación en directo de varios grupos en el piso de abajo, que tiene un pequeño escenario. Habrá que volver para comprobar que verdaderamente al salir uno ve el Guadalquivir discurriendo de Canal a Quevedo, discurriendo por Bravo Murillo.

Con respecto a lo que comimos, nos centramos en pedir fritos: una ración de puntillitas (que la sirven en su papelón típico) y otra de ortiguillas. Para los que no conozcan las ortiguillas, decir que es un invertebrado, similar a una medusa, que se adhiere a las piedras, que transforma su fina textura melosa en crujiente al harinarlas y freírlas, quedando en el interior un núcleo gelatinoso, del sabor más marinero posible. Es sorprendente encontrarlas en Madrid, incluso en Andalucía fuera de las fronteras de Cádiz, siendo Sanlúcar por su hábitat de la desembocadura de río y rodeado de corrales de piedra el mejor lugar para probarlas.

Si tienes ganas de un poco del cachondeo sevillano más sano, te gusta cenar mientras picas algo y hablas o escuchas música, Makandé te dejara un buen gusto por la experiencia meramente andaluza que supone pasar allí un rato. Aunque no tiene errores alguno por la comida o el trato “las dos limas y un olé” que le doy de calificación, se empeoran en medio limón, por un detalle, que quizás a otros no moleste, pero a mí sí me impidió disfrutar de mi compañía y de la música, estaban poniendo un partido de fútbol mientras, lo que hizo que la jarana se tornara en otro tipo de ambiente, mucho peor el que había cuando llegamos. Si queremos flamenco, cultura y gastronomía, hay que seleccionar hasta el último detalle. Con respecto al precio, pagamos 24,5€ por cuatro bebidas y las dos raciones de mucha más calidad que cantidad.

Página Facebook de Makande

Calle Garcia de Paredes, 2, semiesquina Bravo Murillo, Madrid,


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CATA E COME… Un vermouth para luego no comer (Vigo)

Con la crisis el vermouth esta super de moda, un plan barato para salir de casa un domingo, perfecto para aprovechar los primeros rayos de sol de este año bíblico (por aquello del diluvio, Noe y los animalitos) y De Lima a Limón no podía quedarse al margen… Por eso, aquí esta nuestra primera crítica de Sesión Vermouth.

En este caso estamos en el vigués barrio de Bouzas, una villa marinera llena de personalidad y perfecta para un domingueo limonero. Otro día hablaremos de un variado de locales pero hoy nos paramos en uno en especial: el Cata e come… Que puede venir a ser una versión de come e cala (calla en gallego)

Es difícil ver vacío este local y en general, Vicente suele tener algo de razón, el secreto está en los pinchos que te ponen con la bebida… Abundantes, sabrosos y, lo menos típico en la zona, a elegir!

Abraham, el chico que lo lleva es un terremoto, conoce a medio barrio, es atento, simpático y nunca escatima una tapa… Más bien lo contrario, se pasea por las mesas ofreciendo otra ronda. Qué queréis que os diga… A mí me gusta que me hagan sentir como en casa.

En esta ocasión tenían de pincho un huevo frito (de gallinas que deben desayunar colorante) con patatas de verdad, frititas en el momento, crujientes…. Un milagro. Arroz con bacalao, al que sorprendentemente se le veía el bacalao y callos con garbanzos… Con más garbanzos que callos pero en su punto perfecto de sabor.

Otras veces ha habido cocido o lacón con grelos (que efectivamente, ademas de su tamaño maxi, también se puede comer en tamaño pequeño)… O un cuarto de tortilla.

El Cata es uno de esos lugares donde la Cocacola, de 33cl, vale exactamente igual que en otros sitios… Pero te la saben vender y por eso, en vez de una te tomas dos. Por ello, se merecen una lima y media en su categoría… Y una recomendación, no vayáis antes de ir a comer a casa de mamá.. Porque sales sin hambre y eso ellas, no lo perdonan.

CATA


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Caracoles y Espárragos. Entre la campiña y la Sierra Sur Sevillana

Que cada vez que voy a Andalucía se me notan mis raíces es evidente por cómo siento la tierra, pero es que hay lugares que merecen la pena conocer y os lo tengo que contar. Aunque mi “socia limonera” me diga que no exagere en la expresión, lo siento, aquí va el relato de otro de mis viajes al sur.

Andalucía en Semana Santa es un espectáculo, y no creáis que solo por lo evidente, la devoción del pueblo a sus vírgenes y sus santos, sino porque es el comienzo de la primavera, después de haber llovido durante el invierno y comienzan a florecer los azahares y limoneros ya tienen limones, como los que os muestro en la foto.

A mitad de camino de Sevilla hacia la Sierra de Grazalema, está la Sierra Sur, casi lindando con la provincia gaditana. En la cercanía están los pueblos de Montellano, Coripe, Morón y El Coronil de lado sevillano y Puerto Serrano del lado de Cádiz. Hay lugares donde cualquiera que haga turismo sostenible de montaña o bicicleta debería de ir, como la Vía Verde de la Sierra (con unos alojamientos muy interesantes en las antiguas estaciones de Coripe y Puerto Serrano)

Vamos a la gastronomía. En Montellano en esta época hay que comer Caracoles y Espárragos, amargos como la hierba verde que lo rodea, ambos con buen aceite de la zona. Podéis encontrarlos en casi cualquier bar (los espárragos en revuelto con jamón en el “Huertas”, por ejemplo, los caracoles prácticamente en todos) Y hay que comer platos que lleven cerdo ibérico – especialidades a la brasa- , carne de ternera – alimentada de buenos pastos – y queso de cabra. El bar «Tarufo» tiene un montón de tapas donde elegir. Si me apuráis, es posible incluso algunos fritos de pescado, que por su cercanía a la costa (a unos 100km de Sanlúcar) son frescos y es un contraste acertado.

 

Id de tapas, probad lo que os ofrezcan de especialidad de la casa, comeros un potaje en la Venta del mismo nombre (Venta El Potaje) Dormid la siesta, que también es santa. Os gastaréis de 10 a 15 euros por persona, y en dos o tres cenas habréis probado una muestra de los productos de la tierra. Y por favor, desayunar molletes con manteca colorá que la jornada de caminata debe ser larga y es una especialidad única. En Morón no olvidéis unas “cabrillas” en la Peña Flamenca.

Merece la pena, por los paisajes de sierra entre olivos, las caminatas, las fotos que podréis hacer del trigo en invierno y de los girasoles en verano (Castillo de las Aguzaderas En el Coronil) y sobre todo por poder comer muchas tapas o raciones, a un precio asequible, fuera del bullicio de Sevilla y a una hora de la playa. Dos limas (sobre tres posibles) para esta zona gastronómica de Andalucía si lo que se busca es sencillez y productos autóctonos.

Desde Sevilla, dirección a Utrera por la A-376 y después continuando la A-375  llegaréis a El CoronilMontellano y Puerto Serrano. Ver Mapa


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WEI un chino diferente, para oficinistas de Las Tablas (Madrid)

La comida china, por lo general, no es más que una adaptación de la comida oriental a los gustos del país donde se asientan. No hay nada más viejuno y castizo que el pollo con almendras de un restaurante chino de Lavapiés, receta que tiene mucho más abolengo que la moda de estas últimas décadas de comer «presa ibérica» o aliñar con reducción de vinagre de Módena.

Dado que los platos se estaban convirtiendo ya en clásicos, la introducción de la comida del sur de Asia y Japón a los restaurantes orientales ha logrado hacer menús del día «premium» Aún así, todavía es posible encontrar restaurantes «multi-asíaticos» donde la comida china ha mejorado sus platos míticos a nuevos sabores y mejores productos. El caso de Wei en las Tablas es ejemplo, de como con una carta con al menos 6 menús diferentes puedes comer desde 9€ hasta 18€ una amplia gama de platos chinos, vietnamitas o japoneses.

En el menú básico chino, tras pasar por los tradicionales rollitos y arroz tres delicias (ambos de elaboración algo más casera que el estándar) y con ingredientes más frescos, me trajeron un «Lomo de cerdo al estilo Yixuan» región china donde usan la guindilla para aderezar todos los platos. La carne estaba buena, el cerdo era reconocible, la salsa y la guindilla, muy sabrosas, y las verduras frescas y crujientes, recién salidas del wok. De postre, acudí al flan con nata.

Quien pidió uno de los menús especiales (12,5€ que en las Tablas es el precio medio) acabó con una bandeja de comida mezcla vietnamita y japonesa que tenía muy buena pinta. El ser crítico cítrico exige ir probando del plato del resto, y las Gambas Teriyakki me resultaron interesantes.

Ya que es un menú del día y por el precio que tiene, Wei se lleva una lima y media, incluso en días populosos como un jueves, que no impide que el trato siempre educado oriental se haga notar, aunque tardaran algo más en traer la cuenta. Es día de compartir sobremesa con los compañeros de trabajo.

WEI Calle de San Julián del Camino, 7 (Las Tablas) Madrid


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O lagharto pintado. Del folk a los fogones (Vigo)

Uno de los lugares objetivo De Lima a Limón son los sitios nuevos… esos lugares que rezuman ilusión y que incluso todavía conservan un poquito de olor a pintura. O lagharto pintado abrió sus puertas a finales de 2012, sus dueños, cinco profesores de música tradicional de la Escuela de Artes y Oficios de Vigo quiseron crear un local que combinase la música con unas buenas tapas a precios económicos y De Lima a Limón ha asomado la cabeza por allí para comprobarlo.

A juzgar por lo lleno que está siempre parece que la iniciativa les ha salido bien, quizá parte de su éxito venga de que ellos son los primeros que comen en su local. Allí estaba el propio Anxo Pintos (alma mater de Berrogüeto) en medio de una animada comida.

De lunes a viernes tienen menú a 9,50€, con bebida, postre, café y opción vegetariana. Cuestión de agradecer ya que el menú consta de 1 primero y 1 segundo y, aún no siendo vegetariano la opción puede abrirte nuevos horizontes… Este miércoles hubo caldito gallego de primero y cocido de segundo, una apuesta contundente que conjuntaba a la perfección con el día lluvioso que estaba y,aunque, nos dejamos llevar por el colesterol el caldo verde y el cous-cous con garbanzos tampoco tenían mala pinta.

El caldito, además de entrar de maravilla, estaba rico rico y tenía un toque a comino que le daba una gracia. Por su parte la fuente de cocido para dos que nos pusieron llamaba la atención… pero más nos llamó la atención cuando los camareros se ofrecieron a traernos más si aquello no era suficiente.

El cocido era supercompleto, tenía todo un arsenal de cerdo salado (oreja, rabo, costilla), cerdo curado (lacón y panceta), cerdo tratado (chorizo), ternera, gallina y, por supuesto, repollo y garbanzos de verdad (nada de bote, dicho sea con el debido respeto a FalsariusChef). Es cierto que cuando terminamos de dar buena cuenta de la fuente parecía que nos había tocado el osario del cocido, pero también es verdad que si queríamos más ya se habían ofrecido a traernos no había nada que objetar.

De postre nos tomamos una tarta de queso y nueces, que aunque bien hecha me resultaba un tanto empalagosa y, en un intento de reconciliarnos con nuestra conciencia y la báscula un par de kiwis.

En definitiva, unos camareros encantadores, un buen menú a un precio muy razonable, un sitio agradable y con contenido cultural bien se merece una lima y media.

O Lagharto Pintado. Rosalía de Castro, 8. Vigo